Trípode del sitio

 

Estas son sus columnas:

Santo Tomás (filósofo del ser) San Agustín (filósofo de la verdad) Beato Ramón Llull (filósofo del bien)

O dicho de otra manera:

San Agustín (artista de la memoria) Santo Tomás (artista del entendimiento) Beato Ramón Llull (artista de la voluntad)

 


Padre Hijo Espíritu Santo

Con San Agustín penetramos la intimidad de nuestra existencia, hasta hallar el sentido de la vida y de la historia.

     

Sea cual sea mi estado de información, siempre es mi misma existencia la que lo tiene, lo piensa y lo dice. Santo Tomás nos enseña para hacerlo con orden y verdad.

     

Con el Beato Ramón Llull amaremos lo uno y lo otro, encontrando la belleza, la dulzura y el amor en todo, desde las piedras hasta el arte de pensar.

unificación del trípode: Tríadas Areopagitas

El Dios desconocido del areópago es el Amado del Beato Ramón Llull

"Como la filosofía platónica sirvió de expresión a la fe de San Agustín, Dionisio encontró en el neoplatonismo y otras fórmulas culturales de su tiempo el vehículo para correr por el camino de salvación. Algo parecido haría Santo Tomás siete siglos después con la filosofía aristotélica, y Teilhard de Chardin lo intentó en nuestro tiempo con las ciencias".

Esto se dice en la presentación de las obras completas de Dionisio Areopagita. Como justificación de la sustitución del tercer pie del trípode que se sugiere en el párrafo anterior, supongo que por la moda del progresismo de los años 60, pongo este texto del Dr. Francisco Canals Vidal en su trabajo "La demostración de la Trinidad en Llul:

"Es universalmente reconocido el lugar central que ocupa el bien en la obra de Llull. Es en esto heredero de tradiciones del neoplatonismo cristiano presente sobre todo en la Cristiandad occidental de su epoca en la teología franciscana de San Buenaventura, y antes en Ricardo de San Victor. Tal vez no sea aventurado decir que si la metafísica de San Agustín es una metafísica de la Verdad, y la de Santo Tomás de Aquino una metafísica del Ser, la de Llull es nuclearmente una metafísica del Bien".
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"La herencia del neoplatonismo cristiano de los Padres capadocios, que había sido antes ya asumida por San Buenaventura, integra asi finalmente la construcción trinitaria elaborada especialmente por Ricardo de San Victor, y que contempla la obra del amor como argumento que apoya, frente a la ceguedad de un pretendido monoteísmo de un Dios solitario, la suprema racionalidad de los artículos de la fe católica".
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"Quien rechaza como alienante la donación, por pensar que la aceptación del don es sumisión y dependencia contraria a la libertad del hombre, ha de negar también toda posibilidad de donación generosa y de entrega personal. Resulta insincera y retórica la valoración del servicio a los otros y de amor a nuestros semejantes, cuando se asume la actitud de descalificación y rechazo de toda capacidad de recibir lo comunicado. Si nadie ha de aceptar, tampoco nadie debe dar. Si aceptar es pérdida y daño, toda donación es en si misma agresion e insulto".

Así es como quedan bien fundadas la belleza del ser y la belleza de la verdad con San Agustín y Santo Tomás, y la belleza del bien con el Beato Ramón Llull; bellezas, es decir, resplandores, y se puede unificar este trípode en las tríadas areopagitas.


Es el espíritu el que, a la vez, hace hablar al ser y cumplir lo que prometen las palabras
 

La Santísima Trinidad

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