El Tekton (constructor)

El Tekton (constructor)

 

Este fue el Pregón de presentación de la proclamación de los premios del XXXVII concurso de belenes de la Unión Seglar de San Antonio Ma Claret de Barcelona el día 25 de enero de 2009.
 
"San José fue más valiente que David y tuvo más sabiduría que Salomón".
(San Francisco de Sales, Conversaciones, n 19)

Hace dos mil años, en la Casa de la Villa de Nazareth de Galilea, apareció un bando que decía:

Se necesita tekton (Cfr. Mt 13,55; Mc 6,3) para trabajar en Séforis con las técnicas egipcias, en construcciones egrégias y en los acabados de sus decoraciones y servicios, con la máxima pulcritud, exquisito gusto y perfección técnica.

Ha de dominar el hebreo, el latín y el griego para discutir los proyectos en Séforis con arquitectos e ingenieros.

Ha de tener buena complexión física para trabajar en Séforis y pernoctar en Nazareth.

Con su sueldo pagará anónimamente un donativo a la sinagoga para adquirir un ejemplar del rollo de Isaías, que transportará él mismo desde Séforis a Nazareth.

Tendrá que atender simultáneamente todos los encargos de matenimiento que le haga esta Casa de la Villa y todos los vecinos del pueblo de Nazareth.

Ha de conocer el manejo de burros, bueyes, mulos y toda clase de animales domésticos, así como de los aperos y accesorios que utilizan la agricultura y la ganadería.

Tiene que conocer las técnicas hidráulicas para la construcción y mantenimiento de abrevaderos y canales de riego.

Ha de conocer la técnica de las caravanas y los caminos palestinos para moverse con soltura en peregrinaciones y censos, incluso en solitario.

Ha de tener pericia militar para organizar una huída nocturna con toda la familia sin que sea apercibida por nadie, hasta muy adelantada la hora del día, después de amanecer.

Ha de tener conocimientos geográficos y astronómicos para alcanzar Egipto desde Belén, en el mínimo tiempo posible con toda su familia y enseres.

Ha de ser capaz de ganarse la vida en Egipto por algunos años, sin que se sepa su lugar de procedencia ni la causa de su ausencia.

Ha de poder tratar con María de Nazareth, sin despertar en ella ningún recelo ni desconfianza, sino más bien tranquilidad y paz.

Tendrá que mantener con María largas conversaciones acerca de los más altos designios divinos sobre la humanidad pecadora.

Tendrá que conseguir que María, Reina de los Ángeles, acepte desposarse con él, teniendo en cuenta que, para tratar con María, se ha de tener permiso, nada menos, que de San Miguel, entre otros.

Ha de vivir angélicamente, en su casa y fuera de ella, como si no tuviera cuerpo.

Tendrá que acercarse a Dios por María, sin buscar sucedáneos, y favorecer que María se acerque a Dios por él.

Tiene que tener el corazón y la mente humildemente abiertos para que lo que anunciaron los profetas y esperan los patriarcas, suceda en su casa.

Se considerará indigno de tanto bien, hasta el punto de decidir esconderse lejos de los suyos.

Tiene que tener tal probada paciencia como para soportar mil y una agresión moral, sin consentir con ello, ni revelar los misterios íntimos de su familia.

Tiene que vivir todo lo suyo con tal humildad que no podrá hablar con nadie, fuera de los de su casa y algunos enviados por Dios, a no ser de las cuestiones estrictamente profesionales.

Ha de tener una regia y majestuosa mansedumbre, que le haga capaz de conversar afablemente con pastores y reyes con la misma naturalidad.

Tendrá que mantener conversaciones de alto rango con personajes egrégios procedentes de Persia, después de que hayan hablado con Herodes.

Ha de ser capaz de cambiar muchas veces durante el día y la noche, rápida y subitamente, conversaciones que irán desde los más comunes quehaceres domésticos hasta la intimidad divina.

Ha de poder educar un Hijo que le preguntará sabiamente acerca de todas las profecías mesiánicas y su sentido, dejando a María admirada con sus respuestas a las sabias preguntas de su Hijo.

Tendrá que ayudar al Hijo de Dios a hacerse un hombre.

En su madurez seguirá a au Hijo, tomando su cruz cada día, en tensión pascual hacia la Jerusalén celestial.

Al fin de los tiempos tendrá que atender a todos, que irán a él, para hacer lo que él les diga (Cfr Gen 41,55).

La plaza fue adjudicada a José, hijo de David, al volver de Egipto.

Manuel Ma Domenech Izquierdo



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