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Rorate caeli, desuper,
et nubes pluant Justum; aperiatur terra et germinent Salvatorem. |
¡Oh cielos, dejad caer vuestro rocío,
y que las nubes derramen como lluvia al Justo; que la tierra se abra y que produzca como un germen al Salvador. (Is. 45,8) |
El Espíritu Santo trajo a María la divina fecundidad del Padre, y aquella tierra
virginal produjo de manera inefable el Germen divino, como lo llamaron los
profetas, al dulcísimo Salvador".
(Mr. Luis Ma Martínez, "El Espíritu Santo").
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