Dos clases de Quijotes

Dos clases de Quijotes


Don Quijote

No pretendo dar lecciones. Más bien pedir perdón y reparar por el daño de mis locuras quijotescas (que no tienen nada de caballerescas; la diferencia entre un caballero y un quijote es una cuestión de humildad).

Sí. Hay dos clases de quijotes: los de letras y los de ciencias. Los de letras son los de la locura debida a la lectura viciosa de los libros de caballerías de la edad antigua, y los de ciencias son los perturbados por la pócima de los nuevos libros de caballería: los de la ciencia ficción o la fantaciencia, como la llama el P. Leonardo Castellani.

Por ejemplo, los que buscan la "fusión fría" son quijotes de ciencias alquimistas. Y los que se creen inventores del móvil continuo de primera o segunda especie, son quijotes de ciencias astrológicas. Quijotes aunque pretendan solucionar el problema energético de toda la humanidad. Los quijotes se tienen por caballeros con misiones altruístas.

Los de letras son los de los dictadores y los de los partidos políticos. Los de ciencias son los de la tecnocracia. Las "bestias" y los "falsos profetas" apocalípticamente hablando. Yo he sido de los de ciencias. Tengo experiencia. Todos pueden escarmentar en cabeza ajena porque los remedios son comunes.

Los de ciencias son los que dice la Spe Salvi, 16 que esperan recuperar el paraíso en la tierra a base del progreso tecnológico, y los de letras, según la misma Spe Salvi, 18-21, lo pretenden por medio de la política.

Dice también la Spe Salvi, 42 y 34 que eso es imposible (42) y que si luchamos es por impedir el "final perverso" de la historia (34).

Incluso evitar ese "final perverso" es imposible a los hombres. «El hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto» ("Laudato si", 84). Nadie se salvaría "si no se abreviaran los días". Entre Alfa y Omega está la Cruz.

Hay quien llega a considerar el quijotismo como una enfermedad. De hecho el mismo Cervantes habla de cerebro seco. Entre estas voces resalta la del psicólogo y terapeuta Enrique Arqués, quien se aventura: “Los esquizofrénicos son como Don Quijote, pero sin Sancho Panza”.

Bien mirado, la enfermedad quijotesca no surge de los libros de caballerías, de ciencias o de letras, sino de lo que tienen en el corazón los que escriben esos libros: El Progresismo. Eso es lo que pasa.

Hay muchas maneras de equivocarse.

La raíz de ello la tenemos en las tentaciones de Cristo en el desierto y el remedio en su ejemplo.

Sea del grupo que sea, y si anda solo también, considere el salmo 115:

"No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a Tu Nombre sea dada la gloria".

Y tenga siempre presente que:

Ni vamos a convertir las piedras en pan, (1ª tentación) (sabiduría piden los griegos)
ni no nos va a pasar nada, (2ª tentación) (signos piden los judíos)
ni daremos el poder a Cristo,
ni Cristo nos dará el poder. (3ª tentación)

Ni se puede restablecer el paraíso en la tierra, (progresismo)
ni podemos nosotros evitar el final perverso de la historia, (catastrofismo)

pero Dios abreviará los días, (Parusía)
(aquí se intercala el milenio)
y en Jerusalén quedará con nosotros. (Vida Eterna)

Allí conservaremos el recuerdo inolvidable de la historia y de las vidas de los santos, con el universo renovado como reliquia y, como dice San Agustín al terminar la Ciudad de Dios, "descansaremos y veremos, veremos y amaremos, amaremos y alabaremos".


"llevaremos a Dios el recuerdo de los días vividos aquí abajo" (Papa Francisco, audiencia 23/8/2017)

Consideralización

Lo peligroso es que estos quijotes, educados bajo las dictaduras del origen de la ideologías del mal, se meten a políticos; a gobernar, enseñar y profetizar; no es que quieran ser como Dios, es que se creen que lo son.

Sin sentido del pecado y sin reconocer que entre Alfa y Omega está la Cruz, herederos del Averroísmo Medieval, que supone el mundo eterno, un solo entendimiento y la fatalidad absoluta, se piensan, como Alfas, que conocen las fórmulas eternas del universo, si son de ciencias, o las leyes absolutas de la perfección social, si son de letras; profesan un enciclopedismo que ahora es el contenido de la red; y prometen el futuro de un Punto Omega que presumen de vislumbrar sólo ellos.

Los omegas son falsos profetas apocalípticos que, cuando consiguen el poder o para conseguirlo si no pueden, se convierten en alfas, que son fieras apocalípticas. Y así estamos.

Los culpables de la Cruz somos nosotros, que rechazamos las gracias de la conversión pidiendo cada vez más a Cristo, que ya lo ha dado todo, hasta morir en cruz. Ahora ya sólo queda acompañarle con nuestras cruces, según el Espíritu de Fátima.

Manuel María Domenech Izquierdo

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