Del sufrimiento cristiano

"Del sufrimiento cristiano"

De los apuntes recogidos de un folleto que era distribuido por el monasterio de Santa María de Jerusalén y por varios conventos de clarisas y carmelitas descalzas de Barcelona y provincia, y de la difusión de la Divina Misericordia y otras procedencias.

Los sufrimientos soportados por amor a Jesús Crucificado salvan almas

San Juan Pablo II en el documento pontificio “Dolor que salva”: “Cuando una persona une a la pasión de Jesucristo un sufrimiento, éste se transforma en una partícula de valor infinito”.

El Papa Pío XII en la encíclica “Del Cuerpo místico de Cristo” recuerda palabras de san León Magno: “Cuando unimos nuestros sufrimientos a la Pasión de Jesucristo, nuestros cuerpos, por el bautismo, son transformados, en carne de Jesús crucificado, que salva almas, por tener un valor infinito.

San Pablo explicaba esto mismo con esta frase: "completo en mi carne en bien de la Iglesia, lo que falta a la Pasión de Jesucristo".

Con estas palabras quería significar San Pablo que, cuando sufría por algo, soportaba su sufrimiento por amor a Jseucristo crucificado porque sabía que salvaba mas. Salvar un alma es slvarse a sí mismo, dice la Sagrada Escritura.

El gran tesoro del sufrimiento

San Pablo: Alegraos cuando sufráis por amor a Jesús crucificado porque cuando venga a juzgarnos, desbordareis de gozo.

La obra más grande y más agradable a Dios es salvar un alma

Santa Teresa de Jesús: “Mas aprecia Dios que salvemos un alma, mediante su misericordia, que todos los demás servicios, que pudiéramos hacer.

San Francisco de Sales: “Ante Dios un sola alma pesa más que el mundo entero.

San José de Calasanz: “Entre las obras divinas, la más divina es cooperar con Dios en la salvación de las almas.

Cada vez hay más conversiones

Dice este folleto: “Al unir con amor nuestros sufrimientos a la Pasión de Jesucristo, Éste concede la conversión a una serie de pecadores.

Actualmente la actividad apostólica de la Iglesia está limitada por el pecado que va adquiriendo más poder.

No obstante los frutos apostólicos de la actividad invisible, pero real, de los cristianos, -miembros del Cuerpo Místico de Jesucristo- cada vez son más visibles. Estos frutos –las numerosas conversiones- son debidas a la intervención generosa de los cristianos, en la distribución de las gracias del infinito tesoro de la redención.

Grupos espontáneos de oración

En este folleto se da el testimonio de varios cenáculos de oración. Personas que deciden quedar para orar en una casa, y que con el paso del tiempo estos grupos de oración aumentan exitosamente el número de miembros.

Salvar un alma es salvarse a sí mismo

San Agustín: Si salvas un alma salvas la tuya.

San Ignacio de Loyola: “Aún cuando me asegurase que muriendo iba directo al cielo, prefiero quedarme en la tierra, incierto de mi salvación si con ello hubiera podido ayudar a salvar a algún pecador.”

San Pablo explicaba esto mismo con esta frase: “completo en mi carne, en bien de la Iglesia, lo que falta de la Pasión de Jesucristo. Con estas palabras quería significar san Pablo que, cuando sufría por algo, soportaba su sufrimiento por amor de Jesucristo crucificado porque sabía que salvaba almas. Salvar un alma es salvarse a sí mismo, dice la Sagrada Escritura.

La encíclica del Cuerpo Místico de Jesucristo y salvar almas

“Encíclica del Cuerpo místico de Cristo”

Pío XII dice: “En todo tiempo hemos de unir nuestros sufrimientos a los de Jesús en la cruz para salvar almas”…. “muriendo en la cruz, Jesucristo mereció un tesoro infinito de gracias. Por disposición de la Divina Providencia, estas gracias no se nos conceden todas de una vez”… “Dios quiere que los cristianos, los miembros de su Cuerpo místico, intervengan en la distribución de estas gracias al unir en todo tiempo nuestros dolores a los sufrimientos de su Pasión, para salvar almas”.

Pío XII: “Misterio verdaderamente tremendo y que jamás se meditará bastante, el que la salvación de muchos dependa de las oraciones y voluntarias mortificaciones de los miembros del Cuerpo místico de Jesucristo”.

Santa Teresita del Niño Jesús vivió para salvar almas

Del capítulo V de Sta. Teresita en su manuscrito “A”: La sangre de Jesús

Un domingo, mirando una estampa de Nuestro Señor en la cruz, me sentí profundamente impresionada por la sangre que caía de sus divinas manos. Sentí un gran dolor al pensar que aquella sangre caía al suelo sin que nadie se apresurase a recogerla. Tomé la resolución de estar siempre con el espíritu al pie de la cruz para recibir el rocío divino que goteaba de ella, y comprendí que luego tendría que derramarlo sobre las almas…

(Continuación añadida a lo que venía en el folleto) También resonaba continuamente en mi corazón el grito de Jesús en la cruz: «¡Tengo sed!». Estas palabras encendían en mí un ardor desconocido y muy vivo…

Quería dar de beber a mi Amado, y yo misma me sentía devorada por la sed de almas…

No eran todavía las almas de los sacerdotes las que me atraían, sino las de los grandes pecadores; ardía en deseos de arrancarles del fuego eterno…

Y para avivar mi celo, Dios me mostró que mis deseos eran de su agrado.

El gran atajo para santificarse y salvarse

La teología afirma que unir los ACTOS Y SUFRIMIENTOS personales a la pasión de Jesucristo es el gran atajo para santificarse y salvarse.


Camino(s) ascendente(s):