Flecha izquierda: NEXTFlecha izquierda: ATRÁS                   Tema 28:

            VIRGINIDAD                                                   DE MARIA

 

 

Todos los cristianos aceptan a María como Madre de Jesús; pero mientras los católicos hablamos de ella como «la Virgen María», las otras religiones cristianas y muchas sectas no quieren decir ni reconocer que María es siempre virgen. Muchos dicen, simplemente, que María tuvo más hijos y por eso no pudo ser «virgen».

 

La concepción virginal de María.

El hecho de la virginidad de María en el nacimiento de su hijo Jesús se afirma claramente en la Biblia:

·        Mt. 1,18: El nacimiento de Jesús fue así: Estando desposada María, su madre, con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.

·        Lc 1, 30-35: El ángel Gabriel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios... y ahora concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo... María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti... y el Ser Santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios

·         Juan 1, 13: El que nació no de la sangre, ni del deseo de carne, ni del deseo de hombre, sino que nació de Dios»

 

Estos tres textos bíblicos son testimonios sólidos para afirmar el hecho de la virginidad de María en la concepción de Jesús.


¿María quiso esta virginidad?

 

·        Lc 1, 27: María era una virgen desposada con un hombre llamado José.

 

Este matrimonio de María con José nos mueve, a primera vista, a decir que María no quiso esta virginidad.

Sin embargo, el evangelista Lucas nos ofrece otros datos acerca de este compromiso matrimonial. Leamos atentamente en el Evangelio de Lucas. En este relato bíblico vemos cómo Dios respeta a los hombres. Él no nos salva sin que nosotros mismos queramos. Jesús el Salvador ha sido deseado y acogido por una madre, una jovencita que, libre y conscientemente, acepta ser la servidora del Señor y llega a ser Madre de Dios.


Vers. 26: «Al sexto mes el ángel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José. José era de la casa de David y el nombre de la virgen era María.»

 

San Lucas usa dos veces la palabra «virgen». ¿Por qué no dijo «una joven» o «una mujer»? Sencillamente porque el escritor sagrado se refería aquí a las palabras de los profetas del Antiguo Testamento, que afirmaban que Dios sería recibido por una «virgen de Israel.» (Cfr. Is. 7, 14: «El Señor, pues, les dará esta señal: la Virgen está embarazada y da a luz un varón a quien le pondrás el nombre de Emmanuel.»)

 

Durante siglos, Dios había soportado que su pueblo de mil maneras le fuera infiel y había perdonado sus pecados. Pero el Dios Salvador, al llegar, debería ser recibido por un pueblo virgen que hubiera depuesto sus propias ambiciones para poner su porvenir en manos de su Dios. Dios debía ser acogido con un corazón virgen, o sea, nuevo y no desgastado por la experiencia de otros amores.

Incluso en tiempos de Jesús, muchos al leer la profecía de Is. 7, 14 sacaban la conclusión de que el Mesías nacería de una madre Virgen. Ahora bien, el Evangelio nos dice: "María es la virgen que da a luz al Mesías."

 

Vers 34-35: María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, pues no conozco varón?» Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual el Santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios.»

 

Aunque María es la esposa legítima de José, la pregunta de ella al ángel indica el propósito de permanecer virgen.

El ángel precisa que el niño nacerá de María sin intervención de José. El que va a nacer de María en el tiempo es el mismo que ya existe en Dios, nacido de Dios, Hijo del Padre (Cfr. Jn. 1, 1). Y la concepción de Jesús en el seno de María no es otra cosa que la venida de Dios a nuestro mundo.


¿Qué significa «la sombra» o «la nube» en este texto bíblico?

 

Los libros sagrados del Antiguo Testamento hablan muchas veces de «la sombra» o «la nube» que llenaba el Templo (Cfr. I Reyes 8, 10), signo de la presencia divina que cubría y amparaba a la ciudad Santa (Sir. 24, 4).

Al usar esta figura, el Evangelio quiere decir que María pasa a ser la morada de Dios desde la cual El obra sus misterios. El Espíritu Santo viene, no sobre su Hijo, sino que primeramente viene sobre María, para que conciba por obra del Espíritu Santo.

 

¿Había pensado María en consagrar a Dios su virginidad antes que viniera el ángel?

El Evangelio no da precisiones al respecto, solamente encontramos la palabra de María: «No conozco varón» o «no tengo relación con ningún varón.» (Lc. 1, 34)

Recordemos que María ya está comprometida con José (Lc. 1, 27) lo que según la ley judía, les da los mismos derechos del matrimonio, aunque no vivan todavía en la misma casa. (Mt. 1, 20)

En estas condiciones, la pregunta de María: «¿Cómo podré tener un hijo, pues no conozco varón?» (Lc. 1, 34) no tendría ningún sentido, si María no estuviese decidida ya a mantenerse virgen para siempre. María es la esposa legítima de José. Si este matrimonio quiere tener relaciones conyugales normales, el anuncio del ángel referente a su maternidad no puede crearle ningún problema.

Sin embargo, María manifiesta claramente su problema: «pues no conozco varón.» Además esa pregunta de María permite otra traducción válida en la mentalidad de los judíos: «¿Cómo será eso, pues no quiero conocer varón?». Sin duda esta pregunta de María indica en la Virgen un firme propósito de permanecer virgen.

Algunos tendrán dificultades para aceptar esta decisión de María y dirán que tal decisión es sorprendente por parte de una joven judía; porque es sabido que Israel no daba gran valor religioso a la virginidad.

No debemos olvidar que en la Palestina de entonces había grupos de personas que vivían en celibato (los esenios) y con su estilo de vida esperaban la pronta venida del Mesías. Por otra parte, el celibato o la virginidad de por vida no existía para mujeres que, según la costumbre judía, por orden de su padre tenían que aceptar un matrimonio impuesto.

Por eso la joven María que quería guardar virginidad, difícilmente podía rechazar este compromiso matrimonial impuesto. Y por eso ella había aceptado este compromiso con José, pero con la decisión de permanecer virgen.

Como conclusión podemos decir que este texto bíblico es favorable a la voluntad de virginidad de María.

Además está claro en la Biblia que María tenía como hijo único a Jesús y que no tuvo más hijos.


¿Qué sentido tiene la virginidad?

María no expresa sus motivos, pero todo lo que Lucas deja entrever del alma de María supone que ella tenía motivos elevados. Por medio del ángel, Dios la trata de «muy amada», «llena de gracia», «el Señor está con ella.» Y María quiere ser su «sierva», con la nobleza que da a esta palabra la lengua bíblica: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí lo que has dicho.» (Lc 1, 38) Su virginidad parece así una consagración, un don de amor exclusivo al Señor.

Mucha gente moderna se extraña ante tal decisión de María: ¿Cómo pensaría María en mantenerse virgen en el matrimonio, especialmente en el pueblo judío, que no valoraba la virginidad?

Incluso en las iglesias no-católicas muchas personas al leer en el Evangelio la expresión «hermanos de Jesús» concluyen sin más que María tuvo otros hijos después de Jesús. Pero está muy claro en la Biblia que Jesús no tenía hermanos en el sentido estricto de esta palabra, aunque de eso hablaremos más tarde.

Pero lo grave es que muchas sectas están deseosas de negar sin más la virginidad de María. ¿A qué se debe esto?

Sin duda, a vanos prejuicios y a falta de conocimientos bíblicos. ¿O será por el prurito de buscarle «peros» y dificultades a la religión católica?

Virgen debía ser aquella que, desde el comienzo, fue elegida por Dios para recibir a su propio Hijo en un acto de fe perfecta. Ella, que daría a Jesús su sangre, sus rasgos hereditarios, su carácter y su educación primera, debía haber crecido a la sombra del templo de Jerusalén, como dice una antigua tradición, y el Todopoderoso, cual flor secreta que nadie hiciera suya, la guardó para sus divinos designios.

Es por eso que María renunció a todo menos al Dios vivo. Y así en adelante ella será el modelo de muchos que, renunciando a muchas cosas, entrarán al Reino y obtendrán la única recompensa que es Dios.


Consideración final.

Para un hombre o una mujer creyente, no es cosa excepcional renunciar definitivamente al sexo, es decir, a tener relaciones sexuales.

Hay un sinnúmero de ejemplos de jóvenes que, desde muy temprano, han intuido que este camino evangélico es un camino más directo para acercarse mejor a Jesús: Sor Teresa de Los Andes, el Padre Hurtado y tantos otros.

¿Acaso María era menos inteligente que ellos o menos capaz de percibir las cosas de Dios? ¿No podía ella captar por sí misma lo que dirá Jesús respecto a la virginidad elegida por amor al Reino? (Mt. 19,12) Y después de ser visitada en forma única por el Espíritu Santo, que es el soplo del amor de Dios, ¿necesitaría María todavía las caricias amorosas de José?

Si la historia de la Iglesia nos proporciona tantos ejemplos del amor celoso de Dios para quienes fueron sus amigos y sus santos... ¿Cómo iba a ser menos para aquella mujer, María, que fue «llena de gracia»?

¡Qué torpeza inconsciente son las sinrazones de aquellos que se olvidan de la Tradición de los Apóstoles, la cual proclama que María fue y permaneció siempre virgen!

Rechazar la virginidad de María... ¡qué manera de rebajar las maravillas de Dios!

María deseaba ser totalmente de Dios y con el «sí» de la Anunciación ella se consagró total y exclusivamente al plan de Dios: «He aquí la sierva del Señor, hágase en mí conforme a tu palabra.» (Lc 1, 38)

Realmente es incomprensible la fobia de algunos de nuestros hermanos evangélicos que tratan de denigrar y rebajar la dignidad de María. Nunca predican sobre ella, y en repetidos casos han destruido sus imágenes.

Nosotros debemos tener bien fundamentado nuestro culto y veneración por María y tenemos que seguir proclamando sus alabanzas, tal como ella ya lo anticipó en el canto del Magnificat.

Por otra parte, María aparece unida a Jesús en la encarnación, en el nacimiento, vida, pasión y muerte de su Hijo Jesús y también en la primitiva Iglesia. Ahora bien, el mismo Jesús dice: «Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre.»

Honremos pues a María y redoblemos nuestros esfuerzos por quererla, por nosotros y por quienes la desconocen.

La Virginidad Perpetua de María Santísima

La Iglesia afirma la doctrina de la virginidad perpetua de María Santísima. Esto significa que ella fue siempre virgen: antes, durante y después de dar a luz a Jesucristo. La Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, se fundamenta en una correcta interpretación de la Revelación, tomando en cuenta la Biblia y la Tradición Apostólica. 

Es interesante constatar que los fundadores del protestantismo, Martín Lutero, Juan Calvino y Ulrich Zwingli  reconocían la virginidad perpetua de María como enseñanza bíblica, tal como lo ha reconocido siempre la Iglesia Católica.

 

 

Objeciones de los Protestantes

Muchos protestantes niegan la virginidad perpetua de María. Se basan en  Mateo 1,24-25: Despertado José del sueño, hizo como el Angel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

Explican que este pasaje da dos razones para afirmar que María no fue siempre virgen:

1-      La palabra "hasta que".  La Biblia dice que José no "conocía" a María (no tuvo relaciones sexuales con ella) "hasta que"  ella dio a luz. Eso supone que José y María tuvieron relaciones después de ella dar a luz. Pero esto es una errada interpretación del lenguaje bíblico.  Hay muchos pasajes de la Biblia en que la palabra "hasta" no indica necesariamente un cambio posterior de estado.

Por ejemplo:

·        I  Cor 15,25:  "Porque debe él (Jesús) reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies." Obviamente Cristo NO dejará de reinar después de vencer a sus enemigos. Más bien será entonces cuando su reino se haga evidente a todos. La Biblia nos dice que "Cristo reinará para siempre" (Lc 1, 32-33).  Otros ejemplos del uso de la palabra "hasta" sin cambio posterior de estado: En el Antiguo Testamento: Gen 8, 5y 49,10; Sam 20,3; Judit 12,14 y 16,23. En el Nuevo Testamento: Mt 28,20; I Tim 4,13 y 6,14; Rom 8,22; Fil 1,5.

Mateo quiso especificar que el parto de Jesús fue virginal. No señaló qué ocurrió después. Pero, igual que en I Cor 15, 25, se entiende que el reinado de Jesús continúa después de poner a sus enemigos bajo sus pies, también en Mateo podemos deducir que María, habiendo dado a luz al Verbo virginalmente, por obra del Espíritu Santo, se mantuvo siempre virgen, según su propósito expresado en Lc 1, 34. Ésta es la fe de la Iglesia de los primeros siglos atestiguada por los Santos Padres, como veremos más adelante.

 

2- En algunas traducciones del texto dice "dio a luz a su primer nacido o primogénito" (la Biblia de Jerusalén traduce "un hijo"). Los protestantes deducen que si Jesús fue el "primer nacido", entonces otros hermanos vendrían después. Éste es su error. Debemos saber que, en la Biblia, el "primer nacido" es un título de privilegio y por eso se habla en la cultura judía de "primer nacido" aunque no haya más hermanos. Una vez más vemos el error de traducir e interpretar sin conocer el lenguaje, la cultura y el contexto de aquellos tiempos.

·        Salmo 89, 28: Y yo haré de él el primogénito, el Altísimo entre los reyes de la tierra. David es llamado el "primer nacido", aunque es el octavo hijo (Cfr. I Sam 16).

·        Col 1, 15:  El es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación. Jesús es llamado el "primer nacido" de toda la creación,  aunque muchos nacieron en la carne antes que Él. ¿Qué quiere indicar San Pablo? La primacía de Jesús. Según la ley del Antiguo Testamento, los varones primeros en nacer debían ser redimidos 40 días después del nacimiento (Cfr. Ex 34, 20). Éstos eran "primeros en nacer" sin saber si serían o no hijos únicos. 

 

Los Santos Padres y la Virginidad Perpetua de María.

 

1-            El Protoevangelium de Santiago, escrito alrededor del año 120, muy cerca del tiempo en que vivió la Virgen María, tiene como tema principal demostrar su virginidad perpetua. Este documento relata que, cuando se profetizó el nacimiento de María, su madre, Santa Ana, la ofreció para el servicio del Señor, tal como Samuel había sido ofrecido por su madre (Cfr. I Sam 1,11). María desde, muy pequeña, sería de las mujeres consagradas al servicio del Templo según la costumbre judía (Cfr. I Sam 2, 22). Esta vida de servicio en el Templo no permitía ocuparse de hijos, por lo que requería la virginidad perpetua.

2-            Orígenes, defendió la virginidad perpetua de María (Comentario de S. Mateo 2,17 Año  248.)

3-            San Atanasio: "El tomó verdadera carne de la siempre-virgen María" (Discurso contra los arrianos 2,70 – Año 360.)

 

4-            Epifanio de Salamis   "Cristo...nació perfectamente de la santa siempre-virgen María por el Espíritu Santo" (El Hombre bien Anclado 120- Año 374.)

5-            San Jerónimo "En cuanto a Victorinus (obispo), yo afirmo lo que ya ha sido probado por el evangelio - que el (Victorinus) habló de hermanos del Señor no como hijos de María sino hermanos en el sentido que he explicado, es decir, hermanos en cuanto a relación, no por naturaleza". San Jerónimo entonces apoya su posición haciendo referencia a numerosos Padres, afirmando que ellos mantienen la misma posición a favor de la virginidad perpetua de María: San Ignacio, San Policarpo, San Ireneo, San Justino y otros. (Contra Helvidius: La Perpetua Virginidad de Maria 19 – Año 383.)

6-            San Ambrosio "la Virgen no buscó la consolación de poder tener otro hijo" (Cartas 63,111 –Año  388).

7-            Papa Sirucius I "Tenías buena razón de estar horrorizado de pensar que otro nacimiento pueda venir del mismo vientre virginal del que Cristo nació según la carne. "Carta al obispo Anysius – Año 392".

8-            San Agustín,  "Al nacer de una Virgen que escogió permanecer Virgen aun antes de saber quien iba a nacer de ella, Cristo quiso aprobar la virginidad en vez de imponerla. Y quiso que la virginidad fuera escogida libremente aun en aquella mujer en la que el tomó para sí la forma de esclavo" (Santa Virginidad, 4,4 – Año 401). “(María) Virgen perpetua. ¿Porque te extrañas de esto, oh hombre?" (Sermones 186,1 – Año 411).  "Herejes llamados Antidicomaritos son aquellos que contradicen la virginidad perpetua de María y afirman que después de Cristo naciera ella se unió con su esposo como uno" (Herejías 56 – Año 428).

9-            San Cirilo de Alejandría "El mantuvo a su Madre virgen aun después de ella dar a luz" (Contra aquellos que no quieren confesar que la Santa Virgen es la Madre de Dios 4 – Año 430).

10-        Papa Leon I "Virgen ella permaneció" (Sermones 22,2 – Año 450)

11-        El Concilio de Constantinopla II, Año 553 confirmó la doctrina de la encarnación del Verbo en María "madre de Dios y siempre virgen"

 

LOS HERMANOS DE JESÚS

 

Esta duda surge en el mundo protestante. Aunque, en realidad todos creemos que Jesús tiene más hermanos, pero cada uno lo entiende de distinta manera: Los católicos profesamos que todos los cristianos somos hermanos de Jesús en virtud de nuestro bautismo. Profesamos al mismo tiempo que Jesús no tuvo hermanos naturales. Y ello nos lleva a decir que la Santísima Virgen María fue SIEMPRE VIRGEN. 

Ha, sin embargo, algunos que anuncian que María no fue siempre virgen, sino que tuvo más hijos naturales. Piensan que sólo fue virgen hasta el nacimiento de Jesús y que después tuvo hijos con San José. Se basan en los pasajes de la Biblia que mencionan a los "hermanos" de Jesús:

·                    Mt 12, 46: Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él.

·                    Mc 6, 3: ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros? Y se escandalizaban a causa de él.

·                    Jn 7, 5: Es que ni siquiera sus hermanos creían en él.

·                    Hc 1, 14: Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.

·                    I Cor 9, 5: ¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?

 

Para leer bien los pasajes mencionados es necesario entender el uso de las palabras en la cultura de los judíos de aquel tiempo. Tanto el hebreo como el arameo (lenguaje de Jesús y sus discípulos) utilizaban la misma palabra para designar a los hermanos, a los primos y a miembros del mismo clan. Los autores del Nuevo Testamento eran de cultura hebrea y escribieron en griego. El Antiguo Testamento también fue traducido al griego por ser éste el lenguaje mas popular de la época.  Esta traducción del Antiguo Testamento al griego se llama Septuagésima o Versión de los LXX y es muy importante porque el Nuevo Testamento, al estar escrito en griego, bebe de esa fuente.

La palabra que en hebreo se usaba para designar el concepto de hermanos y/o primos fue traducida en el texto original griego de la Biblia como "adelfoV". A diferencia del hebreo o el arameo, el griego tiene una palabra específica para primos: "anepsios", pero los traductores de la Septuagésima y del Nuevo Testamento, siendo de cultura hebrea, prefirieron usar "adelfoV" cuando se utilizaba la palabra aramea "hermanos" que, como hemos dicho incluye primos y otras relaciones de parentesco en línea colateral. Es decir, utilizaron la palabra griega pero en el sentido original del lenguaje de Jesús. Por eso, para saber si se trata de hermanos de sangre, de primos o de otras relaciones, hay que estudiar el contexto de la cita. Esto lo podemos saber por varios ejemplos encontrados en el Antiguo Testamento.

·        Gn 14, 14:  Al oír Abram que su hermano había sido hecho cautivo, movilizó la tropa de gente nacida en su casa, en número de 318, y persiguió a aquéllos hasta Dan. A Lot se le llama "hermano" de Abraham, pero sabemos por la misma Biblia que era su sobrino (Cfr. Gen. 11, 26-28).

·         I Crónicas 23, 21-22: Hijos de Merarí: Majlí y Musí. Hijos de Majlí: Eleazar y Quis. Eleazar murió sin tener hijos; sólo tuvo hijas, a las que los hijos de Quis, sus hermanos, tomaron por mujeres. Los hijos de Quis son, en realidad, primos hermanos de las hijas de Eleazar, pero la Escritura usa la palabra hermanos.

 

Hasta aquí hemos visto que la Biblia utiliza el término “hermanos” para el parentesco cercano: sobrino, primos,... Pero no siempre es así. También a los parientes lejanos los llama hermanos e incluso a los que no son ni parientes.

 

·         Deut 23, 8:  No tendrás por abominable al idumeo, porque es tu hermano; tampoco al egipcio tendrás por abominable, porque fuiste forastero en su país.

·        II Re 10, 13-14: Encontró Jehú a los hermanos de Ocozías, rey de Judá, y preguntó: «¿Quiénes sois vosotros?» Ellos respondieron: «Somos los hermanos de Ocozías y bajamos a saludar a los hijos del rey y a los hijos de la reina.» Dijo él: «Prendedlos vivos.» Los prendieron vivos, y los degolló en la cisterna de Bet Equed, 42 hombres, y no dejó ni uno de ellos.

·         Neh 5, 8: Y les dije: «Nosotros hemos rescatado, en la medida de nuestras posibilidades, a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones. ¡Y ahora sois vosotros! vendéis a vuestros hermanos.

·        Jr 34, 9: En orden a dejar cada uno a su siervo o esclava hebreos libres dándoles la libertad de suerte que ningún judío fuera siervo de su hermano.

 

Podríamos contemplar la posibilidad de que la expresión "hermanos de Jesús" se refiriera a los hijos que tuvo San José con una primera esposa antes de casarse con María. Esto nos llevaría a formular otra suposición: que era viudo. De esto nada nos dice la Biblia. San Jerónimo, el gran maestro de las Sagradas Escrituras en el siglo  IV, planteó más bien que se trata de primos, lo cual cabe perfectamente, como hemos visto, dentro del sentido de "hermanos" sostenido por los judíos de la época. San Jerónimo, como los demás padres de la Iglesia, defendió la virginidad perpetua de María Santísima.

 

No existe una sola sugerencia en la Biblia de que la Virgen tuviera otros hijos.

 

Cuando la Biblia narra cómo la Sagrada Familia huye a Egipto, cuando se les pierde el niño en Jerusalén (Cfr. Lc 2, 41-51), no señala la presencia de otros niños, siempre se refiere a un solo hijo. Los de Nazaret, aun cuando hablan de los "hermanos" de Jesús, se refieren a Él como "el hijo de María", no como "un hijo más de María" (Mc 6, 3). Sería este uso de palabras muy extraño si fueran de hecho esos otros "hermanos" hijos de María. Si los había, ¿por qué razón tenían que callar los hagiógrafos?

Hay además otras razones culturales que indican que los "hermanos" de Jesús no eran de sangre. Entre los judíos, los hermanos menores no podían aconsejar a los mayores. Por eso cuando en una cita un hermano aconseja al otro se entiende que quien aconseja es el mayor. Sin embargo los "hermanos" de Jesús le aconsejan que se vaya a Judea (Cfr. Jn 7, 3-4). En otra ocasión tratan de llevárselo (Mc 3, 21). Estos hermanos no pueden entonces ser hermanos de sangre ya que Jesús es el primogénito (no tenía hermanos mayores. Cfr. Lc 2, 7).

 

El fraude del "osario de Santiago".

En el año 2002 salió a la luz un osario con la inscripción: «Jacob [Santiago], hijo de José, hermano de Jesús».  Muchos pensaron que este "hallazgo" ponía en duda la doctrina católica sobre la Virginidad perpetua de María. Sin embargo resultó ser un fraude. Así lo determinó el director de Antigüedades de Israel, Shuka Dorfman, quien anunció (18 de junio de 2003): «El osario es real. Pero la inscripción es falsa. Lo que significa es que alguien cogió una caja real y labró la escritura en ella, probablemente para darle una importancia religiosa».  Lamentablemente los medios de comunicación que tan ampliamente propagaron el engaño, no hicieron casi nada por rectificarlo.

 

Con estos presupuestos, vamos a preguntarnos otra vez:

¿Tenía hermanos Jesús?

En la Biblia leemos que los habitantes de Nazaret, hablando de Jesús, decían: 55¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?56 Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?»

Y en Mc 3, 32-33: 32 Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.»33 El les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?»

 

1) «Hermanos y hermanas» en el sentido bíblico.

Ya hemos hablado de ello. Insistimos en que en tiempo de Jesús se hablaba el idioma arameo (que es como un dialecto del hebreo) y en las lenguas arameas y hebreas se usaba la misma palabra para expresar los distintos grados de parentesco cercano, como «primo», hermano», «tío», «sobrino», «primo segundo»... Y para indicar estos grados de parentesco, simplemente, usaban la palabra «hermano o hermana.»

Es decir, en la Biblia no se usan las palabras «tío» o «sobrino», sino que a los que descienden de un mismo abuelo se les llama hermanos.

Ahora bien, para evitar las confusiones, la Biblia usa varios modismos. Por ejemplo: si se trataba de hermanos verdaderos, hijos de una misma madre, se usaba la expresión: «Tu madre y los hijos de tu madre.» Esta era la única manera correcta de expresarse. En Mateo16, 17 se usa la expresión «Simón, hijo de Jonás» para decir que el papá de Simón es Jonás.

En ningún lugar del Evangelio se habla de los hermanos de Jesús en sentido estricto, como «hijos de María». Por tanto en la Biblia no aparece ningún hermano de Jesús según la carne.

En el Evangelio de Lucas leemos que Jesús subió a Jerusalén junto con María y José. El niño Jesús tenía ya 12 años. Este relato no menciona ningún hermano de Jesús en sentido estricto. Así el texto nos hace entender que Jesús es el hijo único de María. (Lc. 2, 41-52).

·        Jn 19, 26-27: «Cuando Jesús vio a su madre, y de pie junto a ella al discípulo a quien él quería mucho, Jesús dijo a su madre: «Madre, ahí tienes a tu hijo. Luego le dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde entonces ese discípulo la recibió en su casa»

Al momento de morir, Jesús confió su madre María al apóstol Juan, hijo de Zebedeo, precisamente porque María quedaba sola, sin hijos propios y sin esposo. Para los judíos una mujer que se quedaba sola era signo de maldición. Por eso Jesús confía María a Juan y también Juan a María.

 

2) ¿Quiénes son «estos hermanos de Jesús»?

La Biblia nombra a cuatro «hermanos» de Jesús (Mat 13, 55-56): Santiago (o Jacobo), José, Simón y Judas.

De estos cuatro hermanos de Jesús arriba mencionados, dos eran apóstoles: Santiago «el hermano del Señor» (Cfr. Gál 1, 19) es el apóstol Santiago «el Menor» (Mc 15, 40), y Judas, «servidor de Jesucristo y hermano de Santiago».

La madre del apóstol Santiago el Menor se llama María y esta María, madre de Santiago y José, estaba junto a la cruz de Jesús (Cfr. Mc 15, 40) y era «hermana de María la Madre de Jesús» (Jn 19, 25) y tía de Jesús. Es la que el Evangelista llama María de Cleofás (Cfr. Jn 19, 25)

Comparando los textos bíblicos entre sí, está claro que ni Santiago ni los otros tres nombrados «hermanos de Jesús» eran hijos de la Virgen María y José, sino primos hermanos de Jesús.

El problema principal surge de la comprensión de quién es la madre de Santiago y José. Veamos en esquema los tres evangelios que tratan el tema de las “marías” al pie de la cruz para acabar de entender.

 

Mateo 27, 56

 

 

MARÍA Magdalena

MARÍA, la madre de

Santiago y de José

Madre

de los hijos de Zebedeo

 

 

En Mc 1, 19 y Mt 10, 2 nos afirma que éstos eran Juan y Santiago

 

Marcos 15, 40.47

 

Cfr. Lc 24, 10

MARÍA Magdalena

MARÍA, la madre Santiago el menor

Y de Joset

SALOMÉ

 

Conviene contrastar este texto con Gal 1, 19; Mt 10, 3; Mc 3, 13-19; Lc 6, 15-16; Hc 1, 13, donde se deduce que Santiago es hijo de Alfeo y, por tanto, esta María que nombra Marcos sería su esposa.

 

 

Juan 19, 25

 

 

SU MADRE

La hermana de su madre, MARÍA, mujer de Clofás

MARÍA Magdalena

 

La identificamos con la Madre de Santiago y esposa de Alfeo

 

Será conveniente leer también :

·         Stgo 1, 1: Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, saluda a las doce tribus de la Dispersión.

Resulta curioso comprobar que él mismo se llama siervo y no hermano de Jesús.

En cuanto a Judas deberemos contrastar los siguientes textos:

·         Lc 6, 16: A Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

·         Hc 1, 13: Y cuando llegaron subieron a la estancia superior, donde vivían, Pedro, Juan, Santiago y Andrés; Felipe y Tomás; Bartolomé y Mateo; Santiago de Alfeo, Simón el Zelotes y Judas de Santiago.

·         Jd 1, 1: Judas, siervo de Jesucristo, hermano de Santiago, a los que han sido llamados, amados de Dios Padre y guardados para Jesucristo.

Nótese que Judas se dice a sí mismo hermano de Santiago y no de Jesús.

 

3) El uso de la palabra «hermano» en el sentido religioso.

·         Mt. 12, 46-50: Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

Jesús fue el primero en utilizar la palabra «hermano» no en sentido carnal, sino en sentido figurado

·        Jn 20, 17 Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.» Jesús llama a sus discípulos y apóstoles: «mis hermanos».

·        Hb 2, 11: Pues tanto el santificador como los santificados tienen todos el mismo origen. Por eso no se avergüenza de llamarles hermanos. Todos los redimidos por Cristo son «sus hermanos.» Cristo es «el Primogénito de estos hermanos.»

·        Rom. 8, 29: Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos.

En este sentido aparece la palabra «hermano» 160 veces en las cartas apostólicas del Nuevo Testamento. «Hermanos pues, en este sentido, hoy como ayer, son todos los que creen y aceptan a Jesús.» Los mismo hermanos evangélicos,  en sus sermones y en el trato diario, usan a cada rato la expresión «hermanos» en sentido figurado (todo el mundo entiende que no se trata de hermanos carnales). Pero cuando se trata de interpretar esta palabra en el Nuevo Testamento, dicen que hay que entenderla en sentido carnal, de verdaderos hermanos de Jesucristo según la sangre.

La Iglesia Católica, al igual que las iglesias Evangélicas, tiene ahora también la costumbre de llamar a sus fieles «hermanos y hermanas». ¿Significa esto que todos somos hermanos según la carne? De ninguna manera, sino que utilizamos la palabra «hermanos» en sentido figurado.

Llegamos a la conclusión de la tesis que se exponía al principio:

Hermanos según la carne son los hijos de unos mismos padres.

Hermanos según el espíritu somos todos los seres humanos, mayormente los que son miembros de una misma comunidad o familia religiosa.

 

·         II Pd 1, 20: Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios.

San Hilario de Poitiers (+367), Padre de la Iglesia, dice así:  "Si ellos (los hermanos del Señor) hubiesen sido hijos de María y no aquellos del primer matrimonio de José, ella nunca hubiese sido entregada en el momento de la pasión al apostol Juan como su madre. (Comentario de Mateo 1,4 – Año 354 ) 

La virginidad de María es dogma de fe. Fue definido en el año 649.

La Iglesia enseña desde el siglo V que María fue virgen an­tes del parto, en el parto y después del parto. Por eso la llama «siempre Virgen María». «Es de fe que la Santísima Virgen permaneció Siempre virgen».

 

 Anexo: La voz del Papa Juan Pablo II

 

La Virginidad de María, verdad de fe

(Durante la audiencia general del miércoles 10 de julio de 1996 )


1. La Iglesia ha considerado constantemente la virginidad de María una verdad de fe, acogiendo y profundizando el testimonio de los evangelios de san Lucas, san Marcos y, probablemente también san Juan.

En el episodio de la Anunciación, el evangelista san Lucas llama a María «Virgen», refiriéndose tanto a su intención de perseverar en la virginidad como al designio divino, que concilia ese propósito con su maternidad prodigiosa. La afirmación de la concepción virginal, debida a la acción del Espíritu Santo, excluye cualquier hipótesis de partogénesis natural y rechaza los intentos de explicar la narración lucana como explicitación de un tema judío o como derivación de una leyenda mitológica pagana.

La estructura del texto lucano (cf. Lc 1,26-38; 2,19.51), no admite ninguna interpretación reductiva. Su coherencia no permite sostener válidamente mutilaciones de los términos o de las expresiones que afirman la concepción virginal por obra del Espíritu Santo.

2. El evangelista san Mateo, narrando el anuncio del ángel a José, afirma, al igual que san Lucas, la concepción por obra «del Espíritu Santo» (Mt 1,20), excluyendo las relaciones conyugales.

Además, a José se le comunica la generación virginal de Jesús en un segundo momento: no se trata para él de una invitación a dar su consentimiento previo a la concepción del Hijo de María, fruto de la intervención sobrenatural del Espíritu Santo y de la cooperación de la madre. Sólo se le invita aceptar libremente su papel de esposo de la Virgen y su misión paterna con respecto al niño.
San Mateo presenta el origen virginal de Jesús como cumplimiento de la profecía de Isaías: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa “Dios con nosotros”» (
Mt 1,23; cf. Is 7,14). De ese modo, san Mateo nos lleva a la conclusión de que la concepción virginal fue objeto de reflexión en la primera comunidad cristiana, que comprendió su conformidad con el designio divino de salvación y su nexo con la identidad de Jesús, «Dios con nosotros».

3. A diferencia de san Lucas y san Mateo, el evangelio de san Marcos no habla de la concepción y del nacimiento de Jesús; sin embargo, es digno de notar que san Marcos nunca menciona a José esposo de María. La gente de Nazaret llama a Jesús «el hijo de María» o, en otro contexto, muchas veces «el Hijo de Dios (Mc 3,11; 5,7; cf. 1,1.11; 9,7; 14,61-62;15,39). Estos datos están en armonía con la fe en el misterio de su generación virginal. Esta verdad, según un reciente redescubrimiento exegético, estaría contenida explícitamente en el versículo 13 del Prólogo del evangelio de san Juan, que algunas voces antiguas autorizadas (por ejemplo, Ireneo y Tertuliano) no presentan en la forma plural usual, sino en la singular: «Él, que no nació de sangre, ni de deseo de carne, no de deseo de hombre, sino que nació de Dios». Esta traducción en singular convertiría el Prólogo del evangelio de san Juan en uno de los mayores testimonios de la generación virginal de Jesús, insertada en el contexto del misterio de la Encarnación.

La afirmación paradójica de Pablo: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a si Hijo, nacido de mujer (…), para que recibiéramos la filiación adoptiva» (Ga 4,4-5), abre el camino al interrogante sobre la personalidad de ese Hijo, y, por tanto, sobre su nacimiento virginal.

Este testimonio uniforme de los evangelios confirma que la fe en la concepción virginal de Jesús estaba enraizada firmemente en los ambientes de la Iglesia primitiva. Por eso carecen de todo fundamento algunas interpretaciones recientes, que no consideran la concepción virginal en sentido físico o biológico, sino únicamente simbólico o metafórico: designaría a Jesús como don de Dios a la humanidad. Lo mismo hay que decir de la opinión de otros, según los cuales el relato de la concepción virginal sería, por el contrario, un theologoumenon, es decir, un modo de expresar una doctrina teológica, en este caso la filiación divina de Jesús, o sería su representación mitológica.

Como hemos visto, los evangelios contienen la afirmación explícita de una concepción virginal de orden biológico, por obra del Espíritu Santo, y la Iglesia ha hecho suya esta verdad ya desde las primeras formulaciones de la fe (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 496).

4. La fe expresada en los evangelios es confirmada, sin interrupciones, en la tradición posterior. Las fórmulas de fe de los primeros autores cristianos postulan la afirmación del nacimiento virginal: Arístides, Justino, Ireneo y Tertuliano está de acuerdo con san Ignacio de Antioquía, que proclama a Jesús «nacido verdaderamente de una virgen» (Smirn. 1,2). Estos autores hablan explícitamente de una generación virginal de Jesús real e histórica, y de ningún modo afirman una virginidad solamente moral o un vago don de la gracia, que se manifestó en el nacimiento del niño.

Las definiciones solemnes de fe por parte de los concilios ecuménicos y del Magisterio pontificio, que siguen a las primeras fórmula breves de fe, están en perfecta sintonía con esta verdad. El concilio de Calcedonia (451), en su profesión de fe, redactada esmeradamente y con contenido definido de modo infalible, afirma que Cristo «en lo últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, (fue) engendrado de María Virgen, Madre de Dios, en cuanto a la humanidad» (DS 301). Del mismo modo, el tercer concilio de Constantinopla (681) proclama que Jesucristo «nació del Espíritu Santo y de María Virgen, que es propiamente y según verdad madre de Dios, según la humanidad» (DS 555). Otros concilios ecuménicos (Constantinopolitano II, Lateranense IV y Lugdunense II) declaran a María «siempre virgen», subrayando su virginidad perpetua (cf. DS 423, 801 y 852). El concilio Vaticano II ha recogido esas afirmaciones, destacando el hecho de que María, «por su fe y su obediencia, engendró en la tierra al Hijo mismo del Padre, ciertamente sin conocer varón, cubierta con la sombra del Espíritu Santo» (Lumen gentium, 63).

A las definiciones conciliares hay que añadir las del Magisterio pontificio, relativas a la Inmaculada Concepción de la «santísima Virgen María» (DS 2.803) y a la Asunción de la «Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María» (DS 3.903).

5. Aunque las definiciones del Magisterio, con excepción del concilio de Letrán del año 649, convocado por el Papa Martín I, no precisan el sentido del apelativo «virgen», se ve claramente que este término se usa en su sentido habitual: la abstención voluntaria de los actos sexuales y la preservación de la integridad corporal. En todo caso, la integridad física se considera esencial para la verdad de fe de la concepción virginal de Jesús (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 496).

La designación de María como «santa, siempre Virgen e Inmaculada», suscita la atención sobre el vínculo entre santidad y virginidad. María quiso una vida virginal, porque estaba animada por el deseo de entregar todo su corazón a Dios.

La expresión que se usa en la definición de la Asunción, «La Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen», sugiere también la conexión entre la virginidad y la maternidad de María: dos prerrogativas unidas milagrosamente en la generación de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Así, la virginidad de María está íntimamente vinculada a su maternidad divina y a su santidad perfecta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un hecho extraordinario

 

La Virgen de Guadalupe

 

La historia:

 

En diciembre de 1531, la Virgen se aparece varias veces al indio Juan Diego en el monte Tepeyac, de sólo 40 metros de altura, hoy en la actual capital de México, en el Distrito Federal.

Le dice que quiere allí un templo en el llano, que se lo comunique al obispo, y añade: «Como Madre, allí mostraré mi clemencia amorosa para todos los que soliciten mi amparo. Y oiré sus lágrimas y sus ruegos para darles consuelo y alivio.  Porque soy vuestra madre compasiva».

Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, de la orden franciscana, recibió amablemente al indio, pero le dijo que necesitaba una prueba para estar seguro de que lo que decía era verdad. Como señal, la Virgen le dice al indio que suba a la colina, coja unas rosas y se las lleve al obispo. Era diciembre, pero Juan Diego no lo dudó. Subió a la colina y allí estaban las rosas. Las recogió en una tilma que llevaba como vestido y se las llevó al obispo como señal de que Ella quería allí un templo.

La tilma era el nombre en náhtualt, la lengua que hablaba Juan Diego, del poncho o capa que utilizaban los indios pobres mexicanos, que se anudaba al hombro.

Cuando Juan Diego se encontró delante del obispo y soltó la tilma donde estaban las rosas, éstas cayeron al suelo. Como no era tiempo de rosas, el obispo comprendió que la señal era verdadera. Pero es que además, en la tilma apareció estampada la imagen de la Virgen. Esto ocurría el 12 de diciembre de 1531. El obispo, emocionado, tomó en sus manos la tilma de Juan Diego y la colocó en su oratorio; después la trasladó a la iglesia mayor de la ciudad parea que fuera venerada por la multitud devota.

Esta tilma o ayate con la imagen de la Virgen fue llevada después a una ermita que  se construyó en el monte Tepeyac. Esta ermita provisional de paja y adobe se construyó en dos semanas. El 26 de diciembre de 1531, una solemne procesión, con el obispo, Hernán Cortés, y todas las autoridades, trasladaba la tilma de Juan Diego al pequeño santuario, que acogió la reliquia hasta 1557. El segundo obispo de México, don Alonso de Monyúfar, dominico, construyó otra ermita que estuvo en servicio hasta 1622.

Después se han ido construyendo 7 templos, hasta la actual basílica, que se dedicó el 11 de febrero de 1976, con una capacidad para 10.000 personas.

Cuando la Virgen se apareció en Tepeyac, el mes de diciembre de 1531, hacía sólo 10 años que México había sido conquistado por Hernán Cortés con sus quinientos soldados.  Aquel año de 1519, lo que hoy es la República Mexicana estaba habitada por 300 tribus, enemigas entre sí y dominadas por los aztecas. En aquella época, esta zona estaba prácticamente deshabitada. Al erigirse la ermita, fue aumentando alrededor el número de edificaciones.

El pueblo de Guadalupe aparece por primera vez en un acta del Ayuntamiento de México el 3 de diciembre de 1563. El 24 de junio de 1751 se le da rango de villa (como Madrid), por cédula real, con escudo de armas donde aparece Juan Diego con la tilma enseñando la imagen grabada en ella.

El 12 de febrero de 1828 fue elevada por decreto a la categoría de ciudad y en 1931 fue absorbida por el monstruo del Distrito federal y disminuida a delegación.

 

Hechos inexplicables para la Ciencia:

 

n   La incomprensible duración del ayate y la imagen, puesto que necesariamente debieran haberse descompuesto hace más de 400 años por putrefacción de la fibra vegetal de la que está tejido el ayate.

 

n   La afirmación, entre otros muchos, del Premio Nobel de Química, Richard Kuhn, y de algunos investigadores de la NASA: «no se comprende cómo está “pintada” la imagen: los colorantes no son humanos».

 

n   La conclusión de Aste Tonsman, el científico encargado de recibir las imágenes que los satélites envían a la Tierra, mediante un procedimiento de ampliación electrónico: «En los iris derecho e izquierdo de los ojos de la Virgen de Guadalupe -cuyo diámetro es de 7 y 8 milímetros respectivamente-, existen una serie de personas y objetos que reproducen el mismo episodio que relata la leyenda en el momento de la aparición de la Virgen en la casa del Obispo».

 

 

Primer hecho inexplicable: la duración de la tilma y de la imagen.

 

El relato de los hechos se elaboró en la primera mitad del siglo XVI y lo hizo Antonio Valeriano -que contaba once años cuando ocurrieron las apariciones- en náhuatl, es decir, en lengua azteca. Antonio llama a Juan Diego macehualli. Los macehualli  representaban la masa de la población, los hombres corrientes, os campesinos, que no pertenecían a ninguna de las clases superiores, pero que tampoco eran esclavos. El vestido que ellos llevaban consistía en un maxtlatl, es decir, una especie de taparrabos, y de un ayate que se ataba normalmente sobre el hombro o el cuello, puesto que los aztecas desconocían los botones, las hebillas y los broches.

Los ayates se fabricaban machacando las partes carnosas del maguey o pita, a continuación se hervían para que terminase de desprenderse la pulpa y posteriormente se retorcían los estambres formando los hilos con los que se tejían los ayates, que medían cerca de dos metros de largo por algo más de un metro de ancho. De las 175 variedades que existen del maguey, la tilma de Juan Diego corresponde a la del «Agave potule zacc». Por estar tejido a mano y pos el uso que se le ha dado, sus bordes no son rectos, por lo que su largo oscila entre 1,68 y 1,66 mts y su ancho entre 1,05 y 1,03 mts; su tejido es de tela rala, de rejuela.

Llama la atención que este tejido tan fútil tenga ya más de 450 años, conservándose en un estado tan lozano así como la estampación de la imagen.

En 1791, el orfebre que limpiaba el marco de la imagen de Guadalupe derramó ácido nítrico sobre la tela. Se discute si fue o no intencionadamente. El ácido nítrico debió, necesariamente, consumir, hasta agujerear, una trama tan frágil como la del hilo de maguey. Pero nada de esto ocurrió. Únicamente quedó la huella de unas manchas de color amarillento que, de forma inexplicable para los especialistas, están desapareciendo con el tiempo.

El 14 de diciembre de 1921, cuando la Basílica de la Virgen se encontraba casi vacía de feligreses, Luciano Pérez entró en la iglesia portando un ramo de flores muy grande. El interior del ramo contenía una pesadísima carga de dinamita. Subió a las gradas del altar y depositó a los pies de la Virgen de Guadalupe la ofrenda floral. Se marchó y al poco, explotó la dinamita. El mármol de las gradas del altar quedó hecho añicos, se retorcieron y doblaron los candelabros y demás objetos de metal, todos los cristales se rompieron, pero el cristal de la Virgen de Guadalupe ni siquiera se agrietó.  Los hechos no son explicables científicamente, pero tampoco catalogados de milagros. Se sabe de cierto que el ácido nítrico estaba rebajado al 50% con agua. Las ondas expansivas de las explosiones a menudo dejan intactos objetos o permiten sobrevivir a personas que se encontraban junto a la explosión. Por eso, estos argumentos no son decisivos.

Ahora bien, ante el asombro de muchos científicos, el Dr. José Ignacio Bartolache y Díazieras de Posada, el 27 de diciembre de 1785, declaró a la “gaceta de México” su intención de fabricar varias copias idénticas al ayate de Juan Diego y estudiar los efectos del tiempo sobre ellas. Y lo consiguió. Una de las copias fue colocada, protegida por dos cristales, el 12 de septiembre de 1789 en la capilla del Pozito. Pero, apenas seis años y medio más tarde, hubo que retirarla del altar a la sacristía -tal era el grado de deterioro de la imagen-, y pocos años después hasta la misma tela se deshilachó completamente. A todo esto cabe añadir que el ayate de Juan Diego, durante más de un siglo, no tuvo protección alguna, pues el primer cristal llegó de España en 1647; que en la primitiva ermita de adobe que los indios y españoles construyeron en sólo 14 días, estaban encendidas más de 60 candelas que ardían noche y día, desprendiendo un humo negro y pegajoso del que no quedan rastros en la tilma. A lo que hemos de añadir que la tela ha sido sometida a la continua frotación de rosarios, estampas, medallas, escapularios, manos y besos de los devotos que por allí pasaron en ese tiempo. Además, el monte Tepeyac está junto al lago salado Texcoco. Maderas próximas a este lago no han durado más de cien años. El mismo hierro se pudre. Ni el salitre, ni la humedad, ni el polvo, ni los excrementos de moscas e insectos, han podido con el ayate. La imagen y la trama se mantiene como el primer día.

Otro hecho curioso: la tilma de Juan Diego está colocada sobre una placa metálica, cuya temperatura oscila alrededor de los 15 grados centígrados, mientras que la tilma se mantiene a 36,5 grados, que es la temperatura de un cuerpo humano sano.

 

Segundo hecho inexplicable: la formación de la imagen.

Fray Pedro de Oyanguren, de finales del siglo XVI, siglo de las Apariciones, da testimonio de la existencia del ayate con una imagen pintada y afirma que los mismos indios tejen el tejido: «... de un hilo tan burdo y basto, que sacan de la planta que llaman maguey, que acabándolo de tejer queda con una mesma grosedad y aspereza, que por ninguna manera es capaz para poder pintar en él ningún santo; porque es tanto grado ralo, que más parece rejuela que lienzo; con que, sin poder, como no puede, recibir en sí aparejo y emprimación de que para poder pintar se valen los maestros de esta arte...»

 

Testimonios como éste hay muchísimos. Con todo, el estudio científico de la formación de la imagen no se ha empezado hasta nuestros días. Uno de los primeros en hacerlo fue el Premio Nobel de Química, Richard Kuhn. Analizó dos fibras de la tilma de Juan Diego, una de color rojizo y otra amarillenta y certificó: «... en las dos fibras no existen colorantes vegetales, ni colorante animales, ni colorantes minerales, ni, por supuesto, colorantes sintéticos». Lo cual quiere decir que estos colorantes no existen sobre la capa de la Tierra.

Un estudio más detallado fue el elaborado por los investigadores de la NASA, Philip S. Callahan y Jody Brant, el 7 de mayo de 1979. Para ello utilizaron el sistema de las fotografías infrarrojas con las que detectan fácilmente los trazos que han sido dibujados en la tela antes de que el artista pinte la versión definitiva de su cuadro y determinan la naturaleza de la preparación previa o aparejo aplicados bajo la pintura, lo que ayuda a concretar la fecha en que se ha pintado esa obra. Pues bien, el estudio analítico al infrarrojo proporcionó a los investigadores de la NASA una sorpresa extraordinaria: no existe aparejo ni preparación previa alguna de la tela del ayate. la imagen carece de dibujos, esbozos previos y rectificaciones. Mayor asombro aún: no hay pinceladas. La imagen se formó como si fuera una fotografía de la Virgen y la tela hizo las veces del papel de revelado. Aún hay más: la sustancia que compone los colores es de origen desconocido y provoca una brillantez de los mismos incomprensible.

Más cosas: la imagen se halla también representada en el revés de la tilma. Es curioso que las irregularidades del lienzo, por los hilos desiguales, resaltan más los rasgos. Por ejemplo, un hilo más grueso de lo normal pone de relieve el labio superior, y otro, el párpado del ojo derecho.

Es imposible que manos humanas hayan pintado esta imagen sobre este lienzo sin prepararlo previamente sin aparejo, apresto o imprimación como se dice técnicamente.

 

 

Tercer hecho inexplicable: los ojos de la imagen.

 

El busto de un hombre con barba: Alfonso Marcué y el pintor José Carlos salinas descubrieron cada uno por separado, en sendas fotografías, la existencia de una figura en el ojo derecho de la imagen de la Virgen aparecida en el ayate de Juan Diego. Se trata de una figura humana, de un hombre, al que se le veía la cabeza, el hombro, la mano mesándose la barba y una expresión de asombro y concentración.

Hecho público el acontecimiento, oftalmólogos de todas partes se lanzaron a investigar el imposible. El Dr. Enrique Graue, director de un hospital oftalmológico en México, afirma: «Examiné los ojos con oftalmoscopio de alta potencia y pude apreciar en ellos la profundidad de ojo, efecto que se observa en un ojo vivo». En estos ojos aparece el efecto Purkinje-Sansom: se triplica la imagen de la córnea y en las dos caras del cristalino. Este efecto fue estudiado por los doctores Purkinje de Breslau y Sansom de París[1], y por el Dr. Rafael Torija. Todos afirman lo mismo: los ojos de la Virgen de Guadalupe dan la impresión de vitalidad.

En resumen, el estudio de todos los médicos, quedó recogido en el siguiente tenor: «...los suscritos médicos cirujanos oculistas, hacen constar haber observado en los ojos de la Virgen de Guadalupe, en el ayate original que se encuentra en el altar mayor de la Basílica, la figura de un busto de hombre, con toda claridad y sin necesidad de ningún instrumento óptico, simétricamente colocado en ambos ojos y que corresponde al reflejo corneal de acuerdo con las leyes de la óptica». 

Hasta tal punto llega a ser verdad el efecto observado que el Dr. Graue observa en su declaración: «Fíjense hasta qué punto le recuerdan a uno los ojos de una persona viva, que, en una de aquellas exploraciones y estando yo con el oftalmoscopio en plena observación, inconscientemente comenté en voz alta, dirigiéndome a la imagen: “Por favor, mire un poquito para arriba...”. Como usted habrá visto, la Virgen tiene los ojos ligeramente inclinados hacia abajo y hacia la derecha... y yo, ensimismado con aquella luminosidad y profundidad,.. Le hice aquel comentario, pensando que estaba ante un paciente...».

 

Lo que la tela vio: Aste Tonsman, doctor en especialidad de Ingeniería de Sistemas Ambientales, leyó un día una revista en la que informaba el impresionante hallazgo del “hombre con barbas” en los ojos de la Virgen de Guadalupe. Se interesó por el tema, cogió su computadora y estudió el caso[2]. Dos años duró su trabajo. Tras ellos publicó un interesante trabajo del que resumimos las siguientes conclusiones a las que llegó el eminente doctor: «Aún con la tecnología actual, sería prácticamente imposible poder pintar tantas imágenes, con detalles tan minuciosos, como los que han sido descubiertas en los iris de los ojos de la Virgen, en el ayate del Tepeyac. Recordemos que el diámetro de esos iris es apenas de 7 u 8 milímetros, y hay que enfatizar, además, el material tan burdo en el que está grabada la imagen».

La hipótesis de Tonsman hace pensar que cuando el indio Juan Diego dejó caer las flores al suelo, desplegó la tilma y, entonces, la Virgen se apareció a los presentes y en el mismo instante quedó grabada en la tela, con el reflejo, en su iris, de la escena que acababa de contemplar. Y esto lo puede afirmar porque en los iris de los ojos de la Virgen de Guadalupe no se ve solamente al “hombre con barbas”, sino que además puede verse:

1.                   Un indio semidesnudo, de cuerpo entero, sentado en el suelo, con las manos juntas, mirando asombrado a otro indio que despliega su ayate. Éste se ve en el ojo izquierdo, en la parte más alejada de la nariz).

2. La cara de un anciano, posiblemente fraile, que está mirando hacia abajo y una gruesa lágrima parece correr por su mejilla hasta la comisura de los labios. Su parecido con Fray Juan de Zumárraga es extraordinario, tal y como aparece en un cuadro de Miguel Cabrera tomado de alguna pintura de la época.

3. Una persona muy joven, que se atribuye a su traductor Juan González, pues en una carta que escribe el Obispo al Emperador Carlos V afirma que desconoce el náhuatl.

4. Otro indio de edad madura, tocado con el sombrero típico, y desplegando el ayate. está a la izquierda del traductor y justo enfrente del Obispo y del indio semidesnudo. Se cree que es Juan Diego, en cuyo ayate desplegado no aparecen las flores ni tampoco la imagen de la Virgen.

5. Una mujer, de ojos penetrantes, mirando lo que ocurre por encima de los hombros del posible Juan Diego. Es de raza negra[3].

6. El “hombre con barbas”. Parece ser un sacerdote español con el dedo pulgar introducido en su barba y mirando, con asombro y concentración, el ayate del indio.

7. Siguiendo con el ojo derecho, en el centro del iris se observa con mayor claridad lo que Tonsman llama “grupo familiar”, formado por una mujer muy joven, de delicadas facciones, que aparentemente controla unos niños y lleva a un bebé sujeto a la espalda; un hombre con sombrero que parece hablar a la mujer; y además, un hombre y una mujer que observan la escena.

8. Parte de un mueble y de un arco del techo, que también se encuentra en el ya citado cuadro de Miguel Cabrera, reflejados en el iris de la tela

 

Un misterio dentro del misterio: Al ampliar el iris del ojo del indio, semidesnudo, sentado, que está contemplando al posible Juan Diego, ha aparecido en la pupila de este ojo, el rostro de un indio, de nariz grande y aguileña, labios entreabiertos... es decir, el semblante que se atribuye a Juan Diego.

            En resumen, pues, el ayate del indio Juan Diego y la imagen de la Virgen impresa en él, plantean, al menos los siguientes interrogantes: la conservación del ayate, la conservación de la imagen, cómo se formó la imagen, la desconocida naturaleza de los colorantes, la existencia de figuras infinitesimales reflejadas conforme a las leyes de la física óptica en los iris de la tela, y la desproporción inexplicable de un grupo de esas figuras con relación al resto.

 

Importancia de la Virgen de Guadalupe en la evangelización de México.

 

Cuando se hizo el traslado de la tilma de Juan Diego a la primera ermita del Tepeyac, el 26 de diciembre de 1531, iban en la multitudinaria procesión el obispo fray Juan de Zumárraga, descalzo, y Hernán Cortés con la cabeza descubierta. El nombre de Guadalupe es la españolización del nombre azteca Tequatlasupe, que significa “la que aplasta la serpiente”. En aquellos tiempos, en México había mucho culto al dios serpiente, al que se ofrecían sacrificios humanos. En el mismo cerro del Tepeyac se daba culto a Tonantzín, madre del dios serpiente. maría eligió este sitio para sustituir el culto idolátrico a Tonantzín por el culto legítimo a la verdadera Madre del Verdadero Dios.

Cuenta Motolinía, en su Historia de los indios de la Nueva España, que Andrés de Tapia y Gonzalo de Umbría contaron 136000 calaveras humanas en el templo Teocali, sacrificadas al sanguinario Huitzilopoztli, el dios serpiente, que era la personificación del demonio. Hernán Cortés hizo pedazos personalmente al ídolo. La Virgen de Guadalupe significó para ellos el fin de los sacrificios humanos repugnantes para el pueblo. Veían en la imagen símbolos que vencían a sus dioses. Descifraban multitud de detalles que pasaban desapercibidos para los mismos españoles.

La imagen les hablaba. Era un pictograma, un códice, cosa muy peculiar de los aztecas que se expresaban con signos que representaban ideas y objetos. Los aztecas no tenían escritura.

El broche con la cruz indica que ella nos trae la joya de Cristo crucificado, la misma cruz que veían en los estandartes españoles.

El ceñidor era señal de embarazo, y a la altura que está lo da a entender claramente. Lo mismo que la caída del lazo con las puntas abiertas.

El trébol de cuatro hojas es signo de plenitud, por eso simboliza a Dios. Al estar sobre el vientre de María quiere decir que Ella nos trae a Dios en su seno. Ella misma se presentó como la Madre del Verdadero Dios, del Dios autor del cielo y tierra y que está en todas partes.

 

El ángel, hombre alado, simboliza a Juan Diego, cuyo nombre era Cuautlatohuac, que significa “el que habla como águila”. Llevaba camisa que usaban los indios convertidos; pues, antes, debajo de la tilma, sólo llevaban el taparrabos. Juan Diego es el ángel mensajero que nos trae a la Virgen de Guadalupe: la sostiene en sus brazos.

El pueblo azteca adoraba al sol, la luna y las estrellas. La Virgen de Guadalupe oculta el sol, sus rayos aparecen por detrás, pisa la luna y las estrellas adornan su manto. Todos al servicio de María.

Otro descubrimiento curiosísimo en la imagen de la Virgen es la posición de las estrellas en el manto. Para los indios, que las adoraban y las conocían, debió ser muy significativo. El Dr. Illescas ha estudiado la posición de las estrellas en el altiplano de México durante el solsticio de invierno de 1531, año de las apariciones. Resulta que todas las estrellas del manto de la Virgen corresponden a las principales estrellas de las constelaciones en aquellos días.

La Virgen habló a los indios en el siglo XVI. Pero también se ha guardado palabras para los hombres del siglo XX, puesto que todos los demás descubrimientos sólo se han podido descubrir en el presente siglo con las avanzadas técnicas que le caracterizan. Ha sido precisamente la ciencia, que tanto ha interceptado la labor de la Fe, la que se ha inclinado ante ella demostrando que nos encontramos ante unos  hechos que aparentemente superan las fuerzas naturales, por lo que inducen a pensar que nos encontramos ante un hecho sobrenatural permanente.


 



[1]    El polaco Purkinje y el francés Sansom, cada uno estudiando por su cuenta, llegaron a descubrir la ley que lleva sus nombres. En el ojo humano se forman tres imágenes: una en la parte anterior de la córnea, derecha y brillante; otra, que se ve más profunda, en la parte anterior del cristalino, también derecha pero menos brillante; y la tercera, en la cara posterior del cristalino, invertida, más pequeña, y de profundidad y brillantez intermedias entre las dos primeras. La dificultad de reproducir pictóricamente estas imágenes es enorme: 1) el ojo ha de tener una profundidad y grado de luminosidad, casi reales; 2) la curvatura de la córnea produce una deformación de la persona, objeto, figura o foco luminoso que se refleja en ella; 3) las imágenes dependen de la posición del foco luminoso en cuestión, al punto que si el foco sube, la primera y segunda imágenes ascienden, pero la tercera, la invertida que está a mitad de camino en la profundidad y brillantez con relación a las otras dos, desciende, y si, por el contrario, el foco luminoso se desplaza hacia la derecha, esta imagen lo hace hacia la izquierda y viceversa; etc.

Lo imposible había ocurrido: la imagen del “hombre con barba”, aparece tres veces en los ojos del ayate siguiendo con rigor matemático las leyes de Sansom-Purkinje. Una imagen de cuatro milímetros de altura y uno de anchura, derecha y brillante parece salirse de la tela; una segunda de idéntico tamaño, la más profunda y menos brillante se distingue perfectamente al fondo del ojo; y una tercera, que apenas llega al milímetro, situada a medio camino y brillantez entre ambas, se observa invertida y desplazada hacia la izquierda, tal como ocurriría en un ojo humano vivo... pero aquí se trata de un pedazo de tela.

[2]  Es un método que ofrece unas garantías irrefutables. La máquina computadora es capaz de dividir, en miles de minúsculos cuadraditos cada milímetro cuadrado de una fotografía y posteriormente ampliar, cada una de esas minúsculas divisiones, millares de veces. Dado que los ojos de una persona viva sólo se reflejan imágenes en los iris, el estudio de Tonsman se concentró en el análisis de los dos iris impresos en la tela, a los que dividió cada milímetro cuadrado en 2,778 cuadraditos y cada cuadradito lo amplió 2.000 veces. El ojo humano solamente puede detectar 32 tonalidades distintas de grises, mientras que la computadora en cuestión distingue 256 niveles de grises, por lo que el detalle de las fotografías es perfectísimo. Así, en una fotografía tomada al azar con una cámara mediocre de una manifestación fue posible reconocer a una persona entre la multitud que empuñaba una pistola con la que disparó, el anillo que llevaba en su dedo anular y la marca de la pistola.

[3]  Este personaje ha ofrecido cierta dificultad, pues parece difícil explicar la presencia de una mujer negra en el México de 1531. Se cuenta la siguiente anécdota: Pocas horas antes de que Tonsman impartiera una conferencia acerca de los ojos de la Virgen de Guadalupe en el Centro de Estudios Históricos Guadalupanos. Unos asistentes, pocas horas antes de la conferencia, entregaron al doctor una fotografía que le habían hecho a su propia hija para que les dijera qué cosas estaba viendo la muchacha cuando le hicieron la fotografía. El científico inició su conferencia con el resultado del examen hecho a la fotografía de su hija. Su hija veía a su madre, a una hermana suya, a un desconocido y añadió que sobre la mesa había un florero son seis flores de tres variedades distintas. Tonsman lo había detectado todo co su computadora. Su conferencia tuvo una fuerza convincente extraordinaria. Cuando Tonsman llegó a la descripción de la quinta figura, la de la mujer de raza negra, reconoció con sencillez que, lo más probable es que se hubiera equivocado, puesto que resultaba casi imposible hallar una mujer negra en aquel entonces en México. Fue entonces cuando uno de los asistentes le interrumpió. Gran conocedor de la Historia mexicana, le hizo saber que históricamente estaba probado que Hernán Cortés llevó esclavos negros a Tenochtitlán y que era muy posible que alguno sirviese en la casa del Obispo. Y así es. Al encontrarse el testamento de Fray Juan de Zumárraga se pudo leer en él una frase que decía: «...declaro que ahorro y hago libres de toda sujeción a servidumbre, a maría, negra, e a Pedro, negro, su marido, esclavos que están en casa, para que como tales personas libres puedan disponer de sí lo que quisieren».