

Tema 24 :
EL MATRIMONIO
CRISTIANO
Analizamos lo relativo al Matrimonio Cristiano solamente a base de textos bíblicos. Para una ampliación de la materia remitimos a los documentos del Magisterio eclesiástico, puesto que sería imposible en un breve Manual de Evangelización Bíblica desarrollar ampliamente una materia tan compleja e interesante.
DIOS INSTITUYÓ EL MATRIMONIO COMO CONTRATO NATURAL AL CREAR LA PRIMERA PAREJA HUMANA:
Gn 1, 27-28: Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le
creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed
fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los
peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea
sobre la tierra.»
NOTESE que son creados a imagen de Dios.
También el cuerpo aparece como expresión del don de Dios y del don mutuo. Para
este amor (=don), no sentimiento, es necesaria la fidelidad mutua, pues el don
que Dios nos concede a nosotros es sin arrepentimiento. Son así, varón y mujer,
colaboradores de Dios Creador de una manera consciente.
Según estos textos, Dios instituye el
matrimonio como una contrato legítimo
entre un hombre y una mujer, que da derecho mutuo, perpetuo y exclusivo, tanto
para engendrar y educar hijos, dando origen a quienes han de dominar y
perfeccionar el cosmos, como para la vida común. También puede ser como medio
para encontrar en él un remedio contra la concupiscencia:
Respecto de la unidad e indisolubilidad
del matrimonio, aun como contrato natural, véase:
La poligamia no existía desde los
orígenes. Fue introducida con Lamek, descendiente de Caín.
NOTESE también, que el matrimonio supone
cierta madurez, no solamente física, sino también espiritual, pues se trata de
una acto humano, es decir, responsable, no un simple acto sexual como en los
animales. Un animal no crea una familia y toda familia desciende de Dios:
·
Ef 3, 15: de quien toma nombre toda familia en el cielo y en
la tierra.
En el Antiguo Testamento se permitía la
poligamia y el divorcio. La poligamia ofrecía serios inconvenientes, como se
puede ver en la historia de Sara y Agar:
El divorcio se permitía a causa de su
dureza de corazón.
La indisolubilidad del matrimonio es
además, absolutamente necesaria para la educación de los hijos.
Cristo proclama muy alto la unidad e
indisolubilidad del matrimonio:
Por tanto el matrimonio cristiano no
admite divorcio con disolución de vínculo. Excluye toda duda:
Puede haber separación en cuanto al lecho y la vivienda por causa del adulterio u otra muy grave, pero jamás disolución del vínculo.
NOTESE que ya el A.T. considera a la mujer como un don de Dios para el marido:

DEBERES PROPIOS DE LOS ESPOSOS.
Para las relaciones entre padres e hijos, puede verse los textos siguientes:
Prov 19, 18: Mientras hay esperanza corrige a tu hijo, pero no te excites hasta
hacerle morir.
Ef 6, 1-4: HIJOS, obedeced a vuestros padres en el Señor; porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, tal es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa: Para que seas feliz y se prolongue tu vida sobre la tierra. 4 PADRES, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor.
Col 3, 20: Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios
en el Señor.
Prov 23, 22: Escucha a tu padre, que él te engendró, y no desprecies a tu madre por
ser vieja.

PRIVILEGIO PAULINO: I Cor 7,12-15.
En cuanto a los demás, digo yo, no el Señor: Si un hermano tiene una mujer no creyente y ella consiente en vivir con él, no la despida. Y si una mujer tiene un marido no creyente y él consiente en vivir con ella, no le despida. Pues el marido no creyente queda santificado por su mujer, y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente. De otro modo, vuestros hijos serían impuros, mas ahora son santos. Pero si la parte no creyente quiere separarse, que se separe, en ese caso el hermano o la hermana no están ligados: para vivir en paz os llamó el Señor.
Según este texto, el matrimonio de los infieles, aun consumado, puede disolverse en cuanto al vínculo en los siguientes casos:
1. Si el infiel no quiere seguir viviendo con el cónyuge fiel.
2. Si, aunque no rehuse vivir con él, infiere graves injurias a Dios, por ejemplo reteniendo alguna otra mujer o queriendo educar a los hijos en le paganismo.
3. Si procura arrastrar al cónyuge a apartarse de la fe o a malas costumbres.
En estos tres casos el cónyuge cristiano puede separarse y contraer otro matrimonio.
Es interesante comprobar cómo en la Escritura DIOS VA PREPARANDO al pueblo escogido para recibir la revelación acerca del matrimonio cristiano, al manifestar el mismo Yahvé, como Esposo divino, su amor al pueblo escogido, al que llama esposa suya:
La Alianza, matrimonio de Yahvé con su pueblo, es indisoluble por parte de Él. Cuando Israel es fiel, Yahvé se goza en su pueblo como esposo con su esposa:
NÓTESE también con qué espíritu sobrenatural aconseja el libro de Tobías (Tobit) ir al matrimonio:
EL MATRIMONIO CRISTIANO
SIMBOLIZA LA UNIÓN DE CRISTO CON LA IGLESIA:
Ef 5, 22-32: 22Las mujeres a sus maridos, como al Señor, 23porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es Cabeza de la Iglesia, el salvador del Cuerpo.24 Así como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.25Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, 26para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, 27y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada.28 Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo.29Porque nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia,30pues somos miembros de su Cuerpo.31Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. 32Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia.
NÓTESE: de este texto se deduce que, tal como la unión de Cristo con la Iglesia es una unión que santifica (vers. 25-27), el matrimonio cristiano santifica, o sea, produce la gracia. Por consiguiente es un verdadero Sacramento:
Ministros: los mismos contrayentes.
Materia: la mutua entrega.
Forma: las palabras con las que se manifiesta esta entrega.
De este texto obtenemos unas conclusiones a primera vista:
1. La unión de Cristo con la Iglesia es divinamente fecunda. Así el matrimonio cristiano ha de proporcionarse a la Iglesia nuevos miembros que lleguen a ser Hijos de Dios y herederos del cielo y que desempeñen su puesto correspondientemente en el Cuerpo Místico. Del matrimonio cristiano han de salir no solamente laicos, sino religiosos y sacerdotes que perpetúen la aplicación de los méritos redentores de Cristo a las almas.
2. Además, en la unión de Cristo con la Iglesia no cabe divorcio, por consiguiente el matrimonio cristiano, que representa esta unión, es indisoluble en cuanto al vínculo, no cabe tampoco divorcio.
3. Además, de esta unión de Cristo con la Iglesia, representada por el matrimonio cristiano, se desprende una auténtica mística del matrimonio que debe vivirse como verdadero ideal.
Pero ANALIZANDO Ef 5,22-32
obtendremos otras interesantes:
No solamente descubrimos que la unión matrimonial entre cristianos santifica como verdadero Sacramento (produce, por tanto, la gracia santificante, mejor dicho, un de gracia santificante, por tratarse de un Sacramento de vivos, y da derecho a gracias actuales especiales, necesarias para la vida conyugal y la educación de los hijos), sino que también se deduce de este texto lo siguiente:
Vers. 22: Las mujeres a sus maridos, como al Señor.
La sumisión de que se habla, calcada sobre la sumisión de la Iglesia a Cristo, es una entrega amorosa, una auténtica comunión que tiene que ver con una especie de autoritarismo de parte del esposo, como se desprende de lo que sigue.
Vers. 23: porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es
Cabeza de la Iglesia, el salvador del Cuerpo.
El esposo representa a Cristo Cabeza del Cuerpo Místico. La familia cristiana se concibe como una Iglesia en miniatura: Cristo y la Iglesia, representados por el esposo y la esposa, son sobrenaturalmente fecundos, engendran hijos para Dios, para el cielo. Dentro del plan de Dios el esposo es el principio vital y debe ante todo procurar la salvación y santificación de los suyos. Este plan divino lo puede estropear el hombre con su falta de correspondencia a la gracia, pero no deja de existir.
Vers. 24-27: 24 Así como la Iglesia está sumisa a
Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.25Maridos,
amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo
por ella, 26para santificarla, purificándola mediante el baño del
agua, en virtud de la palabra, 27y presentársela resplandeciente a
sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e
inmaculada.
De ahí la sumisión, amorosa y confiada, de la esposa. La unión de cristo con la Iglesia es fruto del amor redentor, de la entrega en sacrificio total por la santificación, la elevación sobrenatural, de la esposa. Tal entrega del esposo provoca a su vez la entrega de la esposa.
El análisis de este texto nos indica cómo, en el matrimonio cristiano, por encima del amor pasional, ha de existir entre los esposos un amor profundamente sobrenatural, sentido experimental, sí, pero sin rastro de egoísmo. Solamente este amor, al librar del egoísmo, puede durar para siempre.
Ciertamente, entre las gracias actuales propias del Sacramento del Matrimonio, están las gracias actuales necesarias para llegar a ese amor del todo abnegado; pero tales gracias, como todas, exigen correspondencia.
Vers. 28-32: 28 Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo.29Porque nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia,30pues somos miembros de su Cuerpo.31Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. 32Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia.
Ambos, esposo y esposa, son miembros de Cristo. Lo que cada cónyuge haga por el otro, se lo hace a Cristo. Tal actitud plenamente sobrenatural exige una seria autoeducación bajo la acción de la gracia del Sacramento.
No solamente el esposo ha de pensar en la santificación de la esposa, sino que también ésta debe procurar la santificación del esposo:
Aunque este texto se refiere al cónyuge infiel (pagano), santificado por la esposa cristiana, ciertamente se trata de una influencia santificadora que en el matrimonio cristiano es mutua:
I Pe 3, 1-4: Igualmente,
vosotras, mujeres, sed sumisas a vuestros maridos para que, si incluso
algunos no creen en la Palabra, sean ganados no por las palabras sino por
la conducta de sus mujeres, al considerar vuestra conducta casta y
respetuosa. Que vuestro adorno no esté en el exterior, en peinados, joyas
y modas, sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un alma
dulce y serena: esto es precioso ante Dios.
Vivir la unión de Cristo con la Iglesia supone:
1.
Relaciones mutuas semejantes a
las de Cristo y la Iglesia.
2. Fecundidad sobrenatural. Los hijos son un don de Dios y deben educarse para Dios y el cumplimiento de su misión dentro del Cuerpo Místico. Si no hay hijos naturales, ha de haber una irradiación de paternidad y maternidad espiritual en el Cuerpo Místico mediante el apostolado.
3. No hay que olvidar que en el Sacramento del Matrimonio hay una participación propia, específica, de la Cruz de Cristo, que es el punto culminante de la obra santificadora de Cristo (vers. 25-26), impuesta por los deberes de la vida conyugal.
Lo perenne en el matrimonio cristiano ha de ser el amor espiritual, la unión de las almas en Cristo, que perdurará por una eternidad en el Cielo, siendo todos como ángeles de Dios, es decir, ya no existirá el acto conyugal:
La caridad nunca deja de existir:
SÍNTESIS
DOCTRINAL
1. EL
MATRIMONIO EN EL PLAN DE DIOS
El Matrimonio es el
sacramento que santifica la unión de un solo hombre con una sola mujer para
siempre.
El esposo y la
esposa reciben la gracia necesaria para cumplir fielmente sus deberes de
esposos y padres y para educar a sus hijos en las virtudes cristianas.
La Sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios (Gn 1, 26-27). Hombre y mujer los creó. Y fueron creados el uno para el otro: “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn 2, 18-25).
Dios que es Amor (I Jn 4, 8-16), bendice el amor del hombre y la mujer en el Matrimonio. Este amor es bueno a los ojos del creador (Gn 1, 31). Y está destinado a ser fecundo: “Y los bendijo Dios y les dijo: ”Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla" (Gn 1, 28).
La íntima comunidad de vida y amor de los esposos, fundada por el creador con leyes divinas propias, establece un vínculo sagrado que no depende de las leyes humanas, porque el Matrimonio no es una institución puramente humana, sino divina pues el autor del Matrimonio es Dios.
2. EL
MATRIMONIO EN EL SEÑOR
La Iglesia
concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná (Jn
2, 1-11). Ve en ella una confirmación de la bondad del Matrimonio y el anuncio
de que en adelante el Matrimonio será un signo eficaz de la presencia de
Cristo.
En su predicación, Jesús enseñó claramente el sentido original de la unión del hombre y la mujer. Tal como el creador la quiso al comienzo: una mujer con un hombre para siempre.
Jesús afirmó que la autorización dada a Moisés de que el hombre pudiera repudiar a su mujer era una concesión a la dureza del corazón (Mt 19, 8). Porque la unión matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble, como Dios mismo la estableció: “Lo que Dios unió que no lo separe el hombre” (Mt 19, 6).
Jesús viene para
restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado. El Señor
da la fuerza y la gracia del sacramento para vivir el Matrimonio santamente.
Siguiendo a Cristo, renunciando a sí mismos, tomando sobre sí las cruces, los esposos podrán comprender el sentido del Matrimonio cristiano y vivirlo santamente con la ayuda de Cristo. Esta gracia del Matrimonio cristiano es un fruto de la cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana.
El sacramento del
Matrimonio produce por sí mismo el aumento de gracia santificante, ordenada especialmente al fin de este sacramento que es santificar
a los esposos y darles las fuerzas sobrenaturales necesarias para cumplir con
los deberes de su estado.
Junto con la gracia santificante se les con-cede a los contrayentes las gracias actuales para cumplir convenientemente los fines del Matrimonio.
3.
FINES DEL MATRIMONIO
Los fines del Matrimonio son la procreación y educación de los hijos, la ayuda mutua y la satisfacción moralmente ordenada de la concupiscencia de la carne.
“Por su índole natural, la propia institución del Matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole, con los que se ciñen con su corona propia” (Gaudium et spes 48, Vaticano II).
“El marido y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una sola carne (Mt 19, 6) se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren con-ciencia de su unidad y lo logran cada vez más plena-mente por la íntima unión de sus personas y actividades” (Gaudium et spes 48).
“Un tal amor, asociando a la vez lo huma-no y lo divino, lleva a los esposos a un don libre y mutuo de sí mismos, comprobado por sentimientos y actos de ternura e impregna toda su vida; más aún, por su misma generosa actividad crece y se perfecciona. Supera, por tanto, con mucho la inclinación puramente erótica, que, por ser cultivo del egoísmo, se desvanece rápida y lamentablemente” (Gaudium et spes 49).
4.
PROPIEDADES DEL MATRIMONIO
Las propiedades
del Matrimonio son la unidad: un sólo hombre con una sola mujer; y la
indisolubilidad: un sólo hombre y una sola mujer para siempre.
Dios instituyó el Matrimonio como una unión monógama: un sólo hombre con una sola mujer (Gen 1, 27-28). La humanidad se apartó pronto de aquel primitivo ideal. Cristo volvió a restaurar el Matrimonio en toda su pureza: “De manera que ya no son dos, sino una sola carne” (Mt 19, 6).
Todo Matrimonio, incluso el de dos personas no bautizadas, es indisoluble. No se puede disolver por decisión de uno, ni aun de los dos con-trayentes, ni por ley civil ninguna. “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mt 19, 3-6).
Después de la muerte de uno de los contrayentes le es lícito al que ha quedado viudo contraer nuevo Matrimonio (Rom 7, 12; I Tim 5, 14).
Cuando la Sede
Apostólica declara nulo un Matrimonio no disuelve el vínculo matrimonial, no
divorcia. Declara que ese Matrimonio es nulo, porque en realidad no ha habido
tal Matrimonio por falta de consentimiento matrimonial u otra causa que hace
inválido el Matrimonio.
En casos difíciles y graves de convivencia, la Iglesia concede, como excepción, la llamada “separación en cuanto al lecho y la mesa”, para que los cónyuges reflexionen y se decidan a quitar los impedimentos de su mala convivencia. Esto no es disolver el vínculo conyugal (divorciar), sino ofrecer a los esposos la oportunidad de rehacer su Matrimonio. La Iglesia exhorta siempre a restablecer la vida conyugal.
5.
ELEMENTO MATERIAL Y FÓRMULA RITUAL DEL MATRIMONIO
El elemento
material remoto del sacramento del Matrimonio son los cuerpos de los
contrayentes, en cuanto aptos para la generación de los hijos.
El elemento
material próxima es la mutua entrega de los cuerpos manifestada por las
palabras en la celebración litúrgica del Matrimonio.
La fórmula ritual es la mutua aceptación de los cuerpos que se dan los contrayentes manifestada por las palabras en la celebración litúrgica del Matrimonio.
“El legítimo contrato es, a la vez, la materia y la forma del sacramento del Matrimonio, a saber: la mutua y legítima entrega de los cuerpos con las palabras y signos que expresan el sentido interior del ánimo, constituye la materia, y la mutua y legítima aceptación de los cuerpos constituye la forma” (Benedicto XIV).
6.
MINISTRO Y SUJETO DEL MATRIMONIO
Los ministros del sacramento del Matrimonio son los mismos contrayentes (los novios). Cada uno de ellos administra el sacramento al otro, al aceptar su ofrecimiento.
El sacerdote que, como representante de la Iglesia, santifica el consentimiento mutuo de los contrayentes y bendice el Matrimonio, es sólo testigo del contrato matrimonial.