

Tema 18:
EL
BAUTISMO
Nacemos como tales hijos en el Bautismo:
·
Jn
3, 3-5: Jesús le respondió: «En verdad, en verdad
te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.» Dícele
Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez
en el seno de su madre y nacer?» Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo:
el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
Por
eso manda Jesucristo a los Apóstoles a predicar para despertar la FE y
BAUTIZAR:
·
Mt
28, 19: Id, pues, y haced discípulos a todas las
gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo.
·
Mc
16, 15-16: Y les dijo: «Id por todo el mundo y
proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se
salvará; el que no crea, se condenará.
Surge así el
primero de los Sacramentos. El primero en el orden de la recepción y de la
necesidad que realiza en el que lo recibe una serie de inefables maravillas:
Nominalmente, la
palabra bautismo (del griego baptizein, derivado del
verbo
que significa volver a sumergir) sugiere la idea de inmersión, aspersión, ablución o
purificación con agua. Es palabra
adecuada para expresar tanto el signo externo (lavado del cuerpo), como la
realidad externa (purificación del alma).
Según el
Catecismo,
el Bautismo es el sacramento de la fe, instituído por Jesucristo, por el que
renacemos a la vida divina, mediante la ablución con agua y la invocación de
la Santísima
Trinidad.
San
Pablo
lo denomina “baño de regeneración y renovación del Espíritu Santo” (Tit 3,
5).
San León
Magno
compara la regeneración del bautismo con el seno virginal de
María.
Santo Tomás de
Aquino,
asemejando la vida espiritual con la vida corporal, ve en el bautismo el
nacimiento a la vida sobrenatural.
Es dogma de fe que el bautismo es un
verdadero sacramento de la Nueva Ley instituido por Jesucristo. Lo declaró
Paulo III en
el Concilio de Trento
(1545-1563).
“Si alguno
dijere que los sacramentos de la Nueva Ley no fueron instituidos todos por
Jesucristo a saber, bautismo, confirmación, etc. que alguno de estos no es
verdadera y propiamente sacramento, sea anatema”
Consta claramente en los
Evangelios:
Hechos
2, 38 y 41: Pedro
les contestó: “Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el
nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don
del Espíritu Santo..... Los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel
día se les unieron unas tres mil almas. Los
Apóstoles, después de haber recibido la fuerza del espíritu Santo, comenzaron
a bautizar.
Queda bien claro que Jesucristo instituye
el sacramento cuando conversa con Nicodemo (Jn 3, 5) y cuando ordena a sus
discípulos bautizar a todas las gentes (Mt 28, 19).
Los modernos racionalistas, repitiendo
viejos errores protestantes, afirman que el bautismo de Cristo no es sino una
imitación o mera repetición del bautismo de Juan, de manera que no hay entre
ambos ninguna diferencia. Esta doctrina fue expresamente condenada por la
Iglesia en el Concilio de Trento (D 857).
Como explica Santo Tomás de Aquino, el
bautismo de Juan no era verdadero sacramento ni confería la gracia santificante;
era un mero sacramental, inspirado por Dios al Precursor con el fin de excitar a
los judíos al arrepentimiento de sus pecados y prepararles para el bautismo de
Cristo (Sum Theol. III, 38, 1-6). El mismo Juan explicó la diferencia
fundamental entre su bautismo y el de Cristo con estas palabras: “Yo, cierto, os
bautizo en agua para penitencia; pero detrás de mí viene otro más fuerte que yo,
a quien no soy digno de llevar las sandalias; él os bautizará en el Espíritu
Santo y en el fuego” (Mt 3,11).
Además, cuando Juan bautizaba, Jesucristo
todavía no había instituido el sacramento del bautismo. Es más, Jesucristo no
necesitaba ser bautizado, pues el bautismo, ya lo hemos dicho, confiere la
gracia de ser hijos de Dios por adopción y perdona todos los pecados. Y Cristo
ya era Hijo de Dios y no tenía pecados, luego no lo
necesitaba.
La materia del bautismo es el agua natural. Es materia de fe definido en el
Concilio De Florencia (Dz 696). Así lo dispuso el mismo Cristo en Jn 3, 5
(“quien no naciere del agua...”) y de
esa manera lo practicaron los Apóstoles (Hc 8, 38: “llegados donde había agua, Felipe lo
bautizó...”). El Magisterio de la Iglesia lo definió en el Concilio de
Trento (“Si alguno dijere que el agua
verdadera y natural no es necesaria para el bautismo... sea anatema” Dz
858). Trento lo hizo así contra la doctrina de Lutero que juzgaba lícito
cualquier líquido apto para realizar la ablución.
Esta ablución puede hacerse por infusión (derramando agua sobre la
cabeza) o por inmersión (sumergiendo
totalmente al bautizado en el agua). Ahora bien, para que el bautismo sea válido
debe derramarse el agua al mismo tiempo que se pronuncian las palabras de la
forma; y el agua debe resbalar o
correr sobre la cabeza.
La forma del bautismo son las palabras del
que lo administra , las cuales acompañan y determinan la ablución. Esas palabras
son: YO TE BAUTIZO EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPIRITU SANTO
(Mt 28, 19).
Son
cuatro:
1.
La
justificación que consiste en la
remisión de los pecados y en la santificación y renovación interior del hombre.
No son dos efectos sino uno solo, pues la gracia santificante se infunde de modo
inmediato al desaparecer el pecado. Así pues, si el bautismo se recibe con las
debidas disposiciones, el bautizado consigue la remisión del pecado original y
–en los adultos- la remisión de todos los pecados personales, sean mortales o
veniales. Y la santificación
interna, por la infusión de la gracia santificante, con la cual siempre se
reciben también las virtudes teologales –fe, esperanza y caridad-, las demás
virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo. Puede decirse que Dios toma
posesión del alma.
2.
La
Gracia Sacramental supone un derecho especial a recibir los
auxilios espirituales que sean necesarios para vivir cristianamente, como hijo
de Dios en la Iglesia, hasta alcanzar la salvación.
3.
El
Carácter bautismal. El bautismo
válidamente recibido imprime en el alma una marca espiritual indeleble, el carácter
bautismal, y por eso este sacramento no se puede repetir.
¿En qué consiste ese
carácter bautismal?
·
La incorporación del bautizado al Cuerpo
Místico de Cristo, que es la Iglesia.
·
La participación en el sacerdocio de
Cristo,
es decir, el derecho y la obligación de continuar la misión salvadora y
sacerdotal de Redentor. Por el carácter, el cristiano es mediador entre Dios y
el hombre: eleva hasta Dios las cosas del mundo y da a los hombres las cosas de
Dios.
4.
Remisión de las penas debidas por los
pecados.
Es verdad de fe (Conc. de Florencia –Dz 696-; Conc. Trento – Dz 792-), que el
bautismo produce la remisión de todas las penas debidas por el pecado. Por lo
que, en caso de recibirlo un adulto, debe internamente hacer aborrecimiento de
todos sus pecados. Por eso, San Agustín enseña que el bautizado que partiera de
esta vida inmediatamente después de recibir el sacramento, entraría directamente
en el cielo.
El bautismo es absolutamente necesario para salvarse, de acuerdo con las
palabras del Señor: “El que creyere y sea
bautizado, se salvará” (Mc 16, 16)
El Concilio de Trento definió: “Si
alguno dijere que el bautismo es libre, es decir, no necesario para la
salvación, sea anatema” (Dz 861). Y el Código de Derecho Canónico dice: “El bautismo, puerta de los sacramentos,
cuya recepción de hecho o al menos de deseo es necesaria para salvarse...”
(CIC, c. 849).
La razón es clara: sin la incorporación a Cristo –la cual se produce en
el bautismo- nadie puede salvarse, ya que Cristo es el único camino de vida
eterna, sólo Él es el Salvador de los hombres
·
Hc
4, 12:
Porque no hay bajo el cielo otro nombre
dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos.
Sin embargo, este medio necesario para salvarse puede ser suplido en
casos extraordinarios , cuando sin culpa propia no se puede recibir el bautismo de agua, por el martirio
(llamado también bautismo de sangre),
y por la contrición o caridad perfecta (llamado también bautismo de
deseo).
1.
El
bautismo de sangre es el martirio sufrido por Cristo antes
de haber recibido el bautismo de agua. Tal es el caso de los niños inocentes
degollados por Herodes o el de los catecúmenos que sufren el martirio antes de
ser bautizados. No es sacramento ni imprime carácter de cristiano. Pero
justifica al pecador quasi ex opere
operato passive, borrándole el pecado original y los pecados actuales con
toda la pena temporal o eterna debida por ellos, con tal que se haya sufrido.
Tiene su sustento en aquella frase de Nuestro Señor: “A todo aquel que me confesare delante de
los hombres yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los
cielos” (Mt 10, 32) y “El que
perdiere su vida por amor mío, la encontrará” (Mt 10,
39).
2.
El
bautismo de deseo es el anhelo explícito (catecúmeno) o
implícito (pagano o infiel) de recibir el bautismo, deseo que debe ir unido a la
contrición perfecta.
El ministro del bautismo es el Obispo, el presbítero y el diácono (CIC,
c. 861, & 1)
En el caso de urgente necesidad, puede administrarlo cualquier persona,
aun hereje o infiel, con tal de que emplee la materia y la forma prescritas y
tenga intención –al menos- de hacer lo que la Iglesia
quiere.
Es capaz de recibir el bautismo todo ser humano no bautizado y sólo
él.
a)
que el sujeto tenga
fe.
b) que esté arrepentido de sus
pecados.
Padrinos son las personas designadas por
los padres del niño –o por el bautizado, si es adulto-, para hacer en su nombre
la profesión de fe, y que “procuran que después lleve una vida cristiana
congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones del mismo” (CIC,
c. 872).
La legislación de la Iglesia en torno a los padrinos del bautismo
estipula que:
a)
ha de tenerse un solo padrino o una
madrina, o uno y una (CIC, c. 872)
b) para que alguien sea admitido como padrino, es necesario que tenga intención y capacidad de desempeñar esta misión; haya cumplido 16 años; sea católico, esté confirmado, haya recibido el sacramento de la Eucaristía y lleve una vida congruente con la fe y la misión que va a asumir; no esté afectado por una pena canónica; no sea el padre o la madre de quien se bautiza. (CIC, c. 874, &1)
Resumiendo
Leamos
atentamente unas palabras proféticas de Pablo VI: Es necesario volver a dar toda su
importancia al hecho de haber recibido el santo bautismo, es decir, de haber
sido injertados, mediante tal sacramento, en el Cuerpo místico de Cristo... El
bautizado debe valorar conscientemente su elevación, más aún, su regeneración a la felicísima realidad
de
·
Hijo adoptivo de
Dios
·
A
la dignidad de hermano de Cristo
·
A
la suerte, a la gracia y al gozo de la inhabitación del Espíritu
Santo;
de modo que ha
sido llamado a una vida nueva, que
nada ha perdido de humano, salvo la desgracia del pecado original, y que es
capaz de dar las mejores manifestaciones y probar los más ricos y puros frutos
de todo lo que es humano. El ser cristiano, el haber recibido el santo bautismo
no debe ser considerado como cosa indiferente y sin valor, sino que debe marcar profunda y dichosamente la
conciencia de todo bautizado; debe ser considerado por él -como lo fue por los
cristianos antiguos- una iluminación, que, haciendo caer sobre
él el rayo vivificante de la Verdad Divina, le abre el cielo, le esclarece la
vida terrena, le capacita para que camine como hijo de la luz hacia la visión de
Dios, fuente de eterna felicidad
(Ecclesiam Suam, 47)
¿Pueden
decirse en menos palabras -habrá que releerlas- verdades más profundas sobre la
grandeza del sacramento del bautismo?
Preguntas
frecuentes:
¿Qué pasa con
los niños que mueren sin bautizar?
Los niños, natos o nonatos, que mueren sin el bautismo de agua. ¿Pueden llegar a la visión beatífica en el cielo?. Esta pregunta ha sido discutida por siglos y dio lugar al concepto teológico llamado "limbo" que, aunque muy conocido, no es ni nunca fue dogma de la Iglesia. Aunque el magisterio de la Iglesia no se ha definido, hay principios de la doctrina Católica que deben ser tomados en cuenta.
El Segundo
Concilio de Lyon (1274) y el Concilio de Florencia (1438-45) explícitamente
definen que aquellos que mueren con “sólo el pecado original” (Peccato vel solo originali) no alcanzan
el cielo.
Pero en muchos casos la falta de bautismo no es por negligencia ni rechazo. Sabemos que, de acuerdo a la voluntad salvífica universal de Dios, de alguna forma El da a todas las personas la oportunidad de alcanzar el cielo. Por eso hay que considerar las palabras del Concilio Vaticano II en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia:
Aquellos que,
sin tener culpa propia, no conocen el Evangelio de Cristo o de su Iglesia, pero
que sin embargo buscan a Dios con un corazón sincero, y, movidos por la gracia,
tratan a través de sus acciones de hacer Su voluntad, como la conocen a través
de los dictados de su conciencia - ésos también podrán conseguir la salvación
eterna” (Lumen Gentium,
16)
El
Catecismo de la Iglesia Católica enseña:
1261 En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (cf 1Tim 2,4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis" (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por eso es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo.
En
cuanto a cuando es que un niño debe de ser bautizado, el ritual Romano dice, “la
consideración principal es el bienestar del niño(a), que no debe de ser
desposeído del beneficio del sacramento.” De ahí que, “si el niño(a) está en
peligro de muerte, deberá ser bautizado sin demora.”
¿Los
niños pueden ser bautizados?
Responderemos
con el mismo Catecismo
1246
"Es capaz de recibir el bautismo todo ser humano, aún no bautizado, y solo él"
(CIC, can. 864: CCEO, can. 679).
El Bautismo
de adultos
1247
En los orígenes de la Iglesia, cuando el anuncio del evangelio está aún en sus
primeros tiempos, el Bautismo de adultos es la práctica más común. El
catecumenado (preparación para el Bautismo) ocupa entonces un lugar importante.
Iniciación a la fe y a la vida cristiana, el catecumenado debe disponer a
recibir el don de Dios en el Bautismo, la Confirmación y la
Eucaristía.
1248
El catecumenado, o formación de los catecúmenos, tiene por finalidad permitir a
estos últimos, en respuesta a la iniciativa divina y en unión con una comunidad
eclesial, llevar a madurez su conversión y su fe. Se trata de una "formación y
noviciado debidamente prolongado de la vida cristiana, en que los discípulos se
unen con Cristo, su Maestro. Por lo tanto, hay que iniciar adecuadamente a los
catecúmenos en el misterio de la salvación, en la práctica de las costumbres
evangélicas y en los ritos sagrados que deben celebrarse en los tiempos
sucesivos, e introducirlos en la vida de fe, la liturgia y la caridad del Pueblo
de Dios" (AG 14; cf RICA 19 y 98).
1249
Los catecúmenos "están ya unidos a la Iglesia, pertenecen ya a la casa de Cristo
y muchas veces llevan ya una una vida de fe, esperanza y caridad" (AG 14). "La
madre Iglesia los abraza ya con amor tomándolos a sus cargo" (LG 14; cf CIC can.
206; 788,3).
El Bautismo
de niños
1250
Puesto que nacen con una naturaleza humana caída y manchada por el pecado
original, los niños necesitan también el nuevo nacimiento en el Bautismo (cf DS
1514) para ser librados del poder de las tinieblas y ser trasladados al dominio
de la libertad de los hijos de Dios (cf Col 1,12-14), a la que todos los hombres
están llamados. La pura gratuidad de la gracia de la salvación se manifiesta
particularmente en el bautismo de niños. Por tanto, la Iglesia y los padres
privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijo de Dios si no le
administraran el Bautismo poco después de su nacimiento (cf CIC can. 867; CCEO,
can. 681; 686,1).
1251
Los padres cristianos deben reconocer que esta práctica corresponde también a su
misión de alimentar la vida que Dios les ha confiado (cf LG 11; 41; GS 48; CIC
can. 868).
1252
La práctica de bautizar a los niños pequeños es una tradición inmemorial de la
Iglesia. Está atestiguada explícitamente desde el siglo II. Sin embargo, es muy
posible que, desde el comienzo de la predicación apostólica, cuando "casas"
enteras recibieron el Bautismo (cf Hch 16,15.33; 18,8; 1 Co 1,16), se haya
bautizado también a los niños (cf CDF, instr. "Pastoralis actio": AAS 72 [1980]
1137-56).
Tras escuchar
el Catecismo de la Iglesia Católica proponemos algunos textos evangélicos que
aportan luz a esas reflexiones de la Iglesia sobre el bautismo de
niños:
En estos textos vemos una diferencia entre Marcos, Mateo y Juan. Marcos dice que
primero hay que creer y después recibir el bautismo. Mateo y Juan hablan de una
manera más general. Mateo dice que primero hay que bautizar y después enseñar.
Juan dice que es necesario nacer de nuevo para entrar en el Reino de los Cielos:
la primera vez hay que nacer de la carne y la segunda, del
espíritu.
¿Por
qué esa diferencia? Marcos presenta la primera etapa del cristianismo. Se
bautizaba normalmente a los que escuchaban primero la predicación,
prioritariamente a los adultos, que ya creían en la buena nueva. No existía el
problema de los hijos de los cristianos porque no había cristianos. Conforme fue
surgiendo el problema se fue solucionando.
Además
hay que tener en cuenta:
1.
Los niños al nacer sí tienen
pecado.
Salmo 50 (51) 5-7: Tú ves que malo soy de nacimiento, pecador
me concibió mi madre.
Desde hace más de dos mil años esta frase
del salmista refleja la convicción profunda de ser pecador desde antes de nacer,
y si se es pecador entonces esa es una de las razones para bautizar a los niños,
pues el bautismo sirve para quitar los pecados. ¿De dónde puede venir este
pecado por el simple hecho de nacer?
La respuesta bíblica a esto la encontramos
en la carta que San Pablo escribió a los Romanos que dice:
Rom 5,
12.19: Por
tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la
muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron...
En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron
constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán
constituidos justos.
Por esto, hemos creído siempre que la
miseria que oprime a los hombres en su inclinación al mal y a la muerte, no son
comprensibles sin su conexión con el pecado de Adán y con el hecho de que nos ha
transmitido un pecado, de ahí que lo llamemos pecado
original.
Eso significa la privación de la santidad y
justicia originales. Entonces bíblicamente hay un "pecado" desde el nacimiento,
por eso es importante y bueno el bautismo desde pequeño. Pero, veamos otras
razones que la Biblia nos da para esto.
2.
Dejen que los niños vengan a
mí.
Esta frase de Nuestro Señor Jesucristo es
como un indicador sobre lo que estamos hablando. Textualmente Jesús
dijo:
Mt 19, 14: Dejen que los niños vengan a mí, y no se
lo impidan porque de los que son como ellos es el Reino de los
Cielos.
Si Jesucristo quiere que los niños estén
junto a él, ¿Cuál es la mejor forma de estar plenamente unido a él en este
tiempo? El bautismo precisamente. Vayamos una vez más a la Palabra de Dios para
conocer la respuesta a esto:
I Cor 12, 13: Porque en un solo Espíritu hemos sido
todos bautizados, para formar un cuerpo.
Según San Pablo, es mediante el bautismo que
pasamos a formar parte del cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Así, por esta
segunda razón de obediencia a Jesús y amor a los niños, es que se les bautiza
desde pequeños
3.
El Bautismo es necesario para
entrar al Reino.
Volvamos a leer.
Jn 3, 5-6: Respondió
Jesús: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no
puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del
Espíritu, es espíritu.
Al nacer de nuestros padres nacimos de la
carne, pero una cosa necesaria para entrar el Reino es nacer del Espíritu y esto
es precisamente otra de las razones para bautizar al niño. Recordemos que no es
un catecismo donde lo leímos, sino Jesucristo mismo en la Palabra de Dios quien
lo afirmó.
4.
La promesa es para sus
hijos.
Cuando se trata de ver por qué creemos en
una u otra verdad, es fundamental el conocer bien las Escrituras. Al conocerlas
el segundo paso es creer lo que en ella encontramos y no tratar de encontrar lo
que nosotros queremos ver.
Eso fue lo que una vez sucedió en un
programa de televisión, donde por casualidad me topé con él. Era un pastor
protestante dando un estudio bíblico y diciendo que él creía que el bautizar a
los niños era algo fundamentado en la Sagrada Escritura. Él, aunque no era
católico, había aceptado que era cierto, que la Biblia enseñaba el bautismo de
los niños, porque encontró la siguiente evidencia de ello:
Hc 2,
38-39: Pedro les contestó: "Conviértanse y que
cada uno de ustedes se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para perdón de
sus pecados; y recibirán el don del Espíritu Santo; pues la Promesa es para
ustedes y para sus hijos.
Está bien claro. Si la promesa del Espíritu
Santo es también para "sus hijos" entonces por qué privarlos de ese gran regalo
a través del
bautismo. No había que
buscarle otra interpretación que lo que nítidamente afirmaba. Por eso, aunque él
era protestante, basándose en la Biblia, el camino a seguir era el dar ese
sacramento a los niños porque "la promesa de recibir el Espíritu también es
para sus hijos".
5.
Basta la fe del padre para
bautizar.
Bastará leer otro pasaje de los Hechos para
responder sin titubeos.
Hc 16, 31-33: Le respondieron: "Ten fe en el Señor Jesús
y te salvarás tú y tu casa."Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos
los de su casa. En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo
y les lavó las heridas; inmediatamente recibió el bautismo él y todos los de su
casa".
Algo similar a eso sucede cuando en la
Iglesia católica se bautiza, pues la fe se le pide a los papás y padrinos para
que el niño pueda recibir los beneficios espirituales del bautismo. En realidad
esto de pedir la fe a otros no es algo extraño en la
Biblia.
¿Acaso Lázaro tuvo fe cuando fue
resucitado?(Cfr. Jn 11); o ¿Qué fe miró en el ciego y mudo que sanó? (Cfr. Mt
12, 22)
En estos y muchos casos más, lo que miraba
Jesús no era la fe del enfermo ni mucho menos del que había fallecido, era la fe
de los que lo llevaban lo que él miraba. Ni la fe, ni el estar consciente fue un
requisito para sanar al mudo y resucitar a Lázaro.
Con mayor razón Jesús mirará la fe de los
padres y padrinos al pedir el bautismo para el pequeño (Hc 16, 31-33; Lc 11,
11-13).
A quien piensa diferente podría preguntarle
¿Acaso cuando un niño está enfermo necesita estar consciente para que surta
efecto la medicina? o ¿No vale la ciudadanía porque el niño no estaba conciente
de lo que adquiría? ¡Claro que sirve la medicina y también la
ciudadanía!
Si creen en eso ¿cómo no creen en el poder
de Dios para dar su Espíritu? Es cuestión de creer y obedecer a
Jesucristo.
¿Debo
bautizarme en el río?
De eso no
dice nada la Sagrada Escritura. El verdadero bautismo es en el Espíritu
Santo. (Cfr. Mc 1, 8). El
mismo Jesús fue bautizado en el Espíritu Santo, fuera del agua. (Cfr. Mc 1, 10:
En cuanto
salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de
paloma, bajaba a él.) La paloma, el agua o el
fuego son símbolo del Espíritu Santo. Los mismos apóstoles fueron bautizados el
día de Pentecostés en el Cenáculo, sin la presencia del agua. El Espíritu Santo
fue simbolizado por el fuego ( Cfr. Hc 2, 1-4). Así que están equivocados todos
aquellos que dicen que se debe bautizar en un río. De hecho el día de
Pentecostés fueron bautizados unas 3.000 personas y sabemos que en Jerusalén no
hay ningún río. (Cfr. Hc 2, 41). También podemos recordar el bautismo del eunuco
de la reina de Etiopíal, que se realizó en un lugar donde no había río, sino
algo como charco o pozo (Cfr. Hc 8, 36-38). Igualmente en el caso de Cornelio
(Hc 10, 47-48) y del carcelero (Cfr. Hc 16, 33).
Lo importante es bautizar y
recibir con ese gesto el don del Espíritu Santo.
El concilio de Cartago (año 253) ordenó que se bautizara a los niños
recién nacidos lo antes posible
¿Y la fiesta? ¿el padrino? ¿la
barbacoa?
Bueno, estas son tradiciones
del pueblo, y varían de lugar en lugar y de tiempo en tiempo, no es necesario
hacer todo esto, pero tampoco está prohibido, es decisión de cada quien, el
carcelero por su parte al igual que la mayoría decidió celebrar!
·
Hc 16, 34:
Preparó la mesa e hicieron fiesta con
todos los suyos por haber creído en Dios.
¡Si
pero.. esas fiestas terminan en borracheras y pecado!
La celebracion no lleva el pecado, sino el
pecado lo cometen algunas personas en su modo de actuar, pero estas personas
acostumbran pecar en su vida diaria, no podemos condenar una fiesta por el
pecado de algunas personas ¿o si?
Al mismo tiempo, no se pueden prohibir las
fiestas, el ser humano siempre ha tenido la capacidad de la libre decisión de
sus actos, si decide portarse bien y llevar una vida digna sin duda alaba a
Dios, pero si se decide por lo contrario, pues bueno, tendrá que ajustarse a las
consecuencias. Ante todo, la naturaleza de la humanidad es que conviven hombres
buenos y hombres pecadores:
·
Mt 13,
24-30: Déjenlos crecer juntos hasta la hora de la
cosecha. Entonces diré a los segadores: Corten primero las malas hierbas, hagan
fardos y arrójenlos al fuego. Después cosechen el trigo y guárdenlo en mis
bodegas.
Nadie puede decir: "Yo no me junto con pecadores" o decir "vamos a vivir lejos de los pecadores", pues
estaríamos cayendo en la terrible equivocación de juzgar a otros como pecadores
y sentirnos santos. No caigamos en el papel del Fariseo:
·
Lc 18,
10-14: Gracias Dios porque soy bueno y no soy
como ese Publicano.
¿Qué son los
votos Bautismales?
Es
la Profesión de fe Cristiana hecha por un candidato adulto al sacramento del
Bautismo, o por el padrino/madrina en el nombre del infante que se va a
bautizar. La renovación solemne de estas promesas es un acto de piedad
ampliamente divulgado, que usualmente se hace al final de una misión, un retiro
o cuando se recibe la Primera Comunión o el sacramento de la Confirmación. Es
parte de la liturgia Eucarística en la Vigilia Pascual y en la fiesta del
Bautismo del Señor.
Sigamos
los gestos y las palabras de la celebración del bautismo y comprenderemos mejor
sus riquezas.
^ LA SEÑAL DE
LA CRUZ.
La hace el sacerdote, los padres y padrinos sobre la frente del niño. Significa
la gracia de la redención que Cristo nos ha adquirido por su
cruz.
^ LA PALABRA DE DIOS. Es esencial en toda celebración. La
Palabra de Dios nos ilumina con su Verdad y suscita en nosotros una respuesta de
fe. Fe, que es inseparable del bautismo; éste es por excelencia el "sacramento
de la fe". Por él entramos a la vida de la fe.
^ LOS EXORCISMOS. El
bautismo nos libera del pecado y su instigador, el diablo. Por eso se pronuncia
una oración -exorcismo- sobre el candidato y se le unge con el óleo de los
catecúmenos.
^