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TEMA 14:   
                               CRISTO REY

 

 

IMPORTANCIA DEL TEMA

 


Pilato mandó poner en la cruz de Cristo una tablilla con esta inscripción: “Jesús Nazareno Rey de los judíos”. Pilato se quedó corto, porque Jesús es rey de todos los hombres, de todos los pueblos y de todas las naciones. Los males que sufren hoy los hombres y las naciones, tienen su origen en el rechazo de la realeza de Nuestro Señor Jesucristo.

En la primera encíclica de su pontificado, Pío XI analizaba las causas de los males que abrumaban angustiosamente la sociedad de su tiempo. Poco después, el 11 de diciembre de 1925, publicaba la encíclica “Quas Primas”, proponiendo como único remedio para la salvación de los pueblos y las naciones la aceptación de la realeza de Cristo.

 

El Papa comienza la encíclica haciendo:

 “dos claras afirmaciones: El mundo ha sufrido y sufre este diluvio de males porque la inmensa mayoría de la humanidad ha rechazado a Jesucristo y su santísima ley en la vida privada, en la vida de familia y en la vida pública del Estado; y es imposible toda esperanza segura de una paz internacional verdadera mientras los individuos y los Estados nieguen obstinadamente el reinado de nuestro Salvador. Por esto, advertimos entonces que la paz de Cristo hay que buscarla en el reino de Cristo” (Quas Primas, nº 2).


 

                Vemos la importancia que el Papa da a este tema y por eso debemos beber de las fuentes de la Escritura para considerar la realeza de Cristo.

 

TÍTULOS DE CRISTO REY

 

  1. POR DERECHO DE HERENCIA: es Rey por ser Hijo de Dios.
    • Salmo 110 (109), 1:  De David. Salmo. Oráculo de Yahveh a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies.
    • Is 9, 6-7: Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, Desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso. Una palabra ha proferido el Señor en Jacob, y ha caído en Israel.
    • Dan 7, 13-14: Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.
    • Ap 1, 5: Y de parte de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados
    • Ap 19, 16: Lleva escrito un nombre en su manto y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de Señores.

 

Le corresponde la primacía de todo porque es el PRIMOGÉNITO DEL PADRE

·                   Hb 1, 6:  Y nuevamente al introducir a su Primogénito en el mundo dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios.

·        Col 1, 15-18: El es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él,  él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia. El es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: El es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo

 

POR TANTO, tiene derecho a todo y sobre todos y cuando llama ha de ser obedecido.

·        Mt 10, 37-38: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí.

 

  1. POR DERECHO DE CONQUISTA: es Rey por ser el Redentor.

 

·         Rom 14, 9: Porque Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos.

·        I Pd 1, 18-19: Sabiendo que habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo.

·         I Pd 2, 9: Pero vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz.

 

 

  1. POR LA LIBRE ELECCIÓN de su pueblo que lo aclama como Rey en nuestro bautismo y cada vez que renovamos las promesas bautismales.

 

 

CRISTO MISMO SE PROCLAMA REY

 

Su reino está en el mundo, pero no es del mundo.

 

El mismo Papa en la encíclica citada “Quas Primas” en el número 5 afirma:

Es el mismo Cristo el que da testimonio personal de su reino en tres ocasiones: en su último discurso al pueblo, al hablar de las penas reservadas perpetua-mente a los justos y a los condenados; en su respuesta al gobernador romano que públicamente le preguntaba si era rey; y, finalmente, después de su resurrección, al comunicar a los apóstoles la misión de enseñar y bautizar a todas las gentes.

Siempre que tuvo ocasión, Cristo se atribuyó el título de Rey (Mt 15, 31-41), confirmó plenamente su realeza (Jn 18, 37) y declaró solemnemente que le había sido dado todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28, 18).



 

CRISTO VIENE A PREDICAR Y ESTABLECER EL REINO

 

 

 

¿EN QUÉ CONSISTE EL REINO DE CRISTO?

 

  1. REINO DE VERDAD
    • Jn1, 17: Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
    • Jn 14, 6:  Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.
    • Jn 17, 3:  Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.

Cristo enseña la verdad, Él mismo es la verdad. Luego verdad y Cristo coinciden. Rey y reino son la misma cosa. Hablar del reino es hablar del Rey y eso significa hablar verdad.

La vida eterna consiste en conocer –con el matiz semita de amar- a Dios y a Cristo.

Todos estos textos apuntan a enseñar con magna claridad que los Apóstoles y sus sucesores (El Colegio Episcopal con el Papa a la Cabeza) no puede equivocarse, pues está consagrado en la verdad y tiene la asistencia del Espíritu de la Verdad.

Por eso los Obispos deben velar por la conservación y recta transmisión de la fe e impedir que se enseñen doctrinas falsas. Ya San Pablo lo encargaba a Timoteo:

 

Y para asegurar plenamente el reino de la verdad, Cristo hace a Pedro personalmente infalible, como pastor supremo que ha de apacentar a todo el rebaño con la doctrina de la verdad.  (Ver Tema O2. La Verdadera Iglesia de Jesucristo)

 

 

  1. REINO DE VIDA

 

 

                En los dos últimos textos la relación entre CREER en Cristo y obtener LA VIDA es muy singular. Se trata de creer en sentido bíblico, es decir, aceptar la verdad que nos trae Cristo de tal manera que se viva en todo conforme a ella.

 

Esta vida nos la comunica Cristo a través y por medio de su Iglesia, mediante los SACRAMENTOS. Pero sobre todo por medio del Sacramento de la Eucaristía.

Y en el Sacramento de la Reconciliación:

 

La verdad y la vida nos viene de Cristo a través de su Iglesia. Hasta el fin de los tiempos Cristo sigue siendo para cada alma Camino, Verdad y Vida gracias a su Iglesia. Y la Iglesia nos aplica los méritos redentores de Cristo, para sacar a las almas del error y del pecado, y comunicarles la vida de la gracia. Así la Iglesia engendra para nosotros vida. La Iglesia es nuestra Madre.

 

Veamos también cómo Cristo es causa de salvación eterna para todos los que le obedecen:

 

Y que obedecer a Cristo es obedecer a la Iglesia:

 

De aquí se deduce la potestad que tiene la Iglesia para establecer el Reino de Cristo:

 

Que, sin lugar a dudas, lo hace para la edificación, es decir para la construcción del Cuerpo Místico de Cristo:

Será muy importante obedecer a los Obispos: Hb 13, 17 (Obedeced a vuestros dirigentes y someteos a ellos, pues velan sobre vuestras almas como quienes han de dar cuenta de ellas, para que lo hagan con alegría y no lamentándose, cosa que no os traería ventaja alguna).

 

El Reino de Cristo no se opone a ningún reino de la tierra, tan sólo al reino de las tinieblas.

 

EL REINO DE CRISTO ES PROGRESIVO

 

 

Acá debemos recordar la importancia de los pastores y doctores en la edificación del Cuerpo Místico de Cristo.

 

 

El Reino de Cristo ha de alcanzar toda plenitud en las Parusía. Debemos notar que el último enemigo destruido será la muerte Así debe ser porque ya hemos aprendido que el Reino de Cristo es un reino de vida y de vida eterna.

Por tanto, debemos crecer como el granito de mostaza. Nuestro crecimiento ha de ser en verdad y vida, o sea en conocimiento de Cristo y en gracia.

 

EL CRISTIANO PARTICIPA DE LA REALEZA DE CRISTO

 

 

Esa incorporación al Reino de Cristo se hace por medio del Bautismo. Y va creciendo en la medida en que se llena de la verdad y la vida de Cristo. Si Cristo reina en la inteligencia, la voluntad y la afectividad del hombre el cristiano empieza a ser dueño de sí mismo y actúa como rey de la creación.

 

¿CÓMO REPERCUTE EN NUESTRA VIDA ESPIRITUAL EL REINO DE CRISTO?

 

1.                          Debemos animarnos a vencer cuanto se opone al reino de Cristo en nosotros: error, pecado, actitudes falsas.

·                             Rom 14, 17: Que el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo.

·              Rom 6, 11-13: Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias. Ni hagáis ya de vuestros miembros armas de injusticia al servicio del pecado; sino más bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida; y vuestros miembros, como armas de justicia al servicio de Dios.

·                             Ap 3, 21:  Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono.

                Por tanto, lo que nos hace reyes con Cristo es esta victoria sobre lo que en nosotros se opone a su reino.

 

 

2.                          Debemos luchar por establecer el reino de Cristo en otras almas con la oración, el ejemplo, la palabra...

 

 

                El Reino de Cristo nos exige esfuerzo, lucha, perseverancia en el esfuerzo hasta el final. El reino de los cielos padece violencia y quienes se la hacen son los que lo arrebatan:

Y no es apto para el reino de los cielos quien pone la mano en el arado y se echa atrás.

Seamos, pues, de los que vencen para sentarnos en el trono de Cristo.

 

 

ESPIGANDO EN LA “QUAS PRIMAS”

 

LA REALEZA DE CRISTO EN EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

 


“De esta enseñanza común a todos los Libros Sagrados se siguió, como consecuencia necesaria, el hecho de que la Iglesia Católica, reino de Cristo en la tierra, destinado a extenderse a todos los hombres y por todas las naciones, celebrase, con multiplicadas muestras de veneración, durante el ciclo anual de la liturgia, a su Autor y Fundador como Rey, Señor y Rey de los reyes” (Quas Primas, nº 5).

 

El símbolo Niceno-Constantinopolitano (siglo IV) dice de Cristo que “su reino no tendrá fin”.

 

León XIII enseña que Cristo es “Rey y Señor de todo el universo”.

 

San Pío X, en el documento que condena el movimiento “Le sillón”, abanderado de la democracia moderna, dice: “No se levantará la sociedad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos, no; la civilización no está por  inventar, ni la ciudad nueva por construir en las nubes. Ha existido, existe; es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre


sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana de la revolución y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo” (Notre charge apostolique, 11 San Pío X).

 

Pío XII, al iniciar su pontificado, declaró: “Aprovechando de buena gana esta oportunidad, Nos queremos que el culto debido al Rey de reyes y al Señor de los señores sea como la plegaria introductoria a nuestro pontificado, cumpliendo así los deseos de mi predecesor” (Summi Pontificatus, 2).


 

LA REALEZA DE CRISTO EN EL MAGISTERIO CONTEMPORÁNEO

 


La doctrina de la realeza de Cristo está muy presente en los documentos del Concilio Vaticano II: “La Iglesia ha nacido con este fin: propagar el reino de Cristo en toda la tierra para gloria de Dios Padre, y hacer así a todos los hombres partícipes de la redención salvadora y por medio de ellos ordenar realmente todo el universo a Cristo” (Apostolicam actuositantem, 2).

 

“Es obligación de toda la Iglesia trabajar para que los hombres se capaciten a fin de establecer rectamente el orden temporal y ordenarlo hacia Dios por Jesucristo. Toca a los Pastores el manifestar claramente los principios sobre el fin de la creación y el uso del mundo y prestar los auxilios morales y espirituales para instaurar en Cristo el orden de las realidades temporales. Es preciso, sin embargo, que los seglares acepten como obligación propia el instaurar el orden temporal y el actuar directamente y de forma concreta en dicho orden, dirigidos por la luz del Evangelio y la mente de la Iglesia” (Apostolicam actuositatem, 7).

 

En su primera homilía como Papa, Juan Pablo II dijo: “Hermanos y hermanas, no tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad, ayudad al Papa y a todos los que quieran servir a Cristo. En nuestro conocimiento y, con la potestad de Cristo, servid al hombre y a la humanidad entera. No temáis. Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo. Abrid a su potestad salvadora los confines de los Esta-dos, tanto los sistemas económicos como los políticos, los campos extensos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. No temáis”.


 

FUNDAMENTOS DE LA REALEZA DE CRISTO

 


Es San Cirilo de Alejandría el que describe acertadamente el fundamento de esta dignidad y de este poder de nuestro Señor: “Posee Cristo el poder supremo sobre toda la creación, no por violencia ni por usurpación, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza”.

 

La autoridad de Cristo se funda en la admirable unión hipostática. De donde se sigue que Cristo no sólo debe ser adorado como Dios por los ángeles y los hombres, sino que, además, los ángeles y los hombres deben sumisión y obediencia a Cristo en cuanto hombre; en una palabra, por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad sobre la creación universal.

 

¿Hay realidad más dulce y consoladora para el hombre que el pensamiento de que Cristo reina sobre nosotros, no sólo por un derecho de naturaleza, sino además por un derecho de conquista adquirido, esto es, el derecho de la Redención? Ojalá los hombres olvidadizos recordasen el gran precio con que nos ha rescata-do nuestro Salvador: “Habéis sido rescatados... no con plata y oro corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de cordero sin defecto ni mancha” (1 Ped 1, 18-19)" (Quas Primas, 6).


 

EL REINO DE CRISTO ES ESPIRITUAL

 


“Los textos citados de la Biblia demuestran con toda evidencia que este reino es principalmente espiritual y que su objeto propio son las realidades del espíritu, conclusión confirmada personalmente por la manera de obrar del Salvador. Porque en varias ocasiones, cuando los judíos y aun los mismos apóstoles juzgaron equivocadamente que el Mesías devolvería la libertad al pueblo judío y restablecería el reino de Israel, Cristo deshizo y refutó esta idea vanamente esperanzada. Cuando la muchedumbre, maravillada, quería proclamarle rey, Cristo rehusó este honroso título huyendo y escondiéndose en la soledad.

Los evangelios describen este reino como un reino cuyo ingreso exige una penitencia preparatoria, ingreso que a su vez sólo es posible por medio de la fe y del bautismo, el cual, si bien es un rito exterior, significa y produce la regeneración del alma. Este reino se opone solamente al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas, y exige de sus súbditos no sólo que, con el desprendimiento espiritual de las riquezas y de los bienes temporales, observen una moral pura y tengan hambre y sed de justicia, sino que exige además la abnegación de sí mismos y la aceptación de la cruz" (Quas Primas, 8).


 

EL REINO DE CRISTO ES TEMPORAL

 


“Por otra parte incurriría en grave error el que negase a la humanidad de Cristo el poder real sobre todas y cada una de las realidades sociales y políticas del hombre, ya que Cristo como hombre ha recibido de su Padre un derecho absoluto sobre toda la creación, de tal manera que toda ella está sometida a su voluntad.

 

La autoridad del Redentor abarca a todos los hombres; extensión bien declarada por nuestro predecesor, de inmortal memoria, León XIII, con las siguientes palabras que hacemos nuestras: “El poder de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que, por haber recibido el bautismo, pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga esclavizados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de tal manera que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano”.

 

Y en esta extensión universal del poder de Cristo no hay diferencia alguna entre los individuos y el Estado, porque los hombres están bajo la autoridad de Cristo tanto considerados individualmente como efectivamente en sociedad. No nieguen, pues, los gobernantes  de los Estados el culto debido de veneración y obediencia al poder de Cristo, tanto personalmente como públicamente, si quieren conservar incólume su autoridad y mantener la felicidad y grandeza de sus Patrias" (Quas Primas, 8).


 

FRUTOS DEL RECONOCIMIENTO DE LA REALEZA DE CRISTO

 


“Por tanto, si los hombres reconocen pública y privadamente la regia potestad de Cristo, necesariamente recogerá toda la sociedad civil increíbles beneficios, como son los de una justa libertad, una disciplina-da tranquilidad y una pacífica co