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TEMA 13:

LA OBRA

REDENTORA DE CRISTO

 

 

REDIMIR, etimológicamente, significa volver a comprar algo que se había perdido.

 

NECESIDAD HIPOTÉTICA DE LA REDENCIÓN

 

            Dada la caída de la humanidad en la culpa, eran posibles tres maneras de ser liberados de la pena:

  1. Que Dios le perdone gratuitamente la culpa, sin exigirle reparación alguna. De esta manera habría brillado la misericordia infinita de Dios, pero no su justicia.
  2. Que Dios se hubiese contentado con lo que pudiera ofrecer el hombre para reparar la culpa. De esta manera, brillaría también la misericordia y sólo en cierto grado la justicia ya que al ser la persona ofendida  de dignidad infinita, la culpa en es cierto grado infinita y por tanto, la satisfacción humana nunca sería adecuada a la gravedad de la ofensa ya que sus actos no pueden tener valor infinito.
  3. Que Dios perdonara, pero exigiendo una satisfacción proporcionada a la culpa. Esto solamente podía ser posible siendo una Persona divina la que reparara . Entonces Dios “inventa” la Encarnación.  La Segunda Persona de la Santísima Trinidad se hace hombre para que así un Hombre Dios, Jesucristo, pueda satisfacer -como hombre- y a la vez , dar a esa satisfacción -como Dios-, el valor infinito que se requería.

 

La Redención es una obra querida y prevista por Dios desde toda la eternidad.

 

 

¿DE QUÉ TENÍA QUE SER REDIMIDO EL HOMBRE?

1.            DE LA ESCLAVITUD DEL DEMONIO.

·        II Pd 2, 19-22:   Les prometen libertad, mientras que ellos son esclavos de la corrupción, pues uno queda esclavo de aquel que le vence. Porque si, después de haberse alejado de la impureza del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, se enredan nuevamente en ella y son vencidos, su postrera situación resulta peor que la primera. Pues más les hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que, una vez conocido, volverse atrás del santo precepto que le fue transmitido. Les ha sucedido lo de aquel proverbio tan cierto: «el perro vuelve a su vómito» y «la puerca lavada, a revolcarse en el cieno».

 

·         I Jn 5, 19: Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno. El mundo está bajo el poder del maligno, que es el Príncipe de este mundo (Cfr. Jn 14, 30)

 

 

2.            DEL PECADO.

 

 

 

 

Por los textos aducidos, podemos comprobar que el pecado separa de Dios, porque se opone radicalmente a su santidad infinita.

 

 

 

 

3.   DE LA MUERTE DEL CUERPO Y DEL ALMA

 

 

Como por el pecado entró la muerte en el mundo, Cristo viene a librarnos de este mundo perverso.

Nótese que viene el Hijo como Redentor para hacernos hijos de Dios, para darnos la filiación adoptiva:

 

Viene el que es imagen de Dios invisible para que se pueda restablecer en nosotros la imagen de Dios ( Cfr. Gn 1, 27) desfigurada por el pecado.

EL PLAN DE LA REDENCIÓN RESTAURA PASO A PASO LA CAÍDA DEL HOMBRE.

 

1.      Un hombre y una mujer: Gn 3, 15: Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar.

2.      Obediencia frente a desobediencia:

·        Rom 5, 19: En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos.

3.   Humildad frente a soberbia:

 

4.   La esclavitud del pecado frente a la libertad de los hijos de Dios:

 

Redención es, ante todo,  liberación del pecado.

El P. Alfredo Sáenz S.J. expresa unas ideas a este respecto que resultan muy interesantes:

Si Dios nos ha creado para darse a nosotros en un intercambio de amor, fue necesario que nos creara libres, de modo que libremente eligiéramos amarle como a un padre. En latín la palabra «liber» significa «libre» e «hijo». La libertad es la condición del amor, y el amor es la única razón de ser de nuestra libertad. Es en nombre de la verdadera libertad y del verdadero amor que los santos llegaron a ser lo que son, del mismo modo que es en nombre de la libertad, pero de la falsa, y en nombre del amor, pero del amor engañoso, por lo que se cometen todas las arbitrariedades individuales y sociales.

Al término de los Ejercicios Espirituales nos ha dejado San Ignacio una plegaria donde se expresa cabalmente la oblación enamorada que el hombre puede hacer de sí mismo: «Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis; a Vos, Señor, lo devuelvo». Son dos decisiones, la del padre y la del hijo, que se encuentran y se fusionan.

 

La Teología de la Liberación:

Con este nombre se designa una corriente promovida por algunos teólogos. En referencia a ella la Congregación para la Doctrina de la Fe promulgó dos instrucciones: Libertatis Nuntius y Libertatis Conscientia donde se expone el pensamiento de aquellos teólogos y el juicio crítico que merecen. La expresión «teología de la liberación» es de por sí aceptable, porque el Evangelio de Cristo es un mensaje de libertad y una fuerza de liberación. Pero esta liberación es, ante todo, liberación de la esclavitud radical del pecado, en orden a alcanzar la libertad de los hijos de Dios. A partir de allí, cabe hablar de la conveniencia de liberarse de múltiples esclavitudes de orden cultural, económico, político y social, que en última instancia derivan del pecado. No lo consideran así los cultores de aquella reciente «teología». Lo primero que señala el Cardenal Ratzinger, autor de ambas Instrucciones, es que en dicha corriente se advierte una inmanentización del cristianismo. Algunos de sus cultores no parten de los datos de la Revelación sino de la opción marxista. De este modo, también ellos acaban por encerrarse en la inmanencia, tan típica del marxismo, confundiendo por ejemplo la historia profana con la sagrada.

Observa, asimismo, que propician una cierta horizontalización de las virtudes teologales. Siguen hablando de fe, pero entendida como fidelidad a la historia; de esperanza, pero como confianza en el futuro; de caridad, pero como opción por los pobres, a través de la lucha de clases. El rechazo de esta postura no significa desinteresarse del orden temporal, al contrario. Sólo aplicando la Doctrina Social de la Iglesia, iremos hacia una liberación auténtica, la liberación del pecado, y consiguientemente de todo el orden temporal. No será Marx quien salve el mundo. Ni será el capitalismo liberal o el globalismo quien lo salvará. Sólo Cristo tiene la clave de la salvación, y la Iglesia por El fundada. Solo la verdad nos hará libres.


Magisterio de la Iglesia:

1.      Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Libertatis Nuntius, X, nº 5: «La nueva hermenéutica inscrita en las teologías de la liberación conduce a una relectura esencialmente política de la Escritura. Por tanto se da mayor importancia al acontecimiento del Exodo en cuanto que es liberación de la esclavitud política. Se propone igualmente una lectura política del Magnificat. El error no está aquí en prestarle atención a una dimensión política de los relatos bíblicos. Está en hacer de esta dimensión la dimensión principal y exclusiva, que conduce a una lectura reductora de la Escritura»; nº 6: «Igualmente, se sitúa en la perspectiva de un mesianismo temporal, el cual es una de las expresiones más radicales de la secularización del Reino de Dios, y de su absorción en la inmanencia de la historia humana»

2.      Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Libertatis Conscientia, nº 3: «Cristo, por medio de su cruz y resurrección, ha realizado nuestra redención que es la liberación en su sentido más profundo, ya que ésta nos ha liberado del mal más radical, es decir, del pecado y del poder de la muerte».

3.      Juan Pablo II, Veritatis Splendor, nº 85: «Concretamente, en Jesús crucificado la Iglesia encuentra la respuesta al interrogante que atormenta hoy a tantos hombres: cómo puede la obediencia a las normas morales universales e inmutables respetar la unicidad e irrepetibilidad de la persona y no atentar a su libertad y dignidad. La Iglesia hace suya la conciencia que el apóstol Pablo tenía de la misión recibida: ´Me envió Cristo (...) a predicar el Evangelio. Y no con palabras sabias, para no desvirtuar la cruz de Cristo (...); nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios´ (1 Cor. 1, 17, 23-24) Cristo crucificado revela el significado auténtico de la libertad, lo vive plenamente en el don total de sí y llama a los discípulos a tomar parte en su misma libertad»

 

Esta GUÍA-RESUMEN Nº 20 fue publicada en el 

 Boletín Semanal AICA Nº 2337 del 3 de OCTUBRE de 2001)

 

 

 

CRISTO NOS REDIME CON TODOS LOS ACTOS DE SU VIDA

Hace honor a su nombre desde el primer instante de su ser: JESÚS. Jesús significa SALVADOR Actualmente se le denomina entre los hebreos “Jeshua”, pero es una forma reciente de “Jehoshua”, que significa “Yahvé salva”.

 

 

            Pero el punto culminante de la obra redentora de Cristo es su Pasión, seguida de su glorificación.

 

 

            Nótese que la humanidad muerta por el pecado, debía morir al pecado y resucitar a nueva vida. Por eso Cristo, Cabeza de la Humanidad redimida, muere por el pecado de los hombres que toma sobre sí (Cfr. Jn 1, 29: Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.) y resucita para nuestra justificación, o sea, para devolvernos la vida de la gracia.

Por eso también dice San Pablo que si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe y todavía estamos en nuestros pecados: I Cor 15, 14 y 17(Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe. Y somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados).

Cristo viene a destruir las obras del diablo: I Jn 3, 8 (Quien comete el pecado es del Diablo, pues el Diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del Diablo).

 

LA REDENCIÓN ES OBRA DEL AMOR

 

            No defendiéndole de sus enemigos.

 

LA REDENCIÓN ES:

 

  1. UNIVERSAL:
    • I Jn 2, 2: El es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.
    • II Cor 5, 15: Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
    • I Tim 4, 10: Si nos fatigamos y luchamos es porque tenemos puesta la esperanza en Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, principalmente de los creyentes.

 

Por la misma razón no hay salvación más que en Cristo: Hc 4, 12: Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos

 

 

  1. ABSOLUTAMENTE GRATUITA:
    • Rom 3, 24: Y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús
    • Ef 2, 8-9: Y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús

 

LO QUE CRISTO MERECE PARA LOS HOMBRES

 

1.      EL PERDÓN DEL PECADO:

·        Ef 1, 7: En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia

·        Col 1, 13-14: Él nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención: el perdón de los pecados.

 

2.      EL PERDÓN DE LA PENA DEBIDA AL PECADO:

·         Rom 8, 1: Por consiguiente, ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús.

 

El Concilio de Trento interpreta este texto precisamente en el sentido del perdón de la pena (Sesión V, Can 5 [1]).

 

3.      TODAS LAS GRACIAS (Tanto la gracia santificante como las gracias actuales y la gloria eterna)

·        Ef 1, 3.5 y 7-8: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo;  por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad........  En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia

 

 

LO QUE CRISTO MERECE PARA SÍ

 

 

Porque Cristo se humilló, sacrificando su dignidad:

MERECIÓ la Resurrección, padeciendo dolor y muerte que no merecía.

MERECIÓ la Ascensión, siendo sepultado y bajando a los infiernos.

MERECIÓ estar a la derecha del Padre, sufriendo toda clase de oprobios.

MERECIÓ ser juez de vivos y muertos, siendo entregado a potestades enemigas (Cfr. Jn 19, 11).

(Summa Theol. III, q. 49, a 6)

 

 

LA PASIÓN, MUERTE Y GLORIFICACIÓN DE CRISTO constituyen EL MISTERIO PASCUAL que el cristiano debe vivir a través de toda su existencia terrenal con una vida nueva.

            El paralelismo entre la Pascua judía y la Pascua cristiana es bien notable. En ambas hay la salida de la esclavitud a la libertad. La liberación obrada por la Pascua judía es tipo y figura de la verdadera libertad que nos mereció Cristo con su Pasión, Muerte y Resurrección.

 

 

SE VIVE LA PASCUA:

1.        Rom 6, 4-6 (Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado.) y Rom 6, 11-13: Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias. Ni hagáis ya de vuestros miembros armas de injusticia al servicio del pecado; sino más bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida; y vuestros miembros, como armas de justicia al servicio de Dios. Cada vez que se sale del pecado (aun el venial) y se sube más alto en la vida espiritual.

 

2.        Jn 8, 34-36: Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres.);             I Pd 4, 1-3: Ya que Cristo padeció en la carne, armaos también vosotros de este mismo pensamiento: quien padece en la carne, ha roto con el pecado, para vivir ya el tiempo que le quede en la carne, no según las pasiones humanas, sino según la voluntad de Dios. Ya es bastante el tiempo que habéis pasado obrando conforme al querer de los gentiles, viviendo en desenfrenos, liviandades, crápulas, orgías, embriagueces y en cultos ilícitos a los ídolos. Cada vez que se crece en la libertad de los hijos de Dios, es decir: que nos hacemos libres para amar a nuestros enemigos y para superar nuestros defectos.

 

3.        I Pd 2, 1-2: (Rechazad, por tanto, toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias. Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que, por ella, crezcáis para la salvación); Ef 4, 14-16 (Para que no seamos ya niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error, antes bien, siendo sinceros en el amor, crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo, de quien todo el Cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio de toda clase de junturas que llevan la nutrición según la actividad propia de cada una de las partes, realizando así el crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor.) ; II Pd 3, 18: Creced, pues, en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. A él la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén. Cada vez que Cristo crece en el alma

 

ES DECIR: cada vez que se corresponde a una gracia actual (Cfr. I Cor 15, 10)

POR TANTO, cada vez que se recibe con las debidas disposiciones un Sacramento, sobre todo la Eucaristía y la Penitencia. (Cfr. Jn 6, 57)

DE UN MODO ESPECIAL, cada vez que participamos en la Santa Misa: (Cfr. I Cor 11, 26)

 

4.        Jn 6, 51-54: Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.» Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Es decir, al pasar a la vida eterna y al resucitar el cuerpo. Por eso son bienaventurados los que mueren en el Señor, en unión vital con Cristo (Cfr. Ap 14, 13: Luego oí una voz que decía desde el cielo: «Escribe: Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Desde ahora, sí - dice el Espíritu -, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.»)

5.        También forma parte de este vivir el misterio pascual, el conquistar almas para Cristo y contribuir a que Cristo crezca en los demás; esto es propiamente edificar, o sea construir, el Cuerpo Místico de Cristo.  Por eso San Pablo insiste mucho en el deber de la mutua edificación, o sea en el deber de ayudarnos mutuamente a crecer en Cristo

·        Rom 14, 19: Procuremos, por tanto, lo que fomente la paz y la mutua edificación   y Rom 15, 2:  Que cada uno de nosotros trate de agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación

·        Ef 4, 29: No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen.

·        I Tes 5, 11: Por esto, confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros, como ya lo hacéis.

 

EL MISTERIO PASCUAL tiene su plena consumación en la PARUSÍA; que consiste en el triunfo glorioso y definitivo de Cristo y de todos los suyos:

 

De ahí también el deseo ardiente de los que han comprendido lo que este triunfo significa:

 

 

            AHORA debemos preparar este triunfo eterno de Cristo con nuestra creciente santificación y el apostolado.

            POR ESO:

 

 

Será conveniente recordar los párrafos que en el Catecismo de la Iglesia Católica encontramos con referencia a este tema (Cfr. N°  595 - 618) y tener en consideración ciertas afirmaciones que San Pío X condenó a principios del siglo XX en su decreto contra los errores del Modernismo Lamentabili sine exitu. Como este documento no es tan accesible lo traemos a colación para facilitar el estudio del mismo, del que juzgamos se pueden obtener muchas consecuencias. Como se trata de exponer los errores para condenarlos, el Papa los expone con pasmosa claridad, para que no haya lugar a dudas. 

San Pío X, Lamentabili sine exitu

Sobre JESUCRISTO

 

27. La divinidad de Jesucristo no se prueba por los Evangelios; sino que es un dogma que la conciencia cristiana derivó de la noción del Mesías.

 

28. Jesús, cuando ejercía su ministerio, no hablaba con el fin de enseñar que El era el Mesías, ni sus milagros tendían a demostrarlo.

 

29. Puede concederse que el Cristo, que presenta la historia, es muy inferior al Cristo que es objeto de la fe.

 

30. En todos los textos evangélicos el nombre de Hijo de Dios equivale solamente al nombre de Mesías; pero de ningún modo significa que Cristo sea verdadero y natural Hijo de Dios.

31. La doctrina sobre Cristo, que nos enseñan Pablo, Juan y los Concilios de Nicea, de Efeso y Calcedonia, no es la que Jesús enseñó, sino la que sobre Jesús concibió la conciencia cristiana.

 

32. El sentido natural de los textos evangélicos es inconciliable con lo que nuestros teólogos enseñan sobre la conciencia y ciencia infalible de Jesucristo.

 

33. Para todo el que no se guía por opiniones preconcebidas es evidente que o Jesús enseña un error al hablar sobre el próximo advenimiento del Mesías, o que la mayor parte de su doctrina, contenida en los Evangelios sinópticos, carece de autenticidad.

 

34. El crítico no puede atribuir a Cristo ciencia ilimitada, sino en una hipótesis inconcebible históricamente y que repugna con el sentido moral, a saber: que Cristo, como hombre, tenía la ciencia de Dios y que, sin embargo, no quiso comunicar ni a sus discípulos ni a la posteridad el conocimiento de tantas cosas.

 

35. Cristo no siempre tuvo conciencia de su dignidad mesiánica.

 

36. La resurrección del Salvador no es propiamente un hecho de orden histórico, sino un hecho de orden puramente sobrenatural, ni demostrado ni demostrable, que la conciencia cristiana derivó poco a poco de otros hechos.

 

37. La fe en la resurrección de Cristo, en su origen, se refería no tanto al hecho mismo de la resurrección cuanto a la vida inmortal de Cristo junto a Dios.

 

38. La doctrina de la muerte expiatoria de Cristo no es evangélica, sino solamente paulina.

 

 



[1] Traemos para la consulta el texto íntegro de la Sesión V, can 5 del Concilio de Trento: “Si alguno niega que se perdona el reato del pecado original por la gracia de nuestro Señor Jesucristo que se confiere en el bautismo; o afirma que no se quita todo lo que es propia y verdaderamente pecado; sino dice, que este solamente se rae, o deja de imputarse; sea excomulgado. Dios por cierto nada aborrece en los que han renacido; pues cesa absolutamente la condenación respecto de aquellos, que sepultados en realidad por el bautismo con Jesucristo en la muerte, no viven según la carne, sino que despojados del hombre viejo, y vestidos del nuevo, que está creado según Dios, pasan a ser inocentes, sin mancha, puros, sin culpa, y amigos de Dios, sus herederos y partícipes con Jesucristo de la herencia de Dios; de manera que nada puede retardarles su entrada en el cielo. Confiesa no obstante, y cree este santo Concilio, que queda en los bautizados, la concupiscencia, o fomes, que como dejada para ejercicio, no puede dañar a los que no consienten, y la resisten varonilmente con la gracia de Jesucristo: por el contrario, aquel será coronado que legítimamente peleare. La santa Sínodo declara, que la Iglesia católica jamás ha entendido que esta concupiscencia, llamada alguna vez pecado por el Apóstol san Pablo, tenga este nombre, porque sea verdadera y propiamente pecado en los renacidos por el bautismo; sino porque dimana del pecado, e inclina a él. Si alguno sintiese lo contrario; sea excomulgado. Declara no obstante el mismo santo Concilio, que no es su intención comprender en este decreto, en que se trata del pecado original, a la bienaventurada, e inmaculada virgen María, madre de Dios; sino que se observen las constituciones del Papa Sixto IV de feliz memoria, las mismas que renueva; bajo las penas contenidas en las mismas constituciones.”