Tema 10:
JESUCRISTO, DIOS
Y HOMBRE VERDADERO
¿Quién es Jesús
que con una mirada lo pide todo? (Mc 10, 17-22)
La pregunta la
formula el mismo Jesús. En Cesarea de Filipo, al norte de Galilea, donde se
encuentra una de las fuentes del río Jordán. Después de la predicación de
Galilea, Jesús se retira a ese lugar fresco y agradable con los suyos y les
pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Ellos responden: “Unos, que Juan
el bautista, otros Elías, otros Jeremías o alguno de los profetas”. Y Jesús les
dijo: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Simón toma la palabra y contesta:
“Tú eres el Cristo, el hijo de Dios vivo”. (Mt 16,
16-17)
Los Evangelistas
escriben desde su fe en que Jesús es el Hijo de Dios. Así lo afirma San Marcos
en el principio de su Evangelio (Mc 1,1) y San Juan al final del suyo
(Jn 20, 31). Y Jesús, se coloca en el centro de la religión como clave de
la salvación: “El que busque su vida, la perderá; el que la pierda por mí la
encontrará” (Mt 10, 39). Todo en la vida del hombre, a partir de Cristo,
se decide por el sí o el no a su persona, hasta el punto de que
exige perder la vida por él (Mt 5, 11). No se limita a mostrar el camino,
a enseñar la verdad, a ser el ejemplo de los hombres, sino que se identifica con
el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6). Él pide que creamos en su
nombre y lo hagamos todo en su nombre; no anuncia solamente la llegada del
Reino, sino que se identifica con él. Se siente Dios y, por eso, perdona los
pecados y legisla con poderes exclusivamente divinos. Además, se presenta como
el Hijo único del Padre. Hay una semejanza perfecta entre la acción del Padre y
la del Hijo (Jn 5, 17.19.26); una mutua y total pertenencia entre ambos
(Jn 17, 10), una reciprocidad de conciencia (Jn 10, 15),
inmanencia (Jn 10, 38) y amor
(Jn 5, 20; 15, 10), una unidad completa (Jn 10,
30).
Nada nos dice el Evangelio
sobre el aspecto externo de Jesús. No era costumbre en los historiadores de
aquel tiempo. Por eso los cuatro Evangelistas guardaron silencio sobre su
estatura, el color de sus ojos, el tono de su voz y los rasgos de sus facciones.
¡Qué lástima!
Sólo sabemos que
su mirada era irresistible, una mirada capaz de hacer, con solo su fuerza, que
los hombres lo abandonaran todo por seguirle. Una mirada profunda, tierna,
penetrante. Una mirada llena de bondad, de un Ser que era todo bondad. De un Ser
que recorrió haciendo el bien las tierras de Judea, Galilea, Samaria..., curando
enfermos, consolando a los desheredados del mundo.... dándose a todos,
apiadándose de todos, amando a todos... Del Ser que pronunciara las palabras más
dulces que jamás tomaron forma en unos labios humanos: “Venid a mi todos los
que estáis cansados y agobiados, y Yo os aliviaré” (Mt 11,
28).
¡Creo que no
existe nada más bello, más profundo, más atractivo, más viril y más perfecto que
Cristo! (F. Dostoievski)
En la Biblioteca
Nacional de Madrid existe un incunable en el que el cónsul romano Léntulo habla
de cómo fue Jesucristo. Dice: ¡En nuestro tiempo apareció un tal Jesús,
de gran fortaleza, rostro venerable, ojos serenos y abundante barba. Sus
discípulos le llamaron Hijo de Dios, pues resucitó muertos y curó
enfermedades![1].
Los Evangelios nos
describen a un ser excepcional, a un hombre que en sólo tres años de vida
pública, en un radio de acción de escasos kilómetros, trasformó al mundo, de
modo que el tiempo, se divide en los siglos que le esperaron y los que siguen a
su venida.
Cristo iluminó con su doctrina
la vida del hombre con visión de eternidad y transformó los valores del
pensamiento humano. Jesucristo ha sido el hombre más grande de la
Historia.
Hablar de Jesucristo es hablar de la esencia misma del cristianismo. El cristianismo implica principios filosóficos, pero no es una filosofía; contiene principios éticos, pero no es una ética; posee principios sociales, pero no es un movimiento social. El cristianismo es Cristo, todo lo demás es consecuencia, necesaria, pero consecuencia.
El CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, bien consciente de esta
afirmación, señala las siguientes verdades de fe:
479 En el momento establecido por
Dios, el Hijo único del Padre, la Palabra eterna, es decir, el Verbo e Imagen
substancial del Padre, se hizo carne: sin perder la naturaleza divina asumió la
naturaleza humana.
480 Jesucristo es
verdadero Dios y verdadero hombre en la unidad de su Persona divina; por esta
razón él es el único Mediador entre Dios y los
hombres.
481 Jesucristo posee
dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas, sino unidas en la única
Persona del Hijo de Dios.
482 Cristo, siendo
verdadero Dios y verdadero hombre, tien e una inteligencia y una voluntad
humanas, perfectamente de acuerdo y sometidas a su inteligencia y a su voluntad
divinas que tiene en común con el Padre y el Espíritu
Santo.
483 La encarnación es,
pues, el misterio de la admirable unión de la naturaleza divina y de la
naturaleza humana en la única Persona del Verbo.
Y eso es lo mismo que decir que DE LAS
TRES PERSONAS DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, SE HIZO HOMBRE LA SEGUNDA, QUE ES EL
HIJO.
Así como un Rey,
sin dejar de serlo, puede tomar el cargo de cualquiera de sus súbditos, y
hacerse general, gobernador, maestro,... así Dios Hijo, sin dejar de serlo, se
hizo hombre.
Por eso en las
Catequesis de Primera Comunión se enseña que
Jesucristo
es el Hijo de Dios hecho hombre
que
nació de la Virgen María.
En el tema anterior pudimos comprobar que las profecías nos anuncian una buena nueva: Cristo es real y verdaderamente Dios hecho hombre.
El Catecismo no engaña a nadie. Enseña con insistencia que Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre que nació de María Virgen y eso es lo que acabamos de ver leyendo dos textos de la Sagrada Escritura.
Pero antes de pasar a exponer claramente lo que nos dice la Sagrada
Escritura , vamos a leer lo que los Testigos de Jehová afirman sobre Jesús. El
texto está sacado de un libro: EL
HOMBRE MÁS GRANDE DE TODOS LOS TIEMPOS, editado en el año 1991 por watchtower bible tract society of new york,
inc. International bible
students association
en Brooklyn, New York, U.S.A.
“¿QUIÉN
ERA REALMENTE?
Los
que se asociaron con Jesús es el primer siglo se hicieron esta pregunta. Cuando
vieron que con una represión Jesús calmó milagrosamente un mar azotado por el
viento, se preguntaron, atónitos: “¿Quién, realmente, es éste?”. Más tarde, en
otra ocasión, Jesús preguntó a sus apóstoles: “Ustedes, ¿quién dicen que soy?”.
(Marcos 4:41; Mateo 16:15).
Si a usted se le hiciera esa pregunta, ¿qué contestaría? ¿Era Jesús en
realidad Dios? Hoy muchos dicen que era Dios. Sin embargo, los que se asociaron
con Él nunca creyeron que él fuera Dios. La respuesta del apóstol Pedro a la
pregunta de Jesús fue: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. (Mateo
16:16.)
Jesús nunca afirmó que fuera Dios, pero reconoció que era el Mesías o
Cristo prometido. También dijo que era “Hijo de Dios”, no Dios. (Juan 4:25, 26: 10:36.) Sin embargo, la
Biblia no dice que Jesús fuera un hombre como cualquier otro hombre. Era una
persona muy especial, porque Dios lo creó antes de todas las demás cosas.
(Colosenses 1:15.) Por miles de millones de años o más, aun antes de la creación
del universo físico, Jesús vivió en el cielo como espíritu y disfrutó de
compañerismo íntimo con su Padre, Jehová Dios, el Magnífico Creador. (Proverbios
8:22, 27-31.)
Entonces, unos dos mil años atrás, Dios transfirió la vida de su Hijo a
la matriz de una mujer, y Jesús llegó a ser un hijo humano de Dios, nacido de
una mujer de modo normal. (Gálatas 4:4.) Mientras Jesús se desarrollaba en la
matriz, y mientras se crió como niño, dependió de las personas a quienes Dios
había seleccionado para que fueran sus padres terrestres. Con el tiempo, a Jesús
ya hombre se le concedió recordar toda su asociación anterior con Dios en el
cielo. (Juan 8:23; 17:5.)”
Hasta aquí el relato de los Testigos de Jehová. Sus afirmaciones son
tajantes y fuera del sentir de la Biblia, a pesar de que dan algunos textos
apoyando sus afirmaciones. Nosotros vamos a deducir de los mismos textos de la
Sagrada Escritura las verdades que en Ella se contienen
JESUCRISTO
ES DIOS
TESTIMONIO QUE CRISTRO DA DE SI
MISMO:
Cristo, gran pedagogo, poco a poco
va revelando su divinidad.
Milagro es un hecho visible y
perceptible por los sentidos que supera las fuerzas de la naturaleza, y que es
obrado por Dios, bien directamente bien por medio de los ángeles o de los
hombres.
Dios hace siempre
milagros con un fin bueno: como signo de salvación. De hecho, san Juan cuando se
refiere a los milagros de Jesús, los llama signos. El milagro es el sello
de Dios. Y todo cuanto lleva el sello del milagro es verdad, porque Dios no
puede respaldar con su autoridad una mentira.
Ahora bien, los
milagros ayudan la fe, pero no la fuerzan, pues el acto de fe debe ser libre. Si
no, no sería meritorio.
Jesucristo hizo
innumerables milagros con su propia autoridad y poder, sin invocar previamente
la ayuda de Dios. Algunos de los más sorprendentes (curación del paralítico,
resurrección de Lázaro, el ciego de nacimiento) los hizo expresamente para
demostrar que tenía el poder de perdonar los pecados –atributo exclusivo de
Dios- (Mt 9, 6-7) y para que el
pueblo creyera que era el enviado del Padre ( Jn 11, 42).
PRINCIPALES
MILAGROS REALIZADOS POR JESUCRISTO:
1.
TENÍA PODER ABSOLUTO SOBRE LAS
ENFERMEDADES:
1. 1 La lepra: Mt
8, 1-4; Lc 17, 11-19.
1.2 La parálisis:
Mt 9, 1-8; Jn 5, 1-9
1.3 La ceguera: Mt
9, 27-31; 12, 22-23; 20, 29-34; Mc 8, 22-26; Jn 9, 1-7
1.4 La fiebre: Mt
8, 14
1.5 La sordera y
la mudez: Mt 9, 32-34; 12, 22-23; 15, 29-31
2.
TENÍA PODER
SOBRE LA MUERTE:
2.1 La hija de
Jairo: Mt 9, 18-26
2.2 El hijo de la
viuda de Naím: Lc 7, 11-17
2.3 Lázaro: Jn 11, 33-44
3.
LE OBEDECÍAN
LAS COSAS INANIMADAS Y LAS FUERZAS DE LA NATURALEZA:
3.1 Conversión del
agua en vino: Jn 2, 1-11
3.2 Multiplicación
de panes y peces: Mt 14, 13-21; Mt 15, 32-39
3.3 La tempestad
calmada: Mt 8, 23-27
3.4 Anda sobre el
mar: Mt 14, 24-36
3.5 La moneda en
la boca del pez: Mt 17, 23-26
3.6 La pesca
milagrosa: Lc 5, 1-9
3.7 Maldición de la
higuera: Mt 21, 18-19
LOS DEMONIOS
TIEMBLAN ANTE ÉL Y OBEDECEN SUS ÓRDENES:
4.1 El endemoniado
de Gerasa: Mt 8, 28-34
4.2 El endemoniado
mudo: Mt 9, 32-34
4.3 El endemoniado
de Cafarnaúm: Lc 4, 33-37.
Hay quien se resiste a creer en los milagros de
Jesucristo. Dicen que eso es imposible, que son efectos de la fantasía de la fe,
o los atribuyen a procedimientos ocultos y desconocidos.
La fuerza de
Jesucristo está en que confirmó su doctrina con milagros que nos consta se
realizaron por la historicidad de los Evangelios, y que por exceder a todo poder
humano son una confirmación divina. Hay testigos que “vieron y oyeron”
(Jn 3, 11). Hasta sus propios enemigos no los podían negar y los atribuían a
Satanás (Mc 3, 22) e incluso, por ellos, deciden matarlo (Jn 11,
47-54).
Lo curios es poder observar que
unos los obra:
·
estando presente
è Mc. 4, 39: “El, habiéndose despertado, increpó al viento
y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran
bonanza “
è Mt. 14, 16-21: “Mas Jesús les dijo: «No tienen por qué
marcharse; dadles vosotros de comer.» Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que
cinco panes y dos peces.» El dijo: «Traédmelos acá.» Y ordenó a la gente
reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y
levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se
los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se
saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que
habían comido eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y
niños.”
·
a distancia
-> Mc. 4, 39: S. Mt. 8, 13 y 15, 28: “Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te
suceda como has creído.» Y en aquella hora sanó el criado.”y “Entonces Jesús le
respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde aquel
momento quedó curada su hija.”).
Pero hay algo más en esta
potestad de Cristo. En el Antiguo Testamento hay también algunos personajes que
obran milagros , por ejemplo ,Moisés, Elías y Eliseo, etc. pero ninguno
de ellos puede comunicar a otros este poder
II Re. 4, 18-37:
Creció el niño y un día se fue donde su padre junto a los segadores. Dijo a
su padre: «¡Mi cabeza, mi cabeza!» El padre dijo a un criado: «Llévaselo a su
madre.» Lo tomó y lo llevó a su madre. Estuvo sobre las rodillas de ella hasta
el mediodía y murió. Subió y le acostó sobre el lecho del hombre de Dios, cerró
tras el niño y salió. Llamó a su marido y le dijo: «Envíame uno de los criados
con una asna. Voy a salir donde el hombre de Dios y volveré.» Dijo él: «¿Por qué
vas donde él? No es hoy novilunio ni sábado.» Pero ella dijo: «Paz.» Hizo
aparejar el asna y dijo a su criado: «Guía y anda, no me detengas en el viaje
hasta que yo te diga.» Fue ella y llegó donde el hombre de Dios, al monte
Carmelo. Cuando el hombre de Dios la vio a lo lejos, dijo a su criado Guejazí:
«Ahí viene nuestra sunamita. Así que corre a su encuentro y pregúntale: ¿Estás
bien tú? ¿Está bien tu marido? ¿Está bien el niño?» Ella respondió: «Bien.»
Llegó donde el hombre de Dios, al monte, y se abrazó a sus pies; se acercó
Guejazí para apartarla, pero el hombre de Dios dijo: «Déjala, porque su alma
está en amargura y Yahveh me lo ha ocultado y no me lo ha manifestado.» Ella
dijo: «¿Acaso pedí un hijo a mi señor? ¿No te dije que no me engañaras?» Dijo a
Guejazí: «Ciñe tu cintura, toma mi bastón en tu mano y vete; si te incuentras
con alguien no le saludes, y y si alguien te saluda no le respondas, y pon mi
bastón sobre la cara del niño.» Pero la madre del niño dijo: «Vive Yahveh y vive
tu alma, que no te dejaré.» El pues, se levantó y se fue tras ella. Guejazí
había partido antes que ellos y había colocado el bastón sobre la cara del niño,
pero no tenía voz ni señales de vida, de modo que se volvió a su encuentro y le
manifestó: «El niño no se despierta.» Llegó Eliseo a la casa; el niño muerto
estaba acostado en su lecho. Entró y cerró la puerta tras de ambos, y oró a
Yahveh. Subió luego y se acostó sobre el niño, y puso su boca sobre la boca de
él, sus ojos sobre los ojos, sus manos sobre las manos, se recostó sobre él y la
carne del niño entró en calor. Se puso a caminar por la casa de un lado para
otro, volvió a subir y a recostarse sobre él hasta siete veces y el niño
estornudó y abrió sus ojos. Llamó a Guejazí y le dijo: «Llama a la sunamita.» La
llamó y ella llegó donde él. Dijo él: «Toma tu hijo.» Entró ella y, cayendo a
sus pies, se postró en tierra y salió llevándose a su
hijo.
Como
se ve es una potestad que viene de Dios.
Pero
Cristo, no sólo obra milagros, sino que tiene poder para obrar milagros y esta
potestad la comunica a los apóstoles, de forma amplísima, con solo su palabra
Mt.
10,8: “Curad enfermos, resucitad muertos, purificad
leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo
gratis.”
Y éstos efectivamente obran
milagros
Lc. 10,17: “Regresaron los 72 alegres, diciendo: «Señor,
hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»”.
Cristo puede
comunicar esta potestad porque es dueño y señor , Es Dios. Los milagros quieren despertar la fe en
su divinidad y son el gran testimonio del Padre a favor de Cristo y la veracidad
de sus palabras
Jn. 8,17-18 y
10, 37-38: “Y en vuestra Ley está escrito que el
testimonio de dos personas es válido. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo y
también el que me ha enviado, el Padre, da testimonio de mí.»........... Y Si no
hago las obras de mi Padre, no me creáis;
pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así
sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el
Padre.»”.
El pecado es una ofensa hecha a Dios, por
tanto solamente Dios puede perdonarlo. Pues si alguien me ofende, no servirá de
nada que otra persona diga al
ofensor que le perdona; si se me ha ofendido, soy yo quien ha de perdonar. Cristo, no en nombre de Dios, sino en su
propio nombre perdona los pecados.
è Mc. 2, 3-12: “Y
le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder
presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él
estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde
yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus
pecados te son perdonados.» Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban
en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede
perdonar pecados, sino Dios sólo?» Pero, al instante, conociendo Jesús en su
espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así
en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te
son perdonados", o decir: "Levántate, toma tu camilla y anda?" Pues para que
sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -
dice al paralítico -: "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu
casa."» Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de
todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo:
«Jamás vimos cosa parecida.» Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente
acudía a él, y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el
despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió. Y
sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores
estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le
seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y
publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y
pecadores?» Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están
fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a
pecadores.» Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen
y le dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los
fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?»”
Presentan ante Cristo un
paralítico, al que dice: “ hijo, tus pecados te son perdonados”. Con toda lógica
los escribas y fariseos que no
quería aceptar que Jesucristo fuera Dios, dicen: ¿Quién puede perdonar los
pecados sino solo Dios?,y Jesucristo no dice “estáis equivocado”, sino “para que
veáis que el hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados
, dice al paralítico levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.” Luego si
efectivamente Cristo perdona pecados es por que efectivamente es Dios, y aquí lo
prueba con un milagro.
También perdona los pecados a otras personas.
è Lc. 7, 36-50: Un
fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso
a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que
estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y
poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le
mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y
los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía
para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le
está tocando, pues es una pecadora.» Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que
decirte.» El dijo: «Di, maestro.» Un acreedor tenía dos deudores: uno debía
quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a
los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón: «Supongo que aquel a
quien perdonó más.» El le dijo: «Has juzgado bien», y volviéndose hacia la
mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua
para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado
con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de
besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con
perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha
mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a
ella: «Tus pecados quedan perdonados.»Los comensales empezaron a decirse para
sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu
fe te ha salvado. Vete en paz.»).
Además, comunica esta
potestad a los
apóstoles
Jn. 20, 21-23: “Jesús les dijo otra vez: «La paz con
vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les
dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A
quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los
retengáis, les quedan retenidos.»
Según este texto, que
analizaremos mejor cuando estudiemos el sacramento de la penitencia, Cristo dice
a sus Apóstoles : “Como mi padre me envió, así os envío yo” (el
Padre envía a Cristo a obrar la redención del género humano, es decir, a
obtenernos el perdón de los pecados y la vida divina de la gracia) por tanto ellos son enviados a llevar
este perdón a las almas, y para ello les da la potestad de perdonar los pecados
o de negar el perdón, si el alma está mal dispuesta, si no está arrepentida. Si
Cristo puede hacer esto es porque es Dios.
Jesucristo se declara “ Juez
Universal”
.
è
Mt. 25, 31-46: «Cuando el Hijo del hombre venga en su
gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de
gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los
unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las
ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los
de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino
preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me
disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me
acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la
cárcel, y vinisteis a verme." Entonces los justos le responderán: "Señor,
¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de
beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?" Y el Rey les dirá:
"En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más
pequeños, a mí me lo hicisteis." Entonces dirá también a los de su izquierda:
"Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus
ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis
de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis;
enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis." Entonces dirán también éstos:
"Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o
en la cárcel, y no te asistimos?" Y él entonces les responderá: "En verdad os
digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también
conmigo dejasteis de hacerlo." E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a
una vida eterna.».
JESUCRISTO SE DEJA LLAMAR HIJO
DE DIOS EN SENTIDO ESTRICTO
Consta en los evangelios que Jesucristo se
llama y se deja llamar así mismo
hijo de Dios en sentido estricto:
è Mt. 16, 13-16: “Llegado Jesús a la región de Cesarea de
Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el
Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías,
otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís
que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios
vivo.»” ; Pedro dice a Jesús, “ Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo”,y
Jesucristo le dice: “bienaventurado eres porque no te lo ha revelado carne ni
sangre (o sea, esto no lo sabes de
manera humana), sino que mi Padre que está en los cielos te lo ha revelado”. Por tanto es Dios
Padre quien revela a Pedro que Cristo es verdaderamente el Hijo de Dios y Pedro es
bienaventurado por aceptar esta verdad
que no entiende.
è Jn. 9, 35-38: “Jesús se enteró de que le habían echado
fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?» El
respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Le has
visto; el que está hablando contigo, ése es.» El entonces dijo: «Creo, Señor.» Y
se postró ante él.”, dice Jesús al
ciego de nacimiento : “¿Crees tu en el hijo de Dios?” (así traduce la Biblia
protestante llamada “Versión moderna”. El ciego contesta : ¿Quién es?, “el que
habla contigo”, le dice Jesús , y el ciego se postra en el suelo y le adora.
Recordemos también las palabras de santo Tomas cuando Jesús le invita a poner la mano
en la llaga del costado: “Señor mío y Dios mío” (cf. Jn. 20,28: “Tomás le contestó: «Señor mío y Dios
mío.”) Y el griego es mucho más expresivo. Según el texto griego el sentido
es el único Señor mío y el único
Dios mío . Por tanto Cristo se deja llamar así mismo Hijo de Dios.
Los judíos entienden perfectamente que Cristo se declara Dios igual al Padre:
·
Jn. 5,17-18: “Pero Jesús les replicó: «Mi Padre
trabaja hasta ahora, y yo también trabajo.» Por eso los judíos trataban con
mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba
a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. Nos dice que: “buscaban con más ahínco matarle ,
pues no sólo quebrantaba el sábado, sino que decía que Dios era su padre,
haciéndose igual a Dios”. En la pasión, cuando los falsos testigos se
contradicen y no saben ya a qué
acogerse para condenarle, Caifás apela al propio testimonio de Cristo (cf. Mt. 26, 63-66: “Pero Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote
le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el
Hijo de Dios.» Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir
de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre
las nubes del cielo.» Entonces el
Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad
tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?» Respondieron ellos
diciendo: «Es reo de muerte.»”., Y le condenan porque se declarara hijo de
Dios. Cuando más tarde le entregaron
a Pilato, en principio le acusan de crímenes políticos, pero como Pilato
deshace todos estos argumentos y no
encuentra en él ninguna culpa, acuden al mismo argumento: “Tenemos una ley, y
según esta ley debe morir porque se ha hecho hijo de Dios”: (Jn. 19, 7). Lo condenan, pues, por
declararse Hijo de Dios, y Cristo acepta el ser condenado a muerte para dar
testimonio de que era realmente hijo de Dios en sentido estricto, no hijo
adoptivo como nosotros, y nótese que los judíos se consideraban hijos adoptivos
de Dios (cf. Jn. 8, 41: Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.»
Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más
padre que a Dios.»). De modo que si declaraban blasfemo a Cristo por hacerse
hijo de Dios, era porque entendían muy bien que él se hacía hijo natural de
Dios, igual al padre.
Es interesante observar que
Cristo nunca dice en el evangelio vuestro Padre, sino así debéis orar
(vosotros): Padre nuestro que estás en el cielo...
·
Mt. 6,
9-13:
«Vosotros, pues,
orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro
pan cotidiano dánosle hoy; y
perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros
deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.).
A la
Magdalena dice: “mi padre y vuestro padre”.
·
Jn.
20,17: Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no
he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y
vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.».
Hay
un abismo entre la filiación adoptiva
que poseemos en virtud de la gracia santificante y el ser hijo natural y unigénito de
Dios, que es propio solamente de Cristo.
·
Jn. 8,
58: Jesús les respondió: «En verdad, en verdad
os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy.».
Abraham es aproximadamente 18
siglos anterior a Cristo. Tenemos, pues, una afirmación clarísima de la
eternidad de Cristo. Como hombre comienza a existir en la encarnación, pero como
Dios es eterno . Hay además de este
texto una alusión clarísima a Ex
3,14-15: (Dijo Dios a
Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: "Yo soy" me
ha enviado a vosotros.» Siguió Dios diciendo a Moisés: «Así dirás a los
israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de
Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para
siempre, por él seré invocado de generación en generación.»).
En
otra ocasión dice Jesús: “Yo y el padre(dos persona) somos uno”; (una sola cosa,
un solo Dios, una sola naturaleza, . El griego emplea el género neutro) . Por
tanto afirma que tiene la misma naturaleza divina que el Padre. Por eso puede
decir: “el que ama al
padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y al que ama al hijo o a la
hija más que a mí, no es digno de mí, y el que no toma su cruz y sigue en pos de
mí, no es digno de mí.
(S. Mt. 10, 37-39
¿Quién tiene derecho de hablar así?, ¿De
exigir una renuncia total de cuanto amamos, sino Dios?. Cristo al exigir a
quienes le siguen renunciar a todo, declara que él es capaz de llenar totalmente
el ansia de felicidad del corazón humano, cosa propia de Dios solo. Además la
divinidad de Cristo queda probada por el gran milagro de su
resurrección.
LOS APÓSTOLES PROCLAMAN LA DIVINIDAD DE CRISTO
Hay cantidad de textos, tanto en los hechos
de los apóstoles como en las cartas de éstos, en que podemos comprobar que estos
enseñaban que Cristo es realmente Dios. Veamos sólo
algunos:
·
Rom.
9, 5;
S. Pablo dice que Cristo , según la carne, es decir como hombre , es
descendiente del pueblo hebreo, y añade: “El cual es
sobre todo , Dios bendito para siempre”.
Por tanto, este Cristo, que como hombre desciende del pueblo Hebreo, es
Dios.
·
Flp.
2, 5-7: “Tened entre vosotros los mismos sentimientos
que Cristo: El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser
igual a Dios. Sino que se despojó
de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y
apareciendo en su porte como hombre”. El texto es sumamente denso; vamos a
fijarnos solamente en lo enunciado: “Cristo... siendo de condición
divina”, es decir existiendo en forma de Dios... “se anonadó tomando la
forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres”. Donde se traduce por
“forma” el griego emplea la palabra “morfh “
que indica la naturaleza. Por tanto
desde toda la eternidad, Jesucristo tiene la naturaleza divina y en la
encarnación tomó forma (naturaleza)
de siervo, naturaleza humana. El hombre por naturaleza es una criatura que depende de Dios y debe servir a
Dios. Cristo al tomar naturaleza humana ,
se convierte en siervo de Yahvé ( Cfr. Is. 42) para obrar la
redención del género humano. Para ello Cristo se anonadó a sí mismo, ya que la
distancia entre Dios y el hombre es infinita.
LA RESURRECCIÓN DE
JESÚS
Que Cristo murió es innegable. Jesucristo demostró definitivamente ser el
hijo de Dios con su gloriosa resurrección.
He aquí las circunstancias de la misma:
1.
La anunció previamente:
Mt 20, 19
2.
Cristo murió verdaderamente
en la cruz: Mt 27, 50; Mc 15, 37; Lc 23, 46; Jn 19,
30.
3.
Los judíos pusieron guardia
ante el sepulcro: Mt 27, 62-66
4.
Jesucristo triunfó del
sepulcro resucitando: Mt 28, 1-7.
Probó su resurrección
apareciéndose:
1. A María Magdalena: Mc 16, 9; Jn
20, 11-18
2. A las santas mujeres: Mt 28,
8-10