Tema 1:     INTRODUCCIÓN A LA SAGRADA  ESCRITURA

 

L A   R E V E L A C I O N   D I V I N A

Nuestra fe cristiana se fundamenta en la revelación, es decir en lo que Dios, bondad y sabiduría infinita, nos ha revelado acerca de Sí mismo y sus planes (Ef 1, 9)  (Dei Verbum 2 y 6).

Etimológicamente, Revelación viene de verbo latino revelare, y del griego  apwkaliptw. Ambas palabras  las podemos traducir por descubrir, correr el velo para que se vea algo que está oculto.

Revelación divina será, pues, una acción divina por la cual se descubre a un hombre una verdad hasta entonces ignorada o imperfectamente conocida: bien que tal verdad esté al alcance de la mente humana, bien que la exceda.

·     INMEDIATA, si es manifiesta a alguno directamente por Dios, Jesús o un ángel.

·     MEDIATA, cuando Dios la comunica por medio de un representante suyo.

La revelación es, pues, de origen divino, porque procede de Dios y Él es su autor.

Como va dirigida a todos los hombres designando la acción salvadora de Dios nuestro Señor, se llama Revelación pública. No se da a través de comunicaciones intelectuales, puesto que atañe al hombre total y por eso vale para todos los tiempos y encuentra su cumplimiento con la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Por ello se enseña que la Revelación pública ha terminado con la muerte del último de los apóstoles y, a partir de allí la Iglesia está vinculada con historia de la salvación y la palabra de la Biblia que garantiza e interpreta esa historia.

Dios se nos revela en primer término por medio de la creación, dejándonos en ella un testimonio de sí mismo.

El depósito de la revelación lo encontramos en dos libros.  Lo que nos dijo Dios por medio de los profetas en el Antiguo Testamento y la revelación de Jesucristo en el Nuevo Testamento. Todo lo cual ha sido entregado a la Iglesia, que lo conserva incólume."La Tradición y la Escritura constituyen el depósito sagrado de la Palabra de Dios, confiado a la Iglesia" (Dei Verbum 10).

La revelación pública ya está acabada y no hay que esperar ninguna antes de la manifestación gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo. Cristo es la plenitud de la Revelación.  Ahora bien, lo que esperamos aún es la manifestación definitiva de todo su contenido.  De hecho hay muchas cosas en las Sagradas Escrituras que no comprendemos, pero las iremos entendiendo a la luz de la historia (Jr 30, 23-24: Mirad que una tormenta de Yahvé ha estallado, un torbellino remolinea: sobre la cabeza de los malos descarga. No ha de apaciguarse el ardor de la ira de Yahvé hasta que la ejecute, y realice los designios de su corazón. En días futuros os percataréis de ellos).

Esta Revelación es íntegramente transmitida por escrito o tradición a través de la sucesión legítima de los Obispos y fielmente expuesta en la Iglesia (Lumen Gentium 25).  Por eso la Iglesia ha considerado siempre como suprema norma de su fe la Escritura unida a la Tradición (Dei Verbum 21)

No debemos confundir la revelación pública con la privada. El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 67) reconoce la existencia de la revelación privada y enseña que su función es la de ayudar a vivir la Revelación de Cristo en una determinada época de la historia. Por eso, algunas de ellas han sido aprobadas. Ahora bien, se debe tener siempre presente que la autoridad de las revelaciones privadas es esencialmente diversa de la única Revelación pública. “No se debe un asentimiento de fe católica a revelaciones, no es ni tan siquiera posible.Estas revelaciones exigen mas bien un asentimiento de fe humana; según las reglas de la prudencia, que nos las presenta como probables y piadosamente creíbles”. (Card. Próspero Lambertini).

De ahí que el criterio de verdad de una revelación privada es una orientación a Cristo mismo. Cuando ella nos aleja de Él, cuando se hace autónoma, o más aún, cuando se hace pasar como otro y mejor designio de salvación, más importante que el Evangelio, entonces no viene ciertamente del Espíritu Santo, que nos guía hacia el interior del Evangelio y no fuera del mismo.

¿Qué elementos contiene la aprobación eclesiástica de una revelación privada?

a)     Que el mensaje en cuestión no contiene nada que vaya contra la fe y las buenas costumbres;

b)     Que es lícito hacerlo público;

c)      Que los fieles están autorizados a darle su adhesión en forma prudente.

 

Aunque no pertenecen al depósito de la fe, las revelaciones privadas pueden ayudar a vivir la misma fe, si mantienen su íntima orientación a Cristo. El Magisterio de la Iglesia, al que corresponde el discernimiento de tales revelaciones, no puede aceptar, por tanto, aquellas “revelaciones” que pretendan superar o corregir la Revelación definitiva, que es Cristo.

En conclusión:

·                 Dios se ha manifestado principalmente a través de una «revelación pública», realizada mediante las palabras y obras de Jesús, y conservada a través del testimonio de los apóstoles.

·                 Dios ha querido también manifestarse a lo largo de la historia a algunas personas concretas con el fin de mantener viva la fe. Esto lo hace a través de «revelaciones privadas»: como las apariciones de la Virgen,…

·                 Dichas «revelaciones privadas» no pueden considerarse nunca superiores o contrarias a la «revelación pública», sino que están siempre a su servicio.

·                 El criterio del servicio a la «revelación pública» es el que utiliza el Magisterio para discernir cuáles «revelaciones privadas» pueden ser aceptadas y cuáles no.

1. ¿Las «revelaciones privadas» tienen la misma validez que la «revelación pública».?

Respuesta: Las «revelaciones privadas» no tienen la misma validez que la «revelación pública» ya que aquellas no podrían existir sin ésta y, sin embargo, la «revelación pública» sí podría existir sin las «privadas».

2. ¿Es necesario creer en las apariciones de la Virgen o de los santos para salvarse.?

Respuesta: No es necesario, ya que las apariciones no pertenecen al «depósito de la fe».

3. ¿Una «revelación privada» puede contradecir alguna verdad perteneciente al «depósito de la fe»?

Respuesta: Las «revelaciones privadas» deben estar en armonía con lo dicho en el «depósito de la fe»; de lo contrario no vienen de Dios.

 

 

L A   T R A D I C I O N   D I V I N A

 

Dios quiso que lo que había revelado para salvación de todos los pueblos, se conservara por siempre íntegro y fuera transmitido a todas las edades.  Por eso Cristo Nuestro Señor mandó a los Apóstoles predicar a todos los hombres....  Este mandato se cumplió fielmente, pues los Apóstoles, con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido; además los mismos Apóstoles y otros de su generación pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo.  (Dei Verbum 7). Por eso podemos afirmar que la Tradición es la Palabra de Dios no contenida en la Biblia, sino transmitida por Jesucristo a los Apóstoles y por éstos a la Iglesia.

Las enseñanzas de la Tradición están contenidas en los Símbolos o Profesiones de la fe (por ejemplo, el Credo), en los documentos de los Concilios, en los escritos de los Santos Padres de la Iglesia y en los ritos de la Sagrada Liturgia.

Efectivamente, Cristo envió a sus Apóstoles a predicar, no a escribir  

Por consiguiente, la predicación apostólica o sea la tradición oral es anterior a la Palabra de Dios escrita que tenemos en los libros del Nuevo Testamento.  Y lo mismo sucede respecto al Antiguo Testamento.

 

NO SE HA ESCRITO TODO: Hay quienes piensan que, una vez que se puso por escrito la Palabra de Dios, ya no queda lugar para la tradición oral, ya que -dicen- quedó todo escrito.  Sin embargo, consta por la misma Biblia que no fue así. Vemos que san Juan cuando concluye su Evangelio, que cronológicamente es el último, dice: Muchas otras cosas hizo Jesús, que, si se escribieran una por una, creo que este mundo no podría contener los libros  (Jn 21, 25). Muchas palabras de Jesús -que no están en los Evangelios- se transmitieron oralmente y algunas de ellas aparecen en otros escritos del Nuevo Testamento (Hc 20, 35: "Hay más dicha en dar que en recibir"). Es lo que llamamos ágrafon (etimológicamente: no escrito).

Por otra parte consta en la Escritura que los Apóstoles dejaron mucho por escribir (II Jn 12 -  III Jn 13, 14)

 

EXISTE LA TRADICIÓN: Consta claramente en la Biblia que hay una tradición oral que debe conservarse.  Dice San Pablo a los Tesalonicenses: "Manteneos, pues, hermanos, firmes y guardad las tradiciones que recibisteis, ya de palabra ya por nuestra carta" (II Tes 2, 15). Por consiguiente, al lado de la Palabra de Dios escrita hay una Palabra  transmitida de viva voz y hay que guardar ambas; pues, solo si permanece en nosotros esto que se ha enseñado desde el principio, nos mantendremos en la verdad y no correremos peligro de extraviarnos (I Jn 2, 24-26: 24En cuanto a vosotros, lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre, 25 y ésta es la promesa que él mismo os hizo: la vida eterna. 26  Os he escrito esto respecto a los que tratan de engañaros).

Por ello la Biblia, incluso nos exhorta a

1º) apartarnos de quien no sigue la Tradición (II Tes 3, 6: Hermanos, os mandamos en nombre del Señor Jesucristo que os apartéis de todo hermano que viva desordenadamente y no según la tradición que de nosotros recibisteis.)

2º) que no nos dejemos arrastrar por novedades doctrinales (Hb 13, 9: No os dejéis seducir por doctrinas varias y extrañas. Mejor es fortalecer el corazón con la gracia que con alimentos que nada aprovecharon a los que siguieron ese camino.);

3º) al tiempo que nos invita a "Combatir por la fe que una vez para siempre ha sido dada a los santos" (Jd 3).

 

TRANSMISIÓN DE LA TRADICIÓN:   Dice San Pablo a Timoteo, Obispo de Éfeso: "Lo que de mí oíste ante muchos testigos, encomiéndalo a hombres fieles capaces de enseñar a otros" (II Tim 2, 2).

Nos describe aquí San Pablo el proceso de la Tradición, en el cual como cadena no interrumpida, señala hasta cinco anillos:

1) Los testigos de vista que vieron a Jesús Resucitado

2) El mismo San Pablo que de ellos lo ha oído (fuera de que él también lo había contemplado glorioso -  I Cor 15, 3-8-)

3) Timoteo que lo oye de Pablo

4) Los hombres fieles a quienes Timoteo confía el Testimonio.

5) Los otros que a su vez lo reciben de los hombres fieles

 Esta frase denota la importancia que el Apóstol da al hecho de la transmisión del Evangelio por medio de la Palabra.

POR TANTO, los Apóstoles, "para que este Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, nombraron como sucesores a los Obispos, dejándoles su cargo en el magisterio” (Dei Verbum 7 citando a San Ireneo).  Por consiguiente, la Tradición se transmite por medio de los Obispos.

Todo esto lo resumimos leyendo el Catecismo de la Iglesia Católica:

I La Tradición apostólica

75 "Cristo nuestro Señor, plenitud de la revelación, mandó a los Apóstoles predicar a todos los hombres el Evangelio como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta, comunicándoles así los bienes divinos: el Evangelio prometido por los profetas, que el mismo cumplió y promulgó con su boca" (DV 7).

La predicación apostólica...

76 La transmisión del evangelio, según el mandato del Señor, se hizo de dos maneras:

oralmente: "los apóstoles, con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó"; 

por escrito: "los mismos apóstoles y otros de su generación pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo" (DV 7).

… continuada en la sucesión apostólica

77 "Para que este Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, los apóstoles nombraron como sucesores a los obispos, 'dejándoles su cargo en el magisterio'" (DV 7). En efecto, "la predicación apostólica, expresada de un modo especial en los libros sagrados, se ha de conservar por transmisión continua hasta el fin de los tiempos" (DV 8).

78 Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo es llamada la Tradición en cuanto distinta de la Sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella. Por ella, "la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree" (DV 8). "Las palabras de los Santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradición, cuyas riquezas van pasando a loa práctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora" (DV 8).

79 Así, la comunicación que el Padre ha hecho de sí mismo por su Verbo en el Espíritu Santo sigue presente y activa en la Iglesia: "Dios, que habló en otros tiempos, sigue conservando siempre con la Esposa de su Hijo amado; así el Espíritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y por ella en el mundo entero, va introduciendo a los fieles en la verdad plena y hace que habite en ellos intensamente la palabra de Cristo" (DV 8).

 

 

L A   S A G R A D A    E S C R I T U R A

 

Dice el CONCILIO VATICANO I: La Sagrada Escritura es una colección de Libros Sagrados que "escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen por autor a Dios, y como tales han sido entregados a la Iglesia".

Dice el CONCILIO VATICANO II: "La Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo".

Y SAN GREGORIO MAGNO afirma de Ella que es “una carta de Dios Omnipotente a su criatura".

La Sagrada Escritura se divide en dos partes: Antiguo y Nuevo Testamento. "Los libros del ANTIGUO TESTAMENTO narran la historia de la salvación, en la que paso a paso, se prepara la venida de Cristo al mundo" (Lumen Gentium 55), por tanto contiene los escritos sagrados anteriores a la venida de Cristo.

El NUEVO TESTAMENTO contiene los escritos hechos después de la venida de Cristo.  Entre ellos, sobresalen los Evangelios.

A su vez los libros del Antiguo y Nuevo Testamento se dividen en: libros históricos, didácticos y proféticos. Y cada libro se divide en capítulos y versículos.

 

NOMBRES DE LA SAGRADA ESCRITURA

1) SAGRADA ESCRITURA: "La Palabra de Dios escrita" (Dz 1972).  Así la llama el Concilio de Trento.

2) BIBLIA: del griego βιβlov  (Colección de libros)

3) TESTAMENTO: del hebreo <berit>  (pacto)

ANTIGUO TESTAMENTO: pacto hecho por Dios con el pueblo de Israel.  Fue hecho a Abrahán y concluido por Moisés. Promete un Redentor.  Se sella con la sangre de la circuncisión y con el cordero pascual.

NUEVO TESTAMENTO: pacto entre el Padre celestial y la Humanidad por medio de Jesucristo que lo sella con su sangre.

 

DIVISIONES   DE   LA   SAGRADA   ESCRITURA

Los judíos, que sólo admiten 39 libros escritos en hebreo, los dividen en 

* LA LEY (Torá)

* LOS PROFETAS (Nebiin)

* LOS HAGIÓGRAFOS  (Ketubin)

 

Los católicos admiten estos 39 y además otros 7, en el Antiguo Testamento, por tanto 46; a éstos añaden los 27 del Nuevo Testamento.  En total, 73 libros.  Los dividen en:

En el ANTIGUO TESTAMENTO, esta división se debe a que había dos cánones entre los judíos de los Libros Santos: el Canon Breve (palestinense) y el Canon Largo (alejandrino).

El Antiguo Testamento en hebreo (Canon Breve) está formado por 39 libros y se divide en tres partes: “La Ley”, “Los Profetas” y “Los Escritos”. A estos 39 libros se les conoce como “protocanónicos”.

El Antiguo Testamento en griego (Canon Largo) está formado por 46 libros. La versión griega de la Biblia, conocida como de los Setenta, cuenta con 7 libros más: Tobías, Judit, Baruc, Eclesiástico, I y II de Macabeos y Sabiduría. Además, algunas secciones griegas de Ester y Daniel. A estos libros se les llama “deuterocanónicos”.

Los judíos en Alejandría tenían un concepto más amplio de la inspiración bíblica. Estaban convencidos de que Dios no dejaba de comunicarse con su pueblo aún fuera de la Tierra Santa, y de que lo hacía iluminando a sus hijos en las nuevas circunstancias en que se encontraban.

Jesús debió utilizar el Canon Breve, de 39 libros, pero los Apóstoles, al llevar el Evangelio al Imperio Grecorromano, utilizaron el Canon Alejandrino. En el texto sagrado usado por los apóstoles, aparecen unas 350 citas del Antiguo Testamento en el Nuevo. De esas 350 citas, al menos 300 concuerdan con el texto de los Setenta. Esto demuestra que los apóstoles se servían del texto griego de los Setenta como del texto sagrado por excelencia. Lo cual indica que era aprobado por los mismos apóstoles, como afirma San Agustín[1]. Y, por consiguiente, admitían como canónicos e inspirados todos los libros en ella contenidos, incluso los deuterocanónicos, que formaban parte de dicha versión. Así, la Iglesia primitiva recibió este canon que consta de 46 libros.

En el siglo III comenzaron las dudas sobre la inclusión de los deuterocanónicos. La causa fueron las discusiones con los judíos, en las cuales los cristianos solo utilizaban los libros protocanónicos. Algunos Padres de la Iglesia hacen notar estas dudas en sus escritos [por ejemplo san Atanasio (373), san Cirilo de Jerusalén (386), san Gregorio Nacianceno (389)], mientras otros mantuvieron como inspirados también los deuterocanónicos, como san Basilio (379), san Agustín (430), san León Magno (461).

A partir del año 393 diferentes concilios, primero regionales y luego ecuménicos, fueron precisando la lista de los Libros “canónicos” para la Iglesia. Estos fueron:

·        Concilio de Hipona (393)

·        Concilio de Cartago (397 y 419)

·        Concilio Florentino (1441)

·        Concilio de Trento (1546) En este último, solemnemente reunido el 8 de abril de 1546, se definió dogmáticamente el canon de los Libros Sagrados.

Los protestantes, por regla general, sólo admiten como libros sagrados los 39 libros del canon hebreo (los protocanónicos), aunque poco a poco son más los que reúnen en sus Biblias proto y deuterocanónicos. El primero que negó la canonicidad de los siete deuterocanónicos fue Carlostadio (1520), seguido de Lutero (1534) y luego Calvino (1540).

El NUEVO TESTAMENTO, formado por 27 libros, se divide en cuatro partes: “Evangelios”, “Hechos de los Apóstoles”, “Epístolas” y “Apocalipsis”. De los 27 libros que componen el Nuevo Testamento, hay también 7 cuya inspiración se puso algún tiempo en duda. Estos son: Hebreos, Santiago, segunda de Pedro, segunda y tercera de Juan, Judas y Apocalipsis. En general, la duda de inspiración se fundaba sobre duda de autenticidad.

En los orígenes de la Iglesia, la regla de fe se encontraba en la enseñanza oral de los Apóstoles y de los primeros evangelizadores. Pasado el tiempo, se sintió la urgencia de consignar por escrito las enseñanzas de Jesús y los rasgos sobresalientes de su vida. Éste fue el origen de los Evangelios. Por otra parte, los Apóstoles alimentaban espiritualmente a sus fieles mediante cartas, según los problemas que iban surgiendo. Éste fue el origen de las Epístolas.

Además circulaban entre los cristianos del siglo primero dos obras más de personajes importantes: “Los Hechos de los Apóstoles” escrita por san Lucas, y el “Apocalipsis”, de San Juan.

A fines del siglo I y principios del II, el número de libros de la colección variaba de una Iglesia a otra.  A mediados del siglo II, las corrientes heréticas de Marción (que afirmaba que únicamente el Evangelio de san Lucas y las 10 Epístolas de san Pablo tenían origen divino), y de Montano (que pretendía introducir como libros santos sus propios escritos), urgieron la determinación del Canon del Nuevo Testamento.

Hacia fines del siglo II, la colección del Nuevo Testamento era casi la misma en las Iglesias de Oriente y Occidente. En los tiempos de san Agustín, los Concilios de Hipona (393) y de Cartago (397 y 419) reconocieron el Canon de 27 libros, así como el Concilio de Trullo (Constantinopla, 692) y el Concilio Florentino (1441).

Con la llegada del protestantismo, se renovaron antiguas dudas y se volvieron a excluir algunos libros. Lutero rechazaba Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis. Carlostadio y Calvino aceptaron los 27. Los protestantes liberales no suelen hablar de “libros inspirados”, sino de “literatura cristiana primitiva”.

Por fin, en el Concilio de Trento (1546), se presentó oficial y dogmáticamente la lista íntegra del Nuevo Testamento.

El criterio objetivo y último para la aceptación del Canon del Nuevo Testamento será siempre la revelación hecha por el Espíritu Santo y transmitida fielmente por ella.

En cuanto a criterios secundarios que se tuvieron en cuenta, fueron los siguientes:

1.- Su origen apostólico (o de la generación apostólica).

2.- Su ortodoxia en la doctrina.

3.- Su uso litúrgico antiguo y generalizado.

 

LOS IDIOMAS DE LA SAGRADA ESCRITURA

Tres son las lenguas originales de la Biblia: HEBREO, ARAMEO Y GRIEGO.

·     En HEBREO se escribió la mayor parte del Antiguo Testamento.

·     En ARAMEO se escribieron:

- Tobías
- Judit
- fragmentos de Esdras, Daniel, Jeremías y del Génesis
- el original de San Mateo

·     En GRIEGO se escribió:

- el libro de la Sabiduría
- el II de Macabeos
- el Eclesiástico
- partes de los libros de Ester y de Daniel
- el Nuevo Testamento, excepto el original de San Mateo

 

VERSIONES DE LA BIBLIA

Existen distintas versiones básicas de la Biblia. Las actuales ediciones de la Biblia en las diversas lenguas son traducciones de uno u otra versión. Estas versiones son:

·     Versión de los "Setenta" o "Alejandrina": (conocida también como "Septuaginta"), es la principal versión griega por su antigüedad y autoridad. Su redacción se inició en el siglo III a.C. (250 a.C.) y se concluyó al final del siglo II a.C. (105 a.C.).

El nombre de "Setenta" se debe a que la tradición judía atribuye su traducción a 70 sabios y "Alejandrina" por haber sido hecha en Alejandría y ser usada por los judíos de lengua griega en vez del texto hebreo. Esta traducción se hizo para la lectura en las Sinagogas de la "diáspora", comunidades judías fuera de Palestina, y quizá también para dar a conocer la Biblia a los paganos.

 

Versiones Latinas:

·     Itala Antigua o "Vetus Latina": proviene de la Versión de los Setenta para la mayoría de los libros del A.T. y de los originales griegos para los libros del N.T. y Sabiduría, 2 Macabeos y Eclesiástico. Estuvo en uso en Occidente desde el siglo II hasta el siglo V.

·     Vulgata: hacia finales del siglo IV, el Papa Dámaso ordenó a San Jerónimo hacer una nueva versión latina teniendo presente la Itala antigua. Esta versión se impuso en el siglo VII definitivamente. Se denominó "Vulgata" porque la intención de la obra era "vulgarizarla", volverla popular. San Jerónimo tradujo directamente del hebreo y del griego originales al latín, a excepción de los libros de Baruc, Sabiduría, Eclesiástico y 1º y 2º de los Macabeos, que los transcribió, sin alteración alguna, de la Itala antigua.

·     Neovulgata: La Neovulgata es la misma versión Vulgata, a la que se han incorporado los avances y descubrimientos más recientes.

 

El Papa Juan Pablo II aprobó y promulgó la edición típica en 1979. Esta nueva versión sirve como base segura para hacer traducciones de la Biblia a las lenguas modernas y para realizar estudios bíblicos.

 

 

LIBROS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

 


GÉNESIS

ÉXODO

LEVÍTICO

NÚMEROS

DEUTERONOMIO

 

JOSUÉ

JUECES

RUT

1-2 SAMUEL

1-2 REYES

1-2 CRÓNICAS(Paralipómenos)

ESDRAS

NEHEMÍAS

TOBÍAS

ESTER

1-2 MACABEOS

 

 

 

 

JOB

PROVERBIOS

SALMOS

SABIDURÍA

ECLESIASTÉS (Qohèlet)

CANTAR DE LOS CANTARES

ECLESIÁSTICO (Ben Sirá)

 

LIBROS HISTÓRICOS

 

LIBROS POÉTICOS

                   y SAPIENCIALES

 

LIBROS PROFÉTICOS

 

PENTATÉUCO

 

 

 

ISAÍAS

JEREMÍAS

LAMENTACIONES

BARUC

EZEQUIEL

DANIEL

OSEAS

JOEL

AMÓS

ABDÍAS

JONÁS

MIQUEAS

ISAÍAS

NAHUM

HABACUC

SOFONÍAS

AGEO

ZACARÍAS

MALAQUÍAS


LIBROS DEL NUEVO TESTAMENTO

 


Evangelios

MATEO

MARCOS

LUCAS

JUAN

 

 

HECHOS DE LOS APÓSTOLES

 

 

 

 

 

 

Cartas de San Pablo

ROMANOS

1 CORINTIOS

2 CORINTIOS

GÁLATAS

EFESIOS

FILIPENSES

COLOSENSES

1 TESALONICENSES

2 TESALONICENSES

1 TIMOTEO

2 TIMOTEO

TITO

FILEMÓN

 

 

HEBREOS

 

Epístolas Católicas

SANTIAGO

1 PEDRO

2 PEDRO

1 JUAN

2 JUAN

3 JUAN

JUDAS