Pensamiento y Lenguaje, y también Espíritu

Pensamiento y Lenguaje, y también Espíritu

Robert Pring-Mill en su clásica obra "El microcosmos lul· lià", dice: "Un dels aspectes més interessants del pensament de Ramon Llull és, per a un filòleg, precisament l'evolució paral;lela de les seves doctrines i del vocabulari que aquestes han de menester per a aclarirse; a vegades sembla que el pensament hi va davant, tal com al Llibre de demostracions (i, com fou assenyalat pels germans Carreres i Artau, en el Llibre de Contemplació), lluitant amb les limitacions del llenguatge per a fer-se comprendre; altres vegades, en canvi, sembla que la creació d'una nova fase en la seva terminologia li dóna l'empenta per anar-la aplicant a tots els subjectes possibles, com veurem amb refèrencia al desenvolupament de la doctrina correlativa".

Aquí se da pie a la típica pregunta: ¿Qué es primero el pensamiento o el lenguaje? A esta cuestión podemos responder con otra pregunta crucial: ¿El pensamiento, el lenguaje o el espíritu que primero hace hablar al pensador y después impele a cumplir lo que prometen las palabras?.

"la identidad familiar está fundada sobre la promesa"

El giro lingüístico

Llegados al siglo XXI, hay que añadir el comentario a la secuencia de caídas desde lo de Descartes


El abrazo entre materia y forma

"Vemos en los cuerpos físicos que la inclinación que tienen al ser no la tienen en virtud de algo añadido a su esencia, sino en virtud de la materia, que apetece el ser antes de tenerlo, y en virtud de la forma, que lo mantiene una vez que existen".
(S.Th. 1 q59 a2 c)

Mosén José Mª Rovira Belloso, en su libro "Revelación de Dios, salvación del hombre", en la última parte dedicada a explicar la visión trinitaria de San Agustín explica: El conocimiento intelectual tiene como dos fases:

  1. Como deseo y apetencia, el cual tiene carácter prospectivo, de anticipación. Va en busca de lo que se ha de conocer (qui querit invenire vult IX 12 p.463) El amor desea anticipar en la mente la realidad presentida o deseada.
  2. La segunda función del amor consiste en "retener" el objeto conocido en la mente que conoce.
    Por eso el amor es un abrazo entre la noticia (concepto, idea, palabra) y la mente (IX 8 13 p 455)
    Por eso el verbo es una noticia abrazada por el amor "Verbum est cum amore notitia" (IX 10 15 p 458)

"Al parto de la mente precede una cierta apetencia, en virtud de la cual, al buscar y encontrar lo que conocer anhelamos, damos a luz un hijo, que es la noticia; y, por consiguiente, el deseo, causa de la concepción y nacimiento de la noticia, no se puede llamar con propiedad parto e hijo; el mismo deseo que impele vivamente a conocer se convierte en amor al objeto conocido y sostiene y abraza a su prole, es decir a su noticia, y lo une a su principio generador". (San Agustín, De Trinitate IX 12 18 pp. 463-464).

Entender esto ayuda la meditación de que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo

Esto sucede igualmente en todos los niveles de la escala natural:

Dice Santo Tomás, citando a Aristóteles: "Vemos en los cuerpos físicos que la inclinación que tienen al ser, no la tienen en virtud de algo añadido a su esencia, sino en virtud de la materia, que anhela el ser antes de tenerlo, y en virtud de la forma, que lo mantiene una vez que existen". Suma Teológica I q59 a2 c.

En filosofía tradicional se dice que la filosofía primera trata de conocer las cosas por sus causas. Las cuatro causas de Aristóteles y Santo Tomás son la causa material, la formal y las eficiente y final. Las causas material y formal son paralelas al Padre y al Hijo. Pero por qué hay cuatro causas y no tres, si todo tiene que parecerse a la Santísima Trinidad. Porque el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. La materia anhela la forma antes de poseerla, como un sabio que busca la idea antes de tenerla. Una vez alcanzada la forma, ésta retiene al ser en la materia, como un sabio que defiende su idea contra los ataques de los adversarios.

El ser es efusivo y la palabra eficiente. La teoría y la práctica se abrazan. Un poeta quiere que le oigan cantar sus versos y un arquitecto quiere construir la casa que tiene en la mente. El anhelo de la materia por la forma es apetencia del bien. El bien tiene razón de fin, y por eso a la causa de este anhelo se le llama causa final. El arquitecto, para construir la casa, pone la causa eficiente, la causa que hace la obra, como el hijo que come para acabar de hacerse como el padre lo expresó. (Eficiente viene de efectus y efectus de facere que es hacer)

En las cuatro causas está la Trinidad de esta manera: En la material, la madre, está el Padre. En la formal, la forma, la información, como se dice ahora, está el Hijo, que procede por vía de inteligencia. En las final y eficiente, está el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, aunque en Dios, como de un solo principio.

Una es la energía para alcanzar una nueva forma, en la constitución de helio a partir de hidrógeno, por ejemplo, y otra la que se manifiesta al intentar separar el helio formado de su forma que retiene a su materia en la forma de helio, pero las dos son anhelos, pesos, amores de los cuerpos, como les llama San Agustín.

Esto abarca toda la escala de los seres. La Bienaventuranza suprema es tener hambre y sed de justicia. Pero también las fuerzas gravitatorias son sed de la materia de disolverse y deshacerse por engendrar la nueva forma y las fuerzas electrostáticas son hambre de materia para crecer hasta completarse en perfección. El mismo Cristo dijo que tenía como alimento el cumplir el deseo del Padre y tuvo sed de beber su cáliz, cuando, como Esposo de la Iglesia, se deshacía en la Cruz junto a Su Madre, mujer a quien le daba por hijo al Cristo Total. Como se deshace la materia del hidrógeno para tener al helio como hijo, con anhelo tan grande que ha de medirse en megatones.

A Dios no le vemos, aunque oimos su palabra, por los profetas primero, y al llegar la plenitud de los tiempos por su mismo Verbo Encarnado, pero también, al interpretar el mensaje de su obra que nos da en la creación, podemos palpar su tacto paternal, saborear el gusto de su leche y percibir la fragancia de su Espíritu.

Si reviviéramos el espiritu luliano, ahora podríamos hacer en verdad lo que él pretendía. Volveríamos a tener aquella cosmovisión que satisfacería "el zel per trobar una interpretació de la realitat (de tota la realitat) que correspongués a la necessitat del Beat per descobrir-hi la semblança incontrovertible del Déu u i tri", utilizando otra vez palabras de Robert Pring-Mill.

CONTINUACIÓN ==> Ver las 4 causas y su reducción a 3


NOTAS:
Salmo 138: "No ha llegado la palabra a mi lengua, y ya, Señor, te la sabes toda".
"La palabra, el lenguaje y la filosofía", Jorge Luis Oria y Horcasitas

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