Una gran lección de San Ignacio

Una gran lección de San Ignacio

(Publicado en la revista Cristiandad, abril 1972)

Debido al agitado ambiente dialéctico que respiramos se despiertan frecuentemente, incluso entre personas amantes de la verdad, recelos esterilizantes.

Mientras se habla de unidad y de ecumenismo, tenemos el seno de la Iglesia tristemente cuajado de recelos. Recelos en las conferencias episcopales, en las reuniones de sacerdotes, en los capítulos de las órdenes religiosas, en las parroquias, en las asociaciones piadosas, en las familias; y lo más triste es que no todos los recelos tienen fundamento.

Sin embargo, hace siglos que contamos con un sabio consejo que hemos olvidado, y que quizás ya no queremos escuchar. Es una gran verdad que sirve para enfrentarse a la mentira pura: la dialéctica hegeliana. No preconiza componendas ni posiciones cómodas, porque anima a acompañar amorosamente al hermano descarriado hasta la misma verdad. Pero aniquila completamente la gran mentira de Hegel: "La contradicción, causada en lo racional por las determinaciones del entendimiento, es esencial y necesaria".

El párrafo 22, prosupuesto de "El Libro de los Ejercicios" dice textualmente:

PROSUPUESTO

"Para que así el que da los exercicios spirituales como el que los rescibe, más se ayuden y se aprovechen: se ha de presuponer, que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquiera como la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola,se salve."

Manuel M. Domenech Izquierdo

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