Nuestra esperanza es el presente

NUESTRA ESPERANZA ES EL PRESENTE

Fernando García Pallán

No hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro.

El presente nos puede transformar.

Ahora es el único tiempo que existe. Ahora es nuestro tiempo.

El tiempo presente es el que Dios nos permite vivir para hacer fructificar los talentos que hemos recibido y de los que un día nos pedirá cuentas.

 

Uno de los males del hombre contemporáneo es el vivir exclusivamente o de recuerdos pasados o anhelando un porvenir dichoso; siendo una de sus grandes preocupaciones, el “matar el tiempo”, ya sea llenándolo de entretenimientos o de fantasías, que le permitan ausentarse de la realidad del momento que Dios le concede para vivir según su voluntad.

 

“Matar el tiempo”, esta es la consigna de apocados, ociosos y superficiales, que huyen de la espiritualidad del “aquí y ahora”, que es vivir en el abandono confiado de la Divina voluntad, caminando hacia la santidad de la forma más sencilla: haciendo extraordinariamente lo ordinario de cada día.

 

¡Acampados¡, ese papel recogido, esos platos lavados, esa ropa ordenada, son los pucheros de Santa Teresa para mantenerse en la presencia de Dios, es la imaginaria del soldado en la trinchera para salvaguardar la Paz de su Patria, es la obediencia del joven de ideal que ansía la conquista de la sociedad para Cristo.

 

Esas obras que parecen carecer de importancia, son los peldaños que tenemos que subir para recibir la fortaleza que nos permita ser testigos de Cristo en nuestro ambiente.

 

En este Día de la Eucaristía, cuando acompañemos al señor por nuestro campamento, cuando esta noche estemos ante el Sagrario, contemplemos la escena del Calvario donde el Buen Ladrón nos da un hermoso ejemplo de la santificación del momento presente. Con su oración, alcanzó de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, la  promesa divina: “Hoy, serás conmigo en el Paraíso”.

 

El Cardenal Fco. Javier Van Thuan,  encarcelado y torturado por el comunismo vietnamita, en sus días de cautiverio, en uno de sus escritos para sus fieles, resumió el evangelio de María en tres palabras: Ecce, Fiat y Magnificat. Eccce; he aquí, Fiat; hágase. Imitemos este sencillo evangelio estando siempre en disposición de encontrarnos en presencia del Señor y con ánimo de que se cumpla en nosotros el plan divino para nuestras almas. Así daremos gloria a Cristo y nuestra alma cantara gozosa su Magnificat.

 

“Vivir o morir por la cruz”

“Ser apóstol o mártir acaso, mis banderas me enseñan a ser”

Si esta es vuestra esperanza, el presente es nuestro momento.

¡Acampado¡ ¡Aquí y ahora¡ ¡santifica el momento presente¡

La Patria te lo reclama,

La Iglesia te lo implora,

La correspondencia al amor de Cristo te lo exige.

Nuestra esperanza es el presente.