Acto de entrega a María

ACTO DE ENTREGA A MARIA

 

¡Madre mía! Yo siento una sed, un ansia suma de poseeros y ser poseída de Vos, y una incertidumbre que me devora de si estaré o no en posesión de mis deseos. Mil veces, Madre mía - ¿qué digo mil veces?, millares de veces - me he consagrado a Vos y os he entregado todo cuanto tengo y soy y puedo poseer en el orden natural y sobrenatural con gran contento y alegría de mi alma; y aunque tengo pruebas mil que me aseguran haber aceptado Vos mi entrega, sin embargo, esta ansia suma que siento de unirme a Vos, de identificarme con Vos, de transformarme en Vos, de estrechar más y más los lazos de nuestra unión para asegurar este sumo bien que en Vos, Madre mía, poseo - pues en Vos poseo a mi Dios - me obliga a comparecer de nuevo a vuestra presencia, y rompiendo por entre la multitud de espíritus angélicos que circundan vuestro trono, aproximarme a Vos e interrumpir los silencios de vuestra contemplación y comunicación divina para suplicaros que os dignéis aceptar una vez más la entrega y donación total de mi ser que reitero nuevamente postrada a vuestros pies.

Sí, Madre mía, sí; recibid en Vos a esta pobre hija vuestra que sólo suspira por verse unida a Vos para en Vos y con Vos unirse con Dios.

Y al efecto, yo os entrego mis ojos (con ellos, la mirada de mi alma) y los fijo en Vos para que se empleen en contemplar vuestra belleza, con propósito firme de nunca apartarlos de Vos para fijarlos en ninguna criatura, a no ser que Vos me lo mandéis. Y si alguna vez me mandáis fijarlos en alguien fuera de Vos, levantad Vos mis ojos y no los levante yo, que no quiero ni pestañear siquiera motu proprio, y en la persona en quien los fijare haced que os vea a Vos y no a la criatura, mirándoos a Vos en ella.

 

Yo os entrego mis oídos (con ellos la atención de mi alma) y los fijo en Vos para que se empleen en escuchar las palabras de vida que Vos, Madre mía, hablaréis, ya directamente por Vos misma, ya también por medio de mis superiores y libros espirituales, con propósito firme de nunca apartarlos de Vos para fijarlos en ninguna criatura, a no ser que Vos me lo mandéis. Y si alguna vez me mandáis fijarlos en alguien fuera de Vos, preparad Vos, Madre mía, mis oídos y haced que en la persona en quien los fijare os escuche a Vos y no a la criatura, y que no oiga nada que perjudique a mi alma, máxime palabras laudatorias, que ponen en peligro mi humildad.

 

Yo os entrego mi lengua y os la dedico a Vos, Madre mía, para que se emplee en cantar vuestras alabanzas, con propósito firme de no volverla a mover para hablar con ninguna criatura, a no ser que Vos me lo mandéis. Y si alguna vez me mandáis hablar con alguien fuera de Vos, moved y gobernad Vos, Madre mía querida, esta lengua pecadora, que tantos estragos ha causado y causa movida y gobernada por mí; y en la persona con quien hablare haced que hable con Vos y no con la criatura, mirándoos a Vos en ella, para que no resulte ningún perjuicio ni me perjudique a mí. No permitáis, Madre mía, que mi lengua se mueva ni para articular una sola palabra, aun interrogada, sin haber consultado con Vos, dulcísima Madre mía, con quien viviré en comunicación constante, ni que hable de distinta manera de lo que Vos me inspiréis. No permitáis que hable nada y absolutamente nada en tiempo y lugar prohibido por la santa regla; nada inútil ni superfluo; nada contra la verdad; nada contra la humildad; nada contra la caridad; nada contra la mansedumbre y paciencia con tono autoritario ni términos ofensivos al prójimo; nada, en fin, contra la discreción y prudencia revelando secretos propios o ajenos depositados en mi pecho.

Yo os entrego mis manos y las dedico a Vos, Madre mía, para que se empleen en vuestro servicio y en servir a mis prójimos por vuestro amor, con propósito firme de no ejecutar cosa alguna sino por amor vuestro, mirando a Vos en la persona o personas en cuyo servicio tuviere empleadas mis manos.

 

Yo os entrego mis pies y los dedico a Vos, Madre mía, para que se empleen en cumplir vuestras órdenes y mandatos, con propósito firme de no moverlos con otro fin que el indicado, a no ser que Vos me lo mandéis. Y si alguna vez me mandáis servir a alguien fuera de Vos, bendecid Vos mis pasos y haced que en la persona en cuyo servicio y seguimiento voy, os busque y siga a Vos y no a la criatura, ejecutándolo todo por vuestro puro amor, y que no encuentre ningún tropiezo en los caminos por donde ando.

 

Yo os entrego mi memoria y la fijo en Vos, Madre mía, para que se emplee en recordar vuestras finezas, con propósito firme de no acordarme de ninguna criatura, a no ser que Vos me lo mandéis. Y si alguna vez me mandáis pensar en alguien fuera de Vos, haced que en la persona, que por orden vuestra recordare, vea a Vos y no a la criatura.

 

Yo os entrego mi entendimiento y lo fijo en Vos, Madre mía, para que se emplee en contemplar vuestras perfecciones y virtudes, con propósito firme de no apartarlo de Vos para fijarlo en ninguna criatura. Y si alguna vez me mandáis fijarlo en alguien fuera de Vos, haced que en la persona en quien lo fijare vea a Vos y no a la criatura, contemplando vuestra imagen en ella.

 

Yo os entrego mi voluntad y la fijo en Vos, Madre mía, para que se emplee en amaros con todo el ardor de que es capaz de amaros una pura criatura, con propósito firme de no amar a nadie fuera de Vos, a no ser que Vos me lo mandéis. Y si alguna vez me mandáis amar a alguien fuera de Vos, haced que en la persona que por orden vuestra amare, ame a Vos y no a la criatura, mirándoos a Vos en ella.

Yo os entrego mi corazón con todos sus afectos, cariños, amores, apetitos y deseos, y lo fijo en Vos, Madre mía, para que se emplee en querer, amar, apetecer y desear a Vos, único objeto de mis amores, con propósito firme de no amar, apetecer ni desear nada fuera de Vos, ni admitir afecto, cariño, alabanzas ni correspondencia de ninguna criatura.

 

Y os entrego, en fin, mi cuerpo y mi alma, mi vida, actos y existencia con todos los momentos de la misma, para que se emplee en vuestro servicio y amor y en procuraros toda la gloria y felicidad que puede procuraros una pura criatura, con propósito firme de no vivir en mí ni para mí, sino en Vos y para Vos, ejecutando todo por vuestro amor, por vuestro agrado y complacencia, por vuestra gloria y felicidad.

Dignaos, Madre mía, aceptar ésta mi entrega y oblación, y recibiendo mi cuerpo en vuestro cuerpo, mi alma en vuestra alma, y mi corazón en vuestro corazón, y mi existencia toda en la vuestra, con todos los actos y momentos de la misma, haced que en adelante  vuestros ojos sean mis ojos, y cuando ellos se fijen en Dios, se fijen también los míos para contemplar su belleza; que vuestros oídos sean mis oídos, y cuando ellos se fijen en Dios, se fijen también los míos para escuchar sus oráculos; que vuestra lengua sea mi lengua, y cuando ella alabe a Dios, le alabe también la mía con los mismos cánticos que Vos; que vuestras manos sean mis manos, y cuando ellas se muevan para servir a mi Dios, se muevan  también  las mías  para prestarle  los mismos servicios que Vos; que Vuestros pies sean mis pies, y cuando ellos se muevan para seguir al Cordero Inmaculado, mi Esposo y mi Dios, se muevan también los míos para seguir al mismo Divino Salvador; que vuestra memoria sea mi memoria, y cuando ella se fije en mi Dios, se fije también la mía para recordar sus bondades y las maravillas de su amor; que vuestro entendimiento sea mi entendimiento, y cuando él se fije en mi Dios, se fije también el mío para contemplar sus perfecciones divinas, su infinita bondad, su infinito amor; que vuestra voluntad sea mi voluntad, y cuando ella se fije en mi Dios, se fije también la mía para amarle en unión con Vos; que vuestro corazón sea mi corazón, y cada vez que él se dirige a mi Dios, se dirija también el mío con el mismo afecto e intensidad de amor; que vuestra existencia sea la mía, y todos los actos que Vos realizáis a favor de mi Dios, [los] realice también esta pobre hija vuestra con el mismo espíritu, intención y fines que Vos.

 

Identificada con Vos en esta forma en el ser y en el obrar, no permitáis, Madre mía, que en adelante ejecute yo ninguna cosa que Vos no la ejecutéis, ni yo sola, sino todo, todo en unión vuestra, incluso los actos que realiza mi alma a favor de Dios en mis íntimas comunicaciones con el mismo Dios.

 

Y Vos, Madre mía, dignaos darme parte también en todas vuestras obras y en todos los actos que realizáis a favor de mi Dios, de los ángeles y bienaventurados, de la creación entera, cual si nada pudierais hacer sin mi cooperación, uniéndoos a mí [en] el amor hasta el extremo de no querer ejecutar nada, absolutamente nada sin mí, así como yo no puedo – pero, aunque pudiera, no querría – ejecutar nada, ni la acción más insignificante, sin vuestro concurso, auxilio y protección, sino todo con vuestra ayuda, todo con vuestra protección y cooperación, y todo en unión con Vos, y nada yo sola sin Vos. De esta suerte podré exclamar con toda verdad lo que el Apóstol, refiriéndose a vuestro Divino Hijo: Vivo yo, no yo, sino que María, la gran Madre de Dios y Madre mía, vive y reina en mí. ¡Fiat, fiat!    

 

ANGELES SORAZU