La Ciencia Ficción, Colmo de la Razón Falsa

Cristiandad y ciencia: El mal de la Ciencia Ficción

La divulgación científica irresponsable, la confusión de la imaginación con la inteligencia, la suposición de que la realidad es proyectada por el cognoscente, el afán de misterio de la mente humana y la curiosidad por lo desconocido, se confabulan para producir el peor de los resultados: la ciencia ficción. Sus zarpazos actúan en todos los ambientes: literatura infantil, radio, televisión, libros, cine y alcanzan a todos: niños, gentes sencillas, adultos y universitarios.

Un fenómeno particular de nuestros días, es que gracias a los medios de comunicación social, se ponen poderosos instrumentos en manos de hombres que, sin poder alcanzar un conocimiento profundo de nada, los hacen capaces de hablar de todo, y además a todos, dada la gran potencia y difusión que alcanzan hoy día las comunicaciones. Esto abre las puertas a lo que se ha llamado divulgación científica, que junto con la exuberante imaginación humana produce la absurda y utópica verborrea de la ciencia ficción y de los «supermanes» que sobrepasan las audacias de cualquier mitología. Es tal el alud de suposiciones y teorías mal fundadas, que, muchas veces, incluso los maestros de enseñanza general básica se avergüenzan de educar y reducen sus clases a un intercambio de opiniones entre los alumnos.

Todo tiene cosas buenas, es cierto. Si no, no existiría nada. Hay buenos libros de ciencia ficción. Uno de ellos, "De King Kong a Einstein", presenta los sueños de la ciencia ficción desde el punto de vista de la física, lo cual es muy educativo. Bien, la ciencia ficción será muy divertida, estimulante, sugerente y todo lo que se quiera, pero eso no interesa ahora. Quiero hablar solamente de su malicia, de una oculta perversidad que hay en ella.

La pérfida tentación del humanismo divinizante que propugnan las sociologías en boga, aprovechando la circunstancia de que la ciencia ya no explica las cosas clara y distintamente, deja suelta la imaginación para que vuele con toda su inventiva. Todo se explica confusamente y no se pone fundamento a nada. Se puede hablar del sueño que salva las barreras del tiempo hacia adelante y hacia atrás, de la curación de todas las enfermedades, del suero de la eterna juventud, de los paseos interestelares e intergalácticos, de las culturas de otros mundos, de la traslación instantánea, del hombre - dios, y se tiene lo que quería Adán al comer el fruto prohibido.

En "El Retorno de los Brujos", nefasto libro de Louis Pawels y Jacques Bergier, que se puso de moda hace unos años, se da nombre a esa vana filosofía y se la llama "Realismo Fantástico". Vana ha de ser en verdad la filosofía que supone que la realidad es fruto de la fantasía. Vuelven a la memoria aquellas palabras de San Pablo: "Llegará tiempo en que los hombres, no pudiendo soportar la sana doctrina se aplicarán a las fábulas".( II Tim. 4, 3-4) Estremece pensar que hoy tenga cumplimiento esta profecía.

El fin escatológico del hombre parece estar en manos de la técnica, como arte de cambiar el presente para que el futuro resulte fascinante. El hombre se adueña de sí mismo, y alcanza la liberación de todo lo que pudiera pensar como sobrehumano. Los dientes de la humanidad han consumado el mordisco que Eva iniciara en el Edén. Es el misterio de iniquidad que va desarrollándose hasta la total manifestación del hombre de pecado.

Pero esto no impedirá, tampoco ahora, que algunos sigan buscando la verdad, y que la hallen, porque el que busca halla (Mateo 7,7-8.). Sólo es preciso no olvidar que la piedra que los constructores rechazaron es la que ha de ser clave de bóveda ( Hechos. 4, 11).

 

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