El álgebra de la revolución

El álgebra de la revolución

(Publicado en la revista Cristiandad, septiembre 1970)

Es la dialéctica. Con los métodos de la lógica formal, trataremos de establecer un álgebra para la misma dialéctica' En lógica simbólica se representan las proposiciones por letras, y la negación de una de ellas anteponiéndole el signo ¬

La Verdad es única. Si quisiéramos representarla por medio de una letra, deberíamos escogerla de manera que subsumiese en su significación, la de todas las letras de todos los alfabetos posibles. Debería ser a la vez Alfa y Omega.

Pero la verdad que esta letra representaría es incomprensible para cualquier entendimiento limitado, y sobre todo para el humano. Es por eso, por lo que debemos decirla fraccionadamente, contemplándola en diversos aspectos. Desde nuestro punto de vista, la Verdad nos aparecería simbolizada así: (a, b, c, d, ... ) en donde cada letra representa un aspecto parcial de la misma.

A lo largo de la historia, el hombre, entendimiento potencial e incorporado, la va descubriendo sucesivamente, entre un bosque de dificultades por el que muchas veces se ha perdido. Incluso la inteligencia del Dogma Católico es paulatina, aunque siempre hacia un más profundo conocimiento de la misma y única Verdad.

Pero esa Verdad, tiene y ha tenido enemigos, cosa difícil de comprender pero explicable. El reconocimiento de la Verdad íntegra obliga su adoración, y cuando el hombre orgulloso, se hace esclavo del soberbio "non serviat" de Satanás, busca una verdad lesionada, pues no puede desearse una mentira total, con tal de no adorar nada más que a sí mismo. Por eso parece que defiende la verdad, pero en realidad no lo hace por amor, sino por odio a la parte de verdad que rechaza.

Simbólicamente podemos representar así el proceso:

El hombre comienza descubriendo (a).

Un enemigo de (a) afirma (b) defendiendo: (¬a, b). Es una tesis.

El primero reacciona arguyendo: (a, ¬b). Es una antítesis.

Los dos pueden ponerse de acuerdo por la vía fácil a base de negar simultáneamente (a) y (b), para lo cual necesitan afirmar (c). Con ello sostienen: (¬a, ¬b, c). Es una síntesis.

Si alguno, que anteriormente hubiera sido lo suficientemente inteligente para entender (a) y (b), se opusiera ahora con: (a, b, ¬c) habría caído en el juego de la dialéctica, que, como ya puede extrapolarse, acabará con la gran síntesis: (¬a, ¬b, ¬c, ¬d, ... ) es decir, absolutamente en contra de aquella Verdad que es a la vez Alfa y Omega. Quienes lleguen hasta aquí, quedarán habitando un fuego eterno de contradicción y movimiento.

Sólo en la caridad de la única Verdad está la liberación de la contradicción y el consuelo de la esperanza en aquel salto sobrehumano que lleva, en términos de San Agustín, hasta su visión facial en un abrazo incorpóreo, cuando ya se escuche el eco eterno de aquel decir del santo obispo: "Tarde te he amado, Belleza antigua".
Manuel M. Domenech Izquierdo


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