Adviento tiempo de Esperanza

Adviento tiempo de Esperanza

(Publicado en la revista Cristiandad, diciembre 1972)

"Todo cuanto se ha escrito, para nuestra enseñanza se ha escrito, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras mantengamos la esperanza. El Dios de la paciencia y de la consolación os dé tener los mismos sentimientos entre vosotros conforme a Jesucristo. Para que con un mismo corazón y una misma boca glorifiquéis al Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo. Por lo cual favoreceos unos a otros como Cristo os favoreció para gloria de Dios. Porque os digo que el Cristo Jesús, ministro de los circuncidados, fue en prueba de la veracidad de Dios, para que se confirmasen las promesas hechas a los padres. Mas los gentiles que glorifican a Dios han sido llamados en prueba de su misericordia, según está escrito. Por eso dice la escritura: te confesaré entre las gentes y cantaré salmos a tu nombre. y en otra parte dice: Regocijaos, gentes con el pueblo suyo. Y en otra: Alabad al Señor todas las gentes, alabadle más y más todos los pueblos. Asimismo Isaías dice: Brotará la vara de Jesé, y quien se levante a tener el imperio de las gentes, en él esperarán todos los pueblos. El Dios pues de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, a fin de que abundéis en la esperanza por la fuerza del Espíritu Santo". (Rom. 15, 4-13; Epístola del 2.° domingo de Adviento)

Es don de Dios que podamos glorificarle a una voz con un mismo sentimiento conformados con Jesucristo. Es don de Dios rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo. Con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras hemos de mantener la esperanza en el cumplimiento de las promesas hechas a los patrialrcas. Pedro dice a los israelitas que acuden a celebrar la curación milagrosa del tullido de nacimiento:

"Arrepentíos, pues, y convertíos para que sean borrados vuestros pecados, para cuando vinieren los tiempos de refrigerio de ante la faz del Señor, y El enviaré al Mesias que os ha sido predestinado, Jesús, a quien es necesario que el cielo reciba, hasta que lleguen los tiempos de la universal restauración, de los cuales habló Dios por boca de sus santos profetas". (Ac. 3, 19-21)

Está claro que los tiempos de la total restauración prometidos a los patriarcas, que anuncian los profetas para nuestra enseñanza, no vedrán antes del arrepentimiento y conversión del pueblo de Israel, cuando el Cielo devuelva al que ya había enviado y ahora ha recibido. La venida del Mesías, que los profetas anunciaron, fue en la primera Navidad, pero sus frutos consoladores, de los cuales habló Dios por boca de sus santos profetas, están aún por venir cuando sólo el Padre sabe, cuando Cristo vuelva como prometieron los ángeles a los Apóstoles el día de la Ascensión. (Ac. 1, 9-11)

El máximo consuelo, la más grande fuente de paciencia, las encontramos en los textos que describen el ámbito de la esperanza: el Reino de Dios.

"Sucederá en días futuros
que el monte de la Casa de Yahvéh
será asentado en la cima de los montes
y se alzará por encima de las colinas.
Confluirán a él todas las naciones,
y acudirán pueblos numerosos, que dirán
"Venid, subamos al monte de Yahvéh
a la Casa del Dios de Jacob,
para que Él nos enseñe sus caminos
y nosotros sigamos sus senderos.
Pues de Sión saldrá la Ley
y de Jerusalén la palabra de Yahvéh.
Juzgará entre las gentes,
será árbitro de pueblos numerosos.
Forjarán de sus espadas azadones
y de sus lanzas podaderas.
No levantará espada nación contra nación.
Ni se ejercitarán más para la guerra.
Casa de Jacob, en marcha,
caminemos a la luz de Yahvéh.
(Is. 2, 2-5, la lectura del sábado de temporas de Adviento).

y más abajo dice:

"Aquel día será Israel tercero con Egipto y Asur,
objeto de bendición en medio de la tierra,
pues le bendecirá Yahvéh Sabaot diciendo;
"Bendito sea mi pueblo Egipto,
la obra de mis manos Asur,
y mi heredad Israel."
(Is. 19, 24-25)

"Que el desierto y el sequedal se alegren,
regocíjese la estepa y florezca como flor;
estalle en flor y se regocije
hasta lanzar gritos de júbilo.
La gloria del Líbano le ha sido dada,
el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Se verá la gloria de Yahvéh,
el esplendor de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles,
afianzad las rodillas vacilantes.
Decid a los de corazón intranquilo;
¡Animo, no temáis!
Mirad que vuestro Dios
viene vengador;
es la recompensa de Dios,
él vendrá y os salvará.
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos,
y las orejas de los sordos se abrirán.
Entonces saltará el cojo como ciervo,
y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo.
Pues serán alumbradas en el desierto aguas,
y torrentes en la estepa,
se trocará la tierra abrasada en estanque,
y el país árido en manatia1 de aguas.
En la guarida donde moran los chacales
verdeará la caña y el papiro.
(Is. 35, 1-7; 2a. lectura del sábado de temporas)

y sigue el profeta:

"Habrá allí una senda pura,
vía sacra se la llamará;
no pasará el impuro por ella,
ni los necios por ella vagarán.
No habrá león en ella,
ni por ella subirá bestia salvaje;
los rescatados la recorreraán.
Los redimidos de Yahvéh volverán,
entrarán en Sión entre aclamaciones,
y habrá alegría eterna sobre sus cabezas.
¡Regocijo y alegría les acompañarán!
¡Adiós, penar y suspiros!
(Is. 35, 8-10)

"Súbete a un monte elevado
la que traes buenas nuevas a Sión;
alza con fuerza tu voz,
la que a Jerusalén anuncias bienes;
álzala, no hayas temor;
dirás a las ciudades de Judá:
aquí tenéis a vuestro Dios.
Mirad cual va llegando poderoso
Yahvéh nuestro Señor;
ved cómo en pro de Él reina su Brazo.
Trae consigo su galardón
y ante su faz el estipendio.
Apacienta su grey como pastor
y con su Brazo la congrega,
trae en el seno los corderillos,
y a las paridas rige y defiende.
(Is. 40, 9-11; 3a lectura del sábado de temporas de Adviento)

"Alzate y brilla que llega tu luz,
y la gloria de Yahvéh ya clarea sobre tí;
mira que obscuridad cubre la tierra,
y que negros nublados las naciones.
Más sobre tí ya alborea Yahvéh
y su gloria se divisa sobre tí;
ya los pueblos a tu luz caminarán,
y los reyes al fulgor de tu mañana.
Alza en torno tus ojos y mira:
todos esos en bandadas a ti vienen,
son tus hijos que de lejos van llegando
son tus hijas las que a cuestas son traídas.
y al mirar en aquel día fulgirás,
latirá y se ensanchará tu corazón,
cuando hacia tí se enderece el tráfico de la mar
y a ti arribe la riqueza de los pueblos.
Cubriráte una avenida de camellos,
dromedarios de Madian y de Hefá;
esos otros de Sabá te van llegando,
aportando su oro y su incienso,
y pregonando las glorias de Yahvéh".
(Is. 60, 1-6; lectura de Epifanía)

"¡Exulta sin mesura, hija de Sión,
lanza gritos de gozo, hija de Jerusalén!
He aquí que viene a ti tu rey:
El Justo y Victorioso."
(Zac. 9, 9-10; comunión 2a misa de Navidad)

y sigue el profeta:

"humilde y montado en un asno,
en un pollino, cría de asna.
El suprimirá los carros de Efraim
y los caballos de Jerusalén;
será suprimido el arco de combate,
y él proclamará la paz a las naciones.
Su dominio irá de mar a mar
y desde el río hasta los confines de la tierra".

Pero todo esto no ha sido escuchado por aquellos a quines principalmente se decía, y así no han podido tampoco abrazarse a Jesucristo.

"Habiendo Dios, en los pasados tiempos hablado muchas veces y de muchas maneras, a los padres por los profetas, en los últimos días nos habló a nosotros por el Hijo, a quien instituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo los siglos."
(He. 1, 1-12; epístola de la 3.a misa de Navidad)

"Vino a su casa y los suyos no le recibieron".
(Jn. 1, 11; evangelio de la 3.a misa de Navidad)

Queremos destacar la oportuna ocasión que nos brinda el tiempo de Adviento para meditar y orar sobre todas estas cosas. La liturgia de adviento parece como que cierra el año litúrgico circularmente. Después de la fiesta de Cristo Rey, que culmina litúrgicamente el proceso lineal de la historia teológica, nos encontramos, en el evangelio del primer domingo del año, con la descripción escatológica de la segunda venida:

"Entonces será cuando verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran poder y majestad".
(Luc. 21, 25-33)

Así la esperanza mesiánica de la segunda venida, que vendría cronológicamente después de los domingos posteriores a Pentecostés, se sobrepone con los domingos que conmemoran la esperanza de Israel en la primera venida.

"Hermanos: sabed que ya es hora de despertar del sueño, porque ahora está más cerca nuestra salvación que cuando empezamos a creer".
(Ro. 13, 11-14; epístola lI domingo de Adviento)

La Iglesia nos propone esta frase de San Pablo para esperanzarnos en la conmemoración de la primera venida. Pero de ella estamos cada vez más lejos, sin embargo es pensando en el segundo advenimiento de Cristo cuando estas palabras cobran su significado más precioso, pues de él sí que estamos cada vez más cerca.

Si en el tiempo de Adviento comprendemos a la vez la esperanza de la primera y segunda venidas de Jesucristo a la tierra, el año litúrgico se cierra ciclicamente en un delicioso retornar sobre lo mismo, a la vez que avanzamos hacia los tiempos de la total restauración, como una gran rueda que gira sobre el camino de la historia.
Manuel M. Domenech Izquierdo
En el Adviento de 1972


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