En
construcción.
Este asunto es alto y profundo, ancho y largo. Si alguien ve algo fuera de
la Iglesia, haga caso a la Iglesia y, por favor, avíseme para que lo cambie.
Email para Manuel Ma Domenech Izquierdo
Todas las referencias "D-nnnn" son de la obra "El Magisterio de la Iglesia", de Enrique Denzinger (PDF).
Esta sinopsis consiste en catalogar las herejías y mentiras separándolas en dos clases: las que atribuyen al hombre lo que sólo es posible a Dios y las que niegan a Dios lo que es imposible a los hombres. Son errores porque la verdad es que "lo que es imposible al hombre es posible a Dios".
Esta división se aplica a tres temas: lo referente a Cristo, a la justificación y a la esjatología, que Karol Wojtyla llama "sui generis" en "Signo de Contradicción". La que el Concilio Vaticano II alude en "la índole esjatológica de la Iglesia peregrinante".
Estos tres temas se señalarán con los subtítúlos: Cristológicas, Hagiológicas y Esjatológicas. Se refieren al principio, medio y fin de la historia de la salvación, es decir, a la Cabeza, los miembros individuales y el cuerpo social de la Iglesia.
Dialéctica general: o se niega el pecado o se niega la salvación.
Por un hombre entró el pecado en el mundo, por Jesucristo
la salvación.
Cristo es el nuevo Adán.
María, Madre de Dios, de la gracia y de la Iglesia,
es la nueva Eva, por eso es la vencedora de todas la herejías
Al negar que "lo que es imposible a los hombres es posible a Dios" se cae en la dialéctica del error herético. La verdad no es dialéctica, pero el error sí que lo es.
Siempre hay un pellizco que se le regatea a Dios: o se le atribuye al hombre solo, o se le niega a Dios.
Sin humildad se cae en la dialéctica de la soberbia (nosotros más grandes que Dios) y la desesperación (Dios más pequeño que nosotros).
Sólo recibiéndonos del Padre, podemos reconocer nuestra poquedad sin desesperación.
Decir que nos salvamos por la fe, sin obras, es herético. Es "desviarse a la izquierda, con tranquila delectación de pecado", como dice San Agustín (De Peccat. Mer. II 35), pero la confianza filial del que se hace como niño, para recibirlo todo de su padre, es anterior a las obras. Por eso la Iglesia, en el prefacio de los santos, reza que "Dios, al premiar las obras de los santos, corona sus propios dones". Negar esto es "desviarse a la derecha, con soberbia presunción de justicia", como también dice, a continuación, San Agustín.
D-101 ss. Cartago (418) Contra Pelagianos D-129 ss. Éfeso (431) D-173b ss. Orange (Arausio) (529) Contra Semipelagianos D-792 ss Trento (1545) Contra Luteranos
Comentario a D-192
Sin la gracia no se podría perseverar.
Comentario a D-814
Dios puede actuar una acción porque es creador. Lo que estamos acostumbrados
a ver nos hace pensar que una acción debe actuar siempre sólo en una pasión.
Comentario a D-797
La aceptación de la gracia es don gratuito.
Que puede fallar la aceptación (que si fructifica es por Dios y si falla
por el hombre) es el síntoma que permite deducir que la acción del hombre es
real y libre aunque sea causada por Dios.
Comentario a D-797
Aquí se cita tanto el "convertíos a mí y yo me convertiré a vosotros" (Zach. 1,3),
como el "conviértenos, Señor, a ti, y nos convertiremos" (Thren. 5,21).
Traité de la grace et du libre arbitre de Saint Bernard
Chap. XIV
46. Mais quoi! Tout le travail et tout le mérite du libre arbitre ne
consistent-ils donc qu'à donner son consentement? Oui certainement, je ne veux
point dire pourtant que ce consentement même où réside le mérite, vienne de
lui, puisque nous ne sommes pas capables de former de nous-mêmes aucune bonne
pensée (II Corinth., III, 5), ce qui est beaucoup moins qu'un bon consentement.
47. Dans toutes ces opérations, la grâce agit de telle sorte qu'elle commence par
prévenir la volonté et qu'ensuite elle l'accompagne toujours; elle ne la
prévient que pour en obtenir ensuite la coopération, en sorte que ce que la
grâce commence seule, s'accomplit ensuite par elle et par le libre arbitre; ils agissent
conjointement, non séparément; ensemble, non pas successivement. La grâce ne
fait point une partie de l'oeuvre et le libre arbitre, l'autre; ils agissent
ensemble, par une opération indivise. Le libre arbitre fait tout et la grâce
fait tout aussi; mais de même que la grâce fait tout dans le libre arbitre,
ainsi le libre arbitre fait tout par la grâce.
"Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y
servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.
(Oración colecta del domingo 29)
"Tú eres glorificado en todos tus santos y al coronar sus méritos coronas tus
propios dones"
(Misal Romano, Prefacio de los Santos, I).
"Alegrémonos todos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de todos
los santos. Los ángeles se alegran de esta solemnidad y alaban a una al Hijo de Dios".
(Antífona de entrada de Todos los Santos)
(Los ángeles se alegran y no tienen cuerpo. Esto puede ayudar a entender qué es la alegría espiritual).
P. Arturo Migas: 1.11.07 "No somos idólatras al poner a los santos en los altares porque al honrar su santidad honramos la santidad de Dios. Es la luz de Dios la que pasa por los santos en las vidrieras".
"A continuación vienen todas las formas de anuncio. Naturalmente, los
sacramentos. Con Dios siempre vienen también todos los santos. Como nos dice la
sagrada Escritura desde el inicio, Dios nunca viene solo, viene acompañado y
rodeado de los ángeles y de los santos.
En la gran vidriera de San Pedro que representa al Espíritu Santo me agrada
mucho que Dios se encuentre rodeado de una multitud de ángeles y de seres
vivos, que son expresión y, por decirlo así, emanación del amor de Dios".
(Diálogo de Benedicto XVI con párrocos y sacerdotes de BELLUNO-FELTRE Y TREVISO)
"Su (del diablo) deseo de ser semejante a Dios consistió en apetecer como fin último de la
bienaventuranza las cosas que podía conseguir por la capacidad de su naturaleza,
desviando por ello su apetito de la bienaventuranza sobrenatural, que proviene
de la gracia de Dios.
O si deseó como último fin la semejanza con Dios que tiene por causa la
gracia, quiso alcanzarla por la capacidad de su naturaleza, y no con la ayuda
divina, según la disposición de Dios. Esto concuerda con la opinión de Anselmo
cuando dice que apeteció aquello a que habría llegado si hubiera perseverado.
De cualquier modo, estas dos explicaciones coinciden, porque lo que una y otra
dicen es que apeteció obtener la bienaventuranza final por su capacidad, lo cual
sólo es propio de Dios".
(S.Th. I q63 a3 c)
El ¡Cristo, cuenta conmigo!, tiene que ser una súplica o una afirmación de que se trata de un don de Dios, no una "oferta" del cristiano.
El Catecismo de la Iglesia Católica (no 677) dice resumiendo: "el triunfo de la Iglesia no será progresivo". Esto puede negarse diciendo: "será progresivo" o "no habrá triunfo", según esta sinopsis.
El mito de que la Iglesia está contra el progreso se debe a que el progresismo
pretende la divinización del hombre por vía del esoterismo supersticioso, y esto
hace que sea condenado, no a que la Iglesia considere malos los logros de la
ciencia y de la técnica.
Ver La Ciencia Ficción, Colmo de la Razón Falsa
Ver Brujos con Patente de Corso
Lo que también condena la Iglesia es la fe en el progreso de manera que sustituya el Reino de Dios con el reino del hombre.
Son escalofriantes las palabras de Kant:
"El tránsito gradual de la fe eclesial (basada en dogmas) al dominio único de la fe religiosa
(dentro de los límites de la razón) es el acercamiento del reino de Dios".
(La religión dentro de los límites de la razón, 7).
"También la filosofía puede tener su quiliasmo" (su milenarismo).
(Idea de una historia universal con propósito cosmopolita, 8a frase).
Esto es lo que hace el modernismo, "síntesis de todas las herejías".
(Qué puede querer decir "x", si es imposible que signifique lo que dice la Iglesia).
En cuanto a la Iglesia quieren que sea un cuerpo sin espíritu. Quieren un reino sin Cristo.
Hay "bestia del mar"
de derechas (Nerón) y de izquierdas (Stalin) y "bestia de la tierra" de
derechas (fariseos, cátaros, puritanos, jansenistas) y de izquierdas (saduceos, modernistas, teólogos de la liberación, comunidades de base).
Los cristianos siempre pagan las culpas. Son mártires en cualquier caso.
Ningún político puede ofenderse por sus beatificaciones. Sus contrarios también hacen mártires cristianos por serlo.
Que los políticos se peleen con los políticos y dejen a los cristianos dar gloria a los mártires en paz.
Las dos bestias pertenecen a la línea Nestorio, Pelagio/semipelagianos.
El marxismo es la plasmación histórica de un "mesianismo secularizado intrínsecamente perverso" (Catecismo 676).
Hay profesores de universidades católicas que dicen que el Amilenarismo es la posición católica.
Por ejemplo, los que reducen el Apocalipsis a la misa. Para ello se apoyan en el número 19 de la Carta encíclica Ecclesia de Eucharistia, Juan Pablo II, jueves santo del 2003, y luego ignoran el número 20.
En cuanto a la Iglesia quieren que sea un espíritu sin cuerpo. Quieren un Cristo sin reino.
El amilenarismo acoge la "molicie de los buenos", el sentimiento de inferioridad de los ignorantes culpables. Caldo de cultivo para el paso al otro bando.
Con el Amilenarismo no se convertirán los judíos, lo
cual es una de las cosas que han de suceder cerca del juicio según
las palabras de San Agustín.
Alfred Loysi, uno de los fundadores del Modernismo, llega a afirmar despectivamente: "Jesucristo vino a
predicar el reino de Dios, pero en su lugar apareció la Iglesia".
(Se ríe de la iglesia amilenarista).
Al postmilenarismo progresista que interpreta materialmente el capítulo 20 del Apocalipsis, y que está en la línea de que lo que sólo es posible a Dios también es posible al hombre, que es precisamente aquel "milenarismo craso" al que se opusieron San Jerónimo y San Agustín, no podemos oponer dialécticamente el error antitético del amilenarismo, que está en la línea de que lo que es imposible al hombre, tampoco es posible a Dios, y que interpreta este capítulo 20 de manera exclusivamente espiritual y que divide al hombre, desencarnando la religión y secularizando la sociedad.
Al final se olvida lo sobrenatural y a lo natural humano se le da esperanza ilusa,
o se le destruye con catastrofismo desesperado. Lo puramente natural, degenerado y
excusado democráticamente, va hacia la máxima entropía.
"Quitad lo sobrenatural y sólo quedará lo que no es natural". G.K.Chesterton, Ortodoxia.
Hay un canon del Concilio Vaticano I (Denzinger Herder 1963 no 1808) que condena a los que dicen que "el hombre puede y debe finalmente llegar por sí mismo, en constante progreso, a la posesión de toda verdad y todo bien". Lo más contrario a esto es el ideal de la ecología profunda (deep ecology), que propugna la extinción voluntaria de la especie humana.
Durante la construcción de esta página he tenido el consuelo de ver el texto
de la encíclica de S.S. Benedicto XVI "Spe Salvi":
CARTA ENCÍCLICA SPE SALVI DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XVI
En su número 35 podemos leer:
"Ciertamente, no « podemos construir » el reino de Dios con nuestras fuerzas, lo que construimos es siempre reino del hombre con todos los límites propios de la naturaleza humana. El reino de Dios es un don, y precisamente por eso es grande y hermoso, y
constituye la respuesta a la esperanza. Y no podemos -por usar la terminología clásica- « merecer » el cielo con nuestras obras. Éste es siempre más de lo que merecemos, del mismo modo que ser amados nunca es algo « merecido », sino siempre un don. No
obstante, aun siendo plenamente conscientes de la « plusvalía » del cielo, sigue siendo siempre verdad que nuestro obrar no es indiferente ante Dios y, por tanto, tampoco es indiferente para el desarrollo de la historia. Podemos abrirnos nosotros mismos y
abrir el mundo para que entre Dios: la verdad, el amor y el bien. Es lo que han hecho los santos que, como « colaboradores de Dios », han contribuido a la salvación del mundo (cf. 1 Co 3,9; 1 Ts 3,2). Podemos liberar nuestra vida y el mundo de las
intoxicaciones y contaminaciones que podrían destruir el presente y el futuro. Podemos descubrir y tener limpias las fuentes de la creación y así, junto con la creación que nos precede como don, hacer lo que es justo, teniendo en cuenta sus propias
exigencias y su finalidad. Eso sigue teniendo sentido aunque en apariencia no tengamos éxito o nos veamos impotentes ante la superioridad de fuerzas hostiles. Así, por un lado, de nuestro obrar brota esperanza para nosotros y para los demás; pero al mismo
tiempo, lo que nos da ánimos y orienta nuestra actividad, tanto en los momentos buenos como en los malos, es la gran esperanza fundada en las promesas de Dios".
Y en el número 41:
"En la configuración de los edificios sagrados cristianos, que quería hacer
visible la amplitud histórica y cósmica de la fe en Cristo, se hizo habitual
representar en el lado oriental al Señor que vuelve como rey -imagen de la
esperanza-, mientras en el lado occidental estaba el Juicio final
como imagen de la responsabilidad respecto a nuestra vida, una representación
que miraba y acompañaba a los fieles justamente en su retorno a lo cotidiano".
Y en el número 43:
La necesidad meramente individual de una satisfacción plena que se nos niega en esta vida, de la inmortalidad del amor que esperamos, es ciertamente un motivo importante para creer que el hombre esté hecho para la eternidad; pero sólo en relación con el
reconocimiento de que la injusticia de la historia no puede ser la última palabra en absoluto, llega a ser plenamente convincente la necesidad del retorno de Cristo y de la vida nueva.
En primer lugar será bueno estudiar lo que Santo Tomás enseña sobre lo que no puede hacer el Todopoderoso: S. Th. I q 25 a 3
Según la misma Spe Salvi dice más abajo (n. 47) "El juicio de Dios es esperanza, tanto porque es justicia, como porque es gracia. Si fuera solamente gracia que convierte en irrelevante todo lo que es terrenal, Dios seguiría debiéndonos aún la respuesta a la pregunta sobre la justicia, una pregunta decisiva para nosotros ante la historia y ante Dios mismo". Es decir, lo que ningún Dios hace ni es capaz de hacer es suprimir el sufrimiento en la tierra, porque no sería justo, lo cual es absurdo. Es verdad que la tierra no es ni será nunca un paraiso. El paraiso perdido no se recuperará nunca ni con el progreso ni por el milenarismo carnal o craso.
Entonces cómo es posible que las profecías mesiánicas prometan cosas dichosas incluso para la intrahistoria.
El Reino de Cristo intrahistórico, el reino de los mil años del Apocalipsis, es la derrota del anticristo y el triunfo de las bienaventuranzas que incoan la felicidad intrahistóricamente y la consuman en la eternidad. Lo que hace Dios es convertir el sufrimiento en dicha, según entendió y practicó Santa Teresita del Niño Jesús. Eso es lo que es imposible al hombre y lo que es posible para Dios. Nuestra esperanza.
Se puede hacer del sufrimiento una dicha porque es consolador tanto actuar como sufrir en el Supremo Sistema, sobre todo por ser en compañía de Jesucristo e incorporados a Él, quien maravillosamente creó el Supremo Sistema y más maravillosamente lo restableció sufriendo en él.
La soberanía social de Jesucristo es la conversión a la aceptación social de las bienaventuranzas, la cumbre de la predicación del Reino de Dios. En el prólogo de su obra "Las Bienaventuranzas de María", Don Laureano Castán Lacoma, dice: "Según el Vaticano II, el norte que debe orientar la acción de los hombres es que toda la vida humana, "así la individual como la social, quede saturada con el espíritu de las bienaventuranzas" (GS 72). ¿Y no podrá ser un medio eficaz para ello el considerar las bienaventuranzas de María, que no son más que las del Evangelio, vividas por ella con la más elevada perfección?".
Ver "Maniqueismo trinitario"
Ver "Diccionario para Maniqueismo trinitario"
Ver "Las dos escatologías falsas"
Ver "El libro del Apocalipsis" y "La Cena del Cordero" en Buscadores del Reino
Ver "Dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César"
Ver "Palabras de San Justino (100-165) filósofo y mártir"
Ver "Notas sobre el Viva Cristo Rey"
Ver "El triunfo de Cristo en la Historia"
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