Notas sobre ¡Viva Cristo Rey!

Notas sobre ¡Viva Cristo Rey!

"La Iglesia espera, junto con los Profetas y el Apóstol, aquel día sólo por Dios conocido, en el que todos los pueblos, con una sola voz, invocarán al Señor y le servirán como un solo hombre (Soph 3,9)"

Declaración "Nostra Aetate" del Vaticano II, n. 4

Leo en una revista piadosa: "La realeza de Jesús no se manifestará sólo al fin de los tiempos. Él está ya presente en nuestro mundo: por Él, durante veinte siglos, hombres y mujeres han dado su vida. Nuestros últimos mártires morían con el nombre de Cristo Rey en los labios".

Como no dice que morían gritando ¡Viva Cristo Rey! porque no reina y gritaban para que reine, habrá que reflexionar sobre el tema.

El "viva Cristo Rey" mete en política porque hay políticos que promulgan leyes inicuas que no pueden ser toleradas por los cristianos, y son perseguidos. Recordemos que a Jesucristo le mataron los políticos.

Son injustos. No entienden que Cristo no quita nada. Santa Teresa de Jesús nos cuenta que tuvo una revelación en que Jesús le decía: "¿Sabes Teresa qué es amarme con verdad?. Entender que todo es mentira lo que no me agrada". El ser, el bien y la verdad son trascendentales y por tanto convertibles: lo que es malo es mentira y lo que es mentira es nada.

"El Reino de Dios está dentro de vosotros", les decía Jesucristo a sus discípulos, pero eso no significa que siempre tenga que estar dentro, porque cuando se conviertan las naciones, después de los judíos, ese Reino saldrá fuera y se entenderá bien que no es lo mismo ese estar ya presente en nuestro tiempo que la manifestación del final de los tiempos.

El triunfo intrahistórico significa que la humanidad, judíos y griegos, se convertirá. Cristo será Rey de los corazones. Por eso su reino será democrático, sobre reinos y repúblicas.

Ser Rey de reyes no es ser rey como uno de los reyes de este mundo. Está por encima de todos. Su Reino no quita realezas ni señoríos.

Benedicto XVI en "Jesús de Nazaret" 7,3 dice: "Jesús había dicho: -Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí- (Jn,18,36).

Esta confesión de Jesús pone a Pilato ante una situación extraña: el acusado reivindica realeza y reino (basileia). Pero hace hincapié en la total diversidad de esta realeza, y esto con una observación concreta que para el juez romano debería ser decisiva: nadie combate por este reinado".

Si alguien, con el poder de su fuerza o la de sus embaucados, pretendiera instaurar algo que se hubiese pensado y le diera valor de metafinalidad cósmica inmanente, sería un progresista, de derechas o de izquierdas, sería un Hitler o un Stalin, un fanático deslumbrado por las tentaciones de Cristo, la de que los ángeles le apoyarían o la de que convertiría las piedras en pan. Si triunfara haría otro reino del hombre más. Y si prometiera instaurar el reino de Cristo, sería un anticristo seducido por la tercera tentación, la del todo tener, saber y poder.

Nadie combate por el reino de Cristo, pero sí contra él por el reino del anticristo. Por eso hemos de luchar para evitar el "final perverso" en defensa de los pobres, los huérfanos y las viudas. La esperanza cristiana "es esperanza activa, con la cual luchamos para que las cosas no acaben en un final perverso" (Benedicto XVI, "Spe Salvi", 34).

El cristiano no lucha para recuperar el paraíso perdido. Sabe que es imposible. Fuimos "expulsados" del paraíso por justo castigo. No podemos hacer de la tierra un paraíso; sólo nos cabe aspirar a que no sea un infierno. Pero incluso esto nos es imposible. Con sólo nuestras fuerzas vamos al "final perverso". Pero con la gracia de Dios que nos sana quitando los vicios, practicando las virtudes cristianas, podemos evitar el infierno en la tierra y hacer que la historia sea pedestal del solio regio de Cristo. Eso será el Reino de Cristo en la tierra, antes del fin de la historia, cuando Satanás será atado por 1000 años y no pueda seducir a las naciones.

Entonces el Reino de Cristo será de este mundo; por eso Cristo le dice a Pilato: "ahora mi Reino no es de aquí" (Jn 18,36).

El Reino de Cristo no quita libertades. Hay una libertad inconcebible obrando solamente en cosas que agraden a Jesús. Todas las especies minerales, todos los materiales que se puedan sitetizar, todas las especies vegetales y animales que existen o se puedan producir, todas cumplirán las leyes de la naturaleza. La variedad es infinita. Sólo el hombre quiere buscar libertades en cosas malas, que no agradan a Jesús, son mentira y, por tanto, son nada. Dios no nos quita nada cuando nos manda.

La gracia no destruye la naturaleza, sino que la sana y la eleva y así, la salva.

Seducidos por el diablo nos creemos conocedores del bien y del mal. Fácilmente nos hacemos el mal subsistente y caemos en maniqueismos. Llamamos mal al bien y bien al mal. No podemos entender que en el bien lo tenemos todo y sin el mal no perdemos nada.

No hay ni un ápice de la creación sobre el que Jesucristo no tenga derechos reales y además el que no está con Él está contra Él.

"En la presente economía de la gracia no existe para el hombre un fin puramente natural", como dice el P. Antonio Royo Marín O.P. en la nota 2 de la página 273 de su obra "La Virgen María, teología y espiritualidad marianas".

Nadie se cree de verdad que servir a Cristo es reinar, y todos queremos reinar sin servir, lo cual es mentira e imposible.

Manuel Ma Domenech Izquierdo

Sobre la actualidad de la fiesta de Cristo Rey, Ramón Orlandis S. J.

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