Vía Crucis con la Madre Maravillas
(Tomado de los escritos de la Santa)
1a estación: Jesús condenado a muerte
Oí distintamente dentro de mí: "Y Yo fui tenido por loco..."; e hicieron tanta
operación en mi alma estas palabras, que desde entonces se trocaron todos estos
tan varios deseos de ser estimada en el muy grande que desde entonces tengo de
ser despreciada... Yo no quiero la vida sino para imitar lo más posible la de
Cristo.
Lo único importante es procurar agradar a Dios nuestro señor y el juicio suyo,
que los de las criaturas suelen ser equivocados, unas veces en mal y otras en
bien, y lo que únicamente vale es lo que seamos delante de nuestro Dios.
2a estación: Jesús carga con la Cruz
¿Para qué dejó el mundo, los suyos, cuanto tenía, sino para seguir a Cristo?
¿Para qué la llamó Él con tanto amor, sino para que, siguiendo su palabra, se renunciase
a sí misma, tomase su Cruz y le siguiese?
Entre todo lo que hay acá para agradar al Señor, escojamos el padecer por su amor,
que esto nos enseñó Cristo nuestro Bien y a esto nos convida.
3a estación: Jesús cae por primera vez
Procure ser más fiel que nunca, y cuando caiga, a levantarse enseguida, pidiendo
perdón al Señor -y a la criatura también cuando la falta ha llegado al
exterior-, crea que no ha pasado nada, sino que por la humillación y el dolor,
se ha aumentado el amor del Señor al alma.
No tenga miedo de llevar mal su cruz porque la sienta, que el Señor bien conoce
nuestro corazón y ve que, aunque sólo quiere lo que Él quiere, cuesta mucho...
4a estación: Jesús encuentra a su Madre
La angustia y la amargura grande que me invadió era lo de menos... Él me debió
inspirar entonces el acudir a la Santísima Virgen y tratar de acompañarla en sus
dolores, olvidadndo todo lo mío. Apenas acudí a Ella, se me quitó todo y me
quedé sufriendo mucho, pero con paz y pudiendo aceptarlo.
Señor, os renovamos con todo nuestro corazón el ofrecimiento de todo nuestro
ser, de nuestra vida, de nuestra sangre y !qué dichosos seríamos si los
aceptaseis, unido todo a los méritos de vuestra pasión y muerte y a los dolores
de la Santísima Virge!
5a estación: El cireneo ayuda a Jesús a llevar su cruz
Hay que seguir cargando con la Cruz de Cristo, y si no nos la va a dar a nosotros,
¿a quién va a ir a buscar?
Pongamos el hombro para ayudar al Señor a llevar la Cruz ahora que tantos suyos
le dejan.
Me pareció me convidaba el Señor a permanecer junto a Él, para que pudiese
apoyar su Cruz sobre mi corazón, que le serviría de algún descanso. Me dieron
muchos deseos de que así fuese.
6a estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús
¡Qué paz encontraría si, olvidándose de todo, viviese con todo su cuidado y
atención amorosa puestos no en sí ni en sus cosas, sino sólo en las de
Jesucristo!
Ha querido le llamen "mendigo de amor"... La verdad que es para volverse locos
que desee esto de sus pobres criaturas... A ver si sus esposas, las que Él ha
escogido, se lo dan de verdad, cada día más, cada momento más. ¡Pobre Jesús mío!
¡Que le dejan tan solo... que le amen tan poco!
7a estación: Jesús cae por segunda vez
Aunque caiga, levántese enseguida, pida perdón al Señor y acuda a sus méritos,
que Él quita el pecado del mundo, y a empezar de nuevo. Si Él no se hubiese
levantado cuando cayó con la Cruz, ¿qué hubiese sido de nosotros?
Bendito sea Dios, que haga de nosotros lo que quiera, aunque sea con lágrimas y
con el corazón hecho polvo, que esto también es permisión suya, que cuando
quiere que suframos con valor cuesta mucho menos que cuando permite lo hagamos
sin fuerzas.
8a estación: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
En estos momentos en que hay tanto que pedir y reparar, no se entristezca sino
por las ofensas de Dios, y agradézcale las cosas desagradables al natural, sean
las que sean, y más las que tan directamente tienden a hacerle agradable a Él.
Si sus lágrimas son de contrición, muy bien, las apruebo; si no, sólo las
ofensas de Dios son dignas de las lágrimas de una esposa suya.
9a estación: Jesús cae por tercera vez
¡Qué bueno es sufrir por el Señor! Con Él todo se puede, aunque el pobre corazón
cree a veces que no puede más. No estás solo, pues aún más que nunca tienes
ahora el Señor contigo.
Espero que ya habrá empezado de nuevo con más brío y más amor, que ése es el
efecto que han de dar las caídas. ¿Dónde está la humildad? Acostúmbrese a verse
como es, pura miseria y nada, pero esta miseria y esta nada no le impedirá, si
acude al Señor y sin cansarse, empezar de nuevo confiando en Él... Quiere el
Señor que sea humilde, perseverante, fiel y valente.
10a estación: Jesús es despojado de sus vestiduras
Enamórese de no ser nada, de no servir para nada, de no contar para nada, porque
esto sería una felicidad inmensa: abrazarse a Él, sumergirse en Él, imitarle a
Él y pasar así estos cuatro días de vida.
¿No ve cómo el Señor escucha los deseos que Él mismo le dio, tantas veces
repetidos, de ofrecérselo todo, de dárselo todo, de que se lo quite todo? Si
ahora no los tiene sensiblemente, el Señor los ve en el fondo de ese corazón tan
suyo, y obra en consecuencia.
11a estación: Jesús es clavado en la Cruz
Me pareció entender algunas cosas y cómo era necesario abandonarse en manos de
Dios del todo y dejarse crucificar, pero que ya era muy dulce este camino
después de haberlo recorrido el Señor, porque era su misma Cruz y con Él.
Que el Señor le dé fortaleza santa y les infunda de tal modo su amor, que pongan
su felicidad en estar crucificados con Él.
12a estación: Jesús muere en la Cruz
Me sentí recogida, me imaginé al pie de la Cruz, yo no lo sé explicar. El Señor
estaba allí; me hacía entender lo que había sufrido por las almas; su inmenso
amor, su misericordia para todos, y cómo sólo había que entregarse y dejarse
crucificar por el amor, a pesar de la propia miseria, y dejar que Él haga lo que
quiera. No lo sé explicar; me parecía que todos mis pecados y miserias se
abismaban en ese amor y en su misericordia, que se lavaban con esa Sangre.
Se me graba en el alma el recuerdo del Calvario..., y yo me quedo allí con la
Santísima Virgen.
13a estación: Jesús es bajado de la Cruz
Verdad es que, aunque diera mi vida, no me bastaría y me parecería nada para
Dios... Y yo, miserable, quisiera tanto reparar ese cúmulo de horribles pecados
que se cometen en el mundo y en los que yo también tuve parte y los que dicen
fueron causa más especial de ese tormento de mi Jesús.
Estamos pidiendo horrores por ese pobre mundo que así se ha apartado de Dios. En
María, nuestra dulcísima Madre, está toda nuestra confianza para que no se
pierdan las almas que tanto, tanto costaron a su Hijo Divino y a Ella.
14a estación: Jesús es sepultado
Lo único que yo sé es que no puedo ya vivir sino para Dios; necesito vivir
olvidada, desconocida, despreciada, lo más cerca posible de su vida santísima.
Después de los ejemplos de humildad tan tremendos que el Señor nos da en su
Pasión, después de hacerse hombre, morir del modo más humillante que existe en
la tierra, no sé cómo no nos tiramos de cabeza a todo lo más bajo que pueda
haber, siguiendo ese ejemplo de amor de nuestro Dios.
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