El Supremo Sistema

Entre Alfa y Omega está la Cruz
 

"La Palabra de Dios no solamente está pronunciada en cada ente sino en el conjunto de todos ellos, que es el mundo. De esta manera, el universo adquiere la fisonomía de una sinfonía, de un poema compuesto por Dios y dirigido al único ser que por su espíritu es capaz de escucharlo, de pronunciarlo y de cantarlo. De ahí que la palabra pronunciada por Dios en el hombre sea correlativa de la palabra pronunciada por Dios en las cosas: a la inteligibilidad de la realidad responde el entendimiento del hombre. Sólo éste es capaz de actualizar y dar vida a esa inteligibilidad en el acento de su verbo. La palabra dicha por Dios en las cosas recobra el sentido y la armonía y también la luz inicial de su origen en el acto de la palabra, que el hombre es el único capaz de pronunciar por su espíritu".
(La creación humana del lenguaje, (†) Octavio Nicolás Derisi, e-aquinas Año 1 Número 2 Febrero 2003)


  Todo lo "otro" tiene "sus" relaciones con Dios.
Por eso el universo es un jardin florido; estropeado, pero regenerado.

Si Galileo llama "Diálogo del Máximo Sistema" la obra de divulgación de sus teorías, Pierre Duhem titula "El Sistema del Mundo" su obra principal, Laplace le llama "Exposition du système du monde", permitidme que titule "El Sistema Supremo" este resumen sobre el orden del universo y de sus causas después de toda mi vida profesional dedicada a la ingeniería de sistemas.

Comencemos poniendo una aporía: ¿dónde están las consolaciones del Espíritu Santo?

En los frutos del Espíritu Santo como explica Mr. Luis María Martínez en su libro "El Espíritu Santo": sus consuelos son la dulzura de sus frutos que enumera San Pablo (Gal. 5,22-23), y sistematiza Santo Tomás (S. Th. 1-2 q70 a3)

En la vida contemplativa Respecto al bien Caridad, Gozo, Paz Respecto al mal y el retraso del bien Paciencia, Longanimidad En la vida activa En relación con los demás hombres Bondad, Benignidad, Mansedumbre, Lealtad En relación con las demás cosas Modestia, Continencia, Castidad

O bien en ver nuestra situación en el marco de la creación como enseña S.S: Benedicto XVI:

"Sabemos bien que la consolación prometida por el Espíritu Santo no consiste simplemente en palabras hermosas, sino que se traduce en un ensanchamiento de la mente y del corazón para que podamos ver nuestra situación en el marco más amplio de toda la creación sometida a dolores de parto mientras espera la revelación de los hijos de Dios (cf. Rm 8, 19-25)".
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI a los obispos, sacerdotes y fieles católicos de la región de oriente próximo con ocasión de la Navidad, 21 de diciembre de 2006

Sistema es un conjunto de elementos relacionados y la relación viene de la interacción. En el capítulo 69 del tercer libro de la Summa Contra Gentes, Santo Tomás nos dice: "las cosas que son de diversa naturaleza no se enlazan en la unidad del orden si no es porque unas son agentes y otras pacientes".

Los frutos del Espíritu Santo son actos de las virtudes perfeccionados por sus dones. Las acciones y sufrimientos se realizan en situaciones concretas del marco de la creación, en el supremo sistema que es la creación y la historia de la salvación, nuestra vocación si coincidimos en el plan de Dios.

En la interacción con la creación vemos la acción creadora y graciosa de Dios y los bienes recibidos, de cuya consideración alcanza San Ignacio el amor. En la contemplación para alcanzar amor de sus Ejercicios Espirituales, propone "considerar" los bienes recibidos. "Considerar" viene de sideral, de poner con las estrellas del cielo. Se podría decir "consideralizar": situar en el supremo sistema.

Dice la Spe Salvi que "cuando los Magos vieron la estrella se acabó la astrología porque desde entonces los astros comenzaron a girar alrededor de Cristo. Este pensamiento lo repite Jacinto Verdaguer en su poema "Greccio", dedicado a San Francisco. Dante termina la Divina Comedia con esta frase: "es el amor lo que mueve el sol y las demás estrellas".

En la "Spe Salvi" se señala como uno de los lugares de aprendizaje y ejercicio de la esperanza la acción y el sufrimiento, es decir la acción y pasión, la interacción, que podemos poner precisamente también en ese supremo sistema. Esto resuelve la aporía: acción y pasión que son los frutos del Espíritu Santo, ya que son actos de virtudes (perfeccionados por los dones), puestos en el sitio que Dios asigna a la vocación de cada uno dentro de su designio creador, redentor y glorificador de todos sus hijos y del Primogénito de María y Unigénito del Padre como fin último de todo.

En el prólogo de su obra "Las Bienaventuranzas de María", Don Laureano Castán Lacoma, dice: "Según el Vaticano II, el norte que debe orientar la acción de los hombres es que toda la vida humana, "así la individual como la social, quede saturada con el espíritu de las bienaventuranzas" (GS 72). ¿Y no podrá ser un medio eficaz para ello el considerar las bienaventuranzas de María, que no son más que las del Evangelio, vividas por ella con la más elevada perfección?".

Como las bienaventuranzas son la culminación de los frutos del Espíritu Santo, podemos considerarlas interacciones humanas en el supremo sistema, según lo dicho para los frutos.

El Reino de Cristo es un reino de paz, de tranquilidad en el orden, en la perfecta ordenación de todas las cosas a sus fines, a su bien. Ahí se ve la grandeza del lema franciscano "Paz y Bien".

Por último añadiré como enlace de esto con la mayor gloria de Dios, fin último de todo el supremo sistema, "consideralizado" según se ha explicado, que cuando se consiga que toda la vida humana, así la individual como la social, quede saturada con el espíritu de las bienaventuranzas, se habrá alcanzado el Reino de Cristo, el reinado social de Jesucristo, que se establecerá con la derrota del anticristo en la segunda venida de Cristo. El juicio, otro motivo de esperanza según la Spe Salvi, dura mil años, los del Apocalipsis. Mil años para Dios son como un día y un día como mil años. El día del juicio dura mil años intrahistóricos. Al fin de ellos, después de la última conflagración final, terminará la historia y sólo quedará la eternidad, conservando el inolvidable recuerdo de la historia y el universo renovado como reliquia.


No olvidemos que hay que "consideralizar" y destacar sobre todo esto lo que afirma Santo Tomás: «omnes actiones et passiones Christi instrumentaliter operantur, in virtute divinitatis, ad salutem humanam» (S.Th. III q48 a6 c).

Por eso, como todos los "acta et passa Christi" culminan y alcanzan su último cumplimiento en el Misterio Pascual, Jesucristo dijo que, para seguirle, tenemos que tomar nuestra cruz, cada día. Es decir, Cristo mismo veía su propia Cruz en todas sus interacciones, y se nos propone como ejemplo. El Misterio Pascual, la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, es centro del misterio del tiempo y recapitulación de la historia salvífica hasta la parusía.

En el libro de Joseph Ratzinger "El espíritu de la liturgia" se explica lo que hemos de "participar" en la liturgia, tanto al oír misa como con el ofrecimiento de obras del Apostolado de la Oración: la acción/pasión más trascendental del universo y de la historia: la Pasión de Cristo que es, a la vez, Acción de amor al Padre y a los hombres.

"La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación. Ésta no queda relegada al pasado, pues « todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos... »".
(ECCLESIA DE EUCHARISTIA, n. 11)


"Duo autem nobis in haereditatem reliquerat ille vetustus Adam qui fugit a facie Dei, laborem videlicet, et dolorem: laborem in actione, dolorem in, passione".
"Christus Dominus laborem et dolorem consideravit, ut traderet eos in manus suas; imo se magis in manus eorum, infixus in limo profundi, et intraverunt aquae istae usque ad animam ejus".
"Et in vita passivam habuit actionem, et in morte passionem activam sustinuit, dum salutem operaretur in medio terrae".
(San Bernardo, IN FERIA IV HEBDOMADAE SANCTAE, SERMO. De passione Domini, n. 11)

Para ser como Dios en el supremo sistema, anhelo final y último de buenos y malos, hay que imitar a Jesucristo, como enseñó San Bernardo.

El mismo San Bernardo nos explica que Jesucristo tiene cuatro virtudes que son como joyas engarzadas en los cuatro brazos de su Cruz: Paciencia, Obediencia, Humildad y Caridad. "Interim patientiam magis exhibet, humilitatem commendat, obedientiam implet, perficit charitatem. His nempe virtutum gemmis quatuor cornua crucis ornantur: et est supereminentior charitas, a dextris obedientia, patientia a sinistris, radix virtutum humilitas in profundo".
(San Bernardo, IN DIE SANCTO PASHAE. SERMO De septem signaculis quae solvit Agnus, n. 3)

Caridad y humildad son como factores comunes necesarios y suficientes en todas las interacciones, pero específicamente especializadas en las interacciones son la paciencia en las pasiones y la obediencia en las acciones.

Por eso es una gran sentencia la del Padre Rubio, San Enrique Rubio: "Hay que hacer lo que Dios quiere (obediencia, en la acción) y querer lo que Dios hace" (paciencia, en la pasión).

Aquí viene bien aquel consejo de Santa Juana Jugan: "Jesús la espera en la capilla. Vaya a su encuentro cuando le falte fuerza y paciencia... cuando se sienta sola e impotente".
(Es decir, fuerza para la acción y paciencia para la pasión).


Punto final

M. M. Philipon, O.P., en su libro "Los Dones del Espíritu Santo", Editorial Balmes, Barcelona 1966, pag. 354 dice:
"finalidad suprema del universo: la consumación de todos los elegidos en la unidad de la Trinidad.".

Los dones del Espíritu Santo, M.M.Philipon O.P. Ediciones Palabra
Manuel Ma Domenech I.


Consideración

"Antes que nada, mira lo que yo entiendo por consideración. Pues no pretendo identificarla totalmente con la contemplación. Esta radica en la visión o certeza de lo va conocido, y la consideración es una búsqueda más bien de lo desconocido. En este sentido, la contemplación puede definirse como una penetración cierta y segura del alma o una aprehensión de la verdad que excluye toda duda. Y la consideración es una reflexión aguda del entendimiento o una aplicación intensa del espíritu para descubrir la verdad. En general, estos dos términos suelen usarse indistintamente".
Tratado de la Consideración, libro II, cap.5,1 (San Bernardo)


Cuidado con el Hermetismo. Antídoto: Dionisio Areopagita
Benedicto XVI, audiencia general 14-5-08, Dionisio Areopagita

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