El estructuralismo y la tecnología trinitaria

El estructuralismo y la tecnología trinitaria

Manuel María Domenech Izquierdo

Medida, número y peso en los intercambios entre sistemas

Una vez más encontramos esta tríada en las bases de una disciplina. Los sistemas interaccionan por intercambio de materia, de información y de energía. Esto está generalmente reconocido. Salvador Rueda Palenzuela, por ejemplo, dice en su libro "Ecología Urbana", pag 190:

"Tot ecosistema conté una comunitat d'organismes... ...i un funcionament a base d'intercanvis de matèria, informació i energia".

No hay más que buscar en GOOGLE materia energía información sistema entorno intercambio para encontrar más de 10.000 páginas en las que leer esto mismo, como, por ejemplo: Sistemas ambientales

Esto basta para mi objetivo de mostrar vestigios de semejanza con la Santísima Trinidad en la tecnología, pero voy a aprovechar esta página para hacer una advertencia.

Cuando recién empecé a trabajar en IBM descubrí la importancia de la noción de sistema. En Tecnología trinitaria lo he explicado.

Como ingeniero me fascinó el concepto. Pero en El fracaso de los modelos ya dije que todo modelo físico-matemático es uns simplificación.

Toda abstracción cuantitativa supone siempre una simplificación. Evidentemente lo separado es menos que el conjunto de donde se tomó. Sin embargo, dado lo poderoso que puede resultar lo simple, se puede llegar a confundir con lo real.

El modelo es por utilidad práctica algo simplificado y más sencillo que la realidad. Eso llevó a Descartes a no aceptar más que las ideas claras y distintas, lo que le cerraba el paso a la infinitud, profundidad y altura de la verdad. "Cette inexprimable sentiment de mystére des choses où notre esprit s'abîme dans un rayonnement de beauté..." dice Marcel Proust.

Como el modelo constituye una representación simple de la realidad, lo deducido a partir de él, no tiene garantía de universalidad, en contra de lo que supuso Kant, y tarde o temprano acaba por fracasar. De ahí que es necesario encontrar nuevos modelos que comprendan los resultados cuantitativos de los últimos fenómenos verificados.

Esta simplificación, por el mismo hecho de serlo, es un peligro. Antonio Caponnetto, en su libro "Pedagogía y Educación", pag. 140, previene de este peligro con estas palabras:

... el fenómeno de los "ideologismos reduccionistas", como acertadamente los llamó Alberto Fariña Videla y que consisten básicamente en reducir la totalidad de la realidad a una parte de la misma, para luego intentar explicar esa totalidad -es decir, la realidad concreta- desde aquella parcela a la que previamente se la redujo. (Modos y modas intelectuales: ¿les sirven a los educadores?, revista Estrada, año 1, N 2, 2a época, mayo de 1980, p. 2).

Decía Aristóteles, que la inteligencia es finita por arriba e infinita por abajo. Esa infinitud hace que las inteligencias a las que se abre la teoría de sistemas, queden deslumbradas por lo que sólo es una infinitésima parte de la realidad vista, además, por una rendija.

Aunque los tecnólogos pasen rozando los sellos de la Trinidad, lo hacen inconscientemente. Aunque traten profundamente la teoría de sistemas desde el punto de vista físico-matemático, sólo perciben superficialmente los conceptos que manejan. Hay que ver lo que contestan cuando se les inquiere qué entienden por materia, por información y por energía.

Los filósofos tienen una oportunidad de trabajo crucial para la historia del pensamiento: presentar a los estudiantes, tanto de ciencias como de letras, esos conceptos de manera que científicos y filósofos se gocen en darse cuenta de que hablan de lo mismo.

La separación entre ciencias y letras hace difícil el progreso en este tema y esta carencia hace que las mentes caigan por el precipicio del estructuralismo, que el Dr. Rubén A. Peretó Rivas, en el foro de la antigua Universidad Virtual Santo Tomás (UVST), ahora "Instituto Universitario Virtual Santo Tomás", describió de esta manera:

Bien pueden ser calificadas como "filosofías de la muerte" varias corrientes del pensamiento contemporáneo. Se ha mencionado a Nietzsche, quizás el antecesor inmediato más importantes de este pensamiento. Por mi parte, creo que el exponente más alto de las mismas es el estructuralismo y, dentro del mismo, Michael Foucault.

El estructuralismo sostiene que la realidad es un sistema de relaciones en el cual los términos no existen por sí mismos, sino sólo en conexión entre ellos y en relación con la totalidad en la cual se colocan, de modo tal que al análisis aislado de las partes debe corresponder un análisis coordinado de los conjuntos. En un sistema de este tipo el individuo, la persona, comienza a desaparecer absorbida por el conjunto, o por la cultura. En efecto, la categoría fundamental en la que se basa ya no es el ser sino la relación o la estructura, entendida como plexo ordenado de relaciones arquitectónicas. Yo no soy yo, sino que soy sólo mis circunstancias. O, como dirá Lacam, "yo no me llamo, sino que soy llamado". La vida misma del hombre se diluye en su función de parte o engranaje del entramado que estructura su propia cultura.

Uno puede descubrir detrás de estas razones el pensamiento psicoanalítico. Así como para Freud la libertad de la persona es una ficción en tanto su conducta está atada a los oscuros y desconocidos motivos que operan en el inconsciente, así, para el estructuralismo de Levi-Strauss, por ejemplo, la libertad individual no existe porque obramos condicionados por los paradigmas culturales en los cuales nos movemos.

A partir de aquí, Foucault puede comenzar con su destrucción de los mitos antropocéntricos. Copérnico había mostrado que la tierra, y el hombre que la habita, no es el centro del Universo. Darwin había concluido que el hombre no es un ser único e irrepetible creado por Dios, sino sólo un producto tardío de la evolución. Freud había mostrado que el hombre no era más que un juego de su propio aparato psíquico. Tocaba el turno ahora a Foucault de afirmar que el hombre está siendo borrado como una cara dibujada en la arena a la orilla del mar.

Es interesante leer en los escritos de Foucault la fascinación por la muerte que experimenta desde los inicios de su vida intelectual. Es significativa también la profunda amistad que lo unió con George Bataille, y la búsqueda de nuevas sensaciones, y nuevo sentido de la vida, que experimentaban a través de las más aberrantes prácticas sexuales que, finalmente, y voluntariamente, los condujo a la muerte.

Estas filosofías de la decadencia deben acrecentar en nosotros la admiración y fidelidad al pensamiento de Tomás. Después de leer obras que, además de intrincadas son nauseabundas, los claros e higiénicos textos del Aquinate nos deslumbran nuevamente por su belleza, profundidad y simplicidad.

Dr. Rubén A. Peretó Rivas
Centro de Estudios Filosóficos Medievales
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad Nacional de Cuyo


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