Su reino está sobre los de este mundo

Su reino está sobre los de este mundo

"Y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre. Son palabras del ángel a la Virgen sobre el Hijo prometido, asegurando que ha de poseer el reino de David. Que de la prosapia de David trajese su origen el Señor Jesús, nadie lo duda. Pero yo deseo saber cómo le dió el Señor el trono de su padre David, no habiendo reinado en Jerusalén, sino que, antes bien, queriéndole hacer Rey las turbas, no lo consintió, y aun delante de Pilatos protestó diciendo: Mi reino no es de este mundo. En fin, ¿qué cosa grande se promete para quien se sienta sobre los querubines, para quien vió el profeta (Is. 6,1) sentado sobre un excelso y elevado solio, en que haya de sentarse en el trono de David, su padre? Pero sabemos que hay otra Jerusalén significada por ésta, en que reinó David, y que es aquélla mucho más noble y rica. Esa misma, pues, juzgo se entiende aquí según el frecuente modo de hablar de la Escritura, en que se pone muchas veces lo que significa por el significado. A la verdad, le dió Dios el trono de David, su padre, cuando le constituyó Rey sobre Sión, su monte santo (Ps 2,6). Y aquí el profeta parece haber explicado más claramente de qué reino habla, porque no dicen Sión, sino sobre Sión. Por eso quizá dice sobre, porque ciertamente en Sión reinó David, pero está sobre Sión el reino aquel de quien se dijo a David: Del fruto de tu vientre pondrá sobre tu silla (Ps. 131,11); de quien se dijo también por otro profeta: Sobre el solio de David y sobre su reino se sentará (Is. 9,7). ¿No ves cómo en todas partes hallas sobre? Sobre Sión, sobre la silla, sobre el solio, sobre el reino".
(San Bernardo, Sobre la excelencia de la Virgen Madre, 4,1).


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