El problema del mal

El problema del mal

Todo falla, sólo Dios es infalible. Todo lo demás se estropea. Tanto desde una buena ingeniería como desde una buena informática, nada se puede diseñar bien, si no se piensa en las reparaciones, en el mantenimiento, en la monitorización. Más de treinta años de vida profesional me han convencido de esto con experiencia existencial.

Alguno dirá: ¿no pudo Dios impedir el fallo de sus criaturas?. Hacer un ser e impedir que fallara. Sí. Cualquier ángel de los que perseveró, sostenido por la gracia de Dios, es eso que dices. Todos los ángeles santos son Inmaculados y, sobre todos ellos está, la Inmaculada Concepción, la humilde nazarena del "fiat mii secundum verbum tuum".

Sin su gracia, por perfecto que un ángel hubiera sido creado, hubiese sido falible. Santo Tomás explica que a más perfección, más peligro de soberbia y que, por eso, el primer ángel que pecó fue el más perfecto.

Pero por crear el oro que no se oxida no quedó impedido de crear también el hierro. Se le puede pintar para que no se oxide, pero si no, es la manera que tiene de existir el óxido de hierro, que, si pudiera, daría gracias a Dios por esto.

Muchas veces el mal nos va muy bien. San Francisco llama a la muerte "hermana muerte". Se imaginan a los políticos que hablan como hablan teniendo que morir, cómo hablarían si fueran inmortales. A estos no les sirve de remedio. Unos desafían la muerte como si pudiéramos llegar a evitarla con el progreso y otros las buscan hasta la extinción de la raza humana como hace la llamada ecología profunda. Todos los que no quieren ver la filosofía tradicional se dividen en dos grupos: los que piensan que ellos pueden reformar el mundo de manera que desaparezca el mal y los que ven el mal como irreparable. Sólo para el cristiano el pecador puede convertirse, porque nada es esencialmente malo. Esto lo explico en "Las dos escatologías falsas".

Decimos que Dios escribe recto con renglones torcidos, pero nunca decimos que los renglones torcidos los hacemos nosotros, y después el Buen Dios rectifica lo que hemos hecho sacando bien del mal.

Cierta vez que nos dieron una cámara digital "nueva" porque la estropeada estaba en garantía, entendí que reparar es dejar las cosas como nuevas.

Se han de reparar las cosas materiales y también las espirituales. Se han de reparar las injusticias, y más que las máquinas, por tratarse de cosa más noble.

Estas reflexiones me han ayudado a entender la profundidad de la frase que Jesús dice: "ves Madre cómo hago nuevas todas las cosas" en La Pasión de Mel Gibson. Antes de ahora siempre había entendido la renovación del universo como algo que daba impasibilidad al mundo. Como si todos los materiales se nobilizaran. Ahora he entendido que la renovación es también una reparación, que en la ofensa a Dios se alcanza con sacrificio expiatorio.

Santo Tomás dice que en nada se muestra tanto la grandeza de Dios como en el perdonar. Es aquello que canta la liturgia: "Tú que maravillosamente creaste al hombre y más maravillosamente lo has restaurado".

Alguno dice: ¿y los pobres inocentes?. Los inocentes siempre serán Santos Inocentes, como los de Herodes. Pero, ay de los herodes. Y, también, ay de los que digan: ¿por que me pasa esto a mí, que soy tan inocente?. San Agustín nos aconseja muy bien: "no te desvíes ni a la izquierda con tranquila delectación de pecado, ni a la derecha con soberbia presunción de justicia". Pero atención que aquí el monarca fue de izquierdas y los que protestan son de derechas. Como se piensan inocentes, culpan a los demás de todo lo que les pasa a ellos, empezando por el vecino y terminando en el mismo Dios. Por eso se ensucian en cuestiones persecutorias: queman conventos, matan monjas, envenenan familiares, se piensan que los familiares les están envenenando, y cosas así.

"En la Eucaristía hemos de reparar la suprema injusticia del Calvario", que además fue para nosotros una reparación. Dar alimento se hace con amor paternal y no hay mayor amor que darse como alimento y además muriendo para reparar hasta a los que se creen inocentes. Aunque a éstos, si siguen así, no les servirá de nada, porque Jesucristo no vino a salvar a los justos.

El tener que reparar permite el ejercicio del amor y del amor que puede ser correspondido. Por eso la Iglesia llega a decir en Pascua: "Feliz la culpa que mereció tan grande Salvador".

La Iglesia nos ha enseñado que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús consiste en consagración al Rey de reyes y reparación de nuestros pecados.

Manuel M. Domenech I.


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