Barcelona, 17 de noviembre del 2000
En vigilias de la última festividad de Cristo Rey del siglo XX, he vuelto a recordar, una vez más, aquellas palabras del Papa, que nos dijo hace ya más de 20 años:
"Saludo también a la Asociación Juvenil San Luis Gonzaga de Barcelona;
Queridísimos jóvenes: que el recuerdo de este encuentro os ayude cada día más a vivir con alegría la fe cristiana, y a ser mensajeros de paz y de amor entre los hombres".
Estas palabras no son unas frases hechas, dichas para salir del paso a unos visitantes circunstanciales que pasan por Roma como unos turistas más. Son la consigna del Papa a los jóvenes de una asociación católica. Son palabras para toda la vida. Son palabras dedicadas a estimular los ideales de la asociación en cada uno de sus miembros. Son palabras para nosotros, muy especialmente para nosotros.
Ha sido precisamente leyendo el prefacio de la fiesta de Cristo Rey cuando he recordado aquel día de agosto en que el Papa besó a mi hijo.
Sí, nos dijo a nosotros el Papa que viviendo con alegría la fe cristiana, fuésemos mensajeros de amor y de paz entre los hombres. Mensajeros de Cristo Rey porque sólo en su reino se hallarán la verdad, la justicia, el amor y la paz. Sólo si el óleo de la alegría con que Cristo es ungido nos baña a todos como a las barbas de Aarón viviremos la fe con alegría que saltará hasta la vida eterna de aquellos que recibirán con gozo nuestro mensaje del amor y de la paz.
Vuestro padrino:
Manuel Ma Domenech I.
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