La civilización del amor (P. Alba, junio 1988)

La civilización del amor (P. Alba, junio 1988)

Decir que en Fátima me acordé de orar por toda la Asociación, por todos vosotros, no sería exacto. No puedo orar en ningún sentido determinado porque os llevo siempre en mí mismo en la presencia de Dios. Sí, pedía insistentemente en mis pasos y oraciones que la Santísima Virgen os mantenga unidos y fieles en nuestra peregrinación a la verdadera Patria. Y firmes en la gran tribulación que vivimos y que proseguirá aún más, durante tiempo.

En Fátima se adivina, proféticamente, cómo será la imagen del nuevo mundo que anhelamos y que se alumbrará con la victoria del Corazón Inmaculado de María sobre las fuerzas del infierno. En primer lugar se percibe una Cristiandad nueva más purificada que la gloriosa Cristiandad que murió a manos de la traición protestante, racionalista y liberal. Una Cristiandad no con la presencia de una espada de Imperio protector de la Iglesia, sino con la presencia exclusiva y paternal de Pedro en medio de un conjunto fraterno de naciones renacidas, que tendrán en Pedro luz para sus leyes y principio de unión para sus pueblos. Naciones que serán de toda lengua, raza, estirpe y continente. Un verdadero ecúmene de todos los pueblos dentro de la Iglesia.

Será una Cristiandad moderna, con todas las gracias de la técnica y todos los adelantos de una praxis científica puesta al servicio del hombre, y a la par pobre y volcada a las necesidades y carencias humanas, en una sociedad de caridad y alegría espiritual. Todo será suma en los corazones de los hombres, enriquecimiento de las almas, al tratarse y conocerse los hombres de distintas tierras y lejanos países que emularán en dar gloria a la Virgen María, la Reina de toda la Cristiandad. El Señor se lo ha dicho a Sor Lucía: Él quiere que todo el mundo conozca y reconozca que todos los bienes vendrán del Corazón Inmaculado de su Madre. Dichosa época la que vivirán las generaciones inmediatas y los últimos flecos de la nuestra. Los caminos de esa Cristiandad serán como nuevas rutas de Santiago, porque toda la tierra será una ciudad para contemplar en sus mil rincones las maravillas que Dios y la Virgen han obrado en favor de sus hijos. Rutas de Santiago en todas las direcciones de la Rosa de los Vientos, jalonadas de obras de misericordia, centros sociales, comunidades religiosas transidas de devoción, y muchos y santos sacerdotes padres de las almas, sacrificados y apóstoles.

Todo en Fátima lo anuncia. Y hasta parece que el sonido de las campanas de la esbelta torre basilical miden con sus notas los nuevos tiempos que se avecinan. La inmensa explanada, vacía al amanecer o en la noche, se proyecta ya en la próxima plenitud de los tiempos. En Fátima se recapitula toda el ansia de la Iglesia de salir de esta tiranía del poder satánico, para entrar en los mejores capítulos de la historia de la salvación.

A vosotros os digo que vamos a decidirnos a vivir, desde ahora sin importarnos los obstáculos cada vez más formidables que se interponen en ese camino, a vivir, digo, con esa simiente depositada en nuestros corazones en el Santuario de Fátima, simiente de esa nueva Cristiandad esplendorosa. Una vida sencilla, con trasparencias de vedad, sin intenciones escondidas, en pobreza, alegre, más fraterna entre nosotros, para compensar a los que nos dan la espalda o se distancian, construyendo en la Asociación el vínculo de la caridad que va a ser la atadura más fuerte que anude la próxima Cristiandad. Seamos en nuestra Asociación heraldos de ella.
José Ma Alba Cereceda, S.J.(junio 1988)


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