Tiempos apocalípticos

Cartas a mis ahijados

Tiempos apocalípticos

Barcelona, febrero de 1991

Queridos Ramón y Ana:

¡Cómo me iba a olvidar de los que apadriné en su boda, después de escribir tantas cartas a mis ahijados!.

¡Qué alegría más grande tuve cuando me dieron la noticia de vuestro primer hijo!. ¿Recordáis el verso que leí a Ana cuando fuí a llevarle el ramo?. Una de las cosas que os "profetizaba" era el gozo de encontrar juguetes por los rincones de vuestro hogar. ¡Mi profecía hubiera sido falsa sin Miguelito!. Y luego vino Ana. Como nombraba muñecas y ositos de peluche, hacía falta una niña para un perfecto cumplimiento.

También me refería a vuestras visitas del día de Reyes a casa de tíos y abuelos para recoger los juguetes y a que después oiríais en Misa aquello de Isaías (60,2-3):

Hace unos años que estoy trabajando en distinguir las estrofas del Apocalipsis, y hay una que viene a decir de Jerusalén lo mismo que Isaías: (Ap. 21,24-27)

En esta hora en que parece que se cumple lo del Apocalipsis (16,12): "Y el sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates, y se secaron sus aguas, para preparar el camino a los reyes del sol naciente", tenemos que animarnos de nuevo con la esperanza que dan estas estrofas: Sí, negros nublados cubren el horizonte, pero el alba del Señor ya se aproxima.

Durante los años 60, mis compañeros de la escuela me llamaban "exagerado" porque les repetía lo que había dicho uno de mis maestros: "Oiréis hablar del divorcio, el aborto y la eutanasia". Nadie entendía entonces la razón de la Iglesia cuando enseñaba que el comunismo no podía "funcionar". Aún quedan algunos despistados que siguen aquella línea y andan dando vueltas a temas como la ordenación de las mujeres u otras locuras. Poco importa. Ahora ya no tendrán que pasar 25 años para que se vea a dónde va a parar todo eso. Cuando el mundo termine de dar la vuelta que empezó el 17 de enero de 1991, ya no se hablará de ninguna de las insidias que ha promovido el progresismo durante el último cuarto de siglo. Sólo se discutirá si Jesucristo es el Mesías o no. La otra opción será ya el anticristo. La persecución que desencadenará contra los cristianos será terrible.

Por eso tenemos que armarnos de esperanza aprovechando fielmente todas las oportunidades que nos da nuestra asociación para practicar los ejercicios que nos preparan para el último combate. Nuestro Rey es Rey de reyes y Señor de señores (Ap. 19,16), y dice que viene enseguida y trae consigo el galardón. (Ap. 22,12).

Vuestro padrino de boda:

Manuel M. Domenech I.


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