Don de Piedad

Como dice M. M. Philipon, el gran teólogo especialista en las espiritualidades de los santos, "Monseñor Luis María Martínez y Rodríguez es uno de los más grandes maestros espirituales de la América Latina". Estas son algunas frases de la última página que escribió : "Ayer, en la oración, quise pensar cómo debía amar a Jesús. De improviso vino un amor intenso y ternísimo a mi alma, con especiales caracteres de desinterés y delicadeza. Hubiera querido convertirme en ternura para envolverle, para que no extrañara el seno del Padre. Vi y comprendí que ese amor, que ese matiz de amor es propio del amor maternal. Es el matiz de amor que es propio de la encarnación mística. Maternal o paternal, da lo mismo, cuando se trata de cosas espirituales_ Pero cese la pluma de pretender expresar lo que apenas el corazón siente_ !Jesús te amo; Tú sabes cómo!".

Se trata de la gracia mística que recibieron los santos que tuvieron a Jesús en brazos, como San Cristóbal, San Juan de Dios, San Cayetano, la Beata Madre Petra de San José, San Félix de Cantalicio, como lo pintó Murillo, y otros.

Quisiera explicar en pocas palabras la fuerza de esta idea. En el salmo 115 se pregunta el salmista: "¿Cómo devolveré al Señor todo el bien que me ha dado?". Yo aprendí esto de mi padre cuando al hacerle esta misma pregunta me dijo: "Si haces con tus hijos lo que yo he hecho contigo, ya me doy por bien pagado". Se entiende así, que los cristianos, que han vivido la inhabitación de la Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, en su alma, han podido amar con amor de madre a los otros cristos que son la corona de su gloria. No tenemos más que mirar cómo habla de sus "hijas" la Santa "Madre" Teresa de Jesús, cómo atendió a sus leprosos de Molokai el Beato "Padre" Damián, cómo el mundo ha admirado el amor de la "Madre" Teresa de Calcuta. Y si esto, que entre nieblas vislumbramos, nos conmueve tanto, qué será la Mediación Maternal de María y el amor paternal de su esposo San José.

Si desde aquí nos dejamos llevar por el vivificante impulso de esta sugerente y operante verdad, entramos en el tema de la Trinidad en la familia. El problema más difícil es encontrar al Espíritu Santo, porque está muy claro que en la familia hay padres e hijos. Advertidos por San Agustín, nos guardaremos de ponerlo en la esposa (De Trinitate XII,5,5). Las bodas no se refieren a la Sma. Trinidad, sino a otro misterio grande entre Cristo y su Iglesia, según San Pablo, y entre Yahvé e Israel, según casi todas las Sagradas Escrituras. Iluminados por Monseñor Martínez, cuando nos dice que "da lo mismo maternal que paternal", y por el mismo Jesucristo cuando nos enseña que "dos están en una sola carne" y, por tanto, son lo mismo, no nos queda más remedio que hallarlo en "el amor de los padres a los hijos" y, claro está, que también en el de los hijos a los padres.

La crítica y crucial oportunidad de recordar esta verdad se demuestra porque el anuncio profético de los precursores, Juan y Elías, se centra en su encarecimiento a la conversión "de los corazones de los padres a los hijos y de los jóvenes a la sabiduría de los justos", y también porque hoy, precisamente, se combate la unidad paterno-maternal con el divorcio, y los piadosos amores mutuos entre padres e hijos, que con ellos completan la imagen de la trinidad en la familia, con el aborto y la eutanasia.

Manuel Ma. Domenech I.


Consideralicemos a la Santísima Virgen al comentar la Navidad diciendo a San José: "un Niño nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado" (Isaías 9,5).

NOTA:

Sin embargo, como María concibió por obra y gracia del Espíritu Santo, en la Sagrada Familia sí que podemos decir que se ve al Padre en la paternidad de San José, al Hijo en el Niño y al Espíritu Santo en la Reina de la Misericordia. Así se dice que la Sagrada Familia es el icono de la Trinidad en la tierra.


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