El pesebre de la Navidad y la Eucaristía

El pesebre de la Navidad y la Eucaristía

Este fue el pregón de presentación de la proclamación de los premios del XXXIII concurso de belenes de la Unión Seglar de San Antonio Mª Claret de Barcelona el día 23 de enero de 2005.

"¿Quien no puede sentir en su interior la dulzura del Niño de Belén, que se me ha dado y se me da cada día en la Sagrada Eucaristía?", dijo el Padre Alba en diciembre del 2001. Y en octubre de 1972 decía que "la Sagrada Eucaristía es la base central de nuestra religión".

Por poco que se investigue, inmediatamente se ve que hay muy profundas verdades que, desde los Padres de la Iglesia, iluminan la fe del creyente en cuanto a las relaciones entre los misterios de la Encarnación y la Eucaristía.

Alrededor del pesebre, nos encontraremos los misterios de la fe múltiplemente ligados. En los belenes o pesebres tenemos distintos tipos de dioramas que representan la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento, el Anuncio a los Pastores, la Adoración de los Reyes, la Huida a Egipto, la Matanza de los Santos Inocentes. Todo alrededor de la Encarnación y el martirio, el sacrificio testimonial, y el banquete pascual.

El año pasado hablábamos del Amen de María. Amén, diremos al comulgar, "con profunda analogía" con el fiat de María.

Precisamente este año, el Papa convoca a toda la Iglesia a celebrar un "Año de la Eucaristía" y, por eso, será oportuno girar sobre los dos quicios Encarnación y Eucaristía.

Notemos que también, este año, la fiesta de la Encarnación coincide con el Viernes Santo.

La Presentación en el templo

Del diorama de la Presentación pasamos a la Pasión por la profecía de Simeón: "una espada te atravesará el alma", y, claro está, de la Pasión al Sacrificio Eucarístico. La Virgen de la Luz es también La Dolorosa. "En la Eucaristía hemos de reparar la suprema injusticia del Calvario.

La adoración de los Reyes

Ante la Eucaristía se han postrado reyes santos como Fernando III de Castilla. Se arrodilló para recibir el Viático, cosa que nos recordó muchas veces el Padre Alba.

El día de la Epifanía el sacerdote polaco Padre Arturo Migas dijo en su homilía que la adoración de los magos estaba en relación con la reverencia que exige la tercera edición del Ritual del Misal Romano.

Esta adoración de los reyes es la que sugirió a Don Luis de Trelles fundar la adoración nocturna para los tiempos apocalípticos que quieren olvidar a Dios en la vida social, con esa religión que adora al hombre sin Dios.

La Virgen del Rocío

El rocío aparece en el adviento y en el canon antes de la consagración.

La Iglesia nos pone como antífona en el cuarto domingo de Adviento aquel hermoso verso de Isaías (45,8) que invoca a los altos cielos para que manden su rocío y la tierra pueda germinar al Salvador.

Rorate coeli desuper et nubes pluant justum
Aperiatur terra et germinet salvatorem

  "Rociad, cielos, desde la altura,
que las nubes destilen justicia,
que la tierra se entreabra,
y frutos dé de salvación,
que a su vez sea fecunda la justicia.
Yo Jehová lo he creado".
(Isaías 45,8)
Aquí tenemos un antiguo fundamento de la devoción a la Virgen del Rocío.
Esto nos da derecho a llamar a María "Virgen del Rocío" precisamente por ser Madre de Dios que es lo más grande que es, lo que más es y por lo que es todo lo demás que es.

"Como el rocío sobre el vellón así descenderá sobre Ti el Verbo del Padre, según Su Benevolencia". (Sal. 72,6).

La norma del rezar es la norma del creer. Hasta en el Canon de la Misa se nombra el rocío del Espíritu sobre el fruto de la tierra. Cuando oigas esa palabra recuerda que por María se convirtió el agua en vino que ahora se va a "transubstanciar" en la Sangre de Cristo.

En la traducción catalana de la "Pregària Eucarística II"

Sou realment sant, Senyor, font de tota santedat.
Santifiqueu, doncs, aquestes ofrenes
fent que hi davalli el vostre Esperit, com la rosada,
perquè es converteixin per a nosaltres
en el Cos + i en la Sang de Jesucrist, nostre Senyor.
Que está más conforme con el original latino: "Vere Sanctus es, Dómine, fons omnis sanctitátis. Haec ergo dona, quaesumus, Spíritus tui rore sanctifica, ut nobis Corpus et Sanguis fiant Dómini nostri Iesu Christi".

Los pañales

Los pañales serán señal para los pastores junto con el pesebre. El Sumo Sacerdote se reviste de pañales, como dice San Bernardo. Hemos de reconocer al sacerdote aunque no lleve casulla. El sacerdocio imprime carácter. Que no nos pase como a los fariseos, que no le reconocieron.

Sólo hay un Dios bueno, pero hay hombres buenos y malos. Este Dios bueno es malo para los "buenos" y para los malos. No es muy difícil alcanzar la persecución. Nuestro Señor Jesucristo y San Jaun Bautista se enfrentaron a los "buenos" y a los malos, y a San Juan Bautista lo mataron los malos, pero a Jesucristo le mataron los "buenos". Pidamos a Dios no ser de los "buenos" que Él no vino a salvar.

El pesebre

Lo dicho aquí lo debo al (P. Horacio Bojorge S.J.) "María puso al Niño en un pesebre, ya como para ser comido". El pesebre será señal para los pastores, junto con los pañales.

Por una de esas providencias que alcanzan miles de años del hilo de la historia, Belén significa "casa de pan".

Con la Eucaristía comemos al que se alimenta con la Voluntad del Padre. "Yo tengo un alimento que no conocéis, cumplir la voluntad de mi Padre" Los padres engendran y alimentan. El hijo come para hacerse como los padres. El hambre es el apetito para crecer hasta ser lo que los padres son. El amor a Dios correspondido es querer cumplir la vocación que viene de Dios.

La vida eterna es Paterno-Filial, y es como un banquete.

Dios es Paterno-Filial. Y lo sería también aunque no hubiera creado nada. En la intimidad de la Trinidad vive una vida Paterno-Filial. Es la liturgia que hay en la intimidad de la Trinidad. De esa misma vida hemos de participar. Esa es nuestra vocación para la que hemos sido redimidos de nuestros pecados por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo.

Hemos de participar de esta Vida Eterna y ya participamos de ella por la gracia en esta vida. Cuando imitando a Jesucristo y a Él incorporados, vivimos como hijos, recibiéndonos del Padre, como explica el P. Horacio Bojorge y, además, como decía Mnr. Luis Mª Martiínez, al inhabitar toda la Trinidad en nosotros, cuando hacemos algo al Hijo, en los pobres, enfermos y hermanos, lo hacemos como padres, como el Padre hace a su Hijo.

Al obrar así ejercemos la caridad con el Padre y con el Hijo, con Dios y el prójimo, y se ve que en estos dos amores se resumen todos los mandamientos, toda la ley y los profetas.

Al comer al Hijo de Dios nos paternizamos y podemos, como el Padre, dar de comer a Jesucristo y saciar su hambre en los demás hermanos. Los sacramentos, igual que la Palabra de Dios, hacen lo que significan.

El que vive recibiéndose del Padre, se come la voluntad del Padre, y lo que se come se realiza. Sólo con la Eucaristía podemos hacer la voluntad del Padre. Santa Teresa de Jesús se queda asustada de sí misma cuando pide a Dios que le conceda "lo que nos interesa". Pidámosle que interceda para que no confundamos nuestra voluntad con la divina. O con San Agustín, "que nuestra malicia no destruya la bondad de su obra".

Y como una misma idea se entiende con la contraria, como enseña Santo Tomás, se ve que en el aborto y la eutanasia está la máxima ofensa al plan de Dios, la del fin de los tiempos; por eso dice el Señor: "Os enviaré al profeta Elías para convertir los corazones de los padres a los hijos y los corazones de los hijos a los padres, no sea que tenga que venir Yo a destruir La Tierra".

El Cordero de Dios

Es de destacar lo que significan los corderos para el pueblo de Israel. Al pesebre acuden pastores de corderos para ver el Cordero ante el que se postran reyes.

Todo honor y gloria se da al Padre por Él, con Él y en Él. Jesucristo es Sacerdote, Víctima y Altar.

La Virgen no fue sacerdotisa, pero "María, de sus entrañas, engendró el Cuerpo de la Víctima" y lo puso en el pesebre. Las mujeres cristianas en vez de pretender superar a María, pueden imitarla participando de su sacerdocio siendo madres de mártires. Se dice fácilmente, pero es don de la Gracia difícil de corresponder, lo cual también es gracia.

Pero, por la entrañas insondables de la misericordia de Dios, podemos acercarnos a la Santa Misa, donde el sacerdote pone a Jesús en el altar igual que María lo puso en un pesebre, como hijos pródigos y el Padre lo celebra con un banquete, en el que nos entrega el Cordero Degollado por nuestros pecados.

Así se evita olvidar al hombre "de espaldas al pueblo" y olvidar a Dios "de cara al pueblo", las dos beaterías que corresponden a las dos religiones falsas. También con el Padre Alba, podemos hacer una consideración aquí..

Recuerdo que el último verano de su vida, el día de familias del campamento, cuando se hubieron marchado las visitas, el Padre Alba empezó su charla diciendo: "Aquí sólo hay un problema: Jesucristo". Después continuó su predicación de manera magistral. Realmente, sólo en la adoración de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, se evita adorar al hombre sin Dios a la vez que adorar a un dios sin el hombre.

Si bien se mira sólo hay tres religiones: adorar al hombre sin Dios, adorar a un dios sin el hombre, y adorar a Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Ésta supone: Trinidad, Encarnación, Inmaculada Concepción y Eucaristía. Dicho sea de paso, los que pretenden separar la religión de la cosa pública, son los que se dividen de manera que son de la primera en lo humano y de la segunda durante sus beaterías. Son los que abusan del "dad al cesar lo que es del cesar y a Dios lo que es de Dios".

La Parusía

Como el círculo del año litúrgico que gira alrededor de las dos venidas de Cristo, así también, después de la venida sacramental decimos "ven Señor Jesús".

Oración a San José

Pidamos al Glorioso Patriarca San José que nos haga partícipes de su alegría en la cueva de Belén, donde Jesús estaba, pero no se le veía y se le empezó a ver, cada vez que en altar asistamos a la consagración, cuando Jesús no está y empieza a estar, aunque no se le vea. Así preparará nuestros corazones para el momento de la comunión, como preparó la Cueva de Belén hace ya 2000 años, para que podamos pronunciar nuestro "amen" al comulgar, con analogía, a imagen y semejanza, del "fiat" de María cuando "el Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros".
Manuel Ma Domenech I.


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