La soberbia de Pedro

Interlocutores

            Jesús - Pedro - Juan - Santiago - Judas - Malco (alguacil del templo) - Un tribuno Romano - Un muchacho (puede suprimirse) - La portera del palacio de Caifás - Dos alguaciles - dos soldados

Figurantes
            8 Apóstoles - Alguaciles del Templo - soldados romanos - paisanos judíos

La acción se desarrolla en una calle de Jerusalén y en el patio del Sumo Sacerdote Caifás.

Nota: El ACTO V puede suprimirse, sustutuyéndolo por el EPILOGO, y así basta con una sola decoración.

Acto Primero


(de noche)
ESCENA UNICA
(JUDAS en solitario) (llegando por la derecha del espectador)

JUDAS Hasta aquí he llegado yo,
desencantado y deshecho:
el Mesías anhelado
no es Jesús el Nazareno.

(Pausa)


Me levanté de la mesa
porque resistir no puedo
el rigor de unas palabras,
que me atruenan el cerebro:

- "Se va el Hijo del Hombre: esta ya escrito;
mas, ¡ay de aquél, por quien sse lleva a efecto!
¡Más le valiera al tal, no haber nacido!"
- ¿Soy por ventura, acaso yo, Maestro?
"Lo que tú vas a hacer, hazlo enseguida".
- Al instante lo haré, que urge ya el tiempo.

(Pausa)


En vez de entre estandartes victoriosos
y capitanes con liuciente espada
sobre un carro de guerra del que tiran
cien prisioneros, que rindieron armas,
jinete en un pollino enjaezado
con mantos y seguido por una asna,
por caminos angostos entre olivos,
hacia Jerusalén se aproximaba.

Unos echan sus mantos sobre el suelo,
otros cortan y extienden verdes ramas
sobre el camino, a fin de que el pollino,
que llevaba tal carga las hollara.

Le precedía numerosa turba
con ramas de laurel, de olivo y palmas.
"Hosanna al hijo de David" -decían-
"Bendito el rey, que llega" -otros clamaban-.

"Bendito quien en nombre de Dios, llega".
"Bendito el reino y, de David, la casta,
que nos da al rey de paz, al rey de gloria:
es ya realidad nuestra esperanza".

"Si vieran este día los profetas..."
"Si oyeran nuestras voces los patriarcas..."
"paz en la tierra y gñoria en las alturas".
"¡Viva el rey de Israel! ¡Hosanna! ¡Hosanna!".

"Bendito sea quien venció a la muerte,
quien a la tumba, a Lázaro arrebata
y lo vuelve a la luz del claro día:
nosotros hemos visto como él anda".

Los fariseos, entre sí dijeron:
"¿No veis que así, no adelantamos nada?,
Todo el mundo se va detrás de ese hombre".

Y alguno, entre la turba, le increpaba:
"Reprende ya, maestro, a quienes gritan".
Y el respondió: "En verdad, que si estos callan,
levantarán su voz, las mudas piedras".

Al divisar la torres y murallas
de esta ciudad, sus ojos se entristecen
y su boca, desastres anunciaba:

"¡Si hubieras conocido en este día,
lo que lleva a la paz, que tú rechazas;
mas, se ocultó a tus ojos, que están ciegos,
como tus mentes duras y obcecadas!"

"Porque van a venir días de luchas:
Tus enemigos alzarán sus vallas
alrededor de ti, por todas partes,
y oprimida serás por tal tenaza

que contra el hierro estrellará a tus hijos
y, contra el suelo estrellará tus casas:
No dejarán ni piedra sobre piedra
porque no quieres, hoy, ser visitada".

(Pausa)


Cuando entró en la ciudad, sus moradores
conmovidos y ansiosos preguntaban:
"¿Quién es ése, que llega triunfalmente
entre las multitudes, que lo aclaman?"

"El profeta Jesús, el Nazareno"
- Las turbas jubilosas, contestaban -
El desfió por las estrechas calles
siendo aclamado en las abiertas plazas.

Y, entre voces de triunfo, entró en el Templo
y echó a los que vendían y compraban:
a los cambistas, les volcó sus mesas
y las sillas quebró y rompió las jaulas
de aquellos que vendían las palomas.
Y les dijo: "Está escrito que "Mi casa
será llamada casa de oraciones"
mas, vosotros la hacéis "cueva del hampa"".

Entonces le dijeron los levitas
¿Con qué poder, el látigo levantas?
¿Quién eres tú, que en nuestros intereses
iracundo y violento nos maltratas?
¿Qué signo nos das tú, que te acredite
que con autoridad, tú nos despachas?
"Destruid este templo" - les decía -
"y lo alzaré de nuevo en tres jorandas".
A él se acercaron ciegos y tullidos
y los sanó el poder de su palabra.

Pero, los fariseos, los escribas
viendo aquellos prodigios que él obraba,
y oyendo el griterío de los niños,
que en el templo, gozosos exclamaban:
"¡Hosanna al Hijo de David!", se indignan
y le dijeron: ¡¿Oyes lo que exclaman?!

Jseús les replicó: "¿No habéis leído:
"De la boca, que apenas aún, no habla,
de los tiernoss infantes que la leche
de la ubre maternal, asiduos maman,
te dispusiste elogio"?"-Dejó el Templo,
pisó las calles y cruzó las plazas,
salió de la ciudad, pasó entre olivos
y se albergó en la aldea de Betania.

(Pausa)


¿Qué esperaba ese Jesús a declararse
caudillo en jefe de la gente hebraica?
¿Por qué no grita:¡En pié, Usrael, marchemos
en nombre del Señor , a la batalla!"?...

Me voy desegañando del Mesías,
que no liberta a su oprimida patria.
¿Se puede sacudir acaso el yugo
sin pensar en el uso de las armas?...

¿Es que van a marcharse los gentiles
sólo por el temor a las palabras?
¿Para fundir cadenass de ignominia,
el calor de boca, acaso, basta?.......

¿Ese era el rey, que había de llevarnos
a sojuzgar a las distintas razas?......
Mientras los publicanos le conviden,
puede ir gimiendo la nación esclava.

(Se va por la izquierda del espectador)

Acto Segundo

(de noche)
ESCENA I

(JESUS y los ONCE APOSTOLES)
(llegando por la derecha del espectador)

JESUS Hijitos, que engendré con mi palabra,
con vosotros estoy ya poco tiempo.
Me buscaréis y ahora Yo os declaro
lo mismo que les dije a los hebreos:
Donde Yo voy, vosotros no es posible
que me sigáis- Un mandamiento nuevoi
os doy: Que os améis unos a otros.
Cual Yo os amé, que sea vuestro afecto:
si os profesáis amor entre vosotros,c
conocerán que me seguís, en esto.

(Pausa)


Todos por Mí, lo habéis dejado todo:
mis discípulos sois, me vais siguiendo,
parecéis decididos y abnegados.......
Todos vosotros, esta noche, empero,
vais a sufrir escándalo: está escrito:

"Despierta espada, blandirás tu hierro
contra el Pastor, varón que es mi asociado,
-clama el Señor, que es Dios de los Ejércitos-;
hiere al Pastor y, entonces el Rebaño,
falto de guía, vagará disperso".

Pero, después de haber resucitado,
a Galilea llegaré primero
que vosotros lleguéis.

PEDRO             -Aunque éstos, todos
se escandalicen, yo jamás, Maestro,
me escandalizaré.

JESUS             -Simóm, repara
que Satanás reclama vuestros cuerpos,
para zarandearos como el trigo;
mas, por ti, Yo he rogado, Simón Pedro,
a fin de que tu fe no desfallezca.

Y tú, una vez estés, sobre ti vuelto,
conforta a tue hermanos.

PEDRO             -Señor mío
¿a dónde vas?

JESUS             -No puedes de momento
seguirme a donde voy; mas, tem paciencia:
me seguirás después.

PEDRO             -¿Por qué no puedo
seguirte ahora? Yo daré mi vida
por ti.

JESUS             -¿Por mí, tu vida?... No te creo.

PEDRO - ¿Soy, acaso, cobarde ante el peligro?...
Señor, has de saber que estoy dispuesto
a ir contigo a la cárcel y a la muerte.

JESUS - En verdad, en verdad te digo, Pedro,
que esta misma noche, en que vivimos,
no va a cantar el gallo al día nuevo,
antes que tú me niegues por tres veces.

PEDRO - Aunque haya de morir, yo no te niego.

JUAN - ¡Señor!

MATEO             - ¡Señor Jesús!

SANTIAGO             - También nosotros,
si es preciso, contigo moriremos.

JESUS - Cuando os envié sin bolsa, sin alforja,
sin sandalias, sin pan y sin dinero,
¿os faltó alguna cosa necesaria?

TODOS Nada.

JESUS             - Pues bien, ahora disponeos
a tomar una bolsa, quien la tenga,
e igualmente la alforja. Quien de hierro
carezca, venda el manto y compre espada,
pues, en mí, ha de cumplirse el sacro texto:

"Una gran multitud daré en herencia
e innumerables gentes, cual trofeo,
recibirá por derramar su sangre
hasta la muerte, entre malvados puesto,
llevando los pecados de los otros
y, por la especie humana, intercediendo".

(Is 53,12)


Así toca a su fin lo que a mí atañe.

JUAN - Hay dos espadas de fulgente acero.

SANTIAGO - Helas aquí, Señor.

( Las desenvaina).


JESUS             - Bastantes. ¡Basta!

PEDRO - ¿Sólo con dos espadas lucharemos?

(Toma una)


JESUS - Mis discípulos sois: seguidme ahora
y guardad espadas para luego.
Vamos ya al monte, al pie de los olivos.

PEDRO - Sigamos al Señor.

JUAN             - Tras él, marchenos.

(Todos se van por la izquierda del espectador)

ESCENA II de Ampliación [UN MUCHACHO]

"Y un cierto joven le seguía, envuelto en una sábana sobre el cuerpo desnudo; [...]" (Mc 14,51)
(Llegando por la derecha del espectador)

EL MUCHACHO - Como los hombres,
anhelo ser:
Salen de noche,
salgo también.

Y aunque mi padre
tenga interés
en que yo duerma,
quiero correr.

Puede encerrrame:
me escaparé,
aunque me zurre
luego al volver.

Puede él atarme:
me soltaré:
las ligaduras
ya sé romper

Puede él dejarme
sólo en mi piel:
si no hallo ropa,
desnudo iré.

(Pausa)


Voy a seguirles:
voy a ir a ver
qué hacen o dicen
en mal o en bien.

(Se va por la izquierda del espectador).

Acto Tercero

(de noche)
ESCENA UNICA

(JUDAS, MALCO, UN TRIBUNO ROMANO, SOLDADOS ROMANOS,
ALGUACILES del templo y PAISANOS judíos)

(Llegando por la derecha del espectador
con linternas, antorchas, garrotes, cuerdas y cadenas)

MALCO - Ese Jesús es hombre peligroso
hay que tomar debidas precauciones.
vayamos prevenidos: sus discípulos
pueden darnos batalla por el monte.

EL TRIBUNO - Hemos de procurar que no se escape
amparado en las sombras de la noche.

JUDAS - Aquel, a quien besare, es él. Prendedlo:
agarradlo fuertemente, que no logre
con su ímpetu romper las ataduras
y la Judea pronto él abandone.

MALCO - La cuerdas son de esparto resistente
y la fuerza de un toro no las rompe.

JUDAS - Seguidme a mí: yo sé el lugar exacto,
donde él medita sus maquinaciones
para apartar a ilusos e ignorantes
de escribas, fariseos y doctores.

(Todos se van por la izquierda del espectador)

Acto Cuarto

(de noche)
ESCENA I

(Un MUCHACHO en paños menores llegando corriendo
por la izquierda del espectador)

(Esta escena puede suprimirse)

EL MUCHACHO - ¡Tus discípulos huyen de tu ladoyi
y te abandonan a tus aprehensores!
Yo te seguí, Señor, aunque cobardes,
todos tus elegidos te abandonen.

No han podido pillarme los soldados:
mi sábana cogieron por un borde.
Nadie puede correr llevando armas
a no ser que de encima las arroje.

(Se va por la derecha del espectador).

ESCENA II

(JUDAS llegando por la izquierda)

JUDAS - Aquel, a quien besé ya lo han prendido.
Sólo resta esperar que él reaccione
y tal como expulsó a los mercaderes,
que a los romanos, de Israel arroje.

Por un beso me han dado treinta siclos:
treinta monedas blancas por un hombre.
De día, trabajar es muy pesado:
no cansa tanto delatar de noche.

En vez de plata, yo preferiría
ver estas tierras libres de opresores:
Bajo gentiles, ¿vivió sin zozobra?......
Sin libertad, ¿existe cualquier goce?......

Yo no tengo seguro cuanto tengo:
Aunque no hay que temer ya los ladrones,
¿puedo, acaso, escapar de los impuestos?....
¿puedo eludir a los recaudadores?....

¡Desdichado de mí! Si ya no temo
que, al pasar por la calle, me despojen,
he de dar cuentas a los publicanos
y soportar que, vivo, me devoren.

(Se va por la derecha del espectador)

ESCENA III

(JESUS atado de manos con una cuerda,
MALCO, UN TRIBUNO, SOLDADOS, ALGUACILES y PAISANOS
llegando todos por la izquierda del espectador)

MALCO (a Jesús) - De llevarte al palacio del Pontífice
se nos ha dado taxativa orden.

JESUS - Como contra un ladrón, habéis salido
armados con espadas y bastones,
para prenderme.- Cada día estaba
entre vosotros y, a mis firmes voces,
las paredes del Templo resonaban
y nadie alzó las manos en protesta,
ni movió la cabeza, desacorde.

No me prendisteis a la luz del día.
Es esta vuestra hora: por la noche:
Desde Adán el Poder de las Tinieblas
subyuga férreamente todo el orbe.

Esto sucede para que se cumpla
cuanto de mí, escribieron los varones,
que anunciaron al Pueblo, mi venida
y el Pueblo, sus escritos desconoce.

(Todos se van por la derecha del espectador)

ESCENA IV

(PEDRO, JUAN y SANTIAGO llegando
por la izquierda del espectador)

JUAN -Llevan preso al Señor, los alguaciles
el tribuno romano y su cohorte.

PEDRO - Fui el único, que osó empuñar el hierro
y golpear y herir a quien fue torpe;
más, él curó la oreja cercenada
y premió mi valor con un reproche:

"Vuelve la espada a su lugar, pues, todos
cuantos usan espadas a la postre
perecerán al filo de la espada
gustando, del acero, los rigores".

"O, ¿piensas que no puedo orar al Padre
y me enviaría a aquí doce legiones
de ángeles? -Pero, ¿cómo la Escritura
tendría exacto cumplimiento entonces?".

SANTIAGO - Tuvimos que entregarlo: no sirvieron
las dos espadas ni tus rudos golpes.

PEDRO - Yo seguiré al Maestro a donde él vaya,
aunque él me reconvenga y me reproche.

JUAN - Yo te acompañaré sin tantos bríos.

SANTIAGO - Yo me quedo turbado en este monte.

(Pedro y Juan se van por la derecha del espectador)

ESCENA V

(SANTIAGO solo en escena)
por la izquierda del espectador)

SANTIAGO - Los esbirros prendieron al Maestro&GML.
se han derrumbado nuestras ilusiones.
¡"Cayó el Pastor: disperso va el rebaño"!.
Y caminamos sin saber a dónde.

Yo vi prender a mi Maestro y guía.
¿No vamos a tener perseguidores?
Los tendremos sin duda. El ya lo dijo:
"Os lo harán todo a causa de mi Nombre.
Sólo obtendréis del Mundo, odio y desprecio,
porque a Aquel, que Me envió, no Lo conocen".


La misma escena con más interlocutores
(Santiago,Tomás, Mateo, Bartolomé, Simón,Andrés)

SANTIAGO

- Los esbirros prendieron al Maestro.

TOMAS - Se han derrumbado nuestras ilusiones.

MATEO - ¡"Cayó el Pastor: disperso va el rebaño"!.

BARTOLOME - Y caminamos sin saber a dónde.

SANTIAGO - Yo vi prender a mi Maestro y guía.

SIMON - ¿No vamos a tener perseguidores?

ANDRES - Los tendremos sin duda.

MATEO             - El ya lo dijo:
"Os lo harán todo a causa de mi Nombre.
Sólo obtendréis del Mundo, odio y desprecio,
porque a Aquel, que Me envió, no Lo conocen".

FELIPE - Escondernos y huir es lo importante.

JUDAS TADEO - Escapemos en todas direcciones.

TOMAS - Si vamos todos juntos, es probable
que a todos juntos apresarnos logren.

(Se van cada uno por su lado)

Acto Quinto

(Patio del palacio del pontífice de Jerusalén)
ESCENA I

(JESUS, MALCO, ALGUACILES cruzando la escena)

MALCO - Aquí traemos a este hombre
detenido entre olivares
para aclarar qué tramaba
por aquellos andurriales.

ESCENA II

(ALGUACIL A y ALGUACIL B, cruzando la escena)

ALGUACIL A - La primavera ha llegado:
pero las noches son frías
y esta noche siento tanto
que parece que me pinchan.

ALGUACIL B De día el sol nos abrasa;
de noche, se forma hielo
se enfría el aire de pronto
y entumece nuestros dedos.

ALGUACIL A Como habremos de aguadar
aquí no sé cuanto tiempo
pidamos algo que pueda
convertirse en un brasero.

ALGUACIL B (a voz en grito) - Portera de esta mansión,
¿nos puedes dar trastos viejos
para que junto a la lumbre
los cuerpos reconfortemos?

ESCENA III

(Dichos y la PORTERA)

LA PORTERA (Con una silla rota en la mano) - Tomad esta silla rota
para alimentar el fuego.
Si pudiéramos quemar
a un grupo de fariseos,
viviríamos felices
tal como viven los griegos.

(Aparte) ¡¿A quién veo por aquí?!
¡¿Estoy despierta o yo sueño?!

ESCENA IV

(Dichos y JUAN (a la portera))

JUAN - Voy a buscar a aquel que aguardaba fuera:
tengo permiso para que él penetre.

LA PORTERA - Vale más que te cases, jovencito,
pues, son para los hombres, las mujeres.
¿Eres feliz, tan joven entre ancianos,
cuya vida es pensar sólo en la muerte?...
¿Su amargura senil a que te bese
una esposa que te ame con dulzura?...
Vive y goza la vida, que aún te queda.
¡Goza el sol del placer, que se anochece
muy pronto y no es posible detenerlo!......

JUAN - Dijo el Maestro: "Todo aquél, que deje
a su mujer, para casar con otra,
un adulterio público comete".

"Y quien casa con una repudiada,
adultera". -Dijimos: No conviene
casarse. -Respondió: "En verdad, os digo:
Este lenguaje, todos no comprenden,
sino aquéllos a quienes es dado".

"Porque hay que son eunucos desde el vientre
materno, otros hay hechos por los hombres
y hay otros, que se hicieron libremente
por el amor al Reino de los Cielos"

"Entienda esto tan sólo quien lo entiende".

(Se va a la calle)

ESCENA V

(Los ALGUACILES y la PORTERA)

LA PORTERA (aparte) -¡Jamás he visto a un joven tan huraño:
no se digno siquiera responderme
si se piensa casar, con quién y cuándo,
porque no va estar joven para siempre!

ALGUACIL A (calentándose) - Esto sí que es media vida:
poder estar junto al fuego.
Estaba tieso de frío
y ya sin dolor me muevo.

ALGUACIL B (calentándose) - Los idólatras gentiles
bendicen a Prometeo,
quien por amor a los hombres
a los dioses robó el fuego.

ALGUACIL A - Regalo para el sentido:
es el bien más verdadero,
pues, estando junto a él,
del frío nos reponemos.

ESCENA VI

(Dichos JUAN y PEDRO)

JUAN (a la portera) - Ya estoy de vuelta con mi compañero
de faenar con barcas y con redes.

LA PORTERA -Recuerdo que venías hace años
a traernos pescado. ¿Ya no hay peces
para poder pescar en Tiberíades?...

JUAN (aparte) - Hoy somos pescadores de otra especie

(JUAN se va hacia donde conducían a JESUS)

ESCENA VII

(Dichos, menos JUAN)

LA PORTERA (aparte) - Me da qué sospechar tal como mira
este hombre hacia los altos capiteles:
observo en él, los ojos muy abiertos.
Le voy a interrogar: nada se pierde.

LA PORTERA (a Pedro) - ¿No eres también discípulo de ese hombre?

PEDRO - Lo que dices, no se absolutamente:
Mujer, no lo conozco ni vi nunca,
ni siquiera sabía que existiese.

PEDRO (aparte) - Allí hacen fuego y tiemblo yo de frío:
en aquel corro yo estaré caliente.

LA PORTERA (aparte) - El último que entró mes está intrigando:
respondió con cautela. Y... ¿si pretende
soltar al preso?... ¡Guerdias! Ese andaba
con Jesús Nazareno.

PEDRO             - ¡Mujer!... mientes:
yo no conozco a ese hombre, que tú nombras.
ni sé por qué aquí atado, lo retienen.

ALGUACIL A - De verdad, tú también ibas con ellos,
pues, por el habla, galileo eres.

ALGUACIL B - ¿No te vi yo en el huerto, junto a él mismo
y empuñando la espada, defenderle
y cercenar la oreja de mi hermano?.......

PEDRO - ¡Malditos tú y tu hermano y tus parientes!
Yo no conozco a ese hombre en absoluto.
Si no digo verdad, muerto aquí quedo
o me vea por tierras y por mares,
sin rumbo fijo, de mi patria, ausente
y, al fin, termine yo entre los gentiles
e, idéntica a la de él, sea mi muerte.
No le he visto jamás ni le conozco,
ni sé que trama ni lo que él pretende.

(Canta un gallo)

PEDRO (aparte)
¡Tal cual lo había dicho canta el gallo
y Pedro ya ha negado conocerle!!!

ESCENA VIII

(Dichos, JESUS y ALGUACILES cruzando la escena)

PEDRO - ¿Por qué, Señor, teniendo atado el cuerpo,
para mirar a Pedro, el rostro vuelves?
¿Por qué me lanzas rayos por tus ojos,
que al caer en los míos, mi alma encienden?...
¡Tarde recuerdo yo que me anunciaste
que incluso yo, también, sería aleve!
¡Aún el canto del gallo se percibe
y Pedro ya ha negado conocerte!

ESCENA IX

(PEDRO, LA PORTERA y dos ALGUACILES)

PEDRO (aparte) - ¡Señor! ¡Señor! ¡Señor!.... Si te he negado,
la cólera del Padre no te vengue.
Me aparto de estos hombres: qu no vean
a un pecador en llanto deshacerse.

(PEDRO se va a la calle)

ESCENA X

(Dichos menos PEDRO)

LA PORTERA - ¿Quién mentía: la moza o ese intruso,
que se atrevió a decirme: "¡Mujer!, mientes:
yo no conozco a ese hombre, que tu nombras.
Ni sé por qué aquí atado, lo retienen"?
¿Siempre declaran la verdad los hombres
y somos mentirosas, las mujeres?....
Las mujeres tenemos mucha vista
y los hombres, salir por la tangente
es el recurso más general que usan
cuando una situación les compromete.

(Los ALGUACILES se van avergonzados)

ESCENA XI

(LA PORTERA sola)

LA PORTERA - ¿Ya se les pasó el frío a vuestros cuerpos?
¿Ya no tenéis manos y pies inertes?.....
De cara a la verdad, ¿hay hombre alguno,
que resista impertérrito y valiente?.....

EPILOGO

(PEDRO solo en la calle)

PEDRO Sí, negué a mi Señor: dije temblando:
"Lo que dices no sé absolutamente".
Respondí a una mujer: "No lo conozco,
ni siquiera sabía que existiese".

Cuando estaba en un corro entre alguaciles,
que hacían lumbre para estar calientes,
me delató diciendo que yo andaba
con Jesús Nazareno.- ¡Mujer!..., mientes:
yo no conozco a ese hombre, que tu nombras.
- Exclamé yo, mintiendo al responderle.-

Un alguacil, cogiéndome este brazo,
me increpó: "Tú, negármelo, no puedes
ibas con él, por más que disimules,
pues, por el habla, galileo eres".

"¿No te vi yo en el huerto, junto a él mismo
y, empuñando la espada defenderle
y cercenar la oreja de mi hermano?...

-"¡Malditos tú y tu hermano y tus parientes!"
-l respondí.- Yo no conozco a ese hombre
ni sé por qué, aquí atado, lo retienen".
"Lo juro por el Templo y por mi vida".
"Si no dogo la verdad, muerto aquí quede".
"O me vea, por tierras y por mares,
sin rumbo fijo, de mi patria ausente
y al fin termine yo, entre los gentiles
e, idéntica a la de él, sea mi muerte".

"Yo no conozco a ese hombre en absoluto,
ni sus manejos ni lo que él pretende".

¿Por qué, Señor, teniendo atado el cuerpo
para mirar a Pedro, el rostro vuelves?
¿Por qué me lanzas rayos por tus ojos,
que al caer en los míos, mi alma encienden?...

¡Tarde recuerdo yo que me anunciaste
que incluso yo también sería aleve!
"Antes que cante el gallo, en esta noche,
tú ya me habrás negado por tres veces".
¡Aún el canto del gallo se percibe
y Pedro ya ha negado conocerte!

¡Señor! ¡Señor! ¡Señor!.... Si te he negado,
la cólera del Padre no te vengue.-
Padre, perdón, en nombre de tu Hijo,
¡Dios misericordioso! ¡Dios clemente!
Apiádate de mí, porque he pecado
negando a mi Señor, sin que cumpliese
sus enseñanzas, que él nos dio en el monte,
ante las multitudes más ingentes:

"Habéis oído que se dijo antaño:
«No perjurarás tú, sino fielmente
cumplirás el Señor lo que has jurado».
Mas, yo os digo que seáis prudentes
y que jamás juréis de ningún modo:
ni por el Cielo, porque es, de Dios, sede;
ni por la Tierra, donde El sus pies pone;
ni por Jerusalén, ciudad de Reyes".
"No jures, infeliz, por tu cabeza,
pues, un solo cabello tú no puedes
hacer que sea blanco, negro o rubio".
"Sea vuestro lenguaje únicamente:
'Sí' por sí, 'No' por no, que es del Maligno
toda palabra inútil, que a esto excede


(FIN de La Soberbia de San Pedro)

Camino(s) ascendente(s):