Principio y fundamento

Ejercicios dados durante la Semana Santa de 1985, en la casa de la Beata Madre María Rafols, en Vilafranca del Penedés.

(Transcribo algunas de sus frases, más o menos exactamente según me permitió el tomarlas al vuelo).

Los antiguos buscaban la piedra filosofal para convertir las cosas en oro. Dios, cuando toca un alma, la hace santa.

No nacemos de sangre ni de voluntad de carne, sino de Dios. Si una obra de arte tuviera conciencia, ¿qué diría al artista? ¿Por qué me has hecho así?. Dios me ha dado el ser; no me ha salvado la vida, no me ha dado una cultura. ¡Me ha dado el ser!. Me dicen la Virgen y el ángel de la guarda: "fuiste creado de la nada".

Pretendemos ser felices; que nos amen, que nos quieran. Dios nos dice: "la felicidad es vivir eternamente conmigo, y para eso me tienes que alabar, hacer reverencia y servir". "Los hombres transforman, pero tú fuiste hecho de la nada, de mi voluntad omnipotente". "Eres hechura mía por la creación".

"Además de la creación te re-creé, porque estabas perdido". "Fuiste hecho y redimido con mi propia Sangre de mi Hijo". "Recibiste la Sangre de Dios como vestidura, pero no a lo protestante, sino re-creado por dentro de nuevo". "Es necesario que que vivas conmigo para siempre". "Sólo Dios basta".

¡Oh Dios que maravillosamente creaste la dignidad de la naturaleza humana, pero más maravillosamente la re-creaste!.

Luego viene la contemplación de las demás cosas; las cosas sólo han sido creadas, no han sido redimidas; por eso son inferiores a mí; esas otras cosas son la escalera por la que yo tengo que subir.

Estos tiempos que nos ha tocado vivir, han sido creados para que nos ayuden a la salvación del alma. No para que me aparten de Dios Nuestro Señor.

Es como una escalera: la escalera de la creación. Así vamos pisando las criaturas, apoyándonos en ellas, subiendo hacia Dios. Todas llevan un letrero que dice: "sube más arriba". Tú no estás hecho para ser cosa entre las cosas. Ellas no llegan a Dios.

A veces, en el uso, Dios pide que dejes las criaturas; no todo es para todos. En la farmacia, ¡cuántas cosas hay! y sólo tomamos la nuestra. ¡Que loco sería el que empezara a probarlas todas!. Unas son para usarlas, otras para dejarlas, por eso tengo que usar de penitencia: por eso tengo que ayunar y que comer, que estudiar y dejar de estudiar; tengo que hablar y conversar y tengo que estar en silencio. El uso de las criaturas es la ciencia de las ciencias; es la sabiduría de los santos. Usaré la ciencia de la indiferencia. La indiferencia es la disponibilidad del corazón. Soporta, recibe, abstente. Dispuesto a no hacer nada más que lo que me conviene para la salvación de mi alma; como la pura potencia que va a recibir el acto; como el enfermo que va a recibir órdenes del médico después de la convalecencia. Así procedían los santos.

San Ignacio se complacía en formar hombres con esa disposición. A San Pedro Canisio, antes del primer catecismo, base de la contrarreforma en Alemania. le preguntó San Ignacio qué prefería, Sicilia, Alemania. ¿A qué se inclina?. Respondió: "me inclino a no inclinarme, quiero lo que vos queráis".

Esta indiferencia no trata de matar el sentimiento, sino de no determinar la voluntad nada más que por donde Dios quiera. Dios hace después que se haga fácil lo difícil, y los santos encontraban la felicidad en hacer en contra de sus propios sentimientos.

No estamos hechos; tenemos que hacernos, dice San Ignacio. ¡Cuántos hombres se llaman espirituales y usan de las criaturas como los paganos! ¡Cuántos no han empezado por el ABC de la vida cristiana que es el buen uso de las criaturas! "Solamente deseando y eligiendo..." "no más salud que enfermedad, riqueza o pobreza, vida larga o corta".

"Lo que es imposible a los hombres es posible a Dios". ¡Oh que triste llegar a la muerte y tener que despedirse por haber vivido esclavo de las cosas!. La razón tiene que estar gobernando. Pedid saber asimilar estas fundamentales verdades. "Señor, dame la ciencia de la indiferencia".


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