José Padre del Rey del Pueblo de Dios

José Padre del Rey del Pueblo de Dios


 
San José del convento de San José de Ávila, primera fundación de Santa Teresa
 

"O sea, que no fuisteis vosotros los que me enviasteis acá, sino Dios, y él me ha convertido en padre de Faraón, en dueño de toda su casa y amo de todo Egipto" (Gen 45,8).


"La Iglesia espera, junto con los Profetas y el Apóstol, aquel día sólo por Dios conocido, en el que todos los pueblos, con una sola voz, invocarán al Señor y le servirán como un solo hombre" (Soph 3,9).

Declaración "Nostra Aetate" del Vaticano II, n. 4
 

José, hijo de Jacob, es figura de San José, padre de Cristo Rey. Vemos a José como padre del faraón en génesis 45,8. "Es Dios quien me trajo y me ha hecho padre del faraón y señor de toda su casa".

Nos decía Juan Pablo II en la introducción a la Redemptoris Custos: "Considero, en efecto, que el volver a reflexionar sobre la participación del Esposo de María en el misterio divino consentirá a la Iglesia, en camino hacia el futuro junto con toda la humanidad, encontrar continuamente su identidad en el ámbito del designio redentor, que tiene su fundamento en el misterio de la Encarnación".
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA REDEMPTORIS CUSTOS DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II

De la misma manera cualquiera que hoy, en tiempos de la sexta trompeta y de la sexta copa del Apocalipsis, en tiempos del segundo ay, se sienta llamado a ser misionero de Cristo Rey debe mirar a San José, Padre Mesiánico de Jesús y esposo de la Bienaventurada Virgen María.

Juan XXIII se queja de que la teología no haya descubierto a San José hasta nuestros tiempos: "José, fuera de algún brillo de su figura que aparece alguna vez en los escritos de los Padres, permaneció siglos y siglos en su característico ocultamiento, casi como una figura decorativa en el cuadro de la vida del Salvador. Y hubo de pasar algún tiempo antes de que su culto penetrase de los ojos al corazón de los fieles y de él sacasen especiales lecciones de oración y confiada devoción. Estas fueron las alegrías fervorosas, reservadas a las efusiones de la edad moderna -¡cuán abundantes e impresionantes!-".
Exhortación apostólica de S.S.Juan XXIII sobre la devoción a San José, 19 de Marzo de 1961

Dicho esto hace un repaso de San José en los documentos de los Pontífices del siglo pasado, que puede verse en el mismo enlace.

Un repaso de la devoción y teología de San José a lo largo de toda la historia de la Iglesia está en este enlace: San José en la historia de la Iglesia

El resumen es que San José ha pasado de pobre y sencillo artesano de Nazareth, de donde no podía salir nada bueno, a Patrono de la Iglesia.

La devoción a San José irá avanzando poco a poco, pasando por un período de referencias laudatorias hasta llegar a tener un culto de invocación y también un culto litúrgico propiamente dicho. Ese culto se irá incrementando con la importancia cada vez mayor de sus fiestas, para llegar, finalmente, a ser nombrado Patrono de la Iglesia universal. Marcelino Llamera hace un interesante comentario: "El corazón corre en la Iglesia mucho más que la inteligencia. Porque el corazón les dice a las almas muchas cosas que la razón de los teólogos tarda mucho en descubrir. [...] Santa Teresa sabía de San José más que Báñez. Pero, al fin, ha de ser Báñez quien dé la razón a Santa Teresa para que se le reconozca que la tiene. Una vez pregunté a una viejecita excepcionalmente devota del santo Patriarca por qué lo era tanto, y me contestó: «¿No ve usted que lleva al Niño en sus brazos?». [...] Por supuesto que ni las adivinaciones ni los raciocinios han sondeado, ni con mucho, la divina profundidad del misterio josefino, que reserva admirables sorpresas para todas las generaciones cristianas".
SAN JOSÉ EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA

Quisiera considerar aquí, tanto este contemporáneo aumento de la devoción a San José como la profundización en su teología, como signo de los tiempos.

En las Memorias de la Hermana Lucía, ella explica que el 13 de octubre de 1917, "Desaparecida la Virgen en la inmesa lejanía del firmamento, vimos al lado del sol, a San José con el Niño Jesús y a Nuestra Señora vestida de blanco, con un manto azul. San José con el Niño parecían bendecir al mundo con unos gestos que hacían con la mano en forma de cruz. Poco después, desvanecida esta aparición, vimos a Nuestro Señor y a la Virgen que me parecía ser Nuestra Señora de los Dolores. También Nuestro Señor parecía bendecir el mundo. Desaparecieron de nuevo y me pareció ver todavía a Nuestra Señora con las características de la Virgen del Carmen".

El arcángel San Gabriel fue enviado a Nazareth, a una Virgen desposada con un varón de la casa de David. La realeza davídica llega a Cristo por José. Su humildad en la primera venida de Cristo se verá compensada con honor en su segunda venida.

En la admirable liturgia actual de la Solemnidad de San José la Iglesia ora: "Dios todopoderoso, que confiaste los primeros Misterios de la Salvación de los hombres a la fiel custodia de San José; haz que por su intercesión la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora, Por Nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo...".

La liturgia, que es un lugar teológico privilegiado, vigente en el rito romano, después de la reforma decretada por el Papa Paulo VI, ha pasado de la representación de San José como esposo de María a la visión de San José como aquel en quien se cumple lo que Dios venía prometiendo: el trono de David edificado para todas las edades. La antífona de entrada toma el texto "he aquí el administrador fiel y prudente, a quien el Señor ha puesto al frente de su familia", de la parábola de los siervos que aguardan a su Señor que vuelve de las bodas, etc.

En la "Spe Salvi" se señala como uno de los lugares de aprendizaje y ejercicio de la esperanza la acción y el sufrimiento, es decir la acción y pasión, la interacción, que podemos poner precisamente también en el supremo sistema. Acción y pasión que son los frutos del Espíritu Santo, ya que son actos de virtudes (perfeccionados por los dones), puestos en el sitio que Dios asigna a la vocación de cada uno dentro de su designio creador, redentor y glorificador de todos sus hijos y del Primogénito de María y Unigénito del Padre como fin último de todo.

Gracias al Papa Juan Pablo II tenemos ahora la meditación de los misterios luminosos, el tercero de los cuales es la predicación del Reino y la invitación a la conversión. La cumbre de esa predicación es el Sermón de la Montaña y dentro de él las bienaventuranzas. Sugiero meditarlas teniendo in mente que Jesús predica con el ejemplo de su padre. Como si se tratara de las bienaventuranzas de José.

Don Laureano Castán Lacoma, en su magnífica obra "Las Bienaventuranzas de María", (BAC Minor no 22), aplica a la Santísima Virgen las bienaventuranzas bíblicas agrupadas en 40 capítulos.

En el grupo 21, titulado "La bienaventuranza de María en su matrimonio con San José", enumera 4 entre las cuales cita "Bienaventurado el varón que habita con una mujer sensata" (Eclo 25,11) y, cuando la comenta, dice que se puede aplicar a María por estar desposada con José.

Podemos hacer lo mismo al revés con las de los 40 grupos pero aplicacndo a San José lo que se dice de María, por ejemplo, cuando se comenta que María es bienaventurada por ser pobre, mansa, perseguida, etc. leer lo mismo aplicado a San José.


San José es el introductor del Evangelio de las Bienaventuranzas

"Perciò il Vangelo delle Beatitudini comincia con questo introduttore, chiamato Giuseppe".
SANTA MESSA NELLA FESTIVITÀ DI SAN GIUSEPPE, OMELIA DI PAOLO VI, Martedì, 19 marzo 1968

La soberanía social de Jesucristo es la conversión a la aceptación social de las bienaventuranzas, la cumbre de la predicación del Reino de Dios. En el prólogo de su obra "Las Bienaventuranzas de María", Don Laureano Castán Lacoma, dice: "Según el Vaticano II, el norte que debe orientar la acción de los hombres es que toda la vida humana, "así la individual como la social, quede saturada con el espíritu de las bienaventuranzas" (GS 72). ¿Y no podrá ser un medio eficaz para ello el considerar las bienaventuranzas de María, que no son más que las del Evangelio, vividas por ella con la más elevada perfección?".

"A partir del Sermón de la Montaña, se repite siempre con razón, no se puede construir ningún Estado u orden social".
(Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret, p. 145)
Por eso el Reino de Cristo no es de este mundo.

"En estas palabras (del Sermón de la Montaña) no se formula un ordenamiento social, pero se da ciertamente a los ordenamientos sociales los criterios fundamentales".
(Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret, p. 159)
Por eso el Reino de Cristo está sobre todos los de este mundo: es Rey de reyes.


"Yo dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre
y en el nombre de Yahvé se cobijará el resto de Israel"
(Sofonías 3,12)

Invito a meditar la profecía de Sofonías en el contexto de nuestros tiempos, la segunda venida de Cristo, las tentaciones de milenarismos crasos y las tentaciones de evitar toda intrahistoricidad al poder de Cristo y su soberanía social.

  • Sofonías(http://www.vatican.va/archive/ITA0001/__PT5.HTM)
  • Sofonías(http://www.kingdomjc.com/Books/Spanish/1/23.htm)
  • Sofonías(http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/Biblia/Sofonias.asp)
  • Sofonías(http://www.geocities.ws/juansf6/sofonias.html)
  • Sofonías(http://lbla.bibliaparalela.com/zephaniah/3.htm)
  • Sofonías(http://rv.bibliaparalela.com/zephaniah/1.htm)

    Según la misma Spe Salvi dice más abajo (n. 47) "El juicio de Dios es esperanza, tanto porque es justicia, como porque es gracia. Si fuera solamente gracia que convierte en irrelevante todo lo que es terrenal, Dios seguiría debiéndonos aún la respuesta a la pregunta sobre la justicia, una pregunta decisiva para nosotros ante la historia y ante Dios mismo". Es decir, lo que ningún Dios hace ni es capaz de hacer es suprimir el sufrimiento en la tierra, porque no sería justo, lo cual es absurdo. Es verdad que la tierra no es ni será nunca un paraiso. El paraiso perdido no se recuperará nunca ni con el progreso ni por el milenarismo carnal o craso.

    Entonces cómo es posible que las profecías mesiánicas prometan cosas dichosas incluso para la intrahistoria.

    El Reino de Cristo intrahistórico, el reino de los mil años del Apocalipsis, es la derrota del anticristo y el triunfo de las bienaventuranzas que incoan la felicidad intrahistóricamente y la consuman en la eternidad. Lo que hace Dios es convertir el sufrimiento en dicha, según entendió y practicó Santa Teresita del Niño Jesús. Eso es lo que es imposible al hombre y lo que es posible para Dios. Nuestra esperanza.

    Se puede hacer del sufrimiento una dicha porque es consolador tanto actuar como sufrir en el Supremo Sistema, sobre todo por ser en compañía de Jesucristo e incorporados a Él, quien maravillosamente creó el Supremo Sistema y más maravillosamente lo restableció sufriendo en él.

    Nos dice San Pablo: "Todo cuanto se ha escrito, para nuestra enseñanza ha sido escrito, a fin de que por la paciencia y el consuelo que dan las escrituras, tengamos esperanza" (Romanos 15,4). Luego el consuelo da esperanza. La interacción en el supremo sistema da consuelo, como explica Monseñor Luis María Martínez en su libro "El Espíritu Santo": sus consuelos son la dulzura de sus frutos que enumera San Pablo (Gal. 5,22-23), y sistematiza Santo Tomás (S. Th. 1-2 q70 a3) En la "Spe Salvi" también se nos dice que esa interacción es escuela de esperanza. Y también esperanza de consuelo intrahistórico porque Jesucristo nos enseña que los que dejaren en este mundo cualquier cosa por amor suyo, recibirán aquí ya el ciento por uno (Mt 19,29).

    Hasta que en el mundo se pueda decir "bienaventurados los pobres" y no responda nadie que eso es dar opio al pueblo, como hacen los falsos profetas, ni nadie diga que eso entorpece la economía de mercado libre, como hacen los mercenarios de la bestia, no habrá Reino de Cristo. Para eso es necesaria la derrota del Anticristo por la majestad de la segunda venida de Cristo y que Satanás sea atado para que no seduzca más a las naciones y que la bestia y el falso profeta sean arrojados al estanque de fuego que arde con azufre.

    Cuando se consiga que toda la vida humana, así la individual como la social, quede saturada con el espíritu de las bienaventuranzas, se habrá alcanzado el Reino de Cristo, el reinado social de Jesucristo, que se establecerá con la derrota del anticristo en la segunda venida de Cristo. El juicio, otro motivo de esperanza según la Spe Salvi, dura mil años, los del Apocalipsis. Mil años para Dios son como un día y un día como mil años. El día del juicio dura mil años intrahistóricos. Al fin de ellos, después de la última conflagración final, terminará la historia y sólo quedará la eternidad, conservando el inolvidable recuerdo de la historia y de las vidas de los santos, y el universo renovado como reliquia.


    Para participar de las promesas mesiánicas intrahistóricas hechas a Israel, que se cumplirán cuando se convierta, todos hemos de ser de alguna manera hijos de Abraham, lo cual nos viene por la "gracia paternal" de San José. Nuestra Madre de la Divina Gracia está desposada con un varón de la casa de David, hijo de Abraham.


    "¡Oh justo y bienaventurado José!, puesto que eres vástago de familia real, entre todos has sido elegido por esposo de la Reina pura, que inefablemente dará a luz a Jesús Rey".
    (Ex Menaeo, byzantino: dominica post Natalem, in canone, ad matutinum).
    Citado por Pío XII en la "Ad caeli Reginam"


    Durante el mes de marzo de 1897, Sor María del Sagrado Corazón, viendo en oración a Santa Teresita del Niño Jesús en le Ermita de San José, le preguntó: -¿Qué es lo que pedís con tanto fervor? -Teresa replicó: que San José tenga a bien apoyar cerca de Dios mi gran deseo de volver a la tierra....

    Manuel María Domenech Izquierdo


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