No es fácil alcanzar la comprensión de estos conceptos. No basta,
ni siquiera, dar la referencia de un libro en el que estén "bien
explicados". Se requiere una profunda y larga meditación y el
ejercicio de aplicarlos a todas las cosas del mundo y de la vida
para ver que realmente "funcionan".
Las páginas que siguen ayudan a este ejercicio que, por cierto, es más
provechoso cuanto más se ha practicado previamente. Por eso,
para llegar a ver la luz de estas ideas iluminando al universo entero,
se requiere una lectura reiterativa y una meditación benevolente,
"Todo hombre desea naturalmente saber". Así empieza su metafísica
Aristóteles. "Los hay que son felices por la Verdad, no por la
vanidad", dice San Agustín en la Ciudad de Dios.(*) Sin templanza, uno puede
distraerse por vanidades, a mitad de camino. Sin fortaleza, puede desanimarse
cayendo en escepticismos por la desesperación en el cansancio. La mala ética
impide la buena lógica. Hay distracciones ilícitas y obstáculos que
es obligatorio vencer.
La verdad existe, la verdad se puede alcanzar, la verdad es bella,
la verdad hace feliz.(*)
(*) "La ciudad de Dios". SAN AGUSTIN. libro V, cap. XI. B.A.C. no171-172
(*)
No quiero decir que tengan que tomarse mis pensamientos como Dogmas de
Fe, pero sí estoy convencido de que hay en ellos destellos de verdad,
aunqué a veces esté todavía confusa e incompleta. Ya he dicho en la
introducción que no basta una vida humana para desarrollar todo lo
que aquí se contiene. Pero la verdad es bella aun incompleta y
confusa. Sólo pueden ser claras y distintas las matemáticas, pero
éstas no dan vida.
Lee y entiende. Si no entiendes relee y medita. Si tampoco
entiendes, estudia. Pero sobre todo, ni te canses, ni te distraigas.
Y si, a pesar de todo no entiendes, busca en la Fe, las alas que
permiten a todos volar por el Camino de la Verdad y de la Vida.
El siguiente contraste que vamos a considerar, hubiera podido tener
tanta importancia histórica como los primeros. Es incluso más patente
que ellos, pero se produjo en un momento en que la filosofía de Santo
Tomás estaba ya olvidada. La polvareda levantada por el caso de Galileo
se había reposado, y la filosofía perenne estaba ya cubierta de
polvo. Por eso no hubo agitación.
Dice Santo Tomás:
"La iluminación se realiza en un instante; y no puede decirse que
se realice en una medida imperceptible de tiempo. Esto podría ocultarse
en un pequeño espacio, pero no en tan grande espacio como hay entre el
oriente y el occidente; y, sin embargo, en cuanto el sol aparece en un
punto del horizonte, queda iluminado todo el hemisferio hasta el
extremo opuesto".(*)
(*) Suma Teológica I q67 a2
Lo cual contrasta con:
"De las medidas realizadas hasta 1955 se ha llegado a establecer
como valor más probable para la velocidad de propagación de la luz en
el vacío c = 299.793 Km/s, con un error que se puede considerar
inferior a una unidad de la última cifra, muy próximo al
primitivamente dado por Michelson".(*)
(*)
"Física teórica". JUAN CABRERA y FELIPE. no 156. Librería General. Zaragoza, 1958.
El valor recomendado por la "National Academy of Sciences"
a través del "National Research Council Commitee on fundamental
constants" en 1963 es 2,997925.108m/s.
El valor recomendado por la Conferencia de Pesas y Medidas en octubre de 1983
es 299.792,458 Km/s.
Los frutos que obtendremos de la resolución de este flagrante
contraste, serán tan importantes, tanto para la filosofía como para la
ciencia, que para fundamentarla mejor
comenzaremos por lo más básico, estudiando los elementos
y las cualidades activas y pasivas.
Consideraremos primero el mundo mineral inanimado y
después el universo sensitivo. Con el bagaje
recogido podremos hacer una serie de consideraciones científicas y
filosóficas que nos permitirán tender de nuevo el puente que enlaza
las riberas de la física con las de la metafísica. Pero esto será
materia para los tres últimos capítulos.
Como ya se ha dicho, la fuerte interrelación que hay entre los conceptos que se tratan
en esta tercera parte aconseja, para una mejor comprensión de los
temas, una lectura reiterativa de los capítulos. De todos modos,
frecuentemente, se repiten las ideas de unos lugares en otros, lo cual
alivia algo la necesidad de la lectura repetida. Algunas veces la
misma idea se repite con distintas palabras con la intención de
aclarar los conceptos y facilitar su comprensión.
Se dice que hoy conocemos algo más de cien elementos y, sin más
explicaciones, que Aristóteles creía que eran cuatro,
con lo cual queda en ridículo. Esto es un infantilismo
ingenuo, efecto del materialismo esterilizante que nos ahoga. Hay que
ver por qué Aristóteles pensó en cuatro elementos y partir de ahí para
salir del oscurantismo científico moderno.
Galileo llamó a su obra más polémica "Diálogo del Máximo Sistema".
Modernamente, Pierre Duhem, ha titulado su más importante trabajo "Le
Système du Monde". El problema de entender el orden del universo y de
sus causas es el de la comprensión de un sistema. Ahora se define un
sistema como un conjunto de entidades relacionadas. "Según el
filósofo(*) toda relación se funda, o bien en la cantidad,
como la mitad o el duplo, o en la acción y la pasión, como la del que
hace a lo hecho".(*)
Para comprender el sistema del mundo, hemos de fijarnos
en las cualidades activas y pasivas, como hizo Aristóteles, más que
en los cuatro elementos. Tierra, agua, aire y fuego surgen,
en la concepción del Estagirita, como el resultado de las cuatro
combinaciones posibles de las cuatro cualidades fundamentales,
calor y frialdad, sequedad y humedad.
(*) "Metafísica". ARISTOTELES. libro V.
(*) Suma Teológica I q28 a4
Entre las 4 cualidades hay 6 combinaciones posibles&gml cada una
se combina con las otras tres, de lo cual resultan 12. De éstas, la
mitad coinciden con la otra mitad, por lo que son, en realidad, sólo
6 combinaciones distintas. De éstas 6, dos son imposibles por
contrariedad&gml calor y frialdad por un lado y humedad y sequedad
por otro. Así se derivan 4 elementos de 4 cualidades fundamentales.
Estas cualidades pensadas con categorías de acción y de pasión,
pueden definirse en términos mucho más universales así:
el calor como actividad, la frialdad como negación de actividad, la
humedad como pasividad y la sequedad como negación de pasividad. Las
cuatro cualidades de Empédocles y Aristóteles se hacen más sugerentes para
la mentalidad moderna si las expresamos así:
energía y frialdad, consistencia y fluidez.(*)
(*)
Este cuádruple aspecto del universo material manifiesta la
legitimidad perenne de la alegoría que simboliza la creación con el
número cuatro, como se hace tantas veces en las Sagradas Escrituras.
La humedad, por ejemplo, no es una incorporación de agua o mezcla con
ella, sino aquella cualidad por la que los cuerpos pierden su
consistencia y se hacen líquidos o gases, y que pueden tener por mucha
pasividad (gases a baja temperatura) o por mucha actividad (sólidos
fundidos a alta temperatura), pero siempre por la pasividad que permite
el fluir de sus partes. No es lo mismo ser sutil por muy pasivo
que por muy activo. Lo seco, lo sólido, por ser menos fluido
tiene menos pasividad. Lo fluido o lo húmedo, líquido o
gaseoso, por tener más movilidad tiene más pasividad. Por eso se
puede llamar a la humedad cualidad pasiva.
La cualidad activa es lo que se llama calor, energía, luz, radiación
o sonido, y tiene que ver con la causa eficiente del cambio sustancial
o la del movimiento cósmico. Cada cambio sustancial se determina en sus
efectos por la interacción de la energía de un cuerpo (estado energético)
con la pasividad de otro (grados de libertad de su estructura).
Pensando con estas ideas filosóficas podemos decir, por ejemplo, que
la humedad (agua) apaga el fuego porque la dispersabilidad del agua,
cuerpo pasivo, no rígido,
diluye la energía, la hace menos intensa en la zona donde ardía
el fuego, donde se manifestaba el acto energético uniendo, es decir
haciendo, las nuevas sustancias producto de la combustión.
Lo que lleva las partes a la unidad es el acto. Unir es, en realidad,
una acción, y el «acto en acción» es «energeia». Por eso podemos
traer aquí las siguientes citas:
El fuego es activo porque une, dice Aristóteles,(*)
aunque también se podría decir que el fuego se produce en la unión. La energía,
el acto energético, es lo que une. "La luz concilía los elementos y
los reduce a la unidad".(*)
No habría unión de sustancias si un acto anterior, exterior, espiritual y
luminoso, no infundiera la forma nueva.
(*)
"De la génération et de la corruption". ARISTOTELES. II 329b, 25. Vrin. París. 1961
"Traité du ciel". ARISTOTELES. III 307b. Vrin. París. 1949
(*) Suma Teológica I q76 a7 d3
Lo primero y más elemental que determina una forma en la materia, son
los grados de libertad de movimiento y la estructura geométrica de
éste en la corporeidad de su figura y estructura interna.
La forma sustancial determina, como una de las cosas principales,
la figura, es decir, el orden de las partes en el todo, lo que
constituye la cualidad de cuarta especie. Es la forma la que causa
que unas partes estén en determinada relación de distancia con las
otras. Los fisicomatemáticos dirán que las estructuras corporales se
dan por los equilibrios de fuerzas electromagnéticas, por los principios
de la mecánica cuántica o por el principio de indeterminación de
Heisenberg, que no permite reducir la posición a un punto si hay energía.
Pero no es así, sino al revés:
los fisicomatemáticos han podido abstraer todos estos conceptos, porque
la forma determina la figura. La causa es la forma, no la materia; y,
mucho menos,
las entidades mentales inventadas sobre las relaciones cuantitativas
materiales.
Las formas alcanzadas quitan pasividad a la materia. En el reino
mineral, a medida que la
materia empieza a ser asumida por las formas inferiores, va dejando menos
pasividades para las formas superiores. Va cristalizando, solidificándose,
pareciéndose más a la «tierra».
Como hemos dicho, toda forma mineral establece un orden entre las partes de su materia
próxima. La distinción de las partes es por esa materia. Las formas elementales
se diversifican por los posibles modos de dejarse mover, ya que de ellas
no viene el movimiento. El movimiento de las formas materiales inanimadas
es «alrededor» de una estructura geométrica, comunicada a la materia por
la misma y única forma sustancial. La excursión o elongación fuera del punto
de reposo se traduce en una tendencia a la recuperación de ese punto.
De la separación de las partes de su orden respecto del todo, puede
que surja a veces una predisposición a formar compuesto, y ese es el
fundamento ontológico de la electroquímica y de la electroestática.
Por ejemplo,
de la separación de las partes H y OH de su situación de reposo en la
molécula de agua, surgen los iones H+ y OH-,
predispuestos a formar ácidos y bases.
Toda vibración es un movimiento accidental. El cambio sustancial
sucede cuando el sistema se engarza a vibrar sobre otro centro
distinto del que era punto de atracción antes del cambio. Siempre que
hay radiación hay reconfiguración de materia.(*)
(*)
Parece pues plausible, dicho sea de paso, la
hipótesis de que la grabación de la Sábana Santa pueda ser debida a
radiaciones, pues en cualquier resurrección hay reconfiguración de materia.
La actividad de los cuerpos consiste en que sus formas quitan
pasividad a la materia prima, o en que son instrumentos del acto energético
espiritual o en ser vía de interacción entre los cuerpos, como ocurre en la
llamada conducción eléctrica.
En las formas elementales tenemos pues:
Podríamos decir que la física moderna no hace más que hablar
de materia y energía. Es lo mismo que decir pasividad y actividad, y eso
equivale a decir humedad y calor, agua y fuego. Por eso se puede decir,
y se ha dicho, con verdad en una cátedra de fisicoquímica:
"todo arde" y "todo son disoluciones".
Los elementos de Aristóteles no están tan lejos de las concepciones modernas
como parece a la tendenciosa visión simplista antiaristotélica en boga.
Considerando también el acto y el espíritu en la génesis cósmica
de las vibraciones sonoras y luminosas, es fácil comprender cómo
puede ser que estas vibraciones se relacionen tan estrechamente con
las sensaciones de tonos y colores que se producen en los sentidos
del oído y de la vista.
No se puede apetecer lo que no existe. Si el acto o la forma no existiera antes de
alguna manera, la materia no tendría ninguna tendencia,
ni el entendimiento posible, ni el sentido tendrían ninguna intencionalidad.
Además, si la sustancia espiritual separada de la materia no la
impulsara, no habría inercia. Toda vibración se produce, pues, como efecto
alternado de estas dos causas:
la tendencia de la materia a la forma perfecta y el movimiento local
de las partes corporales impulsadas por el viento espiritual causa
de la inercia. Todo el universo vibra con la vibración de
cada mínimo natural y la radiación obedece a roturas de estructuras.
Los que se llaman orbitales atómicos son semisistemas vibrando contra el resto
de universo. Esto es muy importante para lo que veremos en el
capítulo siguiente.
El sonido y la luz
se relacionan con la energía, es decir, con la «actividad» y «no actividad».
Del espíritu y de la forma corporal vienen la «actividad» y la
«no pasividad», respectivamente.
El tono y el color tienen que ver con la cantidad de mole y con la
rigidez, es decir, con la «pasividad» y «no pasividad».
El sonido es vibración en la materia y tono en el espíritu. La
luz es vibración en la materia y color en el espíritu. Pero es así
porque viene del espíritu, afecta a la materia y se recibe inmaterialmente
en otro espíritu.
Porque viene del espíritu, que es acto y activo, puede ser tono y color
que son participación del acto.
Y viene del espíritu porque el acto energético se
comunica al cosmos por la infusión divina de las formas en la materia
prima y por el movimiento que imprimen a los cuerpos las sustancias
inteligentes separadas. Estas dos causas son el fundamento ontológico
de lo que la física ha llamado energías potencial y cinética respectivamente.
El calor, la energía, produce una vibración que afecta al móvil
hasta predisponerlo al cambio sustancial. La irrupción de la materia en
la forma se hace con emisión de luz, manifestativa del nuevo ser.
Producida la luz como actividad manifestativa de la irrupción de la
materia, movida por el acto, en un nuevo ser, todo el sistema
montado por la fisicomatemática midiendo frecuencias y longitudes de
onda, no es más que una referencia a los posibles estados de vibración de
la materia cuantitativa que confinan la actividad a las posibilidades
concretas de la pasividad material.
El sonido, la luz y el calor son la manifestación del acto que se
hace perceptible al sentido particularizado por la cantidad de la
materia:
luz, calor y sonido de más a menos activo y de menos a más cantidad pasiva.
La particularización condicionada por la pasividad y no pasividad
material y corporal determina el color y el tono.
El impulso es del acto. La determinación concreta de la materia.
El impulso es único y se multiplica por la materia. El movimiento
cósmico se divide por la materia, no por sí mismo.
Son primero la luz y el sonido que la vibración. No es que la
vibración produce luz y sonido, sino que la luz y el sonido, es decir,
la energía, producen vibración, y, según el modo como la vibración es
determinada por los modos de pasividad material, son el color y el tono.
La energía, sea luz, calor, cinética o potencial, es participación
corporal de un poder activo. La energía llamada potencial está en el acto
hacia el que tiende la materia. La energía cinética es la acción del motor
que está en acto en el móvil, que, a su vez, es ser potencial.
Potencia y acto son categorías apropiadas para hablar de materia y energía,
que es de lo que habla la física moderna.
La cantidad indeterminada viene de la materia, pero las determinaciones
de la cantidad propias de cada especie vienen de la forma. Por eso es
la forma sustancial de los cuerpos la que determina su color y tono.
Lo menos que puede haber sobre el movimiento es la determinación de
las libertades de movimientos. Lo especificante, en lo pasivo, tiene
que ver con la manera de dejarse mover. La figura es una proporción
entre las dimensiones geométricas y la frecuencia propia de vibración
es una proporción entre las dimensiones de la figura cinemática
(en el espacio - tiempo); por eso acompaña a las cualidades ópticas y
acústicas de las sustancias. Esta figura constituye
la forma de sonoridad o de color
que determina la frecuencia (valores propios) a la
que puede vibrar la materia
actualizada por ella, es decir, el cuerpo concreto sujeto receptivo de la
acción energética.
Cada color y tono se da por un modo de ser y es un modo de ser; son según
el modo de ser pasivo de la materia corporal. No es que la materia
produzca el color, sino que la forma corporal restringe los grados de
libertad de la materia, de manera que ésta sólo puede soportar ciertos
cambios cuantitativos, y eso produce el color, al dejar que sólo se
manifiesten ciertos aspectos del acto luminoso.
Recordemos que la luz pone en acto el color, y que el sonido es
al tono lo que la luz es al color.(*)
La luz y el sonido están en la linea del acto. El color y el tono son
efecto suyo en la potencia sensible animal mediatizada por la
pasividad de la materia cuanta del cuerpo animal y de los que le
circundan. La luz es una participación del acto energético
que, en la materia, produce la vibración. El cuerpo determina la frecuencia de la
vibración y, por tanto, el color y el tono de la luz y el sonido.
Son, la luz y el sonido, cualidades sensibles por las que obran las
sustancias, y las acciones se manifiestan cuantitativamente por la
estructura situacional de la materia pasiva coartada por la forma
a configuraciones específicas, tanto geométricas como cinemáticas.
(*) "Tratado del Alma". ARISTOTELES. II 420a, 25 Vrin París
El ojo no ve la onda sinó el color, y el oído no oye la
vibración sinó el tono. Pero hay color y luz, tono y sonido en la
vibración, porque hay un acto energético que impulsa,
del cual son los destellos cualitativos cromáticos y armónicos. Se ven
aquellas frecuencias que permite la pasividad del cuerpo propio del animal
que siente y los que le rodean, al padecer la acción de la comunicación
del acto energético en frecuencias determinadas por su estructura
corporal.
El sonido comporta materialmente una vibración, pero formalmente es
la manifestación del acto energético espiritual que impulsa al
universo corpóreo, del que cada cuerpo deja sólo manifestar ciertos
aspectos según sus frecuencias propias de vibración posibles que
vienen determinadas, como hemos dicho en el apartado anterior,
por la forma del cuerpo al configurar la
materia con negación de ciertas posibilidades de pasión.
El olvido del principio del movimiento, "nada se mueve
si no es movido por otro"(*) , ha llevado a considerar el poder
como proveniente de lo posible (potencia) y no del acto. Así una explosión nuclear se
concibe como manifestación de algo encerrado, y no como atracción,
infundida por un acto extrínseco, hacia nuevas sustancias corporales.
¿Cómo va a partir de un átomo la iniciativa de desquiciar el universo y
empezar una radiación?. La solicitación viene de fuera. Es «outside-in».
La materia sólo responde.
(*) Suma Teológica I q2 a3
El movimiento cósmico, (luz, sonido) hace que se manifieste la
cualidad sensible (color, tono) de las sustancias. En los focos
activos de luz, se da en el mismo cuerpo el movimiento cósmico y la
manifestación de su cualidad sensible. El acto energético actúa desde
dentro porque todo lo penetra.
La cualidad sensible es un darse a conocer. Es consecuencia de la
difusividad del bien. El movimiento es cierto acto, y también es
difusivo. La vibración (luz, sonido) pone en acto la cualidad (color, tono)
que es lo que la pasividad de la materia deja manifestar del acto.
La «no pasividad» del objeto iluminado especifica el acto del
conocimiento sensible.
La luz se da en el espectro en el que más vibran las sustancias
corporales, y el ojo también es corporal. Lo mismo ocurre en el oído.
La dificultad de fabricar altavoces de alta fidelidad, hace ver que en la
naturaleza es difícil conseguir vibraciones en la zona no sensible.
El oído capta pues todo el sonido natural. El calor se capta por el
tacto en todo el cuerpo. Hasta que la longitud de onda no disminuye lo
suficiente para permitir una buena discriminación o resolución,
no se organizan el ojo y la retina que captan hasta donde se
producen principalmente vibraciones en la naturaleza.
El ojo y el tacto captan pues todo el espectro electromagnético natural
de la manera que se le puede sacar mejor partido. La transparencia de los
cuerpos a las radiaciones ultrapene-
trantes hace inútil su sensibilidad.
La intencionalidad de los cognoscentes es como la de la materia, y,
así como la materia apetece sólo las determinadas formas para las que
está en potencia, cada facultad de conocimiento, cada sentido, está abierto
a sólo determinadas cualidades, a determinados seres. La intencionalidad
tiene algo que ver con la especialización de los órganos para discernir
las particularidades de los aspectos que conoce cada sentido. Los órganos
sensoriales son especializaciones orgánicas para captar las determinaciones
materiales del acto energético, no sensores de la actividad de la
materia. El ojo no se desarrolla sólo para captar luz, sino también los
perfiles geométricos de los cuerpos cuando la longitud de onda lo
permite. Por eso el ojo tiene cristalino, pupila y es esférico, como una
cámara fotográfica. El oído se desarrolla anatómicamente, no sólo para
oir sonidos, sino también para distiguir tonos y para percatarse
estereofónicamente de los ruidos.
Por eso desarrolla el órgano de Corti y muchos animales
orientan las orejas. Por lo mismo el hombre tiene dos, con lo que no necesita
orientarlas, al percibir diferencias de fase entre las
vibraciones que le llegan a los dos oídos.
Todos los sentidos participan de la luz, que es el máximo acto sensible.
Las predisposiciones al cambio sustancial son el fundamento ontológico de la
electroquímica y la luz tiene que ver con las vibraciones que
predisponen a la transformación de sustancias,
tanto en la emisión mineral como en la recepción del sistema sensitivo
animal. Por eso en todos los sentidos hay mecanismos materiales
de transporte del catión sodio (Na+).
Olfato, gusto y tacto perciben cualidades de cuerpos en fase
gaseosa, líquida o sólida respectivamente, que son también participación
del ser actual que los engendra y conserva.
Todo esto hace inteligibles palabras como estas:
"El dulzor se causa por lo cálido, al disolver lo húmedo;
y aunque, según esto, el calor es la causa del dulzor, no obstante
el cuerpo dulce no se denomina por el calor, sino por el sabor,
el cual comprende lo cálido y lo húmedo".(*)
(*) "El ente y la esencia". SANTO TOMAS. pag. 36 Aguilar 1974
El sonido se conoce por el oído y consiste en cierta unificación
de la vibración en el tiempo. La luz manifiesta los colores que se perciben
en cierta unificación del tiempo y del espacio, ya que la vibración se
unifica en una sensación de color, como el tono en el sonido. Además
el animal percibe la extensión por donde se reparte el color, simultáneamente,
realizando cierta unificación de lo disperso en el espacio.
Si el sentir se basa en una inmutación, como dice Santo Tomás, no
debe extrañarnos que se «sientan» las vibraciones que son inmutaciones continuas.
La vibración es un movimiento; es, pues, cierto acto, y perfecto, ya que
es en cierto modo circular. De hecho, cuando algo vibra, entra en
cierta sintonía con todo lo que en el universo vibre a esa frecuencia.
Objeto y sujeto son uno en la vibración luminosa o sonora «sentida».
Al vibrar
o girar juntos se unen en la participación de lo que les impulsa.
También son uno contra el resto del universo, que no es ni objeto ni sujeto.
Conocer es hacerse uno con lo otro.(*) La unidad ha de ser en el acto,
pues en la materia no la puede haber. En lo finito, si no hay
movimiento, no hay actualidad. El movimiento es cierto acto.
Por tanto los conocimientos sensitivos consisten materialmente en una
sintonía de vibración y formalmente en la unidad participativa del acto
energético espiritual que la impulsa.
(*)
"Para una fundamentación de la metafísica". FRANCISCO CANALS VIDAL pp. 106, 107 ss.
Publicaciones Cristiandad, Barcelona 1968.
En resumen, todo lo que se siente es acto de alguna manera. Hemos de buscar
la causa de la sensación en la linea del acto y, como hemos dicho, la encontraremos en el
acto energético particularizado por la pasividad intencional de la
potencia material. La actividad no viene de la materia, por eso se
requiere un acto energético, causa de la luz y el sonido, cuya participación por
la potencia sensible animal, determinada por la corporeidad pasiva del
universo material, es color y tono.
Volveremos sobre esto en el capítulo "Consideraciones Filosóficas".
Esto resuelve el contraste acerca de la velocidad de la luz; para
lo cual no hay más que entender la luz como la concibe Santo Tomás:
como la interacción que engarza las partes del universo entre sí, y que se propaga
instantáneamente, porque estas partes están movidas por algo espiritual,
que está por encima del espacio y del tiempo. La atracción hacia la
unidad que supone una estructura espacial determinada para las
sustancias corporales, se manifiesta instantáneamente entre las
partes, con independencia de la distancia entre ellas, aunque ésta se
extienda a límites cósmicos.
En esta linea hay que buscar también las explicaciones filosóficas
satisfactorias de todos los fenómenos, desconcertantes para los
materialistas, que constituyen la columna vertebral de la mecánica
cuántica, y que a veces se han llamado:
"parámetros ocultos no localizados",(*) y no en las
esotéricas filosofías orientales.(*)
Veremos esto en el próximo capítulo "Aportaciones Científicas".
(*)
"Le cantique des quantiques". SVEN ORTOLI, JEAN-PIERRE PHARABOD. La Découverte, París 1984.
Manuel M. Domenech I.
Camino(s) ascendente(s):