La Suma Teológica contrastada con la ciencia. Materia, Energía, Información

La Suma Teológica contrastada con la ciencia

Capítulo 9o
La velocidad de la luz

Sexto Contraste: La Velocidad de la Luz

Durante los más de 30 años que llevo dando vueltas a este contraste, he ido entendiendo cada vez más a los medievalistas. Para entender aquí hay que olvidar las ideas claras y distintas de Descartes4 y los racionalismos de la ciencia renacentista. Hay que entrar en lo que se ha venido llamando la estética y la metafísica de la luz. Aunque al final de esta página considero todo esto, quizás sería bueno mirar primero lo que he puesto en mi página: "La evolución del iniverso".

El siguiente contraste que vamos a considerar, hubiera podido tener tanta importancia histórica como los primeros. Es incluso más patente que ellos, pero se produjo en un momento en que la filosofía de Santo Tomás estaba ya olvidada. La polvareda levantada por el caso de Galileo se había reposado, y la filosofía perenne estaba ya cubierta de polvo. Por eso no hubo agitación.

Dice Santo Tomás:

Lo cual contrasta con:

Los frutos que obtendremos de la resolución de este flagrante contraste, serán tan importantes, tanto para la filosofía como para la ciencia, que para fundamentarla mejor comenzaremos por lo más básico, estudiando los elementos y las cualidades activas y pasivas.

Consideraremos primero el mundo mineral inanimado y después el universo sensitivo. Con el bagaje recogido podremos hacer una serie de consideraciones científicas y filosóficas que nos permitirán tender de nuevo el puente que enlaza las riberas de la física con las de la metafísica. Pero esto será materia para los tres últimos capítulos.

Como ya se ha dicho, la fuerte interrelación que hay entre los conceptos que se tratan en esta tercera parte aconseja, para una mejor comprensión de los temas, una lectura reiterativa de los capítulos. De todos modos, frecuentemente, se repiten las ideas de unos lugares en otros, lo cual alivia algo la necesidad de la lectura repetida. Algunas veces la misma idea se repite con distintas palabras con la intención de aclarar los conceptos y facilitar su comprensión.

Incluído el 12 de junio del 2015.

Cuando todo esto sedimente apropiadamente, en resumen, quedará algo así como:

  • La propagación es instantánea, y si no lo es, es porque se para (pero entre paradas es instantánea)
  • Si debido a un medio va a v < c es porque se para más
  • Si el medio (lo que la para más) se mueve, hay arrastre

Los Elementos y las Cualidades Activas y Pasivas

Se dice que hoy conocemos algo más de cien elementos y, sin más explicaciones, que Aristóteles creía que eran cuatro, con lo cual queda en ridículo. Esto es un infantilismo ingenuo, efecto del materialismo esterilizante que nos ahoga. Hay que ver por qué Aristóteles pensó en cuatro elementos y partir de ahí para salir del oscurantismo científico moderno.

Galileo llamó a su obra más polémica "Diálogo del Máximo Sistema". Modernamente, Pierre Duhem, ha titulado su más importante trabajo "Le Système du Monde". El problema de entender el orden del universo y de sus causas es el de la comprensión de un sistema. Ahora se define un sistema como un conjunto de entidades relacionadas. "Según el filósofo(*) toda relación se funda, o bien en la cantidad, como la mitad o el duplo, o en la acción y la pasión, como la del que hace a lo hecho".(*) Para comprender el sistema del mundo, hemos de fijarnos en las cualidades activas y pasivas, como hizo Aristóteles, más que en los cuatro elementos. Tierra, agua, aire y fuego surgen, en la concepción del Estagirita, como el resultado de las cuatro combinaciones posibles de las cuatro cualidades fundamentales, calor y frialdad, sequedad y humedad.
(*) "Metafísica". ARISTOTELES. libro V.
(*) Suma Teológica I q28 a4

Entre las 4 cualidades hay 6 combinaciones posibles: cada una se combina con las otras tres, de lo cual resultan 12. De éstas, la mitad coinciden con la otra mitad, por lo que son, en realidad, sólo 6 combinaciones distintas. De éstas 6, dos son imposibles por contrariedad: calor y frialdad por un lado y humedad y sequedad por otro. Así se derivan 4 elementos de 4 cualidades fundamentales.

Estas cualidades pensadas con categorías de acción y de pasión, pueden definirse en términos mucho más universales así: el calor como actividad, la frialdad como negación de actividad, la humedad como pasividad y la sequedad como negación de pasividad. Las cuatro cualidades de Empédocles y Aristóteles se hacen más sugerentes para la mentalidad moderna si las expresamos así: energía y frialdad, consistencia y fluidez.(*)
(*) Este cuádruple aspecto del universo material manifiesta la legitimidad perenne de la alegoría que simboliza la creación con el número cuatro, como se hace tantas veces en las Sagradas Escrituras.

La humedad, por ejemplo, no es una incorporación de agua o mezcla con ella, sino aquella cualidad por la que los cuerpos pierden su consistencia y se hacen líquidos o gases, y que pueden tener por mucha pasividad (gases a baja temperatura) o por mucha actividad (sólidos fundidos a alta temperatura), pero siempre por la pasividad que permite el fluir de sus partes. No es lo mismo ser sutil por muy pasivo que por muy activo. Lo seco, lo sólido, por ser menos fluido tiene menos pasividad. Lo fluido o lo húmedo, líquido o gaseoso, por tener más movilidad tiene más pasividad. Por eso se puede llamar a la humedad cualidad pasiva.

La cualidad activa es lo que se llama calor, energía, luz, radiación o sonido, y tiene que ver con la causa eficiente del cambio sustancial o la del movimiento cósmico. Cada cambio sustancial se determina en sus efectos por la interacción de la energía de un cuerpo (estado energético) con la pasividad de otro (grados de libertad de su estructura).

Pensando con estas ideas filosóficas podemos decir, por ejemplo, que la humedad (agua) apaga el fuego porque la dispersabilidad del agua, cuerpo pasivo, no rígido, diluye la energía, la hace menos intensa en la zona donde ardía el fuego, donde se manifestaba el acto energético uniendo, es decir haciendo, las nuevas sustancias producto de la combustión. Lo que lleva las partes a la unidad es el acto. Unir es, en realidad, una acción, y el «acto en acción» es «energeia». Por eso podemos traer aquí las siguientes citas: El fuego es activo porque une, dice Aristóteles,(*) aunque también se podría decir que el fuego se produce en la unión. La energía, el acto energético, es lo que une. "La luz concilía los elementos y los reduce a la unidad".(*) No habría unión de sustancias si un acto anterior, exterior, espiritual y luminoso, no infundiera la forma nueva.
(*) "De la génération et de la corruption". ARISTOTELES. II 329b, 25. Vrin. París. 1961
"Traité du ciel". ARISTOTELES. III 307b. Vrin. París. 1949

(*) Suma Teológica I q76 a7 d3

Lo primero y más elemental que determina una forma en la materia, son los grados de libertad de movimiento y la estructura geométrica de éste en la corporeidad de su figura y estructura interna. La forma sustancial determina, como una de las cosas principales, la figura, es decir, el orden de las partes en el todo, lo que constituye la cualidad de cuarta especie. Es la forma la que causa que unas partes estén en determinada relación de distancia con las otras. Los fisicomatemáticos dirán que las estructuras corporales se dan por los equilibrios de fuerzas electromagnéticas, por los principios de la mecánica cuántica o por el principio de indeterminación de Heisenberg, que no permite reducir la posición a un punto si hay energía. Pero no es así, sino al revés: los fisicomatemáticos han podido abstraer todos estos conceptos, porque la forma determina la figura. La causa es la forma, no la materia; y, mucho menos, las entidades mentales inventadas sobre las relaciones cuantitativas materiales.

Las formas alcanzadas quitan pasividad a la materia. En el reino mineral, a medida que la materia empieza a ser asumida por las formas inferiores, va dejando menos pasividades para las formas superiores. Va cristalizando, solidificándose, pareciéndose más a la «tierra».

Como hemos dicho, toda forma mineral establece un orden entre las partes de su materia próxima. La distinción de las partes es por esa materia. Las formas elementales se diversifican por los posibles modos de dejarse mover, ya que de ellas no viene el movimiento. El movimiento de las formas materiales inanimadas es «alrededor» de una estructura geométrica, comunicada a la materia por la misma y única forma sustancial. La excursión o elongación fuera del punto de reposo se traduce en una tendencia a la recuperación de ese punto.

De la separación de las partes de su orden respecto del todo, puede que surja a veces una predisposición a formar compuesto, y ese es el fundamento ontológico de la electroquímica y de la electroestática. Por ejemplo, de la separación de las partes H y OH de su situación de reposo en la molécula de agua, surgen los iones H+ y OH-, predispuestos a formar ácidos y bases.

Toda vibración es un movimiento accidental. El cambio sustancial sucede cuando el sistema se engarza a vibrar sobre otro centro distinto del que era punto de atracción antes del cambio. Siempre que hay radiación hay reconfiguración de materia.(*)
(*) Parece pues plausible, dicho sea de paso, la hipótesis de que la grabación de la Sábana Santa pueda ser debida a radiaciones, pues en cualquier resurrección hay reconfiguración de materia.

La actividad de los cuerpos consiste en que sus formas quitan pasividad a la materia prima, o en que son instrumentos del acto energético espiritual o en ser vía de interacción entre los cuerpos, como ocurre en la llamada conducción eléctrica.

En las formas elementales tenemos pues:

Podríamos decir que la física moderna no hace más que hablar de materia y energía. Es lo mismo que decir pasividad y actividad, y eso equivale a decir humedad y calor, agua y fuego. Por eso se puede decir, y se ha dicho, con verdad en una cátedra de fisicoquímica: "todo arde" y "todo son disoluciones". Los elementos de Aristóteles no están tan lejos de las concepciones modernas como parece a la tendenciosa visión simplista antiaristotélica en boga.

La Potencia Sensible y El Acto Energético

Considerando también el acto y el espíritu en la génesis cósmica de las vibraciones sonoras y luminosas, es fácil comprender cómo puede ser que estas vibraciones se relacionen tan estrechamente con las sensaciones de tonos y colores que se producen en los sentidos del oído y de la vista.

No se puede apetecer lo que no existe. Si el acto o la forma no existiera antes de alguna manera, la materia no tendría ninguna tendencia, ni el entendimiento posible, ni el sentido tendrían ninguna intencionalidad. Además, si la sustancia espiritual separada de la materia no la impulsara, no habría inercia. Toda vibración se produce, pues, como efecto alternado de estas dos causas: la tendencia de la materia a la forma perfecta y el movimiento local de las partes corporales impulsadas por el viento espiritual causa de la inercia. Todo el universo vibra con la vibración de cada mínimo natural y la radiación obedece a roturas de estructuras. Los que se llaman orbitales atómicos son semisistemas vibrando contra el resto de universo. Esto es muy importante para lo que veremos en el capítulo siguiente.

El sonido y la luz se relacionan con la energía, es decir, con la «actividad» y «no actividad». Del espíritu y de la forma corporal vienen la «actividad» y la «no pasividad», respectivamente. El tono y el color tienen que ver con la cantidad de mole y con la rigidez, es decir, con la «pasividad» y «no pasividad».

El sonido es vibración en la materia y tono en el espíritu. La luz es vibración en la materia y color en el espíritu. Pero es así porque viene del espíritu, afecta a la materia y se recibe inmaterialmente en otro espíritu. Porque viene del espíritu, que es acto y activo, puede ser tono y color que son participación del acto. Y viene del espíritu porque el acto energético se comunica al cosmos por la infusión divina de las formas en la materia prima y por el movimiento que imprimen a los cuerpos las sustancias inteligentes separadas. Estas dos causas son el fundamento ontológico de lo que la física ha llamado energías potencial y cinética respectivamente.

El calor, la energía, produce una vibración que afecta al móvil hasta predisponerlo al cambio sustancial. La irrupción de la materia en la forma se hace con emisión de luz, manifestativa del nuevo ser. Producida la luz como actividad manifestativa de la irrupción de la materia, movida por el acto, en un nuevo ser, todo el sistema montado por la fisicomatemática midiendo frecuencias y longitudes de onda, no es más que una referencia a los posibles estados de vibración de la materia cuantitativa que confinan la actividad a las posibilidades concretas de la pasividad material.

El sonido, la luz y el calor son la manifestación del acto que se hace perceptible al sentido particularizado por la cantidad de la materia: luz, calor y sonido de más a menos activo y de menos a más cantidad pasiva. La particularización condicionada por la pasividad y no pasividad material y corporal determina el color y el tono. El impulso es del acto. La determinación concreta de la materia. El impulso es único y se multiplica por la materia. El movimiento cósmico se divide por la materia, no por sí mismo.

Son primero la luz y el sonido que la vibración. No es que la vibración produce luz y sonido, sino que la luz y el sonido, es decir, la energía, producen vibración, y, según el modo como la vibración es determinada por los modos de pasividad material, son el color y el tono. La energía, sea luz, calor, cinética o potencial, es participación corporal de un poder activo. La energía llamada potencial está en el acto hacia el que tiende la materia. La energía cinética es la acción del motor que está en acto en el móvil, que, a su vez, es ser potencial. Potencia y acto son categorías apropiadas para hablar de materia y energía, que es de lo que habla la física moderna.

La cantidad indeterminada viene de la materia, pero las determinaciones de la cantidad propias de cada especie vienen de la forma. Por eso es la forma sustancial de los cuerpos la que determina su color y tono. Lo menos que puede haber sobre el movimiento es la determinación de las libertades de movimientos. Lo especificante, en lo pasivo, tiene que ver con la manera de dejarse mover. La figura es una proporción entre las dimensiones geométricas y la frecuencia propia de vibración es una proporción entre las dimensiones de la figura cinemática (en el espacio - tiempo); por eso acompaña a las cualidades ópticas y acústicas de las sustancias. Esta figura constituye la forma de sonoridad o de color que determina la frecuencia (valores propios) a la que puede vibrar la materia actualizada por ella, es decir, el cuerpo concreto sujeto receptivo de la acción energética. Cada color y tono se da por un modo de ser y es un modo de ser; son según el modo de ser pasivo de la materia corporal. No es que la materia produzca el color, sino que la forma corporal restringe los grados de libertad de la materia, de manera que ésta sólo puede soportar ciertos cambios cuantitativos, y eso produce el color, al dejar que sólo se manifiesten ciertos aspectos del acto luminoso.

Recordemos que la luz pone en acto el color, y que el sonido es al tono lo que la luz es al color.(*) La luz y el sonido están en la linea del acto. El color y el tono son efecto suyo en la potencia sensible animal mediatizada por la pasividad de la materia cuanta del cuerpo animal y de los que le circundan. La luz es una participación del acto energético que, en la materia, produce la vibración. El cuerpo determina la frecuencia de la vibración y, por tanto, el color y el tono de la luz y el sonido. Son, la luz y el sonido, cualidades sensibles por las que obran las sustancias, y las acciones se manifiestan cuantitativamente por la estructura situacional de la materia pasiva coartada por la forma a configuraciones específicas, tanto geométricas como cinemáticas.
(*) "Tratado del Alma". ARISTOTELES. II 420a, 25 Vrin París

El ojo no ve la onda sinó el color, y el oído no oye la vibración sinó el tono. Pero hay color y luz, tono y sonido en la vibración, porque hay un acto energético que impulsa, del cual son los destellos cualitativos cromáticos y armónicos. Se ven aquellas frecuencias que permite la pasividad del cuerpo propio del animal que siente y los que le rodean, al padecer la acción de la comunicación del acto energético en frecuencias determinadas por su estructura corporal.

El sonido comporta materialmente una vibración, pero formalmente es la manifestación del acto energético espiritual que impulsa al universo corpóreo, del que cada cuerpo deja sólo manifestar ciertos aspectos según sus frecuencias propias de vibración posibles que vienen determinadas, como hemos dicho en el apartado anterior, por la forma del cuerpo al configurar la materia con negación de ciertas posibilidades de pasión.

El olvido del principio del movimiento, "nada se mueve si no es movido por otro"(*) , ha llevado a considerar el poder como proveniente de lo posible (potencia) y no del acto. Así una explosión nuclear se concibe como manifestación de algo encerrado, y no como atracción, infundida por un acto extrínseco, hacia nuevas sustancias corporales. ¿Cómo va a partir de un átomo la iniciativa de desquiciar el universo y empezar una radiación?. La solicitación viene de fuera. Es «outside-in». La materia sólo responde.
(*) Suma Teológica I q2 a3

El movimiento cósmico, (luz, sonido) hace que se manifieste la cualidad sensible (color, tono) de las sustancias. En los focos activos de luz, se da en el mismo cuerpo el movimiento cósmico y la manifestación de su cualidad sensible. El acto energético actúa desde dentro porque todo lo penetra.

La cualidad sensible es un darse a conocer. Es consecuencia de la difusividad del bien. El movimiento es cierto acto, y también es difusivo. La vibración (luz, sonido) pone en acto la cualidad (color, tono) que es lo que la pasividad de la materia deja manifestar del acto. La «no pasividad» del objeto iluminado especifica el acto del conocimiento sensible.

La luz se da en el espectro en el que más vibran las sustancias corporales, y el ojo también es corporal. Lo mismo ocurre en el oído. La dificultad de fabricar altavoces de alta fidelidad, hace ver que en la naturaleza es difícil conseguir vibraciones en la zona no sensible. El oído capta pues todo el sonido natural. El calor se capta por el tacto en todo el cuerpo. Hasta que la longitud de onda no disminuye lo suficiente para permitir una buena discriminación o resolución, no se organizan el ojo y la retina que captan hasta donde se producen principalmente vibraciones en la naturaleza. El ojo y el tacto captan pues todo el espectro electromagnético natural de la manera que se le puede sacar mejor partido. La transparencia de los cuerpos a las radiaciones ultrapene- trantes hace inútil su sensibilidad.

La intencionalidad de los cognoscentes es como la de la materia, y, así como la materia apetece sólo las determinadas formas para las que está en potencia, cada facultad de conocimiento, cada sentido, está abierto a sólo determinadas cualidades, a determinados seres. La intencionalidad tiene algo que ver con la especialización de los órganos para discernir las particularidades de los aspectos que conoce cada sentido. Los órganos sensoriales son especializaciones orgánicas para captar las determinaciones materiales del acto energético, no sensores de la actividad de la materia. El ojo no se desarrolla sólo para captar luz, sino también los perfiles geométricos de los cuerpos cuando la longitud de onda lo permite. Por eso el ojo tiene cristalino, pupila y es esférico, como una cámara fotográfica. El oído se desarrolla anatómicamente, no sólo para oir sonidos, sino también para distiguir tonos y para percatarse estereofónicamente de los ruidos. Por eso desarrolla el órgano de Corti y muchos animales orientan las orejas. Por lo mismo el hombre tiene dos, con lo que no necesita orientarlas, al percibir diferencias de fase entre las vibraciones que le llegan a los dos oídos.

Todos los sentidos participan de la luz, que es el máximo acto sensible. Las predisposiciones al cambio sustancial son el fundamento ontológico de la electroquímica y la luz tiene que ver con las vibraciones que predisponen a la transformación de sustancias, tanto en la emisión mineral como en la recepción del sistema sensitivo animal. Por eso en todos los sentidos hay mecanismos materiales de transporte del catión sodio (Na+).

Olfato, gusto y tacto perciben cualidades de cuerpos en fase gaseosa, líquida o sólida respectivamente, que son también participación del ser actual que los engendra y conserva. Todo esto hace inteligibles palabras como estas: "El dulzor se causa por lo cálido, al disolver lo húmedo; y aunque, según esto, el calor es la causa del dulzor, no obstante el cuerpo dulce no se denomina por el calor, sino por el sabor, el cual comprende lo cálido y lo húmedo".(*)
(*) "El ente y la esencia". SANTO TOMAS. pag. 36 Aguilar 1974

El sonido se conoce por el oído y consiste en cierta unificación de la vibración en el tiempo. La luz manifiesta los colores que se perciben en cierta unificación del tiempo y del espacio, ya que la vibración se unifica en una sensación de color, como el tono en el sonido. Además el animal percibe la extensión por donde se reparte el color, simultáneamente, realizando cierta unificación de lo disperso en el espacio.

Si el sentir se basa en una inmutación, como dice Santo Tomás, no debe extrañarnos que se «sientan» las vibraciones que son inmutaciones continuas. La vibración es un movimiento; es, pues, cierto acto, y perfecto, ya que es en cierto modo circular. De hecho, cuando algo vibra, entra en cierta sintonía con todo lo que en el universo vibre a esa frecuencia. Objeto y sujeto son uno en la vibración luminosa o sonora «sentida». Al vibrar o girar juntos se unen en la participación de lo que les impulsa. También son uno contra el resto del universo, que no es ni objeto ni sujeto.

Conocer es hacerse uno con lo otro.(*) La unidad ha de ser en el acto, pues en la materia no la puede haber. En lo finito, si no hay movimiento, no hay actualidad. El movimiento es cierto acto. Por tanto los conocimientos sensitivos consisten materialmente en una sintonía de vibración y formalmente en la unidad participativa del acto energético espiritual que la impulsa.
(*) "Para una fundamentación de la metafísica". FRANCISCO CANALS VIDAL pp. 106, 107 ss.
Publicaciones Cristiandad, Barcelona 1968.

En resumen, todo lo que se siente es acto de alguna manera. Hemos de buscar la causa de la sensación en la linea del acto y, como hemos dicho, la encontraremos en el acto energético particularizado por la pasividad intencional de la potencia material. La actividad no viene de la materia, por eso se requiere un acto energético, causa de la luz y el sonido, cuya participación por la potencia sensible animal, determinada por la corporeidad pasiva del universo material, es color y tono. Volveremos sobre esto en el capítulo "Consideraciones Filosóficas".

Esto resuelve el contraste acerca de la velocidad de la luz; para lo cual no hay más que entender la luz como la concibe Santo Tomás: como la interacción que engarza las partes del universo entre sí, y que se propaga instantáneamente, porque estas partes están movidas por algo espiritual, que está por encima del espacio y del tiempo. La atracción hacia la unidad que supone una estructura espacial determinada para las sustancias corporales, se manifiesta instantáneamente entre las partes, con independencia de la distancia entre ellas, aunque ésta se extienda a límites cósmicos.

En esta linea hay que buscar también las explicaciones filosóficas satisfactorias de todos los fenómenos, desconcertantes para los materialistas, que constituyen la columna vertebral de la mecánica cuántica, y que a veces se han llamado: "parámetros ocultos no localizados",(*) y no en las esotéricas filosofías orientales.(*) Veremos esto en el próximo capítulo "Aportaciones Científicas".
(*) "Le cantique des quantiques". SVEN ORTOLI, JEAN-PIERRE PHARABOD. La Découverte, París 1984.

Con respecto al tema de "las variable ocultas no localizadas", a medida que han ido pasando los años, cada vez miro con más simpatía la obra de David Bohm, "La Totalidad y el Orden Implicado", Kairós 1987. Hay un buen comentario de Ana Rioja disponible en la red: Orden implicado "versus" orden cartesiano: reflexiones en torno a la filosofía de David Bohm, Ana Rioja


Han pasado más de 30 años desde que empecé a escribir estos trabajos. Si empezara ahora quizás los haría haciendo énfasis en lo que voy a decir aquí.

En mi página de síntesis he puesto:


 
Materia y forma son como madre e hija,
y de sus amores vienen todas las energías,
porque todo se parece a la Santísima Trinidad
 
 

"Vemos en los cuerpos físicos que la inclinación que tienen al ser no la tienen en virtud de algo añadido a su esencia, sino en virtud de la materia, que apetece el ser antes de tenerlo, y en virtud de la forma, que lo mantiene una vez que existen".
(S.Th. 1 q59 a2 c)


(Esto es así antes de que se manifieste de manera que se puedan concebir científicamente espacio, tiempo y energía)

Ahora hemos aprendido que el universo empezó con una "inflación", que es el espacio inter galáctico el que se extiende, que hay porcentajes importantísimos de materia y energía oscuras.

Tanto a la mirada teológica como a la cosmológica le parece lo mismo estar leyendo el principio del Génesis o un tratado moderno de cosmología.

Lo inercial viene de fuera, es espiritual, incluso en el electromagnetismo; como en los astros. Lo que viene de fuera es luz instantánea en todo el universo. Esa luz provoca vibraciones y ondas. Los cambios materiales por roturas que se producen según los grados de libertad esperan la ondas. Esas sí que viajan a velocidad "c". Pero la luz aquella de Génesis 1,3: "Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz", esa abarca el universo entero en todo instante.

Póngase usted donde quiera. Ahí tuvo lugar el big bang. Lo que ha ocurrido es que las fuerzas de retención de las formas infundidas por Dios en el ser de las materias, ha "inflado" (dicho así para usar la terminología en uso) sus alrededores y ahora casi lo ha perdido todo de vista.

Pero si mira bien, verá que allá a lo lejos, el anhelo de los cuerpos por alcanzar la actualidad de su potencialidad no alcanzada, los agruma en nebulosas, galaxias y estrellas, que se derrumban sobre sí mismas y, con el tiempo, estallan, para poblar los espacios de piedras preciosas, para ensamblar maravillosos ámbitos ecológicos, con cuerpos vivos que los habiten, y hasta que los entiendan.

Y todo esto no sucede así porque Dios corrija excepcionalmente esporádicas desviaciones de unas leyes determinantes, como dijo Newton, sino porque su providencia lo gobierna todo continuamente. Las "leyes" más bien nos las hacemos nosotros sobre lo que se nos da regalado, hecho de la nada.

Mire a su alrededor, alabe al Creador y agradézcale la herencia que le ofrece por segunda vez, si se deja redimir y regenerar.


Manuel M. Domenech Izquierdo.

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