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"La palabra ser tiene dos sentidos, pues unas veces significa el
acto de existir y otras la unión que halla el entendimiento entre los
dos términos de una proposición cuando compara el predicado
con el sujeto". (S.Th. 1 q3 a5 ad2) |
Cuando hemos comprendido que la visión de la luz sensible es una
participación vital del acto energético comunicándose a la materia,
estamos preparados para considerar algunas ideas que pueden ayudar a
resolver el último contraste, el más importante y definitivo:
Leemos, por ejemplo en el libro "Semantics" de
Geoffrey Leech:(*)
(*) "Semantics". GEOFFREY LEECH. Peguin Books 1974 pag. 185.
"Una de las más persuasivas razones para
considerar las estructuras sintáctica y semántica como mutuamente
independientes es la existencia de elementos en un nivel que no tiene
correspondiente en el otro. El verbo "ser" puede ser considerado como
un "falso elemento" en sintaxis, esto es, un elemento que existe en el
nivel sintáctico para cumplir ciertas condiciones de perfección
sintáctica, pero que no tiene contenido semántico".
Quiere decir que
«ser» no significa nada.
Realmente si Shakespeare viviera ahora podría decir "to mean or
not to mean, that is the question", en vez de su famoso "to be or not
to be", porque lo que acabamos de leer contrasta con:
"El ser es lo más formal".(*)
(*)
Suma Teológica I q7 a1 c.
"El ser es la actualidad de todas las cosas, incluso de las formas mismas".(**)
(**)
Suma Teológica I q4 a1 s3.
Suma Teológica II-1, q2 a5 s2.
Las dudas en este terreno llevan al espíritu humano por los
caminos que van de la luz a la tinieblas, de la vida a la muerte
espiritual. Por eso es éste el tema más importante.
El desprecio del ser, propio de la filosofía moderna, encuentra
sus excusas en los hallazgos de la gramática estructuralista y la lógica
formal, con el consecuente desprecio de la semántica metafísica. La
semántica es importante porque, como dice Aristóteles, basta que las
palabras signifiquen algo para disipar toda duda acerca del primer
principio, el de no contradicción.(*)
Y precisamente las dudas en los principios
son las que tienen consecuencias más graves al final.(*)
(*)
"Metafísica". ARISTOTELES. Lib. â 1000a, 12-13 Vrin París
"Para una fundamentación de la metafísica". FRANCISCO CANALS. Pag. 21
Publicaciones Cristiandad. Barcelona 1968.
"Sobre la esencia del conocimiento". FRANCISCO CANALS. Pag. 508. PPU, Barcelona 1987.
(*)
Suma Teológica II 2 q154 a12.
Por su poder de abstracción, puede el espíritu humano restringir
el mundo a un subsistema, a un simple entrelazado de relaciones. La
separación de relaciones, (como se separa la cantidad), es la actividad
mental necesaria para la lógica formal, para la gramática estructuralista
y para el algebra moderna en general. Entonces puede pensarse que la
semántica del lenguaje se reduce a la definición de funciones o papeles
a realizar en ese sistema, por parte de los objetos de que trate dicho
lenguaje. Parece que la ciencia lo abarca todo, incluso
los ámbitos de la filosofía, pero lo que se ha hecho en realidad ha sido
marginarla absolutamente:
se ha olvidado el ser, la luz y la vida.
Es verdad que, después de haber separado algunas relaciones de la
realidad, se pueden desarrollar «grafos conceptuales» cuya estructura
reproduce la de la significación de un lenguaje reducido a lo necesario
para hablar del sistema abstraído(*)
y hacer posible, por ejemplo, la
simulación del sistema con ordenadores controlados con lenguaje natural.
(*)
"Conceptual graphs for data base interface". SOWA.
IBM Journal of Research and Development, vol 20 no 4 julio 1976.
"Interpretation of natural language in an information system".
LEHMANN. IBM Journal of Research and Development, vol 22 no 5 septiembre 1978.
Esto puede ser muy útil con tal de que se sepa lo que se hace,
pero dentro del sonambulismo que siempre ha acompañado a la ciencia,
puede poner en peligro incluso la Fe. Se puede llegar a pensar que la
palabra humana sólo significa procesos en sistemas, lo cual es quitarle
el espíritu a la palabra, y "la palabra, como dice Heidegger, es la casa
del ser y en ella habita el hombre".(*)
(*)
"Curso de Filosofía Tomista, Textos de los grandes filósofos, Edad contemporánea".
CANALS VIDAL. Pag. 276. Herder. Barcelona 1974.
La filosofía moderna
desconoce qué es la abstracción metafísica, y la profundidad
y grandeza del conocimiento por analogía. Juzga como un fracaso la
imposibilidad de visión directa y sin embargo sería absurdo que esa
visión directa fuese posible. Nos referimos, como es evidente, a
la del Acto Puro por ser inigualable por
cualquier naturaleza, y a la de la potencia pura por no haber en ella nada
inteligible, ya que aislada, está completamente desactualizada, tanto que
no puede existir así. No ve que se trata precisamente de eso, de
alcanzar ese único conocimiento posible a través del conocimiento
verdadero de toda la gama de seres acto - potenciales que constituyen el
universo.
Lo que procede del acto no se puede medir cuantitativamente si no
es por la limitación que le produce la materia en que se recibe. Hay
actos del entendimiento humano que no dependen del cuerpo y éstos no
son cuantificables. Estos son precisamente los más importantes de la
actividad humana.
Sin la tranquilidad que supone tener claramente situados los
extremos entre los que se tiende la zona de apertura de nuestro
conocimiento, (Acto Puro y potencia pura o materia prima),
no se puede contemplar
la estructura acto - potencial de toda la escala de los seres
del universo, no se pueden conocer las formas y se
realiza un universo mental al estilo kantiano.
El hombre está en tensión hacia algo superior a sus posibilidades,
hacia el Acto Puro. (La tensión hacia la materia prima, si se tiene, es
por equivocación, ya que en ella no hay nada inteligible).
Kant, al rechazar la analogía, cae en la contradicción dialéctica
al encontrar opciones irreductibles cuando pretende alcanzar lo absoluto
desde la físico - matemática. Entiende la analogía, sólo como una
extrapolación en el arte de alcanzar leyes físico - matemáticas. La metafísica
es para él la ciencia de la última realidad inalcanzable intentándola
también por métodos físico - matemáticos.
El no poder concebir la estructura acto - potencial de la escala de los
seres, en que se funda un conocimiento realista por participación del
ser, lleva al panteísmo idealista. Por eso plantear correctamente este
asunto es de una importancia tan seria.
El conocimiento por analogía consiste en conocer el cuarto
término de una proporción
con los otros tres. Si el fundamento de la física es la regla de tres, el
de la metafísica es la analogía. En esa misma frase tenemos ya un ejemplo.
Pero los términos fundamentales son aquellos en que aparecen los extremos
metafísicos:
la materia prima es a la forma sustancial, como la potencia es al acto y
como el sujeto es
al accidente.(*) O también:
el Ser Subsistente es a los seres que lo participan como
el fuego (lo sumamente cálido)
es al cuerpo caliente,(*) es decir, en términos modernos,
como la energía es a los cuerpos activos.
(*) Suma Teológica I q54 a3 s2
(*) Suma Teológica I q44 a1 c
Del mismo modo que hasta aquí ha sido importante distinguir entre
la imaginación y la inteligencia, será ahora importante la distinción entre
el segundo y el tercer grado de abstracción, es decir entre el matemático
y el metafísico.
El segundo grado de abstracción, el matemático, separa aquello que,
aunque no pueda existir sin materia, puede concebirse sin ella.
Pero en este punto conviene tener en cuenta que además
de la cantidad, separa relaciones de estructura, relaciones de acción y pasión,
relaciones semejantes a las que hay entre la sustancia y los accientes
como las de "tener", "estar en", "depender de"; como las relaciones de
"interfase"; el "situs", como se hace en la geometría proyectiva y otras
geometrías no métricas (la forma de cruz, por ejemplo, no es una relación
métrica); el "quando" y el "ubi", cosa que ya se hizo desde muy antiguo,
al numerar el movimiento según el antes y el después para tener el
calendario y medir las tierras para repartirlas.
También se pueden hacer abstracciones sobre las abstracciones ya
hechas, viendo, por ejemplo, la estructura algébrica de las operaciones
entre conjuntos que hace la aritmética, y así
se crea el algebra moderna, o haciendo un álgebra de datos
al establecer tipos de ellos por las operaciones y valores que
soportan, como se hace en informática avanzada.
Todas estas abstracciones constituyen «ciencias intermedias», como
las llama Santo Tomás, poniendo por ejemplo,
"la astronomía que usa las
matemáticas, entre la física y la metafísica".
La metafísica abstrae tanto del objeto propio de la física
como del objeto propio de la matemática, siendo,
en cuanto grado de abstracción, más abstracta
que cualquier nivel matemático. Pero la abstracción metafísica se hace
sobre el mismo objeto material de la física, sin pasar antes
necesariamente
por el matemático. Porque si la abstracción
se hace sobre lo matemático, y no se le contempla en cuanto que es,
es decir, no se hace la abstracción metafísicamente,
se sigue haciendo matemática, como, por ejemplo
al construir el álgebra sobre la aritmética.
Si el matemático no vuelve al objeto material sensible de donde sacó
su abstracción cuantitativa o racional, para «vivir» con él, por la fuerza
del ser de su espíritu que se percibe existente en la sensación por la
que conoce, jamás hallará el ser de la cosa. Ni ensuciando con nuevas
imágenes arbitrarias su primera abstracción matemática, como hacen, por
ejemplo, los que imaginan de algún color la más pequeña cantidad de
electricidad medible, es decir lo que se llama electrón, ni realizando
nuevas abstracciones estructuralistas sobre las ya realizadas, como hacen
el álgebra, la lógica formal y la lingüística modernas.
El ser que expresamos en la verdad y deseamos como bien, no es nada
mecánico ni geométrico. Es algo que recibimos de la conciencia de nuestro
existir y extendemos a todo lo que conocemos por los sentidos,pues por
el «entendimiento agente» nos percibimos existentes en ello.
Alcanzamos el ser de las cosas, porque en la sensación percibimos que las cosas
existen con nosotros. El espíritu humano percibe que existe en las
sensaciones, y esa es la fuerza del ser de su espiritu.
Conviene distiguir aquí, como lo hace Francisco Canals citando a
Cayetano, entre la abstracción total y
la abstracción formal.(*) Por la
abstracción total nos quedamos con el ente común, que, por ser lo más
común podría llegar incluso a confundirse con la materia prima. Todo es
algo, pero con solamente «algos» no puede hacerse todo. Pensando el ser
analógicamente lo alcanzamos con la abstracción formal como aquello tan
perfecto que es la misma medida de la perfección de la cual participan
todos los que de algún modo son perfectos. Este ser es luminoso, luz de
sí mismo y del que todo lo que luce participa:
es espiritual e inmaterial
y de su ser participan los ángeles y el espíritu humano.
(*)
"Para una fundamentación de la metafísica". FRANCISCO CANALS. Cap. 11 pag. 38-41
Publicaciones Cristiandad. Barcelona 1968.
"Sobre la esencia del conocimiento". FRANCISCO CANALS. Pag. 508. PPU, Barcelona 1987.
El alma humana inyecta tanto ser a la materia que el compuesto se
da cuenta de que existe en su unificación con las cualidades sensibles.
Por esto dice San Agustín que existe una
cierta "memoria del presente".(*)
La vida intelectual es tanta vida que se ve en su propia luz. Su lucir
es su vivir y su vivir es, para ella, ser y su ser es verse; y porque
se ve, puede «decirse» cuando se expresa en su palabra.
(*) "De Trinitate". SAN AGUSTIN. Lib. XIV cap. 11 B.A.C. no 39
Esta íntima y existencial percepción del propio existir en nuestras sensaciones
es incluso anterior a toda reflexión. Es el punto de apoyo en que toda reflexión
empieza y termina. Es el «entendimiento agente» de Aristóteles.
Es lo que permite interiorizar las sensaciones que,
de quedar determinadas en el ámbito puramente animal, no serían más que
un simple vuelco al exterior. Por ella tenemos noción de la existencia
y podemos hablar del «ser» sabiendo lo que decimos.
Si no aceptamos lo que Dios nos da, queremos hacerlo
nosotros y caemos en el idealismo, lo cual es autodivinización.
Hay que aceptar lo patente en lo que se da a nuestras facultades
cognoscitivas:
Lo primero es la autopresencia del propio
«ser» en nuestras sensaciones. Esa es la rendija por donde la
participación de la divinidad por la naturaleza humana es mayor. Esta
autopresencia de la mente en su ser es algo físico, que la
reflexión traslada al terreno de lo lógico, pero ya es
autopresencia en el terreno físico. La luz del entendimiento
agente es algo físico, aunque no corporal. Esta autopresencia
no se puede entender como un proceso imaginativo ni
mecanicista; es una presencia primaria, radical, natural, unificativa. Es
el punto de apoyo que permite unir lo separado y separar lo
unido. Esta autopresencia se concreta por la imaginación,
que se concreta a su vez por las sensaciones, que se concretan
finalmente por la pasividad corporal. Por eso puede conocerse lo concreto.
Por eso puede universalizarse lo particular.
El proceso de abstracción, incluso el matemático, consiste en
separar lo que está junto. La invención consiste en unir lo que está
separado. Si se olvida esto se yerra. Unir y separar sólo puede hacerlo
el que es uno. Para separar hay que ponerse en medio y para unir hay
que recoger en la propia unidad.
En el juicio unimos, pero sólo es la simple aprehensión la que da
el conocimiento de las esencias. Como "la definición es el medio de la
demostración",(*) hasta que no se posee la imagen en la
que entender lo que es «vida», por ejemplo, no se está en condiciones
de pensar mediante silogismos acerca de la vida. En el término «vida»
y en toda la imagen sensitiva que la acompaña, se percibe existente el
espiritu, y por eso puede concebirla como esencia.
(*) Suma Teológica I q3 a5
La existencia humana es una existencia conocida, no deducida.
La propia existencia no se deduce, en contra de
lo que pretendió Descartes con su "pienso, luego existo".
Ninguna esencia puede ser concebida como real sin la previa consciencia de
la propia realidad existencial. Y como "la definición es el
medio de la demostración",(*) sin la
autopresencia no hay esencia
real y sin esencia real no hay demostración ni se puede
deducir la autopresencia. Puedo hacer una reflexión sobre la
realidad de mi existencia, pero esa existencia se toma como
algo anterior a esa reflexión y, con mayor razón, a la reflexión
sobre la reflexión, y, porque aprecio el conocimiento de mi
existencia como distinto de ella misma puedo distinguir la
lógica de la física.
Todas las cosas participan del ser, por eso tenemos noción de él
aunque no lo veamos más que analógicamente. Nuestro entender fluye de
ser con las cosas. Por eso su alcance es universal y por eso es concreto.
Es posible trascenderse por participación del que todo lo trasciende.
El aspecto formal de los silogismos es abstraíble y se puede tratar
como cualquier cuestión matemática. Pero si se olvida el ser, la vida,
el bien, no se le encontrará en las formalidades logísticas.
Muchas veces se toma por «entender» las cosas, el relacionarlas con
algo que se sabe anteriormente, pero se está muy lejos de enlazarlo todo
con los primeros principios. Esta es una de las trampas de la dialéctica
y la razón de su simbiosis con la contradicción. Se trata de descender
desde el ser como primer analogado. Esto es la analogía y sólo se consigue
si se deja de entender el ser como algo abstracto en el sentido matemático
(lógica formal) y se da uno cuenta de que participa de la luminosidad,
colorido, armonía y vida que es el «ser», el «esse».
Por eso, después de haber entendido que la visión de la luz sensible
es participación vital del acto energético comunicándose a la materia,
se está más cerca de llegar a comprender que la percepción de nuestro
existir es todavía más luminosa, por estar más cerca del acto que todo lo
ilumina, Dios, aunque El esté por encima de todo lo que puede pensarse.
Las perfecciones de los seres no se entienden verdaderamente si no
se piensan como participaciones en distinto grado de las perfecciones
divinas, del mismo ser subsistente y único, del Ser que es «serse».(*)
Toda la creación y la historia de la salvación es participación.
(*) "Frutos de oración". TRINIDAD SANCHEZ MORENO. Pag. 36. Obra de la Iglesia. Madrid, 1979.
Al ver esto se recorre la cuarta vía de Santo Tomás. Se puede llamar
hermanos al sol, al agua y a los pájaros, como san Francisco de Asís. Uno
se ha demostrado a sí mismo la existencia de Dios en quien todo tiene fin.
Manuel M. Domenech I.
Camino(s) ascendente(s):