El idealismo alemán, la dialéctica de Hegel y todo la crisis de
la filosofía moderna, radican de alguna manera en el escepticismo
gnoseológico de lo sensorial.
Hemos visto que los tonos musicales y los colores se manifiestan
según el modo de la corporeidad que embargan el sonido y la luz, pero
son participación del ser energético y actual. Podríamos decir que la
mejor manera de imaginar las sensaciones, es pensar que la luz y el
sonido «flotan en el ambiente» y lo penetran todo, y que la vista y
el oído sólo participan de ellos en el aspecto que permite la estructura
corporal del ámbito en el que se produce la visión o la audición, que
incluye el propio cuerpo del animal y los que le rodean.
Santo Tomás acepta la argumentación y no rechaza sus principios, sinó
sólo la conclusión de que la forma corporal no sea agente particular.
Evidentemente más razón tenía Avicebrón que la que hay en las falsas
concepciones del materialismo moderno, porque, al menos, su posición no
era metafísicamente absurda.
Esto rompe el escepticismo gnoseológico moderno que es consecuencia
de un falso supuesto mecanismo de las sensaciones. La imagen mecanicista
del animal que siente es falsa, como todas las que resultan de imaginar
materialidades cuantitativas revestidas de cualidades arbitrarias. Se
supone falsamente que la onda, que unos imaginan transparente, otros
blanca, otros brillante, roja o azul, penetra en el ojo, provoca
cambios en sustancias químicas, verdes para unos, rojas, luminosas o
negras para otros, que causan señales en células nerviosas, azules o grises,
lo mismo da, llegan al cerebro y allí se decodifican por decodificadores,
de colores diversos también, hasta que, no se sabe cómo, producen en el
animal sensación de color. Si el color no se produce hasta ahora, ¿cómo
lo otro tenía color?. Y si no lo tenía, ¿por qué ahora lo incoloro
se decodifica como color?. No les queda otra salida que pensar que es
el animal el que produce el color, y decir con Marx:
"Todo es producto de la actividad sensorial humana", lo cual es
absurdo, entre otras razones porque los hombres somos muchos y no
podemos ser producto unos de otros, y además dar todos resultados
coincidentes.
Si las cualidades se producen por algo exclusivamente mecánico
que no tiene cualidades, entonces eso mecánico ¿qué tiene?.
Es inútil seguir por ese callejón sin salida.
La cualidad no es cantidad. Aristóteles(*) señala como
uno de los errores del adversario dialéctico el "confundir el estado
con la acción o la acción con el estado" y pone este ejemplo:
"Cuando se dice que la sensación es un movimiento transmitido por los
cuerpos".
Esto es precisamente lo que hace todo el mecanicismo moderno.
Piénsese, además, que Aristóteles lo pone como ejemplo aclaratorio,
lo cual significa que, tanto para él como para los lectores, es
evidente que la sensación no es un movimiento transmitido. Esto da
idea de lo que se ha perdido en filosofía con el mito del progreso.
(*) "Tópicos". ARISTOTELES. Libro 4o 125b, 15 Vrin París
Concíbase como se quiera el mecanismo de la visión, pero el hecho
es que no se puede
contestar en qué momento se produce el teñido del color. No se puede
imaginar cómo surge el color, pues aquellas imágenes con que intentamos
imaginarlo ya están teñidas. Una vez más es al entendimiento a quien
corresponde dar razón de la sensación.
Como hemos explicado(*) el tinte del color se da porque es
un aspecto del acto energético luminoso que impulsa el movimiento cósmico,
que es espiritual e inteligente, y que es acto. El color está en la
linea del acto como la luz; la pasividad de la materia lo determina y
especifica. Mejor sería decir la «no pasividad» de los cuerpos, que ya
pertenece a la cuarta especie de la cualidad por estar vinculada a la
figura geométrica estructural de lo iluminado.
El calor es también algo más que movimiento cósmico. El calor, la luz
y el sonido son la comunicación de la acción del espíritu activo y
manifestativo en la materia.
(*)
Véase el apartado "La potencia sensible y el acto energético"
del capítulo "La velocidad de la luz".
No hay que preguntar: ¿Qué le pasa al aire cuando suena?. Y responder:
que vibra. Esto es suficiente para toda la tecnología de "Audio", pero filosóficamente
La pregunta debe hacerse así:
¿Qué le pasa al aire cuando vibra para que suene?. Entonces es cuando
se puede responder que suena cuando vibra
porque, como se ha dicho,(*) su vibración es efecto
del acto energético, difusivo y manifestativo, de la sustancia inteligente
y espiritual que imprime el movimiento al cosmos, y la sensación es la
unidad de la potencia sensible del animal con este acto, participado en
lo que le permite la pasividad corporal.
A veces imaginamos que el ojo ve como la pélicula fotográfica y
precisamente ésta es la única manera como no se puede ver:
con una transformación material. El ojo ve la vibración, no el
salto cuántico. Lo que ocurre es que donde hay más vibración, más
saltos cuánticos hay. Digámoslo una vez más(*)
la vista ve porque participa del ser energético
que mueve el universo haciéndose uno con él en lo que le deja la pasividad
determinativa que es la cantidad material coartada por las formas corporales.
El sentido es el receptáculo de las formas sensibles sin la materia, "como
la cera recibe la forma del sello".(*)
La cera no recibe la materia del molde.
La cera no deja de existir al cambiar de sello y tiene todos los
sellos posibles en potencia. El sello no da el ser a la cera, sinó que
determina su potencia a un sello, sin perder la potencia de todos los
sellos, ni perder su ser. El «modo» es también determinante de todo ente,
y el «modo» concreto de las cosas es el que tienen.
Quiero advertir que, en cierto aspecto, debería decirse que el cognoscente
recibe la forma conocida, «no como la forma recibe el sello», ya que el sello
induce en la cera una forma accidental que la cera no conoce, precisamente porque
no se hace la misma cosa con la forma del sello. En este aspecto, la forma
accidental se recibe materialmente en la sustancia, y por eso no se conoce.
(*) "Tratado del Alma". ARISTOTELES. Libro II, 12. Vrin París
El animal repite en su sensibilidad toda la potencia de la
materia a las cualidades sensibles, por eso siente. Cada animal vale, por
su imaginación, tanto como todo el universo material. Cada instinto
específico determina la potencia sensible de manera parecida a la
determinación que tiene la materia prima para las formas naturales.
Los minerales no sienten porque su ser no abarca toda la potencialidad
de la materia, sinó sólo la potencia concreta de la forma que en cada
momento posee. "La sensación no informa el sentido para que sea sentido,
sinó para que surja la visión".(*)
El animal no recibe el ser por la cualidad que conoce, sinó
que su ser en la unidad con lo otro se determina por la pasividad de lo
otro. Por eso conoce y por eso conoce lo otro.
(*) "De Trinitate". SAN AGUSTIN. XI 2 2. B.A.C. no 39
Desde luego que para el conocimiento intelectual lo mismo da conocer
el verde como rojo, el azul como naranja o los sonidos transportados de
tono. Un cuadro puede representar lo mismo, aunque pueda pintarse con
colores diversos y distintos en sus reproducciones. Esta trasposición
de colores se emplea actualmente en técnicas de representación de la
superficie terrestre por medio de fotografías tomadas desde satélites y
procesadas por ordenadores, y no se produce ningún error de interpretación
de lo que las fotografías obtenidas representan.(*)
"Lo que es entendido de un solo modo por la mente, puede ser
expresado de muchas maneras por el cuerpo".(*)
La metafísica sería igual aunque los colores fueran de otra manera. Lo
importante es que hay luz y color. El cómo es menos importante que el
qué. Pero resulta que también el cómo es igual para todos los que ven y oyen,
porque realmente se unen en la participación de algo que es acto y uno,
y que se diversifica por la materia. Lo que cada ojo percibe y lo que
cada oído oye, está en las cosas, aunque no sea lo mismo lo que perciben
ojos y oidos distintos. Estos están en cuerpos distintos que mediatizan
con su pasividad el aspecto determinado y parcial del acto que se ve u oye;
y eso es real y tal como cada uno lo ve u oye.
(*)
"Digital image procesing of earth observation sensor data".
IBM Journal of Research and Development. Vol 20 no 1 1976
(*) "Confesiones". SAN AGUSTIN. Libro XIII cap. 24 pag 586, 587, 588. BAC no 11
El conocimiento sensible conoce en todos los cognoscentes lo mismo,
porque la potencia pasiva del sentido se hace una con un único y mismo
acto que es el primer motor del movimiento cósmico. Los cuerpos mueven
porque son movidos. Ellos transmiten la energía de cuerpo a cuerpo
como ocurre, por ejemplo, en un tren, o como se ve en todo transporte
o transmisión de energía eléctrica, pero el primer motor es siempre
espiritual. De ahí que su actualidad se perciba como luz y color o
sonido y tono.
El sentido se actualiza cuando el subsistema de universo material que
forman los cuerpos de lo sentido y del animal, permite la unificación de
ambos en la recepción de la acción energética espiritual. Puede ser que,
por diferencias en la materialidad de dicho subsistema,
unos y otros veamos las cosas diferentes, pero lo que vemos cada uno está en ellas.
Los colores y los tonos son distintos aspectos de la misma realidad
actual de las sustancias. Cada sentido y sensible permite percibir parte
de esa realidad, pero verdaderamente.
Las cualidades sensibles que no se sienten son aquellas que no
permiten sintonía del propio cuerpo con el resto del universo, por no
poder vibrar el cuerpo a determinadas frecuencias. Lo corporal que vibra
impulsado por el acto energético es el sistema formado por el cuerpo
del animal junto con el resto del universo. Del mismo modo que cuando
el órgano del sentido está alterado, no puede la sensibilidad hacerse
uno con lo conocido en determinadas sensaciones, el cuerpo natural
tiene ciertas determinaciones materiales que no le permiten más que
la sintonía con la principal gama de cualidades naturales. Por eso hay
infrarrojos y ultrasonidos que no se ven ni oyen. Eso es accidental y
puede que en el mundo futuro, renovado por la glorificación de los
cuerpos, se perciban todos, porque la afección del cuerpo no se dará
ya para esas cualidades ni para las demás.
El cuerpo humano, inmerso en el universo corpóreo, interacciona
con él, mediante las cualidades activas (energía, luz, calor, energía
potencial de tendencia a las estructuras propias de las especies,
energía cinética de movimiento impreso por las sustancias espirituales
separadas de la materia) y pasivas (rigidez, fluidez, «humedad»,
grados de libertad, valores propios). El condicionamiento de la
interacción física determina los movimientos de los órganos sensoriales
del cuerpo humano (vibraciones), que permiten a las potencias
sensitivas del alma su unificación con los colores, los tonos y las demás sensaciones
ligadas al cuerpo esencialmente. El sentido aprehende su
propio movimiento, pero éste depende del cuerpo propio y de los demás
cuerpos del resto del universo corporal. Si las cuerdas del piano
tuvieran alma sensitiva, oirían lo mismo que oye el oido cuando
vibra por simpatía con la misma frecuencia que la cuerda de piano,
pero no oyen porque su forma no es nada más que el estado de la
cuerda en cada momento de la vibración. Veamos ahora que
el alma intelectiva abstrae las especies inteligibles sobre las sensaciones.
El oído es para oir sonido, no oídos; el ojo es para ver color, no
ojos. Quiere decirse, no oirse a sí mismo el oído, ni verse a si
mismo el ojo. En cambio el entendimiento puede entenderse. Los animales, que
sólo tienen conocimiento sensitivo, sienten más vehementemente lo otro
que a sí mismos. Es de esencia del sentido suponer la acción de lo otro.
Incluso la percepción de la propia posición se hace con una cierta
oposición entre el sujeto y lo percibido, aunque, en este caso, lo
percibido sea algo del propio sujeto. La idea que tiene la psicología
moderna del subconsciente como algo inaccesible, proviene también de
confundir la inteligencia con la imaginación, y de querer alcanzar
con la sensibilidad, la propia sensación, cosa imposible al sentido.
El sentido es consciente de su pasión; la inteligencia es
consciente de su acción. El sentido está en un cuerpo cuyo movimiento
pasivo percibe. En cambio la inteligencia separada de la materia mueve
al cuerpo, y la unida al cuerpo como forma, mueve a la imaginación,
y, a través de ella, «controla» al cuerpo: "Las realidades sensibles están
en acto fuera del alma y, por tanto, no hay necesidad de un sentido agente;
así se comprende que todas las potencias nutritivas sean activas y las
sensitivas pasivas, mientras que las intelectivas son en parte
activas y en parte pasivas".(*)
(*) Suma Teológica I q79 a3 s1
La luz corporal es externa al hombre aunque sólo consistiera en las
perturbaciones electromagnéticas de las células más interiores del
sistema nervioso. La luz intelectual es interna. Por eso no hay sentido agente
y sí entendimiento agente. El sentido es activo pero no actuante como
el entendimiento agente que pone en acto inteligible a las imágenes,
cosa distinta de él.
Para ir de lo más material a lo más espiritual, recordemos primero que los
centros de atracción de la energía potencial son,
para cada punto material, todos los restantes puntos del universo
material. Son exteriores y totalmente distribuidos.
Para la luz natural hay muchas fuentes de luz que no coinciden con las
potencias sensibles y por tanto les son exteriores. Se llaman comunmente
centros emisores de energía. Para la luz inteligible también hay muchas
fuentes, pero coinciden todas con los entendimientos posibles de cada
hombre particular. Pero todo está
unificado en relación con el acto supremo que es Dios.
La intencionalidad espiritual se distingue de la material en que
ésta no es aún nada en acto y cuando se satisface se consigue una forma
concreta y no otra. En cambio, la espiritual es ya desde un ser y
cuando se satisface quedan excluidas las formas distintas sin cambio en el ser.
La potencialidad del entendimiento posible es parecida a la de la
materia prima y, como ella, tiene
la "apetencia al modo de una hembra" que explica
Aristóteles en su física.(*)
La apetencia del cognoscente es como un estar abierto a aquello de lo
que tiene intencionalidad, un estar mirando aquello de lo que tiene «in-tensión».
Unos ojos abiertos tienen intencionalidad de luz.
El entendimiento posible está abierto a todo lo que sea de alguna
manera. El sentido está abierto a la comunicación del acto energético
que imprime movimiento al universo y que es luz y sonido. Los
cuerpos dejan transparentar distintos aspectos de este acto y así se
dan los colores y los tonos agudos y graves.
(*) "Física". ARISTOTELES. Libro I, 192a. Les Belles Lettres. París 1961
Volvamos a considerar algunas interpretaciones hylemórficas del mundo
material, que nos ayudarán a entender mejor las realidades espirituales.
En una reacción exotérmica no es que la materia emita luz, sinó
que lo parece porque el generante activo está detrás de la materia
impulsándola a la nueva forma. Los reactivos hacen de molde material
de la nueva forma, por eso hay semejanza entre el producto de la
reacción y los reactivos. Ese molde son las «rationes seminales» de
San Agustín, maternales, materiales, pero seminales. La semejanza entre
reactivos y productos da lugar a lo que se llama existencia virtual de
los componentes en el compuesto. El generante es el acto energético que
imprime la forma y se manifiesta en luz y colores a los sentidos animales.
Ese generante que está detrás de la materia es la causa de que puedan
generarse espontáneamente las sustancias minerales. En las formas
superiores se requiere mayor preparación de la materia, y, por eso,
tiene su papel la hembra. Desde la materia prima misma no hay
posibilidad aún de que haya madre actual. El primer acto infusor de formas
actúa en las formas elementales directamente y tampoco hay instrumentos
paternales, como los hay en la generación de formas superiores.
La pasividad de la materia hace como de madre del conocimiento
sensitivo, y la energía como de padre. La luz intelectual es como padre
del conocimiento intelectivo y la sensibilidad animal hace como de
madre del conocimiento intelectual humano.
La potencia del entendimiento posible y el que el sentido esté
en potencia, tiene que entenderse como si se imaginara que toda la
materia prima, con toda su potencia, estuviera concentrada en un
solo punto que sería el entendimiento posible del hombre o el sentido
común del animal. El sentido común pasa al acto por una luz exterior,
la corporal; el entendimiento posible por una luz interior que es el
entendimiento agente, la autopresencia de la mente en su ser.(*)
(*)
Véase "La luz del ser" en el capítulo "El ser y la lógica formal".
Estas potencias, abiertas intencionalmente a toda cualidad o a
toda esencia, son las que hacen cognoscente al que las posee. Son
potencias no desparramadas como la de la materia prima, sino
concentradas en la unidad de un solo ser. Ese tipo de potencias son lo que
permite que existan seres abiertos a los demás. El sentido puede tener
todas las cualidades, y las tiene mediatizado por las condiciones
materiales del universo, lo que permite hacerse al animal con una
imagen de sus determinaciones, mediante la óptica geométrica del ojo,
por ejemplo, con lo que conoce forma y materia de lo que le envuelve.
La luz natural es la participación, por parte de la sustancias
corporales, del poder manifestativo del Ser Supremo. De ahí la
posibilidad de su actividad. Igual ocurre con la luz del entendimiento
agente. La luz natural se ve, en su acción sobre lo corpóreo, determinada
por la configuración material del universo, y la del entendimiento
agente por las imágenes de la imaginación del hombre animal. Por eso es
posible la referencia indirecta a lo particular por parte del
espíritu humano.
De la participación del poder manifestativo y difusivo del bien del
Ser Supremo, viene la posibilidad de poner en acto la materia prima y la
potencia sensible por parte de la luz natural, y el entendimiento posible
por parte del entendimiento agente. Es la luz la que hace a los vegetales
(función clorofílica) y es la luz la que hace a los cuerpos mixtos.
Por eso es E=mc2, cuando devuelven al universo la luz que los hizo.
La luz hace los compuestos sacándolos del molde material que son los
reactivos. La luz de la reacción exotérmica es el resto de energía
formante que el compuesto no puede contener sin romperse, y sale
fuera porque el acto energético impulsor actúa desde dentro.
Del mismo modo que la luz del entendimiento agente, que pone en acto la potencia
del entendimiento posible, no es la misma que la luz natural que pone en
acto la potencia del sentido, no tienen por qué ser iguales la luz
natural y la energía que actualiza la potencia de la materia prima.
Una es la luz intelectual, otra la luz natural y otra la causa de la
energía cinética. Los ángeles no pueden infundir formas en la materia
prima y son los que mueven los cuerpos causando lo que se llama
inercia del movimiento cósmico. Pero la inercia del movimiento no es
lo mismo que la energía mecánica potencial que produce la elasticidad
y que, podría decirse, que es el acto a que tienden las fuerzas naturales.
La infusión de formas en la materia prima la hace el acto capaz de
infundir «in-tensión» en ella, la cual da lugar a las fuerzas naturales
y que representan la parte corporal de la energía física. La luz natural
es algo superpuesto a los cuerpos. Les es en cierto modo exterior
aunque surja de su interior a veces. Parece y se puede pensar que surge
de su interior, pero el acto participado es siempre exterior a aquello
que lo participa.
Esta manera de ver las cosas hace comprensibles aquellas luminosas
expresiones de los genios del pensamiento humano como San Isidoro de
Sevilla:
"Nada existe sin música; el universo entero es una trama de sonidos
armónicos y hasta los mismos cielos giran bajo los tonos de esa
armonía".(*)
Cuando el espíritu toca a la materia, se transparenta en ella algo de
su luz y armonía. Una nota musical es lo que la pasividad de la
materia deja manifestar del acto energético que la mueve.
Recordemos que el sonido es
al tono como la luz al color, y el color es cualidad pasiva.
(*) "Etimologías". SAN ISIDORO. La Música, libro III cap 15-17. BAC no 433
El acto hace vibrar a la materia y la vibración comunicada hace
participar del acto de la luz y el sonido al sentido. El biógrafo de
Bach, Albert Schweitzer (1875 - 1965) ha escrito que cuando escucha una
cantata de Bach, es cuando se siente más próximo a Dios. "Será porque hay algo
en la música que fisiológicamente no es totalmente humano, es como un
puerta abierta al misterio religioso; se abrirá al hombre un universo que se
nos escapa totalmente, excepto, quizás, en los instantes de éxtasis
musical o místico".
El ser de la cosas es un ser sonoro y luminoso, pero la materia
existe. Conviene notar que aunque materia no es lo mismo que masa ni
extensión, las determinaciones extensivas materiales hacen que la
percepción de luz y sonido sea en forma de color y tono concretos.
La luz es manifestativa, pero si sólo pensamos en la manifestación
nos quedamos sin nada que manifestar. Como la luz inteligible es la
comunicación del «esse», la luz natural es también la actualidad
comunicándose a los cuerpos y de los cuerpos al sentido. Por eso decimos
que el sonido es angélico y que la luz es divina. Las vibraciones son
la respuesta pasiva de la materia a las energías cósmicas divinas y
angélicas. Color, calor y tono son lo que la materia deja expresar de
la manifestatividad del acto espiritual. Las cualidades sensibles son destellos
divinos.
El principio de la cualidad es la forma; luego la luz, el color
y el sonido están en la linea del acto. Las sensaciones son destellos
de la divinidad y de la luz angélica en los cuerpos, como los destellos
coloreados de un diamante lo son de la luz del sol. Y esto no es una simple metáfora,
es una analogía metafísica. Las comparaciones de lo espiritual con la
luz, el color y la armonía, no son antropomorfismos. Son analogías
metafísicas, porque las sensaciones son participaciones del Acto.
La Virgen de Guadalupe se apareció rodeada de sol al indio Juan
Diego de las tribus que adoraban al sol. No hay peligro de idolatría
cuando se adora a lo que está detrás del sol:
Dios.
Toda vibración es el resultado de una acción sobre algo pasivo en
cierto modo. Y como la acción es comunicación, las vibraciones son
sonoras y luminosas. Pero como el modo de pasividad las determina, son
armónicas y crómáticas. Con los oídos oímos la acción de los ángeles en
los cuerpos y con los ojos vemos la acción de Dios en la materia. Los
sentidos se unen a Dios y a los ángeles participando de su luz y de su
canto según el color y tono que permite la materia.
Lo que se ve es físicamente reflejo de Dios en las criaturas y lo
que se oye es físicamente eco y resonancia del espíritu angélico en los
cuerpos. La vibración sonora implica inercia cuya causa son los ángeles
y la luz, al estar más enraízada en la entrañas materiales, necesita
más directamente a Dios, único que puede infundir formas en la materia.
La realidad es más subyugante todavía que aquello de San Juan
de la Cruz:
"Al pasar el Amado por las criaturas,
vestidas las dejó de su hermosura".(*)
Es que el Amado pasa ahora,(*) y son ellas esplendor de su belleza. Como era
en el principio, es ahora, y será por los siglos de los siglos.
Acaricia el Amado a sus criaturas y ellas transparentan su cariño.
(*) "Cántico espiritual". SAN JUAN de la CRUZ. no 5
(*)
"Exercicios spirituales" Contemplación para alcanzar amor. p.122.
SAN IGNACIO DE LOYOLA. Apostolado de la Prensa, Madrid 1962.
Llevando todo esto al ámbito sobrenatural también podemos decir con
San Juan de la Cruz:
"Toda la creación está como bañada por la luz de la Encarnación
y la Resurrección" como citaba su santidad el papa
Juan Pablo II en su viaje a España.(*)
(*)
JAUN PABLO II. Discurso del Acto en
honor de San Juan de la Cruz, 10. Palabras de Juan Pablo II en
España. PPC. Madrid, 1982
Manuel M. Domenech I.
Camino(s) ascendente(s):