De las cuatro causas, final, eficiente, formal y material, el
espíritu del mundo contemporáneo sólo considera la material. Por eso
es materialista. Seducido por el poder de las matemáticas,(*)
que manejan conceptos cuantitativos cuyo principio es la materia, el
mundo moderno ignora la forma y el fin, y reduce la causa eficiente al
nombre del azar, lo cual le sitúa al nivel de los pueblos primitivos.
Quienes aparentan ser maduros descubridores de novedades, no hacen más que
repetir senilmente viejos errores:
(*) "Metafísica". ARISTOTELES. M-3, 15-20
Como, en el fondo, el evolucionismo pretende que todo provenga de la
materia para divinizarla con su panteísmo antiteísta, tiene como
hipótesis insoslayable la generación espontánea de la vida. En este punto,
paradójicamente, la Suma es muchísimo más optimista que la ciencia.
Mientras la ciencia positiva demuestra desde Pasteur que no hay generación
espontánea ni de las formas más elementales de la vida microbiana,
Santo Tomás, en su Suma, cree en la posibilidad del hecho de la generación
espontánea hasta de ranas y serpientes:
"Puede decirse que todos los cambios de las cosas corporales que
pueden hacerse por cualesquiera virtudes corporales, entre los cuales
están ciertos gérmenes que se encuentran en los elementos materiales,
según San Agustín,(*) pueden hacerse por la operación de los
demonios utilizando tales gérmenes; como por ejemplo al convertirse
ciertas cosas en serpientes y ranas, las cuales pueden engendrarse de la
putrefacción".(*)
(*) "De Trinitate". SAN AGUSTIN. III c8,9
(*)
Suma Teológica q114 a4 s2
Afirmaciones semejantes pueden encontrarse en:
q25 a2 s2, q27 a2, q45 a8 d3, q45 a8 s3, q105 a1 s1, I-2 q60 a1, II-2 q25 a3 d3, III q77 a6
III q81 a6 d1, Spl q75 a3 sc2, Spl q97 a2
En contraste con esto tenemos las palabras de Louis Pasteur a la
Academia francesa:
Jamás se recuperará la doctrina de la generación espontánea
del golpe mortal de este simple experimento.
El pensamiento de Santo Tomás nos permite afirmar que si un día,
en un laboratorio microbiológico, se llegara a sintetizar realmente un
ser vivo, no se tambalearía ni un ápice la teología de la Suma, en
contra de la opinión de los que lo intentan con la mala voluntad de
creer así poder demostrar que Dios no existe.
Las formas materiales se generan natural o artificialmente. Dice
Santo Tomás al hablar de la cuestión de si el pan es forma sustancial o no:
"Nada impide hacer artificialmente algo cuya forma no es accidente,
sino forma sustancial; así se pueden producir ranas y serpientes. La
forma en este caso no la produce el arte por virtud propia, sino la
virtualidad de los principios naturales. Este es el modo como se
produce la forma sustancial del pan, por virtud del fuego que cuece la
masa hecha de harina y agua".(*)
(*) Suma Teológica III q75 a6 s1
Es decir que si, por ejemplo, Dios no hubiera creado la forma del
benceno, ninguna refinería de petróleo podría producir gasolina. El
hecho de sintetizarse materia viva en un laboratorio no significaría
que la vida fuera algo artificial. Pero las grandes dificultades que se
encuentran en el intento de sintetizar sustancia viva, no hacen sino
demostrar la imposibilidad absoluta de que esa síntesis se
produzca del azar natural como pensaba Santo Tomás.
Si alguna vez ocurrió algo parecido, tendría que haber sido el
resultado de un movimiento dirigido y gobernado por seres más
inteligentes que los químicos y biólogos que infructuosamente
lo intentan con tantos recursos. Tendría que ser un intento semejante al
que produce el marco ecológico que hace posible la vida de animales y
plantas, es decir el resultado de la conjunción del movimiento inercial,
efecto de las sustancias inteligentes separadas, con las tendencias naturales
hacia las formas materiales que la física llama ahora fuerzas gravitatorias,
elásticas. electromagnéticas y nucleares. Tendría que ser algo que muy
bien podría describirse como "modelar un cuerpo con el barro de la
tierra".(*) Todo el universo debió de conmoverse y adaptarse
cuando fueron creados el hombre y la mujer. Este modelado del barro no
puede ser el resultado de simples tendencias naturales porque parece muy
claro que no existen fuerzas físicas hacia las formas vivas. No hay
intercambios energéticos en el instante de la muerte de los animales,
como lo hay en las transformaciones químicas o nucleares.
(*) Génesis 2,7
No hay tendencia natural hacia las formas vivas. Es más, la
forma viva se opone activamente a las tenedencias naturales
corporales, y, para explicar las estructuras de los cuerpos vivos,
modernamente, los sistemas biológicos se equiparan a modelos
llamados «estructuras disipativas», que generan ordenación
estructural espacio - temporal a partir del aumento entrópico del
entorno a base de reacciones químicas autocatalizadas por uno de
los productos de la reacción. Los científicos reconocen ahora
que es absolutamente imposible que la ordenación de un organismo
biológico haya tenido lugar espontáneamente, y que la ordenación
del entorno es todavía mayor, pues a expensas de esa
ordenación surge lo biológico. Aunque no lo digan, reconocen que el
orden del universo es mayor que el de un sistema biológico. Si un
sistema biológico no puede surgir espontáneamente, tampoco lo
puede la ordenación del universo. Luego han recorrido la quinta
vía de Santo Tomás para demostrar la existencia de Dios.
La causa de todas las fuerzas naturales es la tendencia de las
especies inanimadas a un determinado «situs», a una determinada configuración
de partes, y precisamente todas las especies vivas tienen libertad en ese punto.
Viven bajo una infinidad de «situs» posibles, porque la
perfección del viviente no consiste en el «situs». "Hay que afirmar que
las cenizas carecen de toda inclinación natural para la resurrección
y que sólo por disposición de la divina Providencia volverán a unirse
al alma. De esto proviene que aquellas partes y no otras vuelvan a
juntarse".(*) Lo que se dice de las cenizas, se puede decir
con mayor razón de cualquier sustancia del reino mineral que no haya
estado tan cerca de una forma viva como las cenizas que han sido parte
de una de ellas.
(*) Suma Teológica Spl q78 a3
Aristóteles, a pesar de creer también en la generación espontánea,
dice en los Meteorológicos:
"Igual que la formación del bronce y de la plata puede muy bien
tener por causa el frío, el calor y su movimiento, pero estas causas
no bastan para explicar la formación de la sierra, una copa o una caja,
de la misma manera ocurre con los anhomeómeros (tales como la cabeza,
la mano o el pie), con esta diferencia:
para los primeros la causa es el arte, mientras que para los segundos
lo es la naturaleza o alguna otra causa".(*)
(*) "Meteorológicos". ARISTOTELES. libro IV 390b. Vrin, París
El mantenimiento de la especie por generación vital hace pensar
en una «forma» especial que no consiste en una simple configuración.
A medida que el esfuerzo intelectual es más intenso y profundo, se
comprende mejor la necesidad de una infusión vital específica, tal como
pueden significar las palabras del Génesis:
"Inspirar en el rostro aliento de vida".(*)
Y esto no sólo en la creación del alma intelectual humana, sino
incluso de la forma más elemental de vida vegetal, ni siquiera sensitiva.
(*) Génesis 2,7
De momento, los hombres de ciencia siguen discutiendo si fue
primero el gen (DNA) o la proteína (aminoácidos), versión moderna del
problema de la prioridad del huevo o la gallina.(*)
En realidad buscan si la vida empezó por la virtud generativa o por la
aumentativa, ignorando que la vida incluye las dos virtudes además de la
nutritiva. Lo cierto es que en sus laboratorios no la consiguen de
ninguna de las dos maneras, a pesar de que sus procedimientos son
enormemente más sofisticados que la simple putrefacción, medio suficiente
para la generación espontánea de la vida,
(hasta de ranas y serpientes), según Santo Tomás.
(*) "How did life begin?". BEGLEY. Newsweek. 6 de agosto de 1979.
Con objeto de no exagerar las exigencias de la Fe, podemos llevar
la discusión acerca del evolucionismo al tema del poli o monogenismo y
reducirla al ámbito de la creación del ser humano. Pero no deja de ser
gracioso que
en aras del más puro positivismo científico, parece claro que la frontera
real de la discusión está mucho más abajo. Terriblemente más abajo
de donde se plantearía con el optimismo del propio Santo Tomás. Ni
siquiera en la generación de ranas y serpientes, sino en la de la más
simple vida unicelular vegetativa.
Si un día la ciencia consigue su anhelado propósito, el de la
síntesis de la vida, tendría, pues, que quedar impasible el teólogo
tomista. Pero parece claro que ese día no llegará antes del fin de la
historia.
Encontramos otro contraste en la hipótesis de la recepción sucesiva
de almas en la generación del hombre según la medicina medieval.
Con el fin de que la autoridad de la filosofía medieval no sea útil al
maniqueísmo moderno, para obtener un argumento malicioso en favor del aborto,
explicaré este cuarto contraste.
Aunque sin discutirla, Santo Tomás, acepta la opinión de la ciencia de su tiempo, según la cual:
"El embrión tiene, al principio, un alma exclusivamente sensitiva,
sustituida después por otra más perfecta, a la vez sensitiva e
intelectiva".(*)
(*) Suma Teológica I q76 a3 s3
"En la generación del hombre, lo primero es lo vivo, luego el animal,
y por último el hombre".(*)
(*) Suma Teológica II-2 q64 a1
Esto vendría muy bien a los que pretenden que el aborto no es un
asesinato. Claro está que, aunque no lo fuera, sería también pecado,
porque si la masturbación lo es(*)
por desviar el semen de su orden natural,
más lo será cortar el desarrollo de su fruto.
Pero, el aborto, es además asesinato porque el óvulo fecundado tiene
alma racional desde el principio, y quitar la vida a un ser inteligente
es matar un hombre. En efecto:
(*) Suma Teológica II-2 q154 a11
Los datos científicos modernos, que Santo Tomás no poseía son:
Todo esto está ya en los textos elementales de enseñanza media y
no es una elucubración de un especialista aislado. Es doctrina común,
por lo que no es necesaria ninguna cita.
No se puede pensar que al alma vegetativa sucede la sensitiva y a
ésta la intelectiva, ni siquiera concediendo que cada alma subsume
las virtualidades de las anteriores, porque desde el principio, la
primera célula de cada nuevo organismo animal tiene señales específicas,
es decir propias de la especie, de un ser ya sensitivo.
En el código genético está, por ejemplo, determinado el color de los
ojos, y ninguna forma vegetativa tiene ojos. Congruentemente con esto,
tampoco debe haber lapso de tiempo entre el término de la
fecundación y la infusión del alma intelectiva directamente por Dios.
La situación de las partes en el cuerpo animal es algo que pertenece
a la determinación de la cantidad por la forma, es decir, a la cuarta
especie de la cualidad. Y la cualidad tiene por principio a la forma,
pues sólo la cantidad indeterminada es principiada por la materia. "La
especie responde a la cantidad, la figura, el sitio y el orden de las
partes".(*)
"Es propio de los cuerpos orgánicos guardar determinada distancia
entre sus partes".(*)
"A la razón de la especie pertenece el determinado sitio de las
partes, como sucede en el cuerpo humano".(*)
"En las cosas materiales la figura da idea de la especie a que
pertenecen".(*)
La posición de las bases en el DNA es algo que pertenece a esa
situación de partes en la cantidad determinada. Si cada situación es
propia, no tan sólo de la especie sino incluso del individuo, es
claro que un individuo de la especie humana existe en el óvulo recién
fecundado, desde el primer instante en que se llega a la fecundación
completa, desde que la célula empieza a multiplicarse por sí misma
haciendo funciones vegetativas de nutrición y crecimiento que sólo se
pueden realizar por medio de un principio intrínseco:
"Las operaciones vitales, como el sentir, nutrirse y desarrollarse,
no pueden proceder de un principio extrínseco".(*)
Y eso hacen todas las células del embrión, desde la primera bipartición
celular.
(*) Suma Teológica Spl q80 a5
(*) Suma Teológica Spl q80 a5 s3
(*) Suma Teológica III q74 a3 d2
(*) Suma Teológica III q76 a3 d2
(*) Suma Teológica I q118 a2 s2
Las funciones propias del embrión están ya dirigidas y determinadas
a las futuras funciones sensitivas, de manera que la impronta de lo
sensitivo está ya en un código genético materializado en una
disposición espacial, en otras palabras, en una situación de partes que sólo
debe provenir de una forma ya sensitiva, y no sólo vegetativa.
Esta forma sensitiva en el caso del hombre es también intelectiva,
porque lo mismo que ocurre entre los órdenes vegetativo y sensitivo,
debe ocurrir, congruentemente, entre el sensitivo y el intelectivo.
Además, las disposiciones sensitivas en el hombre están ordenadas a las
operaciones intelectivas y, por tanto, todo lo sensitivo en él se
determina de acuerdo con lo intelectivo desde el comienzo.
Aunque el embrión, al principio, sólo efectúe operaciones vegetativas, éstas
están ordenadas a las sensitivas por la determinación del código
genético.
De igual modo que no se puede aceptar que el alma sea al principio
sólo vegetativa, tampoco puede decirse con verdad que el alma es sólo
sensitiva en algún momento.
Si el instante de la infusión del alma
intelectiva directamente por Dios, no es el mismo en el que el hombre
engendra a otro hombre, queda en entredicho la realidad de la paternidad
humana, ya que entonces lo engendrado por el hombre sería sustancialmente
distinto del nuevo hombre al que se llama hijo.
La infusión del alma intelectiva en otro instante sería un cambio
sustancial, el más rotundo de todos los cambios. El puro animal
engendrado por el hombre dejaría de existir. El hombre generante se
quedaría sin hijo y el generado no tendría padre.
El embrión se distingue orgánicamente de la madre por el código
genético de los cromosomas y porque funcionalmente opera con independencia de ella.
La madre responde a las necesidades del feto, pero éste ostenta la
iniciativa en los procesos hormonales. El poder de control de la madre
sobre la materia de la generación acaba en el óvulo terminado.
A la madre corresponde la parte activa en el proceso que lleva a la materia
de lo imperfecto a lo perfecto, dejándola a punto de recibir la última
forma. Es entonces cuando "el espermatozoide activa el óvulo".(*)
Basta dar al verbo «activar» todo su sentido metafísico, para entender
el papel de macho y hembra en la generación de los vivientes. "En la
generación humana, la madre presta la materia informe al cuerpo, que se
forma por la virtud activa del semen paterno".(*)
(*) "Sexualidad". CHARLES HOUILLON. pag. 126 Omega 1974
(*) Suma Teológica II-2 q26 a10 s1
"El seno materno es respecto del semen viril como la tierra en orden
a la semilla".(*)
Después de la fecundación, la madre pierde la iniciativa en el control
del crecimiento del embrión que va exactamente dirigido a la perfección de
cada especie animal, y que, en el caso del hombre, está abierta a
operaciones intelectivas efectuadas con el soporte material de la
imaginación sensitiva.
Para ellas no basta cualquier especie de imaginación, hace falta la
humana. Por eso lo que empieza a crecer a
partir del óvulo fecundado es un hombre.
(*) Suma Teológica Spl q52 a4 sc1
En resumen, el animal engendra a otro animal en el momento final
de la fecundación, y, en el caso del hombre, ese es el momento en que
Dios infunde el alma intelectiva. No hay primero una vida vegetativa en los
animales, ni sólo vegetativa o sensitiva en los hombres.
Además de estos argumentos científicos y filosóficos, hay otros
teológicos y de Magisterio eclesiástico. Enumeremos algunos:
"La norma de orar es la norma de creer",(*) y la liturgia celebra la
Natividad nueve meses después de la Concepción, no sólo en el caso de
Cristo sino también en el de la Santísima Virgen.
"El 8 de septiembre es, en el calendario litúrgico de la Iglesia,
la fiesta de la Natividad de María, precisamente nueve meses después
de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios, el
8 de diciembre. En la fijación de estos días, la Iglesia ha tenido en
cuenta el tiempo natural de un embarazo humano".(*)
(*) JUAN PABLO II. Discurso en Liechtenstein, el 8 de septiembre de 1985.
(*)
$lesp10
"El magisterio de la Iglesia". DENZINGER. no 139 y no 2200. Herder 1963
Véase la explicación de esta norma en el no 14 de la encíclica "Mediator Dei" de PIO XII.
No se podría hablar del misterio de la Inmaculada Concepción ni
de justificación en el seno materno si lo
que se concibe y desarrolla en él no fuera ya un hombre, como ocurre en el caso
de la Santísima Virgen y de San Juan Bautista, por lo menos. Los
misterios marianos son siempre vencedores de todos los errores y herejías.
El magisterio llama al aborto «crimen abominable»:
"La vida, desde su concepción, ha de ser salvaguardada con el máximo
cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables".(*)
(*) Concilio Vaticano II. Gaudium et Spes. no 51
El código de derecho canónico obliga al bautismo de los fetos sin
concretar el tiempo de embarazo, condicionándolo sólo a la vida del
feto, dando por cierto, por tanto, su cualidad humana.(*)
(*) Canon 747
El decreto del Santo Oficio de 4 de marzo de 1679 condena esta
sentencia:
"Parece probable que todo feto carece de alma racional mientras está en
el útero, y que sólo empieza a tenerla cuando se le pare; y
consiguientemente habrá que decir que en ningún aborto
se comete homicidio".(*)
(*) DENZINGER no 1185
Y en el de 14 de diciembre de 1887 se condenan los errores de
Rosmini Serbati, y concretamente este:
"No repugna que el alma humana se multiplique por la generación, de modo
que se concibe que pase de lo
imperfecto, es decir, del grado sensitivo, a lo perfecto, es decir,
al grado intelectivo".(*)
(*) DENZINGER no 1910
"Si el Estado social contemporáneo va asumiendo cada vez más
sobre si esta tarea de protección y de promoción de la vida humana
en forma digna del hombre, no existe duda alguna de que esta
protección debe comenzar, no con el nacimiento o con la mayoría de
edad de la persona humana, sino desde la concepción, por ser el
comienzo de un solo y unívoco proceso vital que se termina con el
nacimiento de un nuevo ser humano".(*)
(*)
PAULO VI. Discurso al XXIII Congreso Nacional de la Unión de Juristas
Católicos Italianos. 9 de diciembre de 1972.
Dice Juan Pablo II:
"La familia está situada en el centro mismo del bien común en sus
varias dimensiones, precisamente porque en ella es concebido y nace el
hombre. Es necesario hacer todo lo posible para que desde su momento
inicial, desde su concepción, este ser humano sea querido, esperado,
vivido como un valor particular, único e irrepetible".(*)
(*) JUAN PABLO II. Audiencia general 3 de enero de 1979.
"Debemos preocuparnos también por el ocaso de tantos valores fundamentales
que constituyen un bien indiscutible, no sólo de la moral cristiana,
sino simplemente de la moral humana, de la cultura moral, como son el
respeto a la vida humana desde el momento de su concepción, el
respeto al matrimonio según su naturaleza indisoluble, el respeto a la
estabilidad de la familia".(*)
(*) "Dives in Misericordie". JUAN PABLO II.
"Se celebra hoy en Italia, por iniciativa de la conferencia episcopal,
una jornada de sensibilización hacia el valor de la vida humana, de toda
vida humana. Me uno con gusto a esta intención, elevando mi plegaria al
Señor por la defensa de la vida humana ya desde la concepción".(*)
(*) JUAN PABLO II. Angelus del domingo 1 de febrero de 1981.
Recordemos además que "Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente".(*)
(*) JUAN PABLO II. Discurso de la Castellana. Madrid 1982
Si Santo Tomás hubiera conocido los datos que la ciencia y la
teología han aportado hasta nuestros días, no hubiera contado en el
conjunto de las dificultades de su Suma Teológica aquello del papa
San Leon: "No era de otra naturaleza la carne de Cristo
que la nuestra, ni a El se la infundió el alma en otro momento que a
nosotros".(*) Y tampoco habría tenido que
solucionarla distinguiendo el momento según la sucesión de disposiciones,
del momento según el tiempo cósmico.(*)
(*) Suma Teológica III q33 a2 d1
(*) Suma Teológica III q33 a2 s1
Otro punto en el que la Suma contrasta con la ciencia es el del
origen de los tiempos. Según el P. Mayor, por culpa del fantasma de la
eternidad del movimiento de Aristóteles, Santo Tomás postula como
indemostrable que el mundo haya tenido principio en el tiempo:
"Que el mundo no ha existido siempre no puede demostrarse
apodícticamente; la razón de esto es que el comienzo del mundo no puede tener
una demostración tomada de la naturaleza misma del mundo".(*)
(*) Suma Teológica I q46 a2
Sin embargo, el Papa Pío XII, en un discurso a la Academia de
Ciencias, del 22 de noviembre de 1951,(*)
decía:
(*) Véase revista Cristiandad. Barcelona. 15 de diciembre de 1951
"La ciencia moderna no sólo ha avanzado
y profundizado nuestros conocimientos sobre la realidad y la amplitud
del cosmos; ella nos ofrece también preciosas indicaciones acerca de la
dirección según la cual se realizan los procesos en la naturaleza.
Mientras que hace cien años, especialmente, después del descubrimiento
de la ley de la conservación de la energía, se pensaba aún que los
procesos fuesen reversibles, y, por tanto, según los principios de
la estricta causalidad, o mejor, determinación de la naturaleza, se
creía posible una continuada renovación y rejuvenecimiento del cosmos;
con la ley de la entropía, descubierta por Rodolfo Clausius, se vino a
saber que los procesos naturales espontáneos van siempre unidos a una disminución
de la energía libre utilizable: lo que, en un sistema cerrado, debe conducir
finalmente a la terminación de los procesos en la escala macroscópica.
Este destino fatal, que solamente algunas hipótesis, a veces demasiado
gratuitas, como la creación supletoria, se esfuerzan por ahorrar al Universo,
brota de la experiencia positiva.
Si el científico dirige, por tanto, su mirada del estado presente
del universo al porvenir, aunque lejanísimo, se ve obligado a constatar,
tanto en el macrocosmos como en el microcosmos, el envejecimiento del mundo.
En el curso de miles de millones de años, incluso cantidades aparentemente
inagotables de nucleos atómicos pierden energía utilizable, y la materia
se aproxima, hablando en sentido figurado, a un volcán apagado y hecho
escoria. Y viene a la mente el pensar que, si el presente cosmos,
hoy tan palpitante de ritmo de vida, no es capaz de dar razón de sí mismo,
como se ha visto, mucho menos podrá hacerlo el cosmos sobre el que
habrá pasado, a su modo, el aleteo de la muerte".
Animado por estas palabras me atrevo también a contrastar la
opinión de Santo Tomás en este punto.
El tema lo trata muy bien el P. Mayor en su opúsculo "El Babelismo
de la Evolución y la Realidad del Cosmos", editado por la
Universidad Pontificia de Comillas en 1968,
y de él tomaré casi todo lo que sigue:
Aunque el comienzo de un proceso no equivale a comienzo en el
tiempo a partir de la nada,
la existencia del universo material en estado latente durante un
período infinito de tiempo antes de empezar el proceso de su historia
móvil, repugna a la inteligencia. Sirva de ejemplo lo que
dice el Padre Antonio Due Rojo, director
del Observatorio de «Cartuja», (Granada):
Pues efectivamente:
"Es absurdo presumir que la materia o la energía hayan existido ab
aeterno en un estado inerte, para despertarse en un cierto instante
espontáneamente. En efecto, ¿Qué habría determinado aquel instante
con preferencia de todos los otros instantes de la eternidad pasada?".
(P. G. Stein, director del observatorio de Castel Gandolfo, Roma).
Claro está que Dios podría haber determinado aquel instante
con su voluntad, por lo cual, esta argumentación en favor del
origen temporal del mundo no es metafísicamente concluyente. Pero
ninguna teoría científica puede serlo, como ya nos enseñaba Santo
Tomás cuando decía que la teoría geocéntrica ptolemaica podría ser
sustituida por otra. El origen divino del mundo, metafísicamente
demostrable, no conlleva metafísicamente el origen temporal,
como explica Santo Tomás en la cuestión 46 de la Suma. Ni la
eternidad ni la temporalidad son demostrables metafísicamente,
pero aquí se trata precisamente de ver que desde un punto de vista
exclusivamente científico, no se puede dejar de pensar que el
mundo o su proceso tiene un origen en el tiempo. Por eso hay
aquí un contraste entre Santo Tomás y la física moderna, entre la
metafísica y la ciencia.
Además, aquí, más que contradecir a Santo Tomás se
intenta simplemente refutar científicamente a los que
pretenden fundamentar su ateísmo en una supuesta
eternidad del mundo y su movimiento.
En lugar de exponer sistemáticamente el segundo principio de termodinámica y sus
consecuencias(*) , considero
más apropiado transcribir aquí algunas de las citas
de los grandes físicos que pueden verse en el opúsculo del P. Mayor:
(*)
Puede verse una explicación del segundo principio de termódinámica en
cualquier texto de física. En la bibliografía se citan los de Cabrera
y Palacios muy indicados para ello.
(*) "La expansión del universo, pag. 209, trad. G. SANS, Revista de Occidente
(*) "The nature of the physical world". EDDINGTON. Arbor Paperbacks. Michigan 1958
(*) "Ciencia moderna y filosofía". B.A.C. no 105
(*) "El universo misterioso".
(*)
Citado en "El babelismo de la evolución y la realidad del cosmos"
D. MAYOR S.J. Universidad Pontificia de Comillas, 1968.
(*)
Citado en "El babelismo de la evolución y la realidad del cosmos"
D. MAYOR S.J. Universidad Pontificia de Comillas, 1968.
(*)
Citado en "El babelismo de la evolución y la realidad del cosmos"
D. MAYOR S.J. Universidad Pontificia de Comillas, 1968.
Hay otros argumentos, además del segundo principio de la
termodinámica, con los que la ciencia concluye que el universo tiene una
duración temporal limitada. Pero aunque estos no son tan contundentes como el de la
entropía, lo más convincente de ellos es que coinciden en el
resultado obtenido dentro del grado de error aceptable en este tipo de
cálculos.
Dice Weizs„cker:(*)
(*)
"Zum weltbild der physik". S. HIRZEL VERLAG, Stuttgart 1970.
Traducción: "La imagen física del mundo". B.A.C. no 366
"Es sorprendente cómo, por los métodos más diversos, resulta la
misma edad para los átomos químicos, las estrellas y las nebulosas
espirales. La determinación de la edad de los átomos químicos se basa
en los elementos radioactivos uranio y torio. Como estos elementos se
desintegran continuamente, es preciso o que se estén formando
continuamente o que se hayan formado en una fecha próxima para que
no se hayan desintegrado totalmente. La primera hipótesis es ahora
muy inverosímil:
no conocemos ningún sitio en el cosmos que ofrezca las condiciones
físicas requeridas para la formación de uranio y torio. Al decidirnos
por la segunda hipótesis, nos resulta para éstos (y creiblemente para
todos) los elementos una edad de unos cinco mil millones de años.
La edad de las estrellas puede calcularse una vez que se ha descubierto
en la radioactividad la fuente de la energía continuamente irradiada
por ellas y se puede calcular la rapidez de agotamiento de esa fuente.
Así, por ejemplo, de las reservas de hidrógeno y helio
del sol, se deduce que éste ha estado irradiando ya algunos miles de millones
de años en la forma que ahora; pero no considerablemente más tiempo. Es
muy notable la determinación de la edad de las nebulosas espirales.
Estas nebulosas producen una desviación espectral hacia la parte roja
y tanto más cuanto la nebulosa observada está más alejada de nosotros.
Este fenómeno significa, según la interterpretación corriente, que
todas las nebulosas espirales se están distanciando entre sí y de
nosotros.
Pues la desviación de la luz hacia el rojo se debe a que llegan menos ondas
luminosas por segundo que con la luz ordinaria. Una vez que aceptamos
esta interpretación, resulta que las nebulosas espirales se expanden
entre sí al modo como lo harían los fragmentos de una gran explosión;
pues en tal explosión los fragmentos desprendidos más rápidamente,
tienen que haber volado más lejos tras un transcurso de tiempo:
se comprende la relación entre la desviación de la luz y el
alejamiento. Si de la velocidad de fuga y de la
posición actual de las nebulosas espirales, se calcula el momento
de la explosión inicial, se encuentra uno de nuevo con un resultado
de unos cinco mil millones de años desde el punto de partida.
Esta coincidencia es tan sorprendente que puede atribuírsele una
significación real".
Es claro que el desprecio de los evolucionistas
hacia Santo Tomás, sólo se explica por su ignorancia afectada del Doctor Angélico,
porque a ellos se les opone mucho más rotundamente la ciencia que
la Suma Teológica. A nosotros, creyentes, nos confirma en la Fe el saber
que ésta no perdería su razonabilidad, aun en el caso de que estas
quimeras evolucionistas fuesen ciertas, como ocurría en el espíritu
unitario del aquinate. Pero es que además, la existencia de Dios se
demuestra con las cinco vías para los que creen en la posibilidad
de la generación espontánea de plantas y animales y en la eternidad del
mundo, como son los evolucionistas y materialistas modernos.
Lo gracioso es que los argumentos científicos en contra del
materialismo y el evolucionismo se pueden tomar mejor de la ciencia
moderna, profundamente estudiada, que de las concepciones científicas del momento histórico
de Santo Tomás.
Manuel M. Domenech I.
Camino(s) ascendente(s):