El mayor orgullo de la filosofía moderna ha sido cuestionar la
misma posibilidad del conocimiento; aplicar
el «método científico» al estudio del mismo proceder del espíritu
humano. Pero esto lo han hecho hombres cuya actividad científica
no estaba libre de los dos errores que hemos explicado:
la confusión de la imagen con la idea, o la hipostatización de los
números.
Locke, fundador del empirismo inglés, intenta buscar un
«mecanismo imaginable» mediante el cual sea posible al espíritu
«contactar con lo de fuera», que es la manera de afrontar el
problema del conocimiento de todos aquellos que no lo solucionan:
buscar un «mecanismo imaginable» es participar de los dos dichos errores.
Si se pretende «imaginar» se confunde la imagen con la idea.
Locke llama a los colores ideas. Si, por otro lado, se busca un
«mecanismo» es porque la idea racionalista subyace en la mente.
La definición de mecanismo es:
"Un dispositivo cuya conducta está completamente determinada por reglas
que gobiernan la transición de sus estados".(*)
(*)
"Mathematical foundations of programming". 7.2 IBM Addison Wesley. 1980
Este racionalismo, la hipostización de los números, la voluntad
de matematización universal, llega a Kant a través de Wolf. Pero además la
confusión de la imagen con la idea, el empirismo irracionalista, el
fracaso de encontrar el «mecanismo imaginable» que haga comprender
la posibilidad de que una mente tome contacto con lo de fuera, llega también
a Kant a través de Hume, que, según él, le hace "despertar del sueño
dogmático".
Con el empirismo, el racionalismo se viene abajo. Pero es
tan seductor que Kant intenta salvarlo, y para ello trata de encontrar
una solución al problema siguiente:
Cómo es posible que la ciencia tenga razón, si es imposible al
científico encontrar razones para nada, dado que se mueve en un puro
empirismo arracionalista.
Kant encuentra una aparente solución que tiene mucho éxito porque
parece que soluciona el problema tanto si se entiende bien como si se
entiende mal. La manera más simplista de entenderla desagrada a los más
puristas Kantianos, pero mucha gente lo entiende así, lo cual
populariza a Kant más de lo que hubiera sido si se requiriera entenderlo
bien para alcanzar una solución al problema de la
universalidad de las leyes científicas.
Esta manera simplista consiste en pensar así:
todos vemos la realidad exterior decodificada por decodificadores
iguales para todos los hombres y que hacen que cualquier consecuencia
que saquemos de lo que vemos decodificado según cierta regla,
tenga que ser cierto, porque la consecuencia sacada, también vendrá
decodificada por los mismos decodificadores.
Los kantianos puristas dirían que las facultades cognoscitivas del
hombre no son un sistema de decodificadores, sino que el hombre es un
codificador de la realidad que le envuelve. El resultado es el mismo:
el hombre no puede percibir códigos inválidos. He ahí por qué la
ciencia es universal.
Dicho con otras palabras, la solución de Kant consiste en pensar que el hombre filtra las
señales del universo que le rodea de manera que cuando saca consecuencias
de los datos recibidos, estas consecuencias siguen «funcionando», son ciertas, porque el
sistema de filtrado hace que sea congruente todo lo que pasa por el filtro.
Este sofisticado truco de los apriorismos kantianos, y el no
haberse liberado totalmente de la carga imaginativa que llevan todos
los modelos fisicomatemáticos, ha llevado actualmente a la teoría de
la decodificación de las vibraciones por parte de los mecanismos
sensores animales, dando como resultado la creencia de que cualquier
sensible es producto del propio animal sensitivo.
Toda la literatura alrededor de la música digitalizada sugiere
que la verdadera música la produce el animal. Se olvida siempre la
«energía» de la fuente de alimentación y lo que está detrás de ella,
para dar razón del sonido. No se cae en la cuenta de que los «dígitos»
que determinan la música, no hacen más que «controlar» la acción
energética, la cual llega al dispositivo reproductor desde la
batería o la red de distribución de energía eléctrica. Para
aclarar esto nos remitimos a las consideraciones filosóficas de la
tercera parte.
Se intenta, para explicar el conocimiento verdadero, imaginar
el mecanismo que haga posible «contactar con lo de fuera», ignorando
que el conocimiento se produce porque todo, y por tanto también lo
conocido y el que conoce, «participan»
del que todo lo comprende, incluso en el caso de las
sensaciones.
El fracaso del modelo fisicomatemático del "calórico" no tiene otra
importancia que la de servir de ejemplo de la poca consideración que
se debe a estos modelos. Hoy día hace sonreir a cualquiera el pensar
que hubo un tiempo en el que se atribuía «entidad» al calórico.
En cambio hay modelos, cuyo fracaso tiene importantes repercusiones
en filosofía, precisamente porque la crisis de la filosofía tiene su
origen en la aceptación sin crítica de dichos modelos por parte de
filósofos mal formados. Ya hemos visto el fracaso de los modelos
corpuscular y ondulatorio con la física cuántica y el fracaso del
modelo mecanicista determinista con el principio de indeterminación de
Heisenberg. Vamos a ver ahora el fracaso del modelo espacio temporal
clásico.
Hemos dicho que Kant creyó hallar solución a todos sus problemas
diciendo que la causa de que los hombres pudieran acertar y predecir
con verdad el resultado de las experiencias físicas, y, por tanto,
proyectar la creatividad de la técnica hacia nuevas y progresivas
realizaciones, era que, a pesar de que no podían llegar al
conocimeinto de la realidad, ésta se presentaba siempre a la sensibilidad
humana filtrada por las formas a priori que eran el espacio y el
tiempo.
Pues bien, tres años más tarde de que León XIII recordara a todos
los pensadores la existencia de Santo Tomás en su encíclica «Aeterni
Patris», se realizó un experimento cuyo resultado está en contradicción
con todos aquellos que pensaban que los experimentos tienen que verse
filtrados por el tiempo y el espacio como formas intuitivas a priori
de la sensibilidad; precisamente el resultado del experimento no es el
que la sensibilidad espera de los condicionantes espaciales que
está acostumbrada a manejar, y conocido el resultado de dicho
experimento, es incapaz de imaginar sensiblemente cómo puede ser que
dicho resultado experimental sea el que es.
En 1881 Alberto Abraham Michelson, primero él solo, y luego en 1887,
junto con E. W. Morley realizó en Cleveland
el famoso experimento, repetido después por Morley y Miller en 1904
y 1905 con mucha mayor precisión,
que dio pie a la teoría de la relatividad
restringida y que fue la causa del profundo desconcierto que los
aprioristas soportan.
El fracaso de lo «previsto» es ininteligible para el
apriorismo, aunque no para el verdadero espíritu científico.
Así se explica Michelson en una de sus publicaciones acerca de sus
resultados:
"Se encuentra que no hay desplazamiemto de las franjas de interferencia,
de manera que el resultado del experimento es negativo, lo que demuestra
que hay todavía algún error en la teoría misma; puede decirse que este
error no ha sido satisfactoriamente explicado todavía. Yo presento el caso,
no tanto para solucionarlo, sino sólo para hacer ver la aplicabilidad
de las ondas luminosas a nuevos problemas.
Ya que el resultado del experimento es negativo, este problema
está todavía pendiente de solución. Pienso que debe admitirse que los problemas
que llevaron a la invención del interferómetro, están más que compensados por el hecho
de que este particular experimento diera un resultado negativo".(*)
(*)
"Light wawes and their uses". MICHELSON. Chicago, 1903
Se constata que el resultado
de la medida de la velocidad de la luz es independiemte de la
velocidad del observador. Sobre una piedra flotando en mercurio colocan su
interferómetro, detienen todos los tranvías de la ciudad para
evitar vibraciones y no observan corrimiento de las franjas de
interferencia que se producen entre dos rayos de luz perpendiculares
que recorren los 11 metros de distancia entre espejos y láminas semiplateadas,
dispuestos convenientemente, sea cual sea la orientación respecto a los
cuatro puntos cardinales de la piedra que flota en mercurio.
El lector podrá encontrar la descripción del experimento de
Michelson - Morley en cualquier libro de física, y le invito a
estudiarlo porque no se requieren grandes conocimientos
para entender en qué consiste. Sin embargo queda uno saludablemente
curado de intentar «imaginar» qué ocurre «en realidad» detrás de los
experimentos físicos, y además no correrá el peligro de creer que es
su «espacio innato» el que le hace ver las cosas «tal como las ve».
Si yo me alejo de un observador, y luego lanzo una pelota hacia
adelante, no la veré marchar a la velocidad que dicho observador cree que la veo
marchar, si hace caso de las formas a priori que él pueda tener
del espacio y el tiempo. Esa es la realidad «experimental», por más
que extrañe.
Lo realmente importante de la teoría de la relatividad es que, independientemente
de que ésta sea exacta y verdadera o no, consigue que
las teorías científicas, cuya universalidad atribuía Kant a los apriorismos de las
formas de la sensibilidad del espacio y el tiempo, estén en contradicción
con estos mismos apriorismos. La teoría del conocimiento
de Kant y su explicación de la universalidad de la ciencia se derrumban.
"Del principio de relatividad resultan cosas que el propio
Einstein calificó de asombrosas y que trascienden a los conceptos metafísicos
de tiempo y espacio en forma tal, que debemos renunciar a la idea
intuitiva que de ellos tenemos".(*)
(*)
"Relatividad, una nueva teoría". JULIO PALACIOS. Pag. 9 Espasa Calpe 1960
Luego las aseveraciones de Kant, acerca de la intuición
del espacio y el tiempo y de todas las percepciones a través de ellos,
no están de acuerdo con los últimos hallazgos de la fisicomatemática,
cuya certeza tomó él por fundamento. Según Kant las facultades
cognoscitivas no pueden percibir incongruencias en las leyes
geométricas y cinemáticas del espacio y el tiempo.
Pues bien, el experimento de Michelson - Morley, base para la
teoría de la relatividad de Einstein, es una incongruencia para la
percepción de la sensibilidad y la imaginación.
Hoy Kant ya no sirve. El daño que ha hecho tendrá que ser
reparado, pero ya no hará más. Al menos a los que mantengan el tono
de su espíritu lo suficientemente tenso para no dejarse arrastrar por
la decadencia de la civilización, y sean capaces de entender
la profundidad de los últimos hallazgos de la física:
la relatividad, los cuantos y el principio de indeterminación.
Si Kant no sirve habrá que buscar una nueva explicación al hecho de
que las teorías científicas funcionen universalmente.
Para buscar una nueva solución al problema de la universalidad de las
leyes fisicomatemáticas, recordemos en primer lugar que el principio de
la cantidad es la materia(*)
y que las medidas se efectúan siempre entre
cantidades. Como la materia es lo más común, ya que entra en composición
con toda naturaleza corpórea y como además las formas superiores conservan
virtualmente todas las propiedades naturales de las formas subsumidas
inferiores, las leyes fisicomatemáticas
se cumplen independientemente del nivel ontológico de las formas que en
cada caso comuniquen el ser a las sustancias que intervienen en el
fenómeno.
Por eso Arquímedes descubrió su principio al experimentar el empuje que imprimía
el agua de su baño a su propio cuerpo humano.
(*)
Suma Teológica III q90 a2 c
Cuanto más se aproxime a la materia, más universalidad alcanza la
ley física que se descubra. Como para su cumplimiento, la
forma no se considera para nada, puede ignorarse y de hecho se ignora,
con lo que el resultado es
que toda la ciencia fisicomatemática es irremediablemente materialista.
El materialismo no consiste sólo en ignorar la realidad del espíritu,
sino en prescindir hasta de la forma sustancial de la sal cuando se la corrompe
en una cuba electrolítica.
El espíritu racionalista, que se complace en la universalidad de las
leyes fisicomatemáticas, intenta alcanzar la misma materia, (que es principio
de la cantidad, que fundamenta las relaciones de proporción(*)
que son las leyes físicas), como si fuera la única y verdadera realidad de las cosas a través
de sus deducciones matemáticas hechas a partir de abstracciones realizadas
sobre la misma materia.
Al no conseguirlo queda en tensión hacia lo que llama
"Ignotum X", es decir, desconocido. Dice Kant en los Prolegómenos:(*)
"Si los objetos de los sentidos los consideramos justamente como
puros fenómenos, confesamos por esto igualmente, que en el fondo de
ellos está una cosa en sí misma, aunque no conozcamos cómo es en sí,
sino solamente su manifestación".
(*)
Suma Teológica I q28 a4c
(*)
"Prolegómenos". KANT. Aguilar pag. 127
Pues bien, la materia prima de Aristóteles es el Ignotum X de
Kant. Pero al saberla Aristóteles initeligible no olvida el ser y lo
busca donde está. Enseña a andar por la linea del «acto». Sobre este
camino volveremos en la tercera parte.
Las soluciones realmente filosóficas de los problemas
cosmológicos han de buscarse por la linea del acto; del ser, el bien,
y la verdad. Del mar de la mentira materialista sólo se puede salir
al impulso del viento del espíritu.
Manuel M. Domenech I.
Camino(s) ascendente(s):