La Suma Teológica contrastada con la ciencia

La Suma Teológica contrastada con la ciencia

Capítulo 3o
La verdad en entredicho

El Kantismo

El mayor orgullo de la filosofía moderna ha sido cuestionar la misma posibilidad del conocimiento; aplicar el «método científico» al estudio del mismo proceder del espíritu humano. Pero esto lo han hecho hombres cuya actividad científica no estaba libre de los dos errores que hemos explicado: la confusión de la imagen con la idea, o la hipostatización de los números.

Locke, fundador del empirismo inglés, intenta buscar un «mecanismo imaginable» mediante el cual sea posible al espíritu «contactar con lo de fuera», que es la manera de afrontar el problema del conocimiento de todos aquellos que no lo solucionan: buscar un «mecanismo imaginable» es participar de los dos dichos errores. Si se pretende «imaginar» se confunde la imagen con la idea. Locke llama a los colores ideas. Si, por otro lado, se busca un «mecanismo» es porque la idea racionalista subyace en la mente. La definición de mecanismo es: "Un dispositivo cuya conducta está completamente determinada por reglas que gobiernan la transición de sus estados".(*)
(*) "Mathematical foundations of programming". 7.2 IBM Addison Wesley. 1980

Este racionalismo, la hipostización de los números, la voluntad de matematización universal, llega a Kant a través de Wolf. Pero además la confusión de la imagen con la idea, el empirismo irracionalista, el fracaso de encontrar el «mecanismo imaginable» que haga comprender la posibilidad de que una mente tome contacto con lo de fuera, llega también a Kant a través de Hume, que, según él, le hace "despertar del sueño dogmático".

Con el empirismo, el racionalismo se viene abajo. Pero es tan seductor que Kant intenta salvarlo, y para ello trata de encontrar una solución al problema siguiente: Cómo es posible que la ciencia tenga razón, si es imposible al científico encontrar razones para nada, dado que se mueve en un puro empirismo arracionalista.

Kant encuentra una aparente solución que tiene mucho éxito porque parece que soluciona el problema tanto si se entiende bien como si se entiende mal. La manera más simplista de entenderla desagrada a los más puristas Kantianos, pero mucha gente lo entiende así, lo cual populariza a Kant más de lo que hubiera sido si se requiriera entenderlo bien para alcanzar una solución al problema de la universalidad de las leyes científicas.

Esta manera simplista consiste en pensar así: todos vemos la realidad exterior decodificada por decodificadores iguales para todos los hombres y que hacen que cualquier consecuencia que saquemos de lo que vemos decodificado según cierta regla, tenga que ser cierto, porque la consecuencia sacada, también vendrá decodificada por los mismos decodificadores.

Los kantianos puristas dirían que las facultades cognoscitivas del hombre no son un sistema de decodificadores, sino que el hombre es un codificador de la realidad que le envuelve. El resultado es el mismo: el hombre no puede percibir códigos inválidos. He ahí por qué la ciencia es universal.

Dicho con otras palabras, la solución de Kant consiste en pensar que el hombre filtra las señales del universo que le rodea de manera que cuando saca consecuencias de los datos recibidos, estas consecuencias siguen «funcionando», son ciertas, porque el sistema de filtrado hace que sea congruente todo lo que pasa por el filtro.

Este sofisticado truco de los apriorismos kantianos, y el no haberse liberado totalmente de la carga imaginativa que llevan todos los modelos fisicomatemáticos, ha llevado actualmente a la teoría de la decodificación de las vibraciones por parte de los mecanismos sensores animales, dando como resultado la creencia de que cualquier sensible es producto del propio animal sensitivo.

Toda la literatura alrededor de la música digitalizada sugiere que la verdadera música la produce el animal. Se olvida siempre la «energía» de la fuente de alimentación y lo que está detrás de ella, para dar razón del sonido. No se cae en la cuenta de que los «dígitos» que determinan la música, no hacen más que «controlar» la acción energética, la cual llega al dispositivo reproductor desde la batería o la red de distribución de energía eléctrica. Para aclarar esto nos remitimos a las consideraciones filosóficas de la tercera parte.

Se intenta, para explicar el conocimiento verdadero, imaginar el mecanismo que haga posible «contactar con lo de fuera», ignorando que el conocimiento se produce porque todo, y por tanto también lo conocido y el que conoce, «participan» del que todo lo comprende, incluso en el caso de las sensaciones.

La Crisis Provocada por la Teoría de la Relatividad

El fracaso del modelo fisicomatemático del "calórico" no tiene otra importancia que la de servir de ejemplo de la poca consideración que se debe a estos modelos. Hoy día hace sonreir a cualquiera el pensar que hubo un tiempo en el que se atribuía «entidad» al calórico.

En cambio hay modelos, cuyo fracaso tiene importantes repercusiones en filosofía, precisamente porque la crisis de la filosofía tiene su origen en la aceptación sin crítica de dichos modelos por parte de filósofos mal formados. Ya hemos visto el fracaso de los modelos corpuscular y ondulatorio con la física cuántica y el fracaso del modelo mecanicista determinista con el principio de indeterminación de Heisenberg. Vamos a ver ahora el fracaso del modelo espacio temporal clásico.

Hemos dicho que Kant creyó hallar solución a todos sus problemas diciendo que la causa de que los hombres pudieran acertar y predecir con verdad el resultado de las experiencias físicas, y, por tanto, proyectar la creatividad de la técnica hacia nuevas y progresivas realizaciones, era que, a pesar de que no podían llegar al conocimeinto de la realidad, ésta se presentaba siempre a la sensibilidad humana filtrada por las formas a priori que eran el espacio y el tiempo.

Pues bien, tres años más tarde de que León XIII recordara a todos los pensadores la existencia de Santo Tomás en su encíclica «Aeterni Patris», se realizó un experimento cuyo resultado está en contradicción con todos aquellos que pensaban que los experimentos tienen que verse filtrados por el tiempo y el espacio como formas intuitivas a priori de la sensibilidad; precisamente el resultado del experimento no es el que la sensibilidad espera de los condicionantes espaciales que está acostumbrada a manejar, y conocido el resultado de dicho experimento, es incapaz de imaginar sensiblemente cómo puede ser que dicho resultado experimental sea el que es.

En 1881 Alberto Abraham Michelson, primero él solo, y luego en 1887, junto con E. W. Morley realizó en Cleveland el famoso experimento, repetido después por Morley y Miller en 1904 y 1905 con mucha mayor precisión, que dio pie a la teoría de la relatividad restringida y que fue la causa del profundo desconcierto que los aprioristas soportan. El fracaso de lo «previsto» es ininteligible para el apriorismo, aunque no para el verdadero espíritu científico. Así se explica Michelson en una de sus publicaciones acerca de sus resultados:

Se constata que el resultado de la medida de la velocidad de la luz es independiemte de la velocidad del observador. Sobre una piedra flotando en mercurio colocan su interferómetro, detienen todos los tranvías de la ciudad para evitar vibraciones y no observan corrimiento de las franjas de interferencia que se producen entre dos rayos de luz perpendiculares que recorren los 11 metros de distancia entre espejos y láminas semiplateadas, dispuestos convenientemente, sea cual sea la orientación respecto a los cuatro puntos cardinales de la piedra que flota en mercurio.

El lector podrá encontrar la descripción del experimento de Michelson - Morley en cualquier libro de física, y le invito a estudiarlo porque no se requieren grandes conocimientos para entender en qué consiste. Sin embargo queda uno saludablemente curado de intentar «imaginar» qué ocurre «en realidad» detrás de los experimentos físicos, y además no correrá el peligro de creer que es su «espacio innato» el que le hace ver las cosas «tal como las ve».

Si yo me alejo de un observador, y luego lanzo una pelota hacia adelante, no la veré marchar a la velocidad que dicho observador cree que la veo marchar, si hace caso de las formas a priori que él pueda tener del espacio y el tiempo. Esa es la realidad «experimental», por más que extrañe.

Lo realmente importante de la teoría de la relatividad es que, independientemente de que ésta sea exacta y verdadera o no, consigue que las teorías científicas, cuya universalidad atribuía Kant a los apriorismos de las formas de la sensibilidad del espacio y el tiempo, estén en contradicción con estos mismos apriorismos. La teoría del conocimiento de Kant y su explicación de la universalidad de la ciencia se derrumban.

Luego las aseveraciones de Kant, acerca de la intuición del espacio y el tiempo y de todas las percepciones a través de ellos, no están de acuerdo con los últimos hallazgos de la fisicomatemática, cuya certeza tomó él por fundamento. Según Kant las facultades cognoscitivas no pueden percibir incongruencias en las leyes geométricas y cinemáticas del espacio y el tiempo. Pues bien, el experimento de Michelson - Morley, base para la teoría de la relatividad de Einstein, es una incongruencia para la percepción de la sensibilidad y la imaginación.

Hoy Kant ya no sirve. El daño que ha hecho tendrá que ser reparado, pero ya no hará más. Al menos a los que mantengan el tono de su espíritu lo suficientemente tenso para no dejarse arrastrar por la decadencia de la civilización, y sean capaces de entender la profundidad de los últimos hallazgos de la física: la relatividad, los cuantos y el principio de indeterminación.

Si Kant no sirve habrá que buscar una nueva explicación al hecho de que las teorías científicas funcionen universalmente.

Cómo es posible la Ciencia Fisicomatemática

Para buscar una nueva solución al problema de la universalidad de las leyes fisicomatemáticas, recordemos en primer lugar que el principio de la cantidad es la materia(*) y que las medidas se efectúan siempre entre cantidades. Como la materia es lo más común, ya que entra en composición con toda naturaleza corpórea y como además las formas superiores conservan virtualmente todas las propiedades naturales de las formas subsumidas inferiores, las leyes fisicomatemáticas se cumplen independientemente del nivel ontológico de las formas que en cada caso comuniquen el ser a las sustancias que intervienen en el fenómeno. Por eso Arquímedes descubrió su principio al experimentar el empuje que imprimía el agua de su baño a su propio cuerpo humano.
(*) Suma Teológica III q90 a2 c

Cuanto más se aproxime a la materia, más universalidad alcanza la ley física que se descubra. Como para su cumplimiento, la forma no se considera para nada, puede ignorarse y de hecho se ignora, con lo que el resultado es que toda la ciencia fisicomatemática es irremediablemente materialista. El materialismo no consiste sólo en ignorar la realidad del espíritu, sino en prescindir hasta de la forma sustancial de la sal cuando se la corrompe en una cuba electrolítica.

El espíritu racionalista, que se complace en la universalidad de las leyes fisicomatemáticas, intenta alcanzar la misma materia, (que es principio de la cantidad, que fundamenta las relaciones de proporción(*) que son las leyes físicas), como si fuera la única y verdadera realidad de las cosas a través de sus deducciones matemáticas hechas a partir de abstracciones realizadas sobre la misma materia. Al no conseguirlo queda en tensión hacia lo que llama "Ignotum X", es decir, desconocido. Dice Kant en los Prolegómenos:(*) "Si los objetos de los sentidos los consideramos justamente como puros fenómenos, confesamos por esto igualmente, que en el fondo de ellos está una cosa en sí misma, aunque no conozcamos cómo es en sí, sino solamente su manifestación".
(*) Suma Teológica I q28 a4c
(*) "Prolegómenos". KANT. Aguilar pag. 127

Pues bien, la materia prima de Aristóteles es el Ignotum X de Kant. Pero al saberla Aristóteles initeligible no olvida el ser y lo busca donde está. Enseña a andar por la linea del «acto». Sobre este camino volveremos en la tercera parte.

Las soluciones realmente filosóficas de los problemas cosmológicos han de buscarse por la linea del acto; del ser, el bien, y la verdad. Del mar de la mentira materialista sólo se puede salir al impulso del viento del espíritu.


Manuel M. Domenech I.


Camino(s) ascendente(s):