La religión (verdadera) no es el opio del pueblo

La religión (verdadera) no es el opio del pueblo

Dice el P. Horacio Bojorge en sus meditaciones sobre las bienaventuranzas que el bienaventurado es Jesús, que Él es el modelo, que no todos los que lloran son bienaventurados, sino sólo los que lloran como lloró Jesús.

Jesús no quiso ni que las mujeres de Jerusalén llorasen por Él, cuando después de azotado y coronado de espinas llevaba su cruz al Calvario. Les dijo que lloraran por ellas y por sus hijos, por lo que les sucedería como leños secos. Jesús lloró mirando a Jerusalén. ¿Qué es lo que le hizo llorar entonces?

La religión verdadera hace llorar. Siempre ha hecho llorar. Sigue haciendo llorar. Nunca, en la historia, ha sido Jesús recibido por los suyos y ahora hasta es rechazado por las naciones.

Eso es lo que hace llorar. Lo que está sucediendo, por eso, a las naciones, es también como para llorar. Lo que está pasando a los olivos bordes y los leños secos. A todos.

La religión verdadera no es opio adormecedor. Es abrir los ojos. Desvelarse al ver lo que sucede, como para perder el sueño por el resto de la vida y llorar amargamente al ver tanto desastre.

La solución pasa por la sinceridad y la conversión. Todo lo demás son cuentos.

Otra de las cosas que hemos de agradecer a Juan Pablo II el Grande es la inclusión de los misterios de la luz en el rosario, de los cuales el central es la predicación del Reino y la vocación a la conversión. Hemos de reconocer sinceramente que ya sabemos a qué tenemos que convertirnos y hacerlo.

Si no lo hacemos, ya se ve qué pasa. Si alguien lo ve y no llora, es que está lleno de opio, pero no de religión.
Manuel Ma Domenech I.


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