Si la música es la más espiritual de las artes

Si la música es la más espiritual de las artes

Porque el viento impulsa y mueve los veleros, las hojas de los árboles, y las nubes, también apropiamos los efectos del viento al Espíritu Santo. Dice Santo Tomás que las Sagradas Escrituras refieren muchas veces al Espíritu Santo el soplo de los vientos (S. Th. I q 74 a 3 s 4). No deja de ser curioso que el gran astrónomo, director del Observatorio del Ebro, P. Luis Rodés S.J. en su libro "El Firmamento" desarrolle una teoría de la gravitación que la supone efecto de un viento interestelar.

"Todo son vibraciones" se lee en algunos libros de física. Esto no es cierto, pero sí lo es que todo vibra. Por eso la vibración es muy importante. Como toda vibración es un ir y venir del viento o de cualquier cuerpo y el sonido es una vibración del aire, también el sonido puede apropiarse al Espíritu Santo. Así, en un "aleluya" de la Misa de Pentecostés decimos: "El Espíritu del Señor llena la tierra y, como da consistencia al universo, no se le escapa ningún sonido" (Sab 1,7).

Es más fácil preguntar qué le pasa al aire cuando suena y responder que vibra, lo cual no explica nada, que preguntar qué le pasa al aire cuando vibra para que suene. Con la apropiación al Espíritu Santo podemos decir que la vibración es como la "re-espiración" de los cuerpos, y por eso suenan o lucen. La vibración es para la sensibilidad como su "uso", su fruición, su gozo, a su manera.

Por eso nos podemos deleitar con las notas musicales y los colores de lo que vibra.

Como la música se materializa en vibraciones y éstas son como una re-espiración y la espiración es del espíritu, podemos decir que la música es la más espiritual de las artes "materiales": arquitectura, escultura, pintura. Es la que tiene menos soporte "material" y se hace con "re-espiración" o vibraciones.

Si consideramos artes intelectuales, como literatura o teatro, que usan más de la inteligencia, no es la música tan espiritual como ellas. Pero si juntamos ambas espiritualidades en el canto, es entonces cuando rezamos dos veces y cuando la actividad humana viadora se puede parecer más a la celestial, como decía mi profesor de música D. Juan Altimira que en gloria esté.


Ver Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales de Santa Hildegarda.


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