No hay que confundir memoria, inteligencia y voluntad con cenestesia, imaginación y sentimiento

No hay que confundir memoria, inteligencia y voluntad con cenestesia, imaginación y sentimiento

Memoria, entendimiento y voluntad son las potencias del alma, como ya aprendimos en el Catecismo y San Ignacio nos enseña a entregarlas a Dios en su "Tomad, Señor, y recibid...".

Como el hombre es animal racional, tenemos peligro de confundir estas potencias con las correspondientes al nivel de nuestra animalidad.

Así, la voluntad se puede confundir con el sentimiento, y entonces podemos dejarnos llevar por éste. Con gran sabiduría aconseja San Ignacio: "en tiempos de desolación no hacer mudanza", en sus Ejercicios Espirituales.

La inteligencia se puede confundir con la imaginación. Esto ya lo expliqué en el primer capítulo de La Suma Teológica contrastada con la ciencia: La Confusión de la imagen con la idea.

Menos trabajado está el tema de encontrar cual es el equivalente a la memoria en nuestra vida sensitiva. En el verano del 2000 me pidieron una charla de formación para un grupo de jóvenes sobre estos temas y, para esta ocasión, se me ocurrió que podía ser la "cenestesia".

La alegría de haber acertado es lo que me mueve a escribir esto aquí. Antes de dar el dato que lo demuestra tengo que aclarar que aquí, por "memoria" hemos de entender lo que San Agustín llama "memoria del presente" como se ha explicado en el capítulo 12 de La Suma Teológica contrastada con la ciencia: El Ser y la lógica formal, la autopresencia de la mente en su ser percibida en las sensaciones.

La "cenestesia", según me explicaron mis maestros de la juventud es como la parte interna del sentido del tacto, que nos permite percibir la posición en que estamos sin mirar nada de fuera, o el buen o mal funcionamiento de nuestras vísceras.

Cuando volví a casa, de regreso de la dicha charla a los jóvenes, busqué en nuestro "Diccionario Médico Familiar", editado por Selecciones del Reader's Digest, la palabra "cenestesia" y leí: "Conocimiento de que se existe, producido por el conjunto de las sensaciones vagas internas procedentes de..."

Evidentemente me alegré mucho de haber advertido a los jóvenes contra esto, porque es triste que la puerta de la metafísica esté tan enmascarada, incluso para los profesionales cultos.


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