Maria, Mare

No, no gemeguis més, natura aimada!
No saps que Déu et té per estimada?
Que volent ser l'ajut de ta feblesa,
s'ha enamorat de tu, naturalesa?

I al mirar-se els estels de ta estalada,
trovà el descans de sa mirada,
fixant-se en aquest món, perduda Terra,
que l'home pecador feu camp de guerra?

I trià un poblet petitonet,
l'omplí de llum d'orient, bell Natzareth!
I allí formà per flor del seu amor,
la Verge que es donava al seu Senyor.

Escolta i creu ja d'una vegada,
el fi amorós perquè has estat creada:
Nostre Déu posà en tu tanta harmonia,
quan el tresor de ta existència obria,

al fer florir en tu tantes esències,
colorida cascada de potències,
per, si hi havia d'Ell, en tu, semblança,
hi hagués també ressò de ta naixença.

Volguen-te més aprop de sa presència,
Verb concebut Etern en existència,
prenent carn de qui a Déu enamorare,
vol irrompre en la història tenint Mare.

I volguè que dels fills, les benaurances,
tal com tots els rebrots de tas estances,
són sempre fills amats de pare i mare,
s'omplin també de llum en sí de Mare.
Madrid, febrer de 1971
Manuel María Domenech Izquierdo

"¿Acaso no soy yo tu madre? ¿Acaso no estoy yo aquí?, nos vuelve a decir María. Anda a construir mi santuario, ayúdame a levantar la vida de mis hijos, que son tus hermanos".
(SS. Papa Francisco, homilía Santa Misa en la Basílica Guadalupana 13 de febrero del 2016)
"Si, de hecho, el Verbo opera milagros e infunde la gracia por medio de la humanidad que ha asumido, si se sirve de los sacramentos, y de sus Santos, como de instrumentos para salvar las almas, ¿cómo no servirse del oficio y de la obra de su santísima Madre para distribuirnos los frutos de la Redención?"
PIO XII, encíclica "Ad caeli Reginam", 11 de octubre de 1954 no 17
B.A.C. no 128, pag. 789
"A la hora de la muerte tendremos a nuestra Madre, la Virgen Santísima, con nosotros.

Tanto del lado de acá, porque Jesucristo la tuvo y debemos imitarle. Necesitamos Madre para morir.

Como del lado de allá, porque María, al ser Madre de la Gracia, ha de estar presente en el momento de nuestro nacimiento a la vida eterna".

Si naciéramos a la vida bienaventurada sin Madre, el miedo al abismo de nuestra nada nos precipitaría en una condenación desesperada.


Dios crea con materia para que toda criatura corporal tenga madre y no se espante por el vértigo de la nada, sino que pueda recostarse como un niño en el seno de su madre.

Hay tres materias:

"El Padre hizo esta Palabra hombre en tu seno
así que tú eres la luminosa materia
por la que exhaló la Palabra todas las virtudes
como de la primera materia forjó
la creación toda".
 
(Santa Hildegarda, Scivias, visión 13,1)

Del mismo modo como Santa Isabel de la Trinidad dice a la madre Germana de Jesús en su testamento, la Santísima Virgen nos dice a cada uno de nosotros:
"Es el amor quien me asocia a su obra en ti".


Dios lo ha hecho todo con madre: lo corpóreo con materia prima, lo espiritual con entendimiento posible o esencias angélicas, y lo sobrenatural con Mediación Materna de María.


La Mediación Materna de María alcanza desde el primer designio de la creación hasta la consumación del cumplimiento de la profecía más esjatológica, pero cada cristiano la recibe como don al pie de la Cruz: "ahí tienes a tu Madre". Y desde aquel momento, el discípulo, la recibió en su casa.

La maternidad de María es un don predestinado desde toda la eternidad, pero cada uno lo recibe al pie de su cruz que es lo que le asocia a la Redención.


"La Maternidad de María, que se convierte en herencia del hombre, es un don: un don que Cristo hace personalmente a cada hombre. Para todo cristiano y todo hombre".
(De una homilía del P. Arturo Migas para la preparación de la Novena de la Inmaculada Concepción)


"Dios te salve, llena de gracia."

La degeneración causada por el pecado había oscurecido la belleza y la gracia de nuestra nobleza original. Pero cuando nace la madre de la belleza suprema, nuestra naturaleza recobra su pureza y queda restaurada según el modelo perfecto y digno de Dios. Todos nosotros habíamos preferido el mundo de abajo al de arriba. No quedaba esperanza alguna de salvación. El estado de nuestra naturaleza clamaba auxilio al cielo. Por fin, según su beneplácito, el divino artesano del universo decidió crear un mundo nuevo, un mundo distinto- todo hecho de armonía y de juventud.

¿No era necesario que una virgen purísima y sin mancha se pusiera al servicio de este plan misterioso?...Y esta virgen ¿dónde encontrarla sino en esta mujer única entre todas, elegida por el creador del universo antes de todas las generaciones? Sí, ésta es la Madre de Dios, María, cuyas entrañas dieron a luz al Dios encarnado...

Así, pues, el designio del Redentor de nuestra raza consistía en un nacimiento y una creación nuevos para reemplazar lo caducado. También, del mismo modo que en el paraíso había cogida de la tierra virgen, sin mancha, un poco de barro para formar al primer Adán, en el momento de realizar su propia encarnación, se sirvió de otra tierra, es decir, de esta Virgen pura e inmaculada, elegida entre todas las criaturas. En ella nos restauró a partir de nuestra misma sustancia y creó al nuevo Adán, él el creador de Adán, para que el primer Adán fuese salvado por el segundo y eterno.
(San Andrés de Creta (660-740), monje, obispo Sermón 1 para la Natividad de la Virgen María; PG 97, pag. 812-816)


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