Luces y Sombras

Luces y Sombras

No sé cómo empezar, por aquello de "ciencias y/o letras".

Si empiezo por las "letras", los de "ciencias" no seguirán leyendo, y si por lo de "ciencias", se lo perderán los de "letras" por lo mismo.

Así que voy a hacer dos columnas. Cada cual que empiece por la suya y, después lea la otra y verá que la belleza trasciende las especialidades.

Punto de entrada para los de "ciencias"

Todo lo que vemos son sombras de luz. Lo que se ve es el "sombreo" que los cuerpos, incluído el nuestro, producen en la luz. Transparencias, refracciones, difracciones, reflexiones... son "sombreos", lo que la física moderna llama "interacción de materia y energía".

Antonio Gaudí se complacía en haber nacido y vivido en las latitudes mediterráneas y explicaba que en los 45 grados de latitud se producen sombras de manera que se aprecian máximamente los contrastes.

Recuerdo que un día, cuando era joven, íbamos a visitar el Observatorio del Ebro con el P. Lucia y comenté que habíamos tenido suerte al ir un día de luna llena para poder verla mejor. Enseguida, los más expertos que yo, me avisaron de que con luna llena no se ven las sombras de las montañas y que más valdría haber ido un día de cuarto creciente o menguante. No hay que decir que en luna nueva no se ve nada.

Es lo que Antonio Gaudí explica de la naturaleza vista desde los 45 grados de latitud. Puede verse en el libro "El Pensament de Gaudí", Ed. DUX, ISBN 84-609-1587-5, pag. 89, números 4, 5 y 6, y también en Gaudí i la natura.

También la historia del hombre está bien puesta en la historia del universo por esto mismo: en el tiempo en que, después del big-bang, ha aparecido suficiente materia y todavía hay bastante luz para que pueda haber visión contrastada.

Los de ciencias ven más la verdad de la belleza

  Punto de entrada para los de "letras"

Como ingeniero tengo por patrono a San José, y como electrónico a Virgen de la Luz, por lo que me pongo bajo su amparo para escribir todo esto.

Después de ver el libro "Tras la huellas de José, Icono del Padre y Guardián del Arca". ISBN 978-9945-8641-0-6 de Alonso GÓMEZ FERNÁNDEZ, andaba yo buscando qué relación podía haber entre los nombres "Icono del Padre" y "Sombra del Padre", otro nombre que también se pone en títulos de libros y artículos sobre San José.

Vista la obra "El Icono, esplendor de lo sagrado", del P. Alfredo Sáenz, (Ed. Gladius 2004 ISBN 950-9674-38-9), no tenía ningún problema en llamar a San José "Icono del Padre", pero "Sombra", por qué "Sombra".

El maestro que ha encendido en mí la solución ha sido San Bernardo, el del "Acordaos", el que Dante pone al final de su Divina Comedia, el de Claraval, reformador del Cister, predicador de cruzadas, mediador en cismas. En uno de sus sermones sobre los cantares (41,3) dice que al cristiano le sobrevienen imágenes "sombreando" la luz de las visiones para entenderlas y poder explicarlas a los demás.

La "luz de oriente" se "sombrea", pues, con las imágenes, los iconos.

En otro sermón (45,9), hablando de la doble belleza divina y humana, del Amado de la Esposa, dice que la corporeidad de la naturaleza humana de Cristo "sombrea" la luz de la divina y hace una descripción de esto que requiere leerlo textualmente en el sermón.

Sólo las letras pueden explicar la parte del sistema que se refiere a las voluntades, con sus amores y libertades, con sus dones y sus justicias, con sus traiciones y sus agradecimientos, con sus historias y sus logros, con sus comunicaciones y sus secretos, sus confidencias y sus sacrificios, sus victorias y sus derrotas, sus servicios y sus regalos, sus delegaciones y ayudas, sus guerras y sus pacificaciones.

Los de letras ven más la bondad de la belleza

Finalmente veamos que en el número 11 de la CARTA APOSTÓLICA ORIENTALE LUMEN de Juan Pablo II el Grande podemos leer:
"En la experiencia litúrgica, Cristo Señor es la luz que ilumina el camino y revela la transparencia del cosmos, precisamente como en la Escritura".
"Rechazando por igual todo dualismo y todo culto del placer que sea fin en sí mismo, el cuerpo se convierte en lugar hecho luminoso por la gracia y, por consiguiente, plenamente humano".


NOTA
El texto en latín del sermón 41,3 de San Bernardo:
"quibus quodam modo adumbratus purissimus ille ac splendidissimus veritatis radius"
puede verse en:
SANCTI BERNARDI ABBATIS CLARAE-VALLENSIS SERMONES IN CANTICA CANTICORUM, XXXV - LI.

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