Lo que pasa

Lo que pasa es que todos queremos ser como Dios. Ni más ni menos.
Ni más, porque no se puede.
Ni menos, porque nadie inteligente y libre se conforma con menos.
Incluso los ateos, que se piensan que ya lo son.
Todos. Los de cualquier religión que digan que son.
Todos, incluso los que se creen injustamente malditos por toda clase de males,
se piensan poseedores de justicia divina.
Todos los que están en el cielo quieren ser como Dios.
y todos los que están en el infierno quieren ser como Dios.

¿Cómo es la cosa?
Muy sencillo: los que están en el cielo quieren ser como Dios, bien,
y los que están en el infierno quieren ser como Dios, mal.

Querer ser como Dios mal es quererlo por nuestra cuenta, al margen de Dios,
y querer ser como Dios bien es, como explica San Bernardo, quererlo imitando a Jesucristo,
porque como Jesucristo es Dios, si se es como Él, se es como Dios.

Si el hombre para ser como Dios, quiere dejar de ser hombre,
no puede imitar a Jesucristo, que se hizo hombre sin dejar de ser Dios.
Como los maniqueos antinaturalistas (abortistas, divorcistas, suicidas),
quieren ser como dioses dejando de ser hombres, van a la perdición.
Sólo la la imitación de Cristo lleva a la divinización.

Pero Jesucristo se parece a su Madre, porque los hijos y las madres se parecen.
Lo mismo es imitar a Jesucristo que a la Virgen María.
Tenemos que parecernos a Jesucristo siendo hijos de su Madre.

Sólo Dios puede hacernos como Dios, y lo hace haciéndonos como Jesucristo con la Eucaristía.

Cada vez que por los sacramentos nos hacemos más parecidos a Jesucristo, de la misma manera que Ella dijo "Hágase en mí según Tu Palabra", Ella dice "hágase en éste según Tu Palabra". Así podemos decir todos: "soy de la Virgen María y del Espíritu Santo", como Jesucristo,

Virtud es un hábito que hace bueno al que lo tiene, y eso es lo que tenemos que imitar, lo cual es fácil y difícil.

Fácil, porque ¿qué hemos hecho nosotros para tener dos ojos en la cara y uñas en los dedos?. Nada. Los tenemos porque los tenían nuestras madres. Así podemos tener las virtudes de la Virgen.

Difícil, porque no basta con tener virtudes. Hay que practicarlas. Tenemos que ser hijos a imagen y semejanza.

Como somos libres, en vez de practicarlas, podemos agarrar un tenedor, pincharnos los ojos y arrancárnoslos. Y lo mismo con las uñas de los dedos.

Y no pensemos que nunca seremos tan bestias. Estamos en un mundo que tritura los hijos en el vientre de sus madres, lo cual es mucho peor que arrancarse los ojos y la uñas de los dedos.
No nos contagiemos.


"En su vida terrenal realizó la perfecta figura del discípulo de Cristo, espejo de todas las virtudes, y encarnó las bienaventuranzas evangélicas proclamadas por Cristo. Por lo cual, toda la Iglesia, en su incomparable variedad de vida y de obras, encuentra en Ella la más auténtica forma de la perfecta imitación de Cristo".
(Discurso de Clausura del Concilio Vatcano II, en el que S.S.Paulo VI proclamó a María Madre de la Iglesia).


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