A los jóvenes universitarios, para que alcancen más fácilmente el
conocimiento del orden del universo y de sus causas, a la luz de las
enseñanzas de Santo Tomás; y a los seminaristas, para ayudarles a
vencer los obstáculos que todavía pone la "nueva ciencia" del
Renacimiento, aunque ahora ya envejecida, a la asimilación de la
filosofía tomista.
Con ello cumpliremos el consejo del Concilio Vaticano II que
encarece la doctrina de Santo Tomás, tanto para la educación de la
juventud como para la formación de los seminaristas.
"Teniendo en cuenta con esmero las investigaciones más
recientes del progreso contemporáneo, se perciba con
profundidad cómo la Fe y la razón tienden a la misma verdad,
siguiendo la huellas de los doctores de la Iglesia, sobre todo
de Santo Tomás de Aquino".(*)
(*)
Concilio Vaticano II. Declaración "Gravissimum Educationis" sobre la educación de la juventud.
"Para ilustrar de la forma más completa posible los
misterios de la salvación, aprendan los alumnos a
profundizar en ellos y a descubrir su conexión por medio de la
especulación, bajo el magisterio de Santo Tomás".(*)
(*)
Concilio Vaticano II. Decreto "Optatam Totius" sobre la formación sacerdotal.
Que San José, el Santo Patriarca educador de la juventud del
Sacerdote Eterno, nos ayude a consumar con fruto esta tarea. En su
honor la contraportada de este libro reproduce el Templo de la
Sagrada Familia de Barcelona, obra de Antonio Gaudí, dedicada, al principio, a
San José.
Aun a riesgo de olvidar alguna de las más importantes,
no quiero omitir los nombres de las personas que me han ayudado con
sus sugerencias y ánimos, poniendo a mi disposición recursos
técnicos o corrigiendo las sucesivas versiones,
sin todo lo cual no hubiera sido posible la publicación
de este trabajo.
P. José Ma Alba Cereceda S.J., licenciado en derecho; Francisco Canals Vidal, doctor en teología, doctor en filosofía, doctor en derecho, catedrático de metefísica; Fray Jorge Ma Falasco, Cartujo, licenciado en medicina; Ma del Carmen de Fuentes Guillén, licenciada en medicina; Jesús Fuster González, ingeniero de telecomunicación; José Luis Gonzalez Aullón, ingeniero industrial; Angela Guillén Beltrán, licenciada en historia; Jorge Guinovart, ingeniero aeronáutico y licenciado en informática; Antonio Martínez Ranz, licenciado en ciencias físicas; María Dolores Mas, licenciada en biblioteconomía; Francesc Nicolau i Pous, licenciado en teología y en ciencias exactas; Juan Antonio Pagés Romaní, licenciado en ciencias físicas; Carlos Rey Marcos, ingeniero industrial; José Antonio Roca, licenciado en psicología; Antonio Rodríguez, poeta; P. Victorino Rodriguez O.P., Buenaventura Roure Cornudella, ingeniero industrial; P. Antonio Royo Marín O.P., doctor en teología; Francisco Sales Llorens, ingeniero industrial; José Ma Soler Aragonés, ingeniero industrial; Juan Antonio Tubau Cardó, ingeniero industrial;
En su despertar intelectual, toda mente sana y juvenil contemporánea,
se asombrará sin duda de que mientras los accesos a la filosofía se le
envuelven en nubes de escepticismos y relativismos, la divulgación
científica dogmatiza con un aplomo irrebatible en todas las disciplinas.
Sin embargo, al profundizar en el estudio de cualquier teoría científica,
se dará cuenta de lo inconsistentes que son sus presupuestos y del poco alcance
de sus conclusiones.
Cuando la actividad científica alcanza importancia, es decir, al
comenzar el renacimiento, ciencia y filosofía están en una situación de
divergencia sorprendente y muy perjudicial para el saber humano.
La crítica de Kant intentó fundamentar la certeza de las ciencias y
pensó hacerlo de tal forma que después ya no le fue posible fundar ni
la certeza de la filosofía. Las secuelas de este criterio Kantiano
son el relativismo filosófico y el dogmatismo positivista antes
aludido.
Pero en los últimos tiempos, principios científicos tenidos durante mucho tiempo
por inconmovibles tuvieron que acomodarse a experiencias inauditas
y han tenido que abandonarse. Si este cambio lograra hacer olvidar las formas
apriorísticas kantianas, podríamos esperar con fundamento un fecundo
paralelismo cooperante entre ciencia y filosofía en el futuro. Kant
dijo que despertó del sueño dogmático leyendo a Hume, pero al
mundo le puede ser ahora muy útil reponerse del sueño científico.
Ya se aprecian algunos signos de desperezamiento y nueva lucidez.
Rafael Gambra resume así el proceso de la crisis filosófica cuyas
consecuencias hemos vivido hasta ahora:
"Descartes, primer gran filósofo de la modernidad, sentará las bases
del racionalismo. Dos grandes corrientes de pensamiento, el racionalismo
sistemático o continental y el empirista o inglés, confluirán en la
formación de un racionalismo más complejo y refinado:
el formalismo de Kant. Este dará lugar a la culminación de la concepción
racionalista en el idealismo absoluto de Hegel y su escuela. Por fin, ya
en nuestro tiempo, la visión de cómo el racionalismo es insuficiente y
falso dará lugar a la nueva filosofía irracionalista y existencialista,
que tiene, ante todo, un sentido de reacción y de crisis, a modo de
transición hacia una restauración de la metafísica que es el hacer
filosófico más característico de nuestra época".(*)
El abandono de la filosofía tradicional encontró sus excusas en
la nueva ciencia renacentista. La crisis moderna de aquella ahora ya vieja
ciencia debería llevarnos de nuevo a la filosofía tradicional. La
ciencia, por su cuenta, ha llegado de nuevo a las ideas de Platón, según
confesión de Heisenberg.(*)
Basta tener en cuenta que las ideas de Platón fueron sublimadas por
Aristóteles y éste por Santo Tomás, para ver dónde se puede hoy
encontrar una filosofía que colme los deseos frustrados del saber
humano contemporáneo.
(*)
"Diálogos sobre la física atómica". HEISENBERG. B.A.C. no 340 pag 166, y
"Más allá de la Física". HEISENBERG. B.A.C. no 370 pag 185-187.
La simpatía y confianza hacia Santo Tomás se hace difícil a
algunos porque los ejemplos físicos que utiliza al explicar teología
están tomados muchas veces de las concepciones cosmológicas medievales,
que son más primarias que las modernas, por lo que, según los conceptos
materialistas actuales, la doctrina filosófica y teológica del santo
queda como «superada» por inaplicable, «desencarnada» y sin el soporte
experimental, del que tanto gusta la ciencia.
Por otro lado, las teorías físicas modernas, aunque ya bastante libres
de carga imaginativa, están lejos y al margen de toda sabiduría que
atienda a la últimas causas. Muchos físicos, en los últimos años de
su madurez, han intentado filosofar sobre sus hallazgos, pero la
ignorancia de verdades filosóficas fundamentales no les permite
acertar más que en poquísimos aspectos de la realidad. Su vida
intelectual no rebasa el ámbito de las matemáticas, y su último
esfuerzo honrado resulta también estéril.
Por eso podemos distinguir en este trabajo tres partes. En la
primera pondremos de relieve la supuesta base científica que
tuvieron los errores filosóficos más importantes desde el
Renacimiento hasta nuestros días, y cómo, desde la misma ciencia
moderna, se derrumban los edificios sustentados por aquellas bases.
Veremos así a la ciencia como causa primero y remedio después, del
abandono de la filosofía tradicional.
En la segunda expondremos cómo hay que modificar la cosmología
medieval para que los ejemplos de Santo Tomás al explicar filosofía
o teología no queden sin sentido.
En la tercera complementaremos la cosmología moderna con la
consideración del «acto», para encontrar verdadero sentido ontológico
a la teoría de los «cuantos» y a la de la relatividad, y dar
una respuesta congruente con todo lo anterior al problema del
conocimiento del ser, de la luz y de la vida.
En la explicación de los diferentes temas, pondremos de relieve
el contraste entre la Suma Teológica y la concepción
científica moderna. Resolver los contrastes, conservando íntegra
la doctrina de Santo Tomás en plena armonía con los datos
científicos experimentales, es la finalidad de este trabajo. El
resultado no es una solución de compromiso. Las nuevas ideas
necesarias para ello son tan fecundas que no se pueden alcanzar sus
últimos frutos durante una sola vida humana. A las jóvenes generaciones
brindo esta antorcha.
El Papa Juan Pablo II, el día 13 de septiembre de 1980, en
el discurso que dirigió a 300 teólogos y filósofos participantes en el
VIII Congreso Tomístico Internacional, reafirmó la «actualidad» de la filosofía
cristiana de Santo Tomás de Aquino, a quién calificó de «precursor» del
moderno realismo científico. Que los Santos Reyes, que entre las estrellas
del cielo supieron encontrar el camino de Belén, nos guíen en adelante,
ya que a ellos, según dice San Juan Crisóstomo, Dios, condescendiente,
les habló donde estaban acostumbrados.(*)
(*)
Suma Teológica 3 q36 a5
Filosofía y Ciencia se deben relacionar muchísimo más de lo que es
posible hacerlo en planes de estudio que dividen a los alumnos en ciencias
y letras como en compartimentos estancos desde la más tierna infancia
intelectual.
El científico que diga que
las letras no sirven para nada es que no las conoce, su ideología
será un cúmulo de vanas filosofías.
Por otro lado el filósofo que no se interese por las matemáticas
es mal filósofo. Platón tenía rotulado a la entrada de su Academia que
se abstuviera de entrar el que no supiera geometría.
Las explicaciones que la física atómica y la fisicoquímica dan acerca
de sus experimentos, son como nada comparadas con lo que habría que
decir para responder a todo lo que se puede preguntar sobre ellos. El
contenido de lo inteligible sobrepasa en mucho al dato de la experiencia.
Una cosmovisión exige el conocimiento de la filosofía verdadera.
La comprensión de lo que sigue sólo se alcanzará situándose
en un punto equidistante de la filosofía, de la física y de las matemáticas.
Cuando digo filosofía no quiero excluir de ella la metafísica,
como se hace modernamente en muchos de los planes de estudio
universitarios. El estudio de la filosofía se reduce hoy, por desgracia,
a un esquema simplista que divide las asignaturas en dos grupos:
las antropológicas (sociología, estética y psicología) y las
estructuralistas (lingüística, lógica, filosofía de la ciencia y
teoría del conocimiento). Sin la metafísica no podemos alcanzar los
hallazgos que aquí se explicarán.
En resumen, se trata de interpretar los datos de la física
contemporánea de acuerdo con una metafísica verdadera, que es
precisamente la de Santo Tomás. Con ello se cumple el deber natural de
entender la naturaleza y se hace justicia a la filosofía que se
ridiculizó cuando las primeras teorías de la llamada Física Clásica
irrumpieron en la historia, en tiempos del mal llamado Renacimiento.
Para ello seguiremos este método:
teniendo ante los ojos la explicación acto-potencial de todo ente, hay
que estudiar la física despojándola de toda carga imaginativa por un
lado, y por otro, interpretar metafóricamente las sugerencias de Aristóteles
y Santo Tomás cuando aluden a ejemplos físicos inaceptables
actualmente. Esto supuesto, adaptar los nuevos datos de la física a la luz
de lo sugerido por Santo Tomás, para así llegar a entender la verdadera
realidad ontológica del cosmos. No se trata de crear una nueva
metafísica, sino de confirmar la
de Santo Tomás.
Como el entender requiere mucho esfuerzo,
hay que aplicar el corazón a ello.(*)
Si se tiene algún prejuicio, contra
Aristóteles, por ejemplo, no se aplicará el corazón, y, a no ser por
reinvención, lo cual es muy difícil, se permanecerá alejado de
importantes soluciones filosóficas. Por eso comenzaremos quitando
obstáculos, respondiendo a las objeciones que corrientemente se hacen
contra los que tratan de acercarse a la verdad siguiendo los pasos
del Doctor Angélico.
(*)
Daniel 10,12
El espíritu de renovación hay que entenderlo como una necesidad
de liberarse del bagaje de falsedades que llevamos cada uno en particular;
no como un cambio en la misma verdad, porque ésta, absolutamente
hablando, es única, eterna, no sujeta a cambio alguno.
Santo Tomás, que sabía que el hombre siempre tiene algo más que
entender, y que tiene tendencia natural a entenderlo todo, no podía
ser ni anquilosado ni retrógrado. Pero su
universo teocrático no puede conciliarse con el espíritu revolucionario
que busca la liberación en el caos de lo que, en realidad, está
armónicamente jerarquizado. Por eso su filosofía tiene hoy tantos enemigos.
El éxito conseguido con los ordenadores programados para la
traducción simultánea del inglés al japonés y viceversa,(*)
demuestra que las estructuras semánticas de todos los lenguajes son
parecidas.(*) A medida que se vaya comprendiendo que
las categorías aristotélicas como agente y paciente, genero especie y
diferencia, son precisamente las más genuinas representaciones de las
raices semánticas de todas las lenguas humanas, se adelantará más en la
tecnología de la computabilidad de los lenguajes naturales.(*)
(*)
En una feria de telecomunicaciones celebrada en Ginebra hace pocos
años se exhibía uno de tales traductores.
(*)
"A prototype English-Japanese machine translation system for
translating IBM computer manuals". T.TSUTSUMI. Proc. COLING'86, Bonn,
Alemania 1986.
(*)
Véase "IBM journal of research and development" vol 32 no 2,
marzo 1988, dedicado casi monográficamente a la computabilidad de los
lenguajes naturales, y, entre ellos, el japonés.
Como la imaginación creadora, dirigida por el entendimiento, es
la impulsora del progreso científico, resulta que la ideas previas
que tiene el entendimiento condicionan las tesis científicas. Un
entendimiento previamente envenenado por el mecanicismo de Demócrito,
es el que puede mandar a su imaginación que cree modelos a base de
átomos que se constituyen como un sistema planetario. Nadie ha visto
jamás un átomo, ni con el más potente microscopio electrónico, por
lo que no puede ser que estas teorías sean interpretación de una
experiencia, sinó que son cosas forzadas por una idea falsa preconcebida
de querer que las cosas se constituyan a base de minúsculas
partículas, como quiso falsamente Demócrito.
Esto esteriliza las mentes y hace que éstas queden anquilosadas
alrededor de las teorías científicas que en cada época se
tienen como verdaderas. No se eleva el espíritu por encima de la materia,
y a la mente se le hace muy difícil volar para buscar y encontrar nuevas teorías
científicas.
La excesiva prisa en eliminar las concepciones aristotélico
tomistas, fijó las ideas en la mecánica newtoniana tal como se concibió al
principio y esterilizó los entendimientos de forma que no pudiesen
elevarse a una contemplación del propio método fisicomatemático.
Por ello, las nuevas teorías de la relatividad, la mecánica cuántica y
la indeterminación de Heisenberg han provocado un choque que hace lenta
la comprensión de los nuevos hallazgos fisicomatemáticos, no a causa de
la filosofía de Santo Tomás, sinó precisamente debido al olvido general
de esa filosofía.
Lo que realmente ha frenado el progreso científico es el racionalismo Kantiano.
Sin los apriorismos de Kant para el espacio y el tiempo, por ejemplo,
las geometrías no Euclídeas se hubieran desarrollado antes.
Fue Jerónimo Saccheri S.J. en 1733 el primero que empezó
a suponer que se podía sustituir el quinto postulado de Euclides, y
hasta Gauss (1777-1815) y Lobachevski (1793-1856) no se comenzaron
a tomar en serio los nuevos desarrollos que chocan frontalmente con el espacio y
tiempo de Kant. Si la historia de
la filosofía y de la ciencia hubiera sido otra y no se hubiera
producido la escisión renacentista, el conjunto de leyes físicas que llenarían
ahora nuestros textos sería totalmente distinto; más completo, más exacto
y, sobre todo, mejor interpretado.
Muchas nociones filosóficas tomistas son combatidas porque los que
no quieren creerlas saben, en el fondo, que si las admitieran, tendrían
que reconocer la verdad de las pruebas de la existencia de Dios, y eso
les llevaría a tener que reformar su vida.
Por eso mantienen el frente de batalla de sus discusiones lejos de lo que
realmente les importa, y simplemente discuten de forma casuística
acerca de situaciones concretas, rehuyendo hablar de
principios.
Pero hay más:
el hombre que aplica toda la actividad de su mente a medir
los accidentes, como hacen siempre la ciencia y la técnica, y no busca
el verdadero ser de las cosas, pone en peligro su fe. Por eso es principalmente
religioso el motivo de este libro.
Manuel M. Domenech I.
Camino(s) ascendente(s):