Las tres columnas de la humildad

Las tres columnas de la humildad

"Excelsa sobremanera es la virtud de la humildad,
a la que tan fácilmente se inclina la misma divina Majestad"
(San Bernardo, Sermones sobre los Cantares, 43,1)

Humildad Ontológica Humildad en Verdad Humildad de Corazón

El ser de la criatura es participado y recibido en todo instante del Ser de Dios sin proporción.
(Ver Jaume Bofill, "Humildad ontológica, humildad personal, humildad social", CRISTIANDAD, n. 944 marzo 2010, pag.43).

Al empezar la oración hemos de rememorar el don de la creación de la nada y el de la conservación en el ser, desde la memoria del presente, recibiéndonos del Padre imitando a su Hijo Jesucristo.

"El amor filial es la conciencia de vivir recibiéndose del Padre, como don amoroso de Aquél que quiere que seamos y nos hace ser".
(Ver: Vivir recibiéndose del Padre)

San Juan de la Cruz, en sus comentarios al Cántico Espiritual, habla muchas veces de un "toque" de sustancias entre Dios y el alma.

Yo opino que en este asunto también podemos hablar de un "toque" en el plano simplemente natural, por el que, antes de todo raciosinio, percibimos nuestra existencia como algo "dado" que agradecemos recibiéndola como don primario y gratuito. Sabemos que existimos antes de empezar a pensar.

"Por la humildad del conocimiento conocemos que no somos nada, y ésta la aprendemos de nosotros mismos y de nuestra propia flaqueza".
(San Bernardo, sermón 4 de adviento, 4).

"La humildad es andar en verdad" (Santa Teresa, Moradas sextas).

"Este es el segundo grado de la verdad. Los que llegan a él buscan la verdad en sus prójimos; adivinan las indigencias de los demás en las suyas propias; y por lo que sufren, aprenden a compadecerse de los que sufren".
(San Bernardo, De los grados de la humildad y de la soberbia, Cap. III, 6)

San Bernardo señala como primer escalón de la soberbia la curiosidad sobre el prójimo para criticarlo o envidiarlo, cuando el primer examen ha de ser sobre uno mismo para ver la propia miseria. Enseña que el orden de las bienaventuranzas 4a, 5a y 6a lleva a la limpieza de corazón para ver a Dios. Primero es verse uno mismo para compadecerse misericordiosamente del prójimo y limpiar el corazón con las obras de misericordia con él.

También en esta columna nos da ejemplo Jesucristo para que le imitemos: explica San Bernardo (sermón 56,1 sobre los Cantares) que Cristo "experperimentó todas las tentaciones y flaquezas, a excepción del pecado, por razón de la semejanza con nosotros en el ser de hombre, a fin de que se hiciese misericordioso" (Hebr. 4,15).

"Por la humildad de corazón pisamos la gloria del mundo y la aprendemos de aquel Señor que se abatió a sí mismo tomando la forma de siervo (Phil. 2,7). Que, buscado para hacerle rey, huyó; y buscado para tantos oprobios y el suplicio ignominioso de la Cruz, voluntariamente se ofreció a sí mismo".
(San Bernardo, sermón 4 de adviento, 4).

"No es lo mismo que el hombre, alumbrado por el resplandor de la verdad, sienta bajamente de sí mismo y que, inflamado por los ardores de la caridad, consienta de buen grado en que se le humille y abata; aquello viene a ser como necesaria consecuencia del propio conocimiento; esto es fruto espontáneo de la voluntad libre dirigida e inflamada por la caridad. Se anonadó a sí mismo, tomando la forma de siervo (Phil. 2,7). Porque Él mismo se anonadó. Él mismo se humilló, no por necesidad, sino por caridad".
(San Bernardo, sermón 42 sobre los Cantares, 7).

Este es el tercer grado de humildad que propone San Ignacio en los Ejercicios Espirituales para imitar más a Jesucristo.

Mn. Angel E. Pérez, homilía Santa Catalina de Siena: 3 grados de humildad: "antes morir que pecar", "muero porque no muero", "amor a los enemigos".

Por su salvación eterna * Por imitar a Jesucristo * Por agradecimiento al bien que nos hacen con humillarnos y desprendernos de afectos mundanos.


Página(s) relacionada(s):


Camino(s) ascendente(s):