La Familia de Cristo

Cartas a mis ahijados

La Familia de Cristo

Barcelona, enero del 2005

Queridos ahijados:

Ésta es para que me aventajéis en el conocimiento de Cristo. Para que no tengáis que esperar hasta los 63 años para entender cosas elementales. Acabo de leer el libro "La Virgen María en los Evangelios" del P. Horacio Bojorge S.J. y quiero inmediatamente haceros partícipes de mi descubrimiento. El P. Bojorge, después de explicar que María se nombra pocas veces en la Biblia explica que sólo dos veces habla San Marcos de ella y que por la segunda se entiende bien lo que enseña en la primera: Mc 3, 31-35; y Mc 6, 1-3.

«Vinieron su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, le mandaron llamar. Se había sentado gente a su alrededor y le dicen: "Mira, tu madre y tus hermanos te buscan allí fuera". «Él replicó: "¿Quién es mi madre y mis hermanos?" «Y mirando en torno, a los que se habían sentado a su alrededor, dijo: "Aquí tenéis a mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre"». (No dice mi Padre y mi madre porque "toda paternidad desciende del Padre" y la paternidad participada se hace maternidad).

Siempre había imaginado la escena como una sesión de catequesis parroquial en tiempo de paz. Sin embargo era tiempo de combate. Esto se entiendo por el segundo texto:

«¿De dónde le viene esto? ¿Y qué sabiduría es ésta que se le ha dado? ¿Y tales milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanos aquí con nosotros?«Y se escandalizaron de él».

En este escándalo se entiende el desprecio de la familia de Cristo que tenían los incrédulos que le escuchaban. Si la admiración por su sabiduría hubiera sido benévola, como yo lo entendía simplemente, no se habrían escandalizado de Él.

¡Cómo cambia la visión que tiene uno!. Al ver la malicia de los que dan el "recadito" de que la familia le busca, para interrumpir su discurso y ridiculizarle mostrando la sencillez de su familia, se entiende la majestad de la respuesta de Jesucristo. Sus madres y hermanos son los que cumplen la voluntad del Padre. Los que viven como el Hijo y los que hacen de padres con sus pequeñuelos, los que aman a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ellos mismos, en lo cual está toda la ley y los profetas, porque no hay imagen y semejanza mayor con el Dios Trino, que el amor de los padres a los hijos y de los hijos a los padres.

Son madres y hermanos del Rey de reyes y Señor de señores, Fernando III de Castilla, Luis de Francia, las isabeles de Hungría, Castilla y Portugal, el Beato emperador Carlos de Austria, Teresa de Calcuta, que todo el mundo sabe lo que hizo, el Padre Llorente, que censó Alaska y por eso ha podido unirse a los Estados, la Madre Sopeña, Santa Ángela de la Cruz, Juan de Dios, Juana Jugan, San José Benito Cottolengo, el Padre Alegre, la Madre Petra de San José, madres de huérfanos y viudas, de enfermos, de pobres, de niños y de ancianos, San Juan Bosco, "padre y maestro de la juventud", Francisco y Domingo, que se hicieron pobres para amar la creación de Dios, el sol, la luna, la vida y la hermana muerte, los padres y los hijos, San Agustín, Santo Tomás y el Beato Ramón Llull, que practicaron la misericordia enseñando al que no sabe. El Padre Damián, que con el fuego de su amor dinamitó el muro de la lepra. Las teresas de Jesús, la madre del Hijo y la hijita del Padre. Ignacio, general de la compañía que con Javier y Pedro Claver extendió los brazos de la cristiandad hasta abrazar el orbe. Y todos los mártires, que por la voluntad del Padre sacrificaron heroicamente su vida, y mezclaron su sangre con la del Cordero.

Y Santa María Madre de Dios es el "ECO" perfecto de su Palabra. La oyó tan bien y la practicó de tal manera que la hizo Hijo de sus entrañas. Ella es la Reina de todos, la Madre de la Iglesia, de los hermanos y hermanas de Jesús, de la Gran Familia de Cristo.

Esto ayuda también a entender la paternidad mesiánica del Glorioso Patriarca San José, como la llama el Padre Solé. La maternidad por la fe es más importante que la natural, dice el P. Bojorge, y esto se puede aplicar también a San José, descendiente de David, por otro lado, y por tanto de nobleza real, aunque venida a menos.

Realmente hay que ser "sencillos como palomas y astutos como serpientes" porque si sólo somos sencillos, en estos dos pasajes, no vemos más que el desprecio de las cosas de este mundo si no son conformes con la voluntad de Dios y tenemos el problema del trato de Jesús con su Madre. Pero si somos también astutos, al ver la malicia de los que tratan de interrumpir y desprestigiar el discurso del Maestro, entendemos que nuestro Rey aprovecha la ocasión para proclamar la nobleza de su Sangre y la ciudadanía de su Reino, la de sus hermanos y hermanas, la del "Reino de los Hijos", como lo llama el Padre Bojorge.

Recibid un fuerte abrazo vuestro padrino:

Manuel Ma Domenech Izquierdo


María, madre de Cristo, madre de la Iglesia

Aquel que es fruto de las entrañas de una única Virgen es la gloria y el honor de todas las demás vírgenes santas, porque ellas son también, como María, madres de Cristo si cumplen la voluntad de su Padre. La gloria y la dicha de ser la madre de Jesucristo resaltan en las palabras del Señor: “Quien cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt 12,50).

Así indica el parentesco espiritual que los incluye en el pueblo que ha sido rescatado. Sus hermanos y sus hermanas son los hombres y las mujeres santos que participan con él en la herencia celestial. Su madre es la Iglesia entera, porque ella, por la gracia de Dios, engendra los miembros de Cristo, es decir, a los que le son fieles. Su madre es también cada alma santa que cumple la voluntad de su Padre y cuya caridad fecunda se manifiesta en aquellos que ella engendra para él, hasta que Cristo quede formado en ellos. (cf Gal 4,19)...

María es, ciertamente, la madre de los miembros del Cuerpo de Cristo, de todos nosotros, porque por su caridad ella ha cooperado en la generación de los fieles en la Iglesia, que son miembros de la cabeza divina, Cristo, de manera que ella es verdaderamente mi madre según la carne.

(San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia, Sobre la santa virginidad,5)


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