¡¡¡ Exégesis Canónica !!!

Hay sentencias que iluminan la mente de tal manera, que a uno le parece que antes había estado a oscuras.

Esto me ocurrió a mí al leer en el prólogo de "Jesús de Nazaret" de Joseph Ratzinger, el párrafo en el que introduce la "exegesis canónica" (la lectura de los diversos textos de la Biblia en el marco de su totalidad):

Precisamente a partir de esta última observación se ha desarrollado hace unos treinta años en América el proyecto de la «exegesis canónica», que se propone leer los diversos textos bíblicos en el conjunto de la única Escritura, haciéndolos ver así bajo una nueva luz. La Constitución sobre la divina revelación del Concilio Vaticano II había destacado claramente este aspecto como un principio fundamental de la exegesis teológica: quien quiera entender la Escritura en el espíritu en que ha sido escrita debe considerar el contenido y la unidad de toda ella. El Concilio añade que se han de tener muy en cuenta también la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe, las correlaciones internas de la fe (cf. Dei Verbum, 12).

A partir de este momento me sentí armado y escudado frente a los anticristos y falsos profetas que adolecen del modernismo que condenó la Pascendi. Se me quitaron los complejos de no saber y supe lo que tenía que hacer para saber... saboreando: cotejarlo todo con todo en las Escrituras, la fe viva de la Iglesia y la tradición.

Por eso lo añadí a las "consideraciones memorables" que tengo en mi página de artículos.

* * *

Un caso práctico

Uno de los que contaba Eugenio es este: "Saben aquell que diu... que un lampista fue a casa de Picasso y, al pasar por el pasillo, se quedó parado delante de un cuadro y preguntó: ¿Qué es esto?. Picasso le dijo: "esto es el Tibidabo". El lampista puso una cara tal que Picasso le aclaró: "bueno, esto es el Tibidabo, tal como lo veo yo".

Más adelante volvió a pararse: "¿Y esto, qué es?. - "Esto es el puerto de Barcelona". El lampista volvió a poner la misma cara y Picasso tuvo que precisar otra vez: "bueno, esto es el puerto de Barcelona, tal como lo veo yo".

Entonces el lampista dijo: "¡Oiga! ¿Y cómo es que usted, viendo tan mal, se metió a pintor".

Este mismo año 2008 he leído los artículos de la serie que con el título genérico "El Rostro de Cristo", publica la revista ZZ y cuyo autor es XX YY. (Lo pongo así para no darles publicidad ni fama).

ZZ presenta a XX YY como una autoridad de Roma y él se firma "XX YY, Roma".

Claro está que decir "Roma" simplemente no significa nada. No es lo mismo un documento del Obispo de Roma que una carta de un conductor de autobús de Roma, aunqué los dos oficios sean muy difíciles. Pero la palabra vende. (A los imbéciles).

Esa "Roma" es Babilonia, no la cátedra de su obispo, de la que curiosa y precisamente protesta después XX YY. Porque vengan de Roma estos artículos no tienen ninguna garantía, pero el autor quiere aprovecharse de aquello de lo cual reniega.

Decía San Pío X que los modernistas son astutos, pero ahora ni saben ya serlo. Hay que ser muy imbécil para no ver su hipocresía.

Por otra parte, hoy día no hace falta irse a Roma para publicar. Gracias a la tecnología, que he visto madurar conmigo durante toda mi vida profesional, puedo publicar mucho más que mendigándolo a directores de revistas. Además así consigo que me encuentre precisamente el que me busque, quien estará realmente ineresado por lo que digo.

Pues bien, en el primer artículo de la serie, XX YY pretende que el Rostro de Cristo que nos revelan los evangelios está desfigurado, nada menos que por el dogma, la moral, el culto y el Derecho Canónico católicos, dedicando un párrafo en contra de uno de ellos.

Con este preámbulo esperé la triste historia que se veía venir, que comentaré a continuación.

* * *

En el segundo artículo, XX YY cita el nº 12 de la Dei Verbum. Tiene la desfachatez de no citarlo entero para conseguir su engaño, pero no se da cuenta de que, actualmente, los seglares tenemos acceso directo a Roma, al Papa, al Obispado y a la parroquia. Ahora los herejes no nos pueden engañar ni diciéndonos lo que no dicen, ni no diciéndonos lo que dicen.

Vean: voy a copiar y pegar el nº 12 de la Dei Verbum:

12. Habiendo, pues, hablado Dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que El quiso comunicarnos, debe investigar con atención lo que pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos.

Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a "los géneros literarios". Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios. Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres.

Y como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuanta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de los exegetas trabajar según estas reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura, para que, como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Por que todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios.

¿Lo ven?

Ahora voy a resaltar dos cosas:

12. Habiendo, pues, hablado Dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que El quiso comunicarnos, debe investigar con atención lo que pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos.

Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que atender a "los géneros literarios". Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios. Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres.

Y como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuanta la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de los exegetas trabajar según estas reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura, para que, como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Por que todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios.

¿Las ven?

Es facilísimo. Da gusto.

Pues bien, XX YY sólo copia la primera y oculta, ignora y combate la segunda, pues dice:

Los evangelios no se pueden interpretar filtrándolos a través de los dogmas y la doctrinas que la fe de la Iglesia fue elaborando en tiempos posteriores. Al contrario y en la medida de lo posible, han de leerse como advertencias elaboradas por quienes, en su calidad de estudiosos, serios y concienzudos, (entre los que XX YY debe sentirse incluído :-) nos proporcionan como instrumentos de interpretación de estos textos. ¿Dónde está el juramento antimodernista mandado por San Pío X, que ahora ha quedado vivo en el juramento de fidelidad a la Iglesia?

* * *

Como ya he dicho, cuando leí el primer artículo de la serie, ya me quedé con la alarma dispuesta para ver qué ocurría en el segundo. Éste tiene por subtítulo específico "El rostro de un apasionado por el reino de Dios".

Como era de esperar, ya que XX YY no practica la exégesis canónica, yerra flagrantemente cuando expone en qué consiste ese reino:

Es el mundo "rehecho" según el proyecto original de Dios, el proyecto que revelan las primeras página de la Biblia (Gen 1-2), en que todo es armonía, gozo, bienestar y felicidad total: por eso, el mundo reconducido a su completa conformidad con el querer de Dios, un querer marcado, indefectiblemente, por una bondad ilimitada para con el mundo.

¡Eso es precisamente el milenarismo que rechaza la fe viva de la Iglesia; no el "Viva Cristo Rey" de los Cristeros, ni el triunfo intrahistórico de Las Bienaventuranzas que también el Concilio Vaticano II espera:

El norte que debe orientar la acción de los hombres es que toda la vida humana, "así la individual como la social, quede saturada con el espíritu de las bienaventuranzas" (GS 72).

* * *

Seguro que si XX YY viera los escritos del Padre Leonardo Castellani sobre el Apocalipsis y la Parusía, saltaría como una serpiente venenosa contra ello, gritando con alusiones a la autoridad eclesiástica condenando el milenarismo. Son precisamente los que aborrecen la autoridad magisterial los que recurren a ella para ir en contra de lo que ella misma enseña y ellos no quieren admitir. Nunca practican la exégesis canónica y hacen dialéctica mutilando las verdades.

En cambio cuando, según ellos, hacen investigaciones científicas y tratan de introducir sus ficciones, parece que intentan interpretar las Escrituras preguntándose: ¿qué puede querer decir esto, siendo así que es imposible que quiera decir lo que enseña la Iglesia?.

Si XX YY tuviera in mente que hay querubines guardando la entrada del Edén (Gn 3,24), o la Spe Salvi cuando precisa:

nº 24 b. Puesto que el hombre sigue siendo siempre libre y su libertad es también siempre frágil, nunca existirá en este mundo el reino del bien definitivamente consolidado. Quien promete el mundo mejor que duraría irrevocablemente para siempre, hace una falsa promesa, pues ignora la libertad humana.

nº 42. La pretensión de que la humanidad pueda y deba hacer lo que ningún Dios hace ni es capaz de hacer, es presuntuosa e intrínsecamente falsa.

no haría el ridículo suponiendo que somos imbéciles, que nos vamos a quedar embaucados con sus ilusiones y que vamos a cambiar la felicidad que nos promete Jesucristo, el ciento por uno intrahístórico y depués la vida eterna, por la felicidad que nos promete XX YY.

* * *

Aparece el número 499 de ZZ para julio - agosto del 2008. XX YY sigue con el mismo tono de presunción de científico, con el más nauseabundo modernismo que se queda en barata beatería progresista. Apostilla como si fuera el primer descubridor de las majaderías condenadas ya en la Pascendi (de 1907) y, por tanto, anteriores a ella, fingiendo investigar "El Rostro de Hijo de Dios", que es el subtítulo de esta edición.

XX YY termina su verborrea diciendo: "Posteriormente, sobre estos datos, la Iglesia de los siglos siguientes llegó a definir dogmáticamente la filiación divina de Jesús, fundada sobre su eterna consubstancialidad con el Padre (Concilio de Nicea), definición que pasó a formar parte del conjumto de las verdades centrales transmitidas por los símbolos de la fe".

No se ha enterado de que la Iglesia, al definir los dogmas, no los inventaba, sino que lo hacía para defender la verdad de los que la negaban. Sin arrianos no habría habido Nicea. San Agustín explica que Dios permite las herejías para espavilarnos. "No hay mal que por bien no venga".

"No te dejes vencer por el mal;
antes bien, vence el mal con el bien".

Rm 12,21

Siguiendo este consejo, tantas veces dado por Juan Pablo II el Grande, indicaré a los que hayan leído el artículo, que pueden aliviarse del mal que les haya producido leyendo todo lo referente al don de piedad en el libro de M. M. Philipon O.P. "Los Dones del Espíritu Santo", Editorial Balmes, Barcelona 1966.

De él he encontrado en la red una reproducción parcial en:
Los dones del Espíritu Santo, M.M.Philipon O.P. Ediciones Palabra

Del arrianismo, primera trompeta del Apokalipsis, según el P. Castellani y de Nicea, M.M.Philipon saca ventaja para lo que interesa, pues en el punto de inflexión de su párrafo sobre el don de piedad en Cristo dice: "estos enfoques dogmáticos nos permitirán comprender la verdadera naturaleza del don de piedad en el alma de Cristo".

También pueden ver las meditaciones del P. Horacio Bojorge sobre la vida filial imitando al Hijo de Dios por naturaleza:
Vivir recibiéndonos del Padre Y también: Una página de este sitio

Así será verdad, una vez más, que "no hay mal que por bien no venga".

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En el número 500 de ZZ, la serie tiene por subtítulo "La fisonomía espiritual del Hijo de María". Tras la primera lectura pensé que ya no comentaría nada. Solo dejó mal sabor en mí la frase del principio que dice: "El título más bello, entre los muchos que la fe y el amor han atribuído a María de Nazaret a lo largo de los siglos, es, sin duda, ése con el que ha sido honrada, desde los orígenes, en el libro de los Hechos de los Apóstoles: la "madre de Jesús" (Hech 1,14). Encierra en sí toda la grandeza y la gloria de la humilde sierva del Señor" (Lc 1,38).

Por lo que tengo de catalán, la Santísima Virgen ha sido para mí "la Marededéu". Desde niño cualquier estatuilla suya era espontáneamente "una Maradedéu". Sin embrago decidí no perder más el tiempo con ZZ y sus XX YY's.

Pero al arrancar la hoja de septiembre del calendario de "Sol de Fátima", leí en su anverso: "Me asombra que haya gente que se haga esta pregunta: ¿debe o no debe llamarse a la Virgen María Madre de Dios?. Pues si Nuestro Señor Jesucristo es Dios, ¿cómo la Virgen, que le ha puesto en el mundo, no va a ser Madre de Dios?". (San Cirilo de Alejandría).

En una ponencia del Congreso Mariano del 2007, el P. Joaquín Ferrer cita el discurso de Juan Pablo II el grande en la audiencia del 13 de septiembre de 1955 que lo dice todo acerca de los nombres de María, así que yo no diré ya más.

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No es posible separar u oponer una cristología dogmática y otra bíblica. Quien no lo vea, lea el libro "Miremos al Traspasado" de Joseph Ratzinger y se convencerá, si busca realmente el rostro de Cristo.

Si tiene delante de sus ojos un espejo que sólo le permita mirarse a sí mismo, que lo rompa pronto, que se hace tarde y el tiempo vuela.

En ZZ piden donativos y vocaciones. Conocemos su carencia, pero ¿quién va a dar o darse por las quimeras de un iluso, por sabio que lo tengan?.

Manuel Ma Domenech Izquierdo


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