En el desierto

En el desierto

Is 48,20: Salid de Babilonia, huid de los caldeos, a gritos exultantes anunciad, proclamad, publicad hasta los confines de la tierra: Rescató Yahvé a su siervo Jacob.

Ap 18,4-5: Oí otra voz que venía del cielo que decía: «Sal de ella, pueblo mío, para no haceros cómplices de sus pecados ni ser castigados con sus plagas. Sus pecados se han apilado hasta el cielo y Dios se ha acordado de sus iniquidades.

Hemos salido de Egipto, de Babilonia y volvemos a estar en el desirto. No por nosotros sino por la llamada de Dios.

Dice San Bernardo: "¿Quién no se pasmará ante un Dios despreciado que vuelve a llamar?".

Cant 1,9: Yo te comparo, amada mía, a una yegua uncida al carro del Faraón.

"La llevaré al desierto y allí le hablaré al corazón" (Oseas 2,16). Para oír la voz de Dios hay que ir al desierto. Hablará al corazón, no a la inteligencia. Daniel "dio su corazón a entender". No lo endurezcamos. No lo cerremos con su caparazón propio. "Abrid las puertas a Cristo", insistía Juan Pablo II el Grande.

Sal 28,8: La voz de Yahvé sacude el desierto. Yahvé hace temblar el desierto de Cades.

Sal 94,7-8: "Si oís la voz de Dios, no endurezcáis vuestro corazón como en Meribá (altercado). Como el día de Masá (prueba) en el desierto".

Oiremos la voz de Dios. Cosas que no hemos oído nunca. No lo que nos digamos a nosotros mismos. Los demás han de oír la voz de Dios, no lo que nosotros queramos decirles. "No gobernaré con mis ideas", dijo S.S. Benedicto XVI en la homilía de la misa al inicio de su pontificado.

Josué 24,14-16: Temed al Señor y servidle con integridad y lealtad; dejad de lado a los dioses que sirvieron vuestros padres al otro lado del Río y en Egipto, y servid al Señor. Y si no estáis dispuestos a servir al Señor, elejid hoy a quién queréis servir: si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ahora habitáis. Yo y mi familia serviremos al Señor». El pueblo respondió: «Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses.

Jn 6,67-68: Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis iros?». Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna.

Moisés sale de Egipto para dar a Dios el culto debido, el pedido por Dios. No consiente en darlo en Egipto como quería el Faraón.

Ex 8,21-23: Entonces el Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: «Podéis ir a ofrecer sacrificios a vuestro Dios, pero que sea dentro del país». Moisés respondió: «Eso no puede ser. Porque los sacrificios que nosotros ofreceremos al Señor, nuestro Dios, son una abominación para los egipcios. Y si nos ven ofrecer sacrificios que ellos consideran abominables, nos matarán a pedradas. Haremos una marcha de tres días por el desierto, y allí ofreceremos sacrificios al Señor, nuestro Dios, conforme a lo que él nos diga».

Tendremos la presencia de Dios en la Eucaristía, sustancialmente, como Él quiere, no como imaginamos nosotros en meros símbolos como una bola de oro, un rayo de luz, o un fuego que no caliente... Su visita será por la sustancia de su Cuerpo y de su Sangre. Del Cuerpo y la Sangre de Dios.

Cant 1,5: Soy negra, pero hermosa, hijas de Jerusalén, como las tiendas de Quedar, como los pabellones de Salomón.

Mt 12,42: El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más que Salomón.

Ex 33,7ss: Moisés tomó la tienda. la instaló fuera del campamento, a una cierta distancia, y la llamó tienda del Encuentro. Así, todo el que tenía que consultar al Señor debía dirigirse a la tienda del Encuentro, que estaba fuera del campamento. Siempre que Moisés se dirigía hacia la tienda, todo el pueblo se levantaba, se apostaba a la entrada de su propia tienda y seguía con la mirada a Moisés hasta que él entraba en ella. Cuando Moisés entraba, la columna de nube bajaba y se detenía a la entrada de la tienda del Encuentro, mientras el Señor conversaba con Moisés. Al ver la columna de nube, todo el pueblo se levantaba, y luego cada uno se postraba a la entrada de su propia tienda. El Señor conversaba con Moisés cara a cara, como lo hace un hombre con su amigo.

Ex 34,33-35: Cuando Moisés terminó de hablarles, se cubrió el rostro con un velo. Y siempre que iba a presentarse delante del Señor para conversar con Él, se quitaba el velo hasta que salía de la tienda. Al salir, comunicaba a los israelitas lo que el Señor le había ordenado, y los israelitas veían que su rostro estaba radiante. Después Moisés volvía a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba de nuevo a conversar con el Señor.

I Macabeos 2,29-30: "Por entonces muchos, preocupados por la justicia y la equidad, bajaron al desierto para establecerse allí con sus mujeres, sus hijos y sus ganados, porque los males duramente les oprimían".

Sofonías 3,12: Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se cobijará en el nombre del Señor.

Mt 5,1ss:

  • «Bienaventurados los pobres de espíritu,
    porque de ellos es el Reino de los Cielos. (3
  • Bienaventurados los mansos,
    porque ellos poseerán la tierra en herencia. (4
  • Bienaventurados los que lloran,
    porque ellos serán consolados. (5
  • Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia,
    porque ellos serán saciados. (6
  • Bienaventurados los misericordiosos,
    porque ellos alcanzarán misericordia. (7
  • Bienaventurados los limpios de corazón,
    porque ellos verán a Dios. (8
  • Bienaventurados los que trabajan por la paz,
    porque ellos serán llamados hijos de Dios. (9
  • Bienaventurados los que son perseguidos a causa de la justicia,
    porque de ellos es el Reino de los Cielos. (10

    Is 35,7: Brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa, el páramo se convertirá en estanque y la tierra sedienta en manantiales.

    Ap 12,1: Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.

    Ap 12,6: La Mujer huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio para que allí fuera alimentada durante mil doscientos sesenta días.

    Ap 12,14: La Mujer recibió las dos alas de la gran águila para volar hasta su refugio en el desierto, donde debía ser alimentada durante tres años y medio, lejos de la Serpiente.

    Cant 3,6: ¿Qué es eso que sube del desierto, como una columna de humo, perfumada de mirra y de incienso y de todos los perfumes exóticos?

    Cant 8,5: ¿Quién es esa que sube del desierto, reclinada sobre su amado?

    Cant 6,10: ¿Quién es esa que surge como la aurora, bella como la luna, resplandeciente como el sol, imponente como un ejército en orden de batalla?


    Mt 4,1:

    1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.
    2 Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.
    3 Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes».
    4 Jesús le respondió: «Está escrito: "El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"».
    5 Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo,
    6 diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra"».
    7 Jesús le respondió: «También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"».
    8 El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor,
    9 y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme».
    10 Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto"».
    11 Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.


    La primera tentación es la del progresismo de izquierdas y la segunda la del progresismo de derechas. Estas dos primeras tentaciones, en vez de usar del mundo para gozar de Dios, que es lo que hacen los buenos, quieren usar de Dios para gozar del mundo, que es lo que hacen los malos, según San Agustín.

    Fracasadas ambas, Satanás se vuelve abiertamente contra Dios, haciéndose igual a Dios y/o sustituyendo a Dios, en la tercera tentación.

    La victoria social sobre estas 3 tentaciones es el Reino de Cristo en la tierra.



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